Inde­pen­den­cia y salud social- Fer­mín Congeta

«Inde­pen­den­cia y salud social, o socia­lis­mo, son las dos caras de la mis­ma mone­da, la de la liber­tad de la huma­ni­dad, de los indi­vi­duos, de las nacio­nes y con­ti­nen­tes» ‑Kar­buts 1979-.

Se cele­bra­ba el año pasa­do un sukal­ki en uno de tan­tos pue­blos de Biz­kaia. Ano­che­cía, y tras la entre­ga de pre­mios se pre­pa­ra­ba la cena a la que había sido invi­ta­do. El anfi­trión, anti­guo pre­bos­te nacio­na­lis­ta, me había asig­na­do un lugar cen­tral de la mesa, fren­te a él. Cap­té de inme­dia­to que la dis­cu­sión esta­ba servida.

Él defen­día la nece­si­dad impe­rio­sa de obte­ner para Eus­kal Herria la inde­pen­den­cia y el poder polí­ti­co, para lue­go, des­de allí, implan­tar una socie­dad jus­ta e igualitaria.

Por mi par­te, insis­tía en que hoy, des­de la opo­si­ción, si no somos capa­ces de esta­ble­cer una socie­dad más demo­crá­ti­ca y jus­ta, fren­te al poder de la dere­cha, difí­cil­men­te lo hare­mos des­pués des­de el poder.

Todo con­clu­yó en pun­to muer­to, como cuan­do se dis­cu­te sobre qué debió exis­tir antes, si la galli­na o el huevo.

La noche fue un tan­to des­aso­se­ga­da. Aun­que ami­gos, pen­sá­ba­mos de mane­ra dis­par, y era natu­ral. Por­que éra­mos dis­tin­tos y veía­mos la reali­dad de mane­ra dife­ren­te. Él vivía una situa­ción aco­mo­da­da, y yo tra­ba­ja­ba en una empre­sa de tra­ba­jo tem­po­ral. Y es que nues­tro pen­sa­mien­to se adap­ta per­fec­ta­men­te a nues­tra mane­ra de vivir.

Al día siguien­te me repro­ché inte­rior­men­te, y con cier­ta rabia, no haber defen­di­do que es pre­ci­sa­men­te el pro­ce­so que se desa­rro­lle para con­se­guir una Eus­kal Herria inde­pen­dien­te y socia­lis­ta lo que no solo con­di­cio­na, sino que deter­mi­na­rá el resul­ta­do final. La cali­dad del fru­to depen­de siem­pre de su pro­ce­so de desarrollo.

Seguí pen­san­do en las elec­cio­nes y recor­dé las de 1919. Aque­llas en las que Don Inda­le­cio Prie­to, ido­la­tra­do por los socia­lis­tas tan­to vas­cos como espa­ño­les, mani­fes­tó: «En el dis­tri­to de Bal­ma­se­da, libre­men­te, espon­tá­nea­men­te, aque­llas agru­pa­cio­nes repu­bli­ca­nas y socia­lis­tas han acor­da­do apo­yar a un can­di­da­to monár­qui­co libe­ral, al señor Bal­par­da, y yo ten­go que decir aquí, públi­ca­men­te que me pare­ce per­fec­ta­men­te ese acuerdo».

La úni­ca pre­ten­sión de Prie­to era que nadie le moles­ta­ra en Bil­bao. Y así el pro­ce­so elec­to­ral deter­mi­nó el resul­ta­do final, el triun­fo de las dere­chas, mez­cla­do con un socia­lis­mo naci­do cadu­co y tra­mon­tano, obse­sio­na­do úni­ca­men­te por la toma del poder.

A tra­vés del tiem­po, el hecho de que el voto de la mayo­ría esta­blez­ca la legi­ti­mi­dad de un poder ha sido uni­ver­sal­men­te admi­ti­do como un pro­ce­di­mien­to iden­ti­fi­ca­ti­vo de la esen­cia mis­ma del hecho demo­crá­ti­co. ¡Tre­men­do error en el que han caí­do inclu­so gran­des lucha­do­res de la Liber­tad! En la obra «Con­tra­de­mo­cra­cia», P. Ros­san­va­llón par­te de una cons­ta­ta­ción cen­tral que es: la nece­si­dad de la amplia­ción de la vida demo­crá­ti­ca a otros regis­tros dife­ren­tes y nece­sa­ria­men­te com­ple­men­ta­rios a las elecciones.

Sen­ci­lla­men­te por­que la elec­ción de cual­quier par­ti­do polí­ti­co no garan­ti­za, en sí mis­mo, que el poder ejer­za su acción al ser­vi­cio del inte­rés general.

Inde­pen­di­zar­se de un poder polí­ti­co opre­sor, ya sea nati­vo o colo­nial, no lo es todo. Lo que impor­ta es que los repre­sen­tan­tes, ele­gi­dos por los ciu­da­da­nos, ten­gan con­cien­cia de que todos sere­mos algua­ci­les de su acción. Por­que lo que es pal­pa­ble e indis­cu­ti­ble es que al menos un 80% de los elec­to­res ambi­cio­na­mos la salud social. Algo que no está nada cla­ro para los polí­ti­cos, y des­de lue­go muy lejos de sus intereses.

