Más leyes cana­llas- Alfon­so Sastre

Con moti­vo de la apa­ri­ción del libro de Émi­le Pou­get «La acción direc­ta, Las leyes cana­llas y El sabo­ta­je» (Hiru, 2012) se me plan­teó si había sido apro­pia­do tra­du­cir como «leyes cana­llas» las que se pro­mul­ga­ron en Fran­cia en 1893 y 1894, y que fue­ron cali­fi­ca­das por los auto­res del libro como «lois scé­le­ra­tes». Acu­dien­do a los dic­cio­na­rios, vi que la pala­bra scé­le­rat no venía tra­du­ci­da en nin­guno de ellos como «cana­lla», sien­do sin embar­go muy rica en otras muchas acep­cio­nes, como mal­va­do, des­al­ma­do, per­ver­so, faci­ne­ro­so, vil, infa­me; y pudien­do sig­ni­fi­car scé­le­ra­tes­se mal­dad, atro­ci­dad, per­fi­dia e infa­mia. Yo veo bien que final­men­te se haya opta­do por la pala­bra «cana­lla» en el con­tex­to de la legis­la­ción que en tal obri­ta fran­ce­sa se comen­ta (prin­ci­pios del siglo XX), y la pala­bra «cana­lla» resul­ta muy expre­si­va de lo que con ella se quie­re decir.

Ello me ha lle­va­do a pen­sar sobre si esa noción -«cana­lla»- es apli­ca­ble a la legis­la­ción «espe­cial» que se ha pro­mul­ga­do pos­te­rior­men­te, duran­te el siglo pasa­do y lo que va de este, tan­to en Fran­cia como en otros paí­ses, y espe­cial­men­te en los EEUU des­pués del 11 de sep­tiem­bre de 2001. Yo afir­mo que sí, e inclu­so que hoy, des­pués de aque­llos famo­sos aten­ta­dos, se pue­de decir que estas leyes cana­llas de hoy son más cana­llas que nun­ca, más extre­ma­das e inacep­ta­bles, y que lo que que­da de ver­da­de­ra demo­cra­cia en las «demo­cra­cias» actua­les es inver­sa­men­te pro­por­cio­nal a la exis­ten­cia en su seno de este tipo de «leyes espe­cia­les». Diga­mos, en fin, que en la actua­li­dad hay más leyes cana­llas y pue­den ocu­rrir más atro­ci­da­des que nun­ca, bajo la tole­ran­te mira­da, des­de lue­go, de muchos inte­lec­tua­les «bien­pen­san­tes».

Vie­ne todo esto a cuen­to ‑apar­te del libro de Pou­get- de que en los EEUU, bajo el Gobierno cana­lla de Bush y lue­go bajo la pre­si­den­cia frau­du­len­ta de Oba­ma (una man­cha más en la sucia his­to­ria de los Pre­mios Nobel), se han pro­mul­ga­do muchas «leyes cana­llas», como lo es la recien­te e «insó­li­ta» (ya nada insó­li­ta) ley lla­ma­da HR-347, que es una ley con­tra las reunio­nes en espa­cios ofi­cia­les cuyo fin es per­se­guir, san­cio­nar y en defi­ni­ti­va prohi­bir la disi­den­cia públi­ca y la liber­tad de expre­sión. Y tam­bién es cana­lla la ley (de muy pró­xi­ma apro­ba­ción) que prohí­be dar de comer a las per­so­nas «sin techo» al aire libre (o sea, que ¿pri­me­ro hay que poner­les un techo y lue­go dar­les la sopa?). En cual­quier caso, es el rever­so de la doc­tri­na cris­tia­na, y su for­mu­la­ción pare­ce una répli­ca a aque­lla doc­tri­na moral y reli­gio­sa que pro­pug­na­ba «dar de comer al ham­brien­to». La actual ley nos pro­po­ne lo con­tra­rio: «No dar de comer al ham­brien­to», aun­que es cier­to que aña­de que tal prohi­bi­ción se apli­ca­rá cuan­do se dé de comer a la intem­pe­rie. (En un anti­guo chis­te, me pare­ce que de Chumy Chú­mez, le decía un astro­so vaga­bun­do a otro: «A mí lo que más me moles­ta del frío es el hambre»).

