El Sal­va­dor: La rein­ser­ción de la mujer ex-com­ba­tien­te. Un lega­do de guerra

«Yo extra­ño la gue­rra. Era una sen­sa­ción espe­cial la que vivía­mos enton­ces, pero si pue­do voy a dedi­car­me a estu­diar para maes­tra.… «Para mi la rein­ser­ción pasa por reen­con­trar­me con mi fami­lia y cum­plir con mi nue­va tarea polí­ti­ca.…» «Yo lo que más qui­sie­ra es vol­ver a ver a mis hijos…»
Las fra­ses ante­rio­res corres­pon­den a tres muje­res que poco tie­nen en común, con excep­ción de su con­di­ción de ex-guerrilleras.
Con el final de la gue­rra los fusi­les calla­ron, y con su silen­cio que­dó atrás toda esa extra­ña reali­dad que inun­dó sus vidas; aho­ra es nece­sa­rio bus­car­le un nue­vo sen­ti­do prác­ti­co , un sen­ti­do que faci­li­te su rein­ser­ción a la vida civil.
Este pro­ce­so no es más que el retorno a la vida ins­ti­tu­cio­nal o de lega­li­dad jurí­di­ca de los ex-com­ba­tien­tes del gue­rri­lle­ro FMLN (Fren­te Fara­bun­do Mar­tí para la Libe­ra­ción Nacio­nal) y del ejér­ci­to sal­va­do­re­ño que posi­bi­li­te su fun­cio­na­li­dad social.
Esta nue­va diná­mi­ca hace que El Sal­va­dor se encuen­tre en la actua­li­dad vivien­do una de las eta­pas más impor­tan­tes en su recien­te historia.
A par­tir de 1980 la Fuer­za Arma­da sal­va­do­re­ña y la gue­rri­lla del FMLN se enfren­ta­ron en una lucha arma­da duran­te más de 10 años oca­sio­nan­do más de 80 mil muer­tos, alre­de­dor de 7 mil des­apa­re­ci­dos y gra­ves vio­la­cio­nes a los dere­chos huma­nos, sin que nin­guno de los ejér­ci­tos se impu­sie­ra mili­tar­men­te sobre el otro.
Este impas­se así como las pre­sio­nes inter­na­cio­na­les obli­ga­ron a que el gobierno de Alfre­do Cris­tia­ni y la Coman­dan­cia Gene­ral del FMLN se sen­ta­ran a la mesa de negociaciones.
Cuan­do ambas dele­ga­cio­nes pre­sen­ta­ron las pro­pues­tas que posi­bi­li­ta­ron el fin de la gue­rra, se enfren­ta­ron a una reali­dad que impu­so la bús­que­da de meca­nis­mos no solo de solu­cio­nes polí­ti­cas a un pro­ble­ma mili­tar, sino que debían lograr pron­tas solu­cio­nes a la gra­ve pro­ble­má­ti­ca socio-eco­nó­mi­ca que el fin del con­flic­to traería.
Con el logro de los Acuer­dos de Paz en 1992 fir­ma­dos por el gobierno y el FMLN no solo acor­da­ron con­cen­trar a sus res­pec­ti­vos ejér­ci­tos, refor­mar el sis­te­ma judi­cial, la pues­ta en mar­cha de un plan de recons­truc­ción nacio­nal, sino tam­bién el cum­pli­mien­to de pro­gra­mas con­cre­tos para rein­te­grar en nue­vos espa­cios polí­ti­cos, eco­nó­mi­cos y socia­les a aque­llos que una vez empu­ña­ron las armas, como uno de los retos mas impor­tan­tes que el silen­cio de los fusi­les impone.

