Pala­bras que fun­dan- Rafael Gon­zá­lez Esca­lo­na

Detalle de la portada del libroDeta­lle de la por­ta­da del libro

La eter­na manía de escu­dri­ñar los estan­tes de las libre­rías de mi ciu­dad me puso fren­te a una peque­ña y deli­cio­sa joya lla­ma­da “Cuan­do el pue­blo jugó a ser Papá Dios” (Edi­cio­nes Unión, La Haba­na, 2011).

De la plu­ma de Arge­lio San­ties­te­ban apa­re­ce este puña­do de ági­les tex­tos que abor­dan el fas­ci­nan­te mun­do de la topo­ni­mia ‑la divi­na capa­ci­dad de bau­ti­zar de los luga­res- des­de la pers­pec­ti­va de “la gen­te común”, los cul­pa­bles de la mayo­ría de los nom­bres que ador­nan la geo­gra­fía natu­ral y que ejer­cen así el infi­ni­to poder de la tra­di­ción popu­lar, que tras­cien­de los débi­les y tem­po­ra­les edic­tos de los gober­nan­tes de turno.

Cur­ti­do perio­dis­ta, con un len­gua­je diver­ti­do y cer­cano, San­ties­te­ban reco­rre la topo­ni­mia cuba­na des­de “El turno del ofen­di­do” ‑sobre la super­vi­ven­cia de las deno­mi­na­cio­nes geo­grá­fi­cas de nues­tros abo­rí­ge­nes- has­ta refe­rir­se a los ori­gi­na­les nom­bres de las calles haba­ne­ras.

Lla­ma la aten­ción en estos tex­tos ‑tras los que se intu­yen muchas horas de tra­ba­jo inda­ga­to­rio- el humil­de ori­gen de nume­ro­sos sitios de la car­to­gra­fía nacio­nal, muchas veces rela­cio­na­do con hechos o per­so­nas intras­cen­den­tes, supre­ma con­fir­ma­ción de que, a des­pre­cio de los libros de His­to­ria, la vida está hecha de los hom­bres y muje­res coti­dia­nos, los de todos los días.

Ver­da­de­ra deli­ca­te­sen, “Cuan­do el pue­blo…” nos deja con (qui­zás dema­sia­das) ganas de seguir dis­fru­tan­do de las his­to­rias que se escon­den detrás de cada deno­mi­na­ción. No obs­tan­te, al final de la obra apa­re­ce una enjun­dio­sa biblio­gra­fía para saciar la curio­si­dad de los ávi­dos de infor­ma­ción sobre el tema. Espe­re­mos que algún día vea la luz una com­pi­la­ción más exten­sa que des­pe­je las miles de incóg­ni­tas que se escon­den detrás del nom­bre de un pobla­do, de una esqui­na.

Edi­cio­nes Unión ha pues­to en las libre­rías ‑que no “en las manos de los lec­to­res”, que el camino del libro es lar­go y esca­bro­so- una sim­pá­ti­ca invi­ta­ción a cono­cer sobre el mís­ti­co pla­cer de nom­brar las calles que tran­si­ta­mos, las lomas que subimos, el barrio que nos vio nacer.

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(Toma­do de El Micro­wa­ve)

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