Pero más allá de leyes con­cre­tas como esta últi­ma, la doc­tri­na gene­ral de todas las leyes cana­llas de los dos últi­mos siglos va en el sen­ti­do de cas­ti­gar a per­so­nas por deli­tos no come­ti­dos ¡pero que pue­den come­ter!, aun­que toda­vía no hayan sido qui­zás ni ima­gi­na­dos por sus futu­ros auto­res, ya que lo que se cas­ti­ga legal­men­te es la pre­sun­ción de que pue­dan lle­gar a come­ter­los. Segu­ra­men­te hay casos así, por ejem­plo, en el cam­po de con­cen­tra­ción de Guan­tá­na­mo, don­de están reclui­das en pési­mas con­di­cio­nes y legal­men­te des­am­pa­ra­das muchas per­so­nas que en nin­gún momen­to han podi­do defen­der su ino­cen­cia. Según esta doc­tri­na mal­va­da, infa­me, resul­ta que todo ciu­da­dano es sos­pe­cho­so de crí­me­nes por el mero hecho de que se supon­ga de él que tie­ne deter­mi­na­dos pen­sa­mien­tos (ideo­lo­gía) crí­ti­cos con el poder esta­ble­ci­do o que pre­ten­de cosas tan abo­mi­na­bles como que en el futu­ro sea una reali­dad la sobe­ra­nía de su peque­ño país (por ejem­plo, Eus­kal Herria).

En la lla­ma­da «His­to­ria de Espa­ña» (y en la de Fran­cia) es de des­ta­car la gran flo­ra­ción de leyes «anti­te­rro­ris­tas» que se ha pro­du­ci­do en el trans­cur­so de los tiem­pos, y bas­te con recor­dar como fechas de pro­mul­ga­ción de este tipo de «leyes cana­llas» la ley fran­ce­sa ‑que alcan­zó cuer­po legal en 1893- «con­tra las aso­cia­cio­nes de mal­he­cho­res», nom­bre que per­sis­te hoy en día y que actual­men­te se apli­ca, por ejem­plo, a los mili­tan­tes de ETA en el vecino país. Entre las más duras de este tipo de legis­la­cio­nes en el Esta­do espa­ñol debe des­ta­car­se la pro­mul­ga­da en 1975 (Ley Anti­te­rro­ris­ta), cuya «excep­cio­na­li­dad» fue inte­grán­do­se poco a poco en las leyes «ordi­na­rias». Y pues­tos a recor­dar, no pode­mos dejar a un lado en esta his­to­ria la lla­ma­da «Ley Cor­cue­ra», que fue popu­lar­men­te cono­ci­da como la de «la pata­da en la puer­ta». Entre las más recien­tes, seña­lo la pro­fun­da­men­te anti­de­mo­crá­ti­ca Ley de Par­ti­dos, y no es pre­ci­so insis­tir en lo cana­lla que es la lla­ma­da «Doc­tri­na Parot». En cuan­to al pasa­do más lejano, ¿cómo olvi­dar la Ley de Fugas ‑una ley cier­ta­men­te cana­lla- que fue pro­mul­ga­da el 20 de enero de 1921? Esa ley fue la cober­tu­ra legal de innu­me­ra­bles crímenes.

¡Leyes espe­cia­les! Bellas pala­bras (como «orden», «segu­ri­dad»…) y lamen­ta­bles hechos (des­truc­ción de liber­ta­des), sien­do cier­to, en defi­ni­ti­va, aque­llo que alguien dijo con oca­sión de que se anun­cia­ra la pro­mul­ga­ción de «una bue­na ley de pren­sa»: que «la mejor ley de pren­sa es la que no exis­te». Aho­ra esta­mos comen­tan­do una legis­la­ción según la cual, como deci­mos, todo ciu­da­dano es un poten­cial delin­cuen­te y hay que evi­tar, vul­ne­ran­do todos los dere­chos que sea nece­sa­rio para ello, que lle­gue a ser­lo de hecho. Es la muer­te defi­ni­ti­va de la libertad.