Nego­cian­do la reinserción

«Las nego­cia­cio­nes fue­ron real­men­te duras, ya que debía­mos entrar al perío­do de deba­te polí­ti­co en don­de no podía­mos per­der las pers­pec­ti­vas de la lucha mis­ma», expli­ca Nidia Díaz la ex-coman­dan­te gue­rri­lle­ra que aho­ra desa­rro­lla una lucha par­la­men­ta­ria con­tra sus anti­guos enemigos.
Ese deba­te obli­gó a la bús­que­da de alter­na­ti­vas sobre el tipo de pro­gra­mas para la recon­ver­sión de los ex-com­ba­tien­tes de ambos ban­dos, recuer­da Nidia, pues a pesar que los Acuer­dos esta­ble­cen toda una serie de meca­nis­mos que per­mi­tan el logro de solu­cio­nes polí­ti­cas para algu­nos pro­ble­mas que ori­gi­na­ron la gue­rra, no plan­teó solu­cio­nes espe­cí­fi­cas a la pro­ble­má­ti­ca de la rein­ser­ción de los ex-com­ba­tien­tes a par­tir de la pers­pec­ti­va de los géneros.
Es decir que los pro­gra­mas se con­si­de­ra­ron en tér­mi­nos uni­la­te­ra­les, a par­tir de las nece­si­da­des para los gue­rre­ros, sin per­ca­tar­se de la espe­ci­fi­ci­dad que la par­ti­ci­pa­ción de las muje­res al inte­rior del FMLN impri­mi­ría al retorno a la vida civil.
Según los Acuer­dos la rein­ser­ción con­tem­pla­rá bási­ca­men­te la incor­po­ra­ción a la vida civil a par­tir de cua­tro pro­gra­mas : inser­ción eco­nó­mi­ca, pro­gra­mas de edu­ca­ción , pro­gra­mas de vivien­da y de salud.
Si bien estos pro­gra­mas no plan­tean pro­ble­mas para los ex-com­ba­tien­tes del ejér­ci­to sal­va­do­re­ño com­pues­to por mas de 60 mil efec­ti­vos en su mayo­ría hom­bres, el ejér­ci­to gue­rri­lle­ro si los tie­ne debi­do a su com­po­si­ción, ya que de sus mas de 13,600 com­ba­tien­tes alre­de­dor del 30% son muje­res para quie­nes no hubo un dise­ño espe­ci­fi­co en los pro­gra­mas de reconversión.Es decir que para muchas muje­res miem­bros del FMLN las alter­na­ti­vas de los pro­yec­tos de rein­ser­ción se que­dan cor­tos fren­te a sus expectativas.
Debi­do a la com­ple­ji­dad de las ins­tan­cias que la recon­ver­sión con­tem­pla, pues en tér­mi­nos for­ma­les sig­ni­fi­ca un mayor nivel de demo­cra­ti­za­ción, los acuer­dos esta­ble­cie­ron que era nece­sa­rio pasar por una des­mi­li­ta­ri­za­ción de la socie­dad (que impli­ca­ba la depu­ra­ción y reduc­ción del ejér­ci­to), la rea­li­za­ción de refor­mas al sis­te­ma judi­cial que garan­ti­cen una mejor admi­nis­tra­ción de jus­ti­cia, así como la par­ti­ci­pa­ción en los espa­cios polí­ti­cos por par­te del FMLN.
Sola­men­te con el cum­pli­mien­to de estos aspec­tos se posi­bi­li­ta­ría el desa­rro­llo de los pro­gra­mas de rein­ser­ción, prin­ci­pal­men­te en un país tra­di­cio­nal­men­te agrí­co­la como El Sal­va­dor, cuya eco­no­mía basa­da en la expor­ta­ción de pro­duc­tos tra­di­cio­na­les ha pro­vo­ca­do una ele­va­da con­cen­tra­ción del poder eco­nó­mi­co y polí­ti­co en manos de un sec­tor mino­ri­ta­rio con capa­ci­dad de con­tro­lar la admi­nis­tra­ción de justiria.Sin modi­fi­ca­cio­nes a nivel jurí­di­co el mar­co para la rein­ser­ción no podría esta­ble­cer­se, ya que el tema de las tie­rras por ejem­plo toca uno de los aspec­tos medu­la­res que die­ron ori­gen al con­flic­to armado.
«Cuan­do entra­mos a la nego­cia­ción espe­ra­mos salir vic­to­rio­sos, es decir que lo que había­mos acu­mu­la­do de poder a nivel eco­nó­mi­co, político/​social, todos estos años no se nos fue­ra a rever­tir, sino que se trans­for­ma­ra, se ins­ti­tu­cio­na­li­za­ra», expli­ca Nidia Díaz.
Según la ex-rebel­de, en la mesa de nego­cia­ción se dis­cu­tió la incor­po­ra­ción a la vida civil tra­tan­do de que no des­acu­mu­la­ra lo que la lucha arma­da había logra­do duran­te la gue­rra, sino que se bus­ca­ba trans­for­mar­la. Dicha trans­for­ma­ción se refie­re a una vuel­ta a la ins­ti­tu­cio­na­li­dad y a la rein­ser­ción eco­nó­mi­ca-pro­duc­ti­va de los ex-com­ba­tien­tes a tra­vés de la obten­ción de cré­di­tos y tie­rra para acti­vi­da­des pro­duc­ti­vas e indus­tria­les, capa­ci­ta­ción empre­sa­rial para micro­em­pre­sa­rios, y la par­ti­ci­pa­ción en la Poli­cía Nacio­nal Civil y las ins­ti­tu­cio­nes del Esta­do, como par­te de la lucha en la ins­tan­cia política.

