No son hijos de puta- Car­lo Fra­bet­ti

No lla­méis hijos de puta a los anti­dis­tur­bios que apa­lean a niños de doce años.

No lla­méis hijos de puta a los polí­ti­cos que aprue­ban y alien­tan la bru­ta­li­dad poli­cial.

No lla­méis hijos de puta a los jefes supe­rio­res de poli­cía que lla­man enemi­gos a los estu­dian­tes.

No lla­méis hijas de puta a las alcal­de­sas que jus­ti­fi­can la repre­sión dicien­do que nos inva­de la extre­ma izquier­da.

No lla­méis hijos de puta a los reye­zue­los que elo­gian a dic­ta­do­res san­gui­na­rios y se enri­que­cen con el frau­de y el expo­lio.

No lla­méis hijos de puta a los chu­los de prin­ce­sas.

No lla­méis hijos de puta a los fun­cio­na­rios que tor­tu­ran al ampa­ro del poder.

No lla­méis hijos de puta a los jue­ces estre­lla que inves­ti­gan la tor­tu­ra en paí­ses leja­nos y miran hacia otro lado cuan­do se pro­du­ce delan­te de sus nari­ces.

No lla­méis hijos de puta a quie­nes apo­yan a esos jue­ces.

No lla­méis hijos de puta a los inte­lec­tua­les y artis­tas que medran a la som­bra de los gran­des par­ti­dos polí­ti­cos y de las mafias mediá­ti­co-cul­tu­ra­les.

No lla­méis hijos de puta a los poli­cías que aco­san a quie­nes denun­cian la tor­tu­ra.

No lla­méis hijos de puta a los perio­dis­tas que con sus men­ti­ras o su silen­cio cóm­pli­ce encu­bren la tor­tu­ra.

No lla­méis hijos de puta a quie­nes nie­gan el dere­cho de auto­de­ter­mi­na­ción de los pue­blos.

No lla­méis hijos de puta a quie­nes con­vier­ten a los pre­sos polí­ti­cos en rehe­nes.

No lla­méis hijos de puta a quie­nes ins­tru­men­ta­li­zan el dolor de las víc­ti­mas.

No lla­méis hijos de puta a quie­nes con­fun­den la jus­ti­cia con la ven­gan­za.

No lla­méis hijos de puta a los ban­que­ros, los espe­cu­la­do­res, los gran­des empre­sa­rios, los jefes de la patro­nal…

No lla­méis hijos de puta a los que nadan en la abun­dan­cia mien­tras otros se aho­gan en la pobre­za.

No lla­méis hijos de puta a quie­nes roban a los pobres para dár­se­lo a los ricos.

No lla­méis hijos de puta a los líde­res sin­di­ca­les que trai­cio­nan a la cla­se tra­ba­ja­do­ra.

No lla­méis hijos de puta a quie­nes se dicen de izquier­das y hacen o apo­yan polí­ti­cas de dere­chas.

No lla­méis hijos de puta a los obis­pos pedó­fi­los, misó­gi­nos e hipó­cri­ta­men­te homó­fo­bos.

No lla­méis hijos de puta a quie­nes tra­tan a las y los homo­se­xua­les como enfer­mos, per­ver­ti­dos o delin­cuen­tes.

No lla­méis hijos de puta a quie­nes inten­tan coar­tar el dere­cho de las muje­res a deci­dir libre­men­te sobre su cuer­po.

No lla­méis hijos de puta a quie­nes cri­mi­na­li­zan el abor­to.

No lla­méis hijos de puta a quie­nes cri­mi­na­li­zan la pros­ti­tu­ción.

No lla­méis hijos de puta a quie­nes cri­mi­na­li­zan la lucha con­tra la bar­ba­rie capi­ta­lis­ta.

Por favor, no insul­téis a las hon­ra­das tra­ba­ja­do­ras sexua­les lla­mán­do­las madres de cana­llas, cobar­des y trai­do­res.

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