Pla­tón ‑siglo V a. de J. C.- defen­día que el Gobierno de la repú­bli­ca debía estar en manos de los sabios, de los filó­so­fos, según él. Tan con­ven­ci­do esta­ba de su pro­pio saber que en tres oca­sio­nes se pre­sen­tó en Sira­cu­sa para hacer triun­far su «gobierno de magis­tra­dos- filó­so­fos». Tras el fra­ca­so deci­dió dedi­car­se a la ense­ñan­za. ¡Cuán­tos pre­ten­di­dos polí­ti­cos, en Hegoal­de, tras la tran­si­ción, han imi­ta­do a Pla­tón en lo de pasar­se a la ense­ñan­za, frus­tra­dos de la polí­ti­ca! ¡Pre­ci­sa­men­te por eso, has­ta los, apa­ren­te­men­te, más inte­li­gen­tes y entre­ga­dos a la cau­sa del pue­blo, pre­ci­san sen­tir nues­tras mira­das inda­ga­to­rias en sus nucas! Por­que esta­mos dis­pues­tos a cola­bo­rar, pero no a tran­si­gir ni claudicar.

No se pue­de esta­ble­cer un lazo auto­má­ti­co entre la salud social y la rique­za eco­nó­mi­ca de un país. Hegoal­de dis­fru­ta­rá en su con­jun­to de una nota­ble salud eco­nó­mi­ca, pero su salud social es depri­men­te des­de el momen­to en que a día de hoy se pro­du­cen ocho desahu­cios dia­rios. A eso se le pue­de lla­mar gan­gre­na social, pro­mo­vi­da por quie­nes deten­tan el poder polí­ti­co y económico.

Según el Índi­ce de salud social euro­peo (ISS), se deben dis­tin­guir las siguien­tes dimen­sio­nes a la hora de defi­nir el gra­do de salud social de un pue­blo: ingre­sos; tra­ba­jo y empleo; edu­ca­ción, salud y vivien­da; y justicia.

En Hegoal­de, aña­di­mos expre­sa­men­te como exi­gen­cia de nues­tra salud social, la vuel­ta de los pre­sos polí­ti­cos vas­cos a sus casas. No en vir­tud de una frau­du­len­ta amnis­tía fren­te a los deli­tos no veri­fi­ca­dos, sino por el dere­cho a su libe­ra­ción, por la injus­ti­cia y el abu­so abso­lu­to que han sufri­do de par­te del poder del rei­no, de polí­ti­cos, poli­cías y jueces.

Según el índi­ce de salud social euro­peo, ‑ISS 2009- es Luxem­bur­go quien se halla a la cabe­za de la salud social de los paí­ses euro­peos, segui­do de los paí­ses escan­di­na­vos y Aus­tria, con unos pun­tos que van de 76,6 a 63. Por­tu­gal y lue­go Espa­ña, se sitúan en la par­te infe­rior, últi­ma de la esca­la, con la salud social más degra­da­da, de 36,9 puntos.

Pare­ce cla­ro que sin autén­ti­ca salud social, es impo­si­ble la liber­tad, y por con­se­cuen­cia la independencia.

Fren­te a la lucha por la inde­pen­den­cia polí­ti­ca en un deter­mi­na­do país, algu­nos pen­sa­do­res han man­te­ni­do que la soli­da­ri­dad en la lucha debe dar­se entre todos los pue­blos humi­lla­dos. Luchar por un nacio­na­lis­mo les pare­ce un acto de egoís­mo fren­te al inter­na­cio­na­lis­mo pro­le­ta­rio. Por mi par­te no veo con­tra­dic­ción algu­na. No obs­tan­te, me resis­to a con­si­de­rar que la soli­da­ri­dad no ten­ga que empe­zar por los más cer­ca­nos, como tram­po­lín hacia toda la humanidad.

Si no soy soli­da­rio, si no lucho simul­tá­nea­men­te por la salud social de mi fami­lia, de mi barrio y mi pue­blo, ¿cómo voy a apo­yar efi­caz­men­te a aque­llos pue­blos opri­mi­dos tan lejos de mi vida y de mis posibilidades?

Apo­yo la lucha de todos los pue­blos opri­mi­dos, sea por colo­nos o por nati­vos, aje­nos todos ellos a las nece­si­da­des del pue­blo. Pero me entre­go a los míos, sin imi­tar nin­gu­na for­ma de lucha, por­que cada país tie­ne su pro­pia pro­ble­má­ti­ca y su espe­cí­fi­ca for­ma de con­se­guir su salud social.

Los cami­nos los hace­mos los cami­nan­tes. ¡Pero es tan difí­cil luchar sin tra­ba­jo, sin vivien­da y sin jus­ti­cia! La cima de la salud social de Eus­kal Herria nos espe­ra. Y no es más que el prin­ci­pio de nues­tra liber­tad e independencia.

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