En algu­nos casos se da la expre­sión extre­ma de esta filo­so­fía de la repre­sión con­te­ni­da en las leyes cana­llas. Así, en la gue­rra de Israel con­tra el pue­blo pales­tino, rica en ele­men­tos de des­truc­ción masi­va, vemos cómo las débi­les accio­nes arma­das de los com­ba­tien­tes pales­ti­nos ‑con­si­de­ra­dos como meros «terro­ris­tas», des­de lue­go- no solo los con­vier­te a ellos en delin­cuen­tes mere­ce­do­res de ser extir­pa­dos por cual­quier medio, sino tam­bién a su entorno, a sus parien­tes y ami­gos, ade­más de a las per­so­nas de su vecin­dad, por lo que el Ejér­ci­to israe­lí bom­bar­dea, ade­más del domi­ci­lio del pre­sun­to terro­ris­ta, los de sus veci­nos, natu­ral­men­te con ellos dentro.

Pasan­do a las cár­ce­les espa­ño­las de hoy, diga­mos cla­ra­men­te que ellas son una mues­tra de esta «filo­so­fía del entorno», que ha dado expre­sio­nes ver­da­de­ra­men­te cana­llas como la afir­ma­ción de que «todo es ETA» y que ha arro­ja­do a las cár­ce­les ‑y man­tie­ne en ellas- a muchas per­so­nas que nun­ca come­tie­ron más deli­to que expre­sar sus deseos sobe­ra­nis­tas. Ver­da­de­ra­men­te mal­he­chor y cana­lla fue quien pusie­ra en mar­cha legal­men­te esa infa­me idea. El TOP fran­quis­ta y su ver­sión «demo­crá­ti­ca», la Audien­cia Nacio­nal, son res­pon­sa­bles de una acti­vi­dad repre­si­va cuyo tér­mino no se adi­vi­na por aho­ra: su acti­vi­dad está, deci­di­da­men­te, al ser­vi­cio de unas leyes canallas.

Sobre los efec­tos atro­ces de estas leyes, bas­te con recor­dar un solo epi­so­dio, el que se dio duran­te la Segun­da Repú­bli­ca Espa­ño­la en la loca­li­dad de Casas Vie­jas, el cual ocu­rrió en enero de 1933, des­pués de la pro­mul­ga­ción de la Ley de Defen­sa de la Repú­bli­ca, que sería la ante­sa­la de la Ley de Orden Públi­co: dos leyes repu­bli­ca­nas, sí, pero tam­bién cana­llas. Recor­de­mos que aquel epi­so­dio ocu­rrió en un mar­co de rebel­día ácra­ta y que en él Fran­cis­co Cruz Gutié­rrez (a) Seis­de­dos y otros veci­nos fue­ron fri­tos a tiros y car­bo­ni­za­dos en sus cho­zas por la Guar­dia de Asal­to; a con­ti­nua­ción de lo cual, sin ser some­ti­dos, cla­ro, a pro­ce­so legal alguno, once veci­nos ‑según otros tes­ti­mo­nios, cator­ce- fue­ron fusi­la­dos sin más y rema­ta­dos con sen­dos tiros de gra­cia (así lla­ma­dos) en la cabeza.

Fina­li­ce­mos aho­ra recor­dan­do otra ley cana­lla, como la de «Vagos y Malean­tes» (popu­lar­men­te cita­da como «La Gan­du­la»), que esta­ble­ció como deli­to el hecho de… no hacer nada.

Y una refe­ren­cia más: Es una cita de Valle-Inclán, en cuya obra «Luces de bohe­mia» asis­ti­mos a un paté­ti­co diá­lo­go en un cala­bo­zo entre el poe­ta cie­go Max Estre­lla y un anar­quis­ta cata­lán mania­ta­do al que se le va apli­car poco des­pués, la «ley de fugas».

El Pre­so.- Van a matar­me. ¿Qué dirá maña­na esa pren­sa canalla?

Max.- Lo que le manden.

El Pre­so.- ¿Está usted llorando?

Max.- De impo­ten­cia y de rabia. Abra­cé­mo­nos, hermano.

Y los dos parias se fun­den cáli­da­men­te en un estre­cho abra­zo para la eternidad.

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