La mujer en el Frente

El FMLN (actual­men­te con­ver­ti­do en par­ti­do polí­ti­co) accio­nó duran­te mas de 10 años como una fuer­za polí­ti­co-mili­tar que se ori­gi­na duran­te los años 80, a par­tir de la lucha orga­ni­za­ti­va de varios gru­pos de opo­si­ción a los gobier­nos tra­di­cio­nal­men­te mili­ta­res de El Sal­va­dor; dicha opo­si­ción estu­vo con­for­ma­da por varios gre­mios de tra­ba­ja­do­res, algu­nos inte­lec­tua­les, estu­dian­tes, amas de casa, cam­pe­si­nos, que no encon­tra­ron en los cana­les ins­ti­tu­cio­na­les los medios ade­cua­dos para la solu­ción de sus demandas.
A medi­da que la orga­ni­za­ción opo­si­to­ra cre­cía lo mis­mo ocu­rrió con la repre­sión esta­tal, que los lle­vo a dar el sal­to cua­li­ta­ti­vo-estra­té­gi­co para su con­for­ma­ción como fuer­za mili­tar con capa­ci­dad de lucha y des­es­ta­bi­li­za­ción política.
Dada la diver­si­dad de su con­for­ma­ción y del carác­ter civil de la lucha, las muje­res no se que­da­ron de lado y toma­ron muchas de ellas la opción arma­da, hacien­do que la fuer­za gue­rri­lle­ra de casi 8 mil com­ba­tien­tes (en aque­llos años), fue­ra con­for­ma­da en un 30 % por muje­res que rea­li­za­ron gran diver­si­dad de tareas reque­ri­das por la coexis­ten­cia de una estruc­tu­ra polí­ti­ca o cua­dros no mili­ta­res (radis­tas, bri­ga­dis­tas, correos, cocineras,etc), así como de una estruc­tu­ra mili­tar, es decir las combatientes.
María Delia Cor­ne­jo o «Ana», es una ex-radis­ta de 35 años que ingre­so a las filas del FMLN a los 14 des­pués de tra­ba­jar en labo­res pas­to­ra­les con el padre Ruti­lio Gran­de, que fue ase­si­na­do por un cuer­po de segu­ri­dad, y que en la actua­li­dad se desem­pe­ña como capa­ci­ta­do­ra de muje­res en un orga­nis­mo femi­nis­ta; María Mar­ta Valla­da­res o «Nidia Díaz» es a sus 41 años una de las más legen­da­rias figu­ras gue­rri­lle­ras y que aho­ra aspi­ra a ser miem­bro del con­gre­so en la pró­xi­ma con­tien­da elec­to­ral, y Mari­sol Sal­ga­do o «Cha­ni­ta» es a sus 20 años la úni­ca guar­da­es­pal­das mujer encar­ga­da de dar­le segu­ri­dad a un impor­tan­te miem­bro del Par­ti­do Comunista.
Esta tres muje­res tie­nen en común su lucha gue­rri­lle­ra, pero sus pro­ce­sos de rein­ser­ción están sien­do total­men­te dife­ren­tes debi­do no solo a la dife­ren­cia de eda­des y de nive­les edu­ca­ti­vos con­que cuen­tan, sino tam­bién al desa­rro­llo de dife­ren­tes tareas polí­ti­cas y/​o mili­ta­res es decir expe­rien­cias muy par­ti­cu­la­res para cada una de ellas.
Sus his­to­rias sobre su rein­ser­ción ser­vi­rán para ilus­trar casos par­ti­cu­la­res, tal­véz atí­pi­cos, pero que refle­jan en bue­na medi­da la reali­dad de la dife­ren­cia­ción que las muje­res enfren­tan al regre­sar a la vida ordinaria.

Mar­gi­na­ción vrs. integración

Cuan­do se fir­ma­ron los Acuer­dos de Paz no se tomó en cuen­ta que en la socie­dad sal­va­do­re­ña la mujer sufre una dis­cri­mi­na­ción de carác­ter estruc­tu­ral que al no expli­ci­tar­se su modi­fi­ca­ción a nivel jurí­di­co tien­de a ver­se reforzada.
El pro­ble­ma es que fren­te a la dua­li­dad de la com­po­si­ción de las estruc­tu­ras del FMLN debió que­dar espe­ci­fi­ca­do que los pro­gra­mas de rein­ser­ción con­si­de­ra­ban tan­to al 12% de las muje­res de la estruc­tu­ra polí­ti­ca, al 77.5% de las muje­res de la estruc­tu­ra mili­tar, así como al 10.3% de lisia­das ; debi­do a esa fal­ta de espe­ci­fi­ci­dad aho­ra úni­ca­men­te las muje­res ex-com­ba­tien­tes o aque­llas que se veri­fi­ca­ron (esto últi­mo adquie­re cada vez más impor­tan­cia) son suje­tas de ser bene­fi­cia­das por los programas.
El pro­ce­so de rein­ser­ción de las ex-com­ba­tien­tes par­te de la veri­fi­ca­ción que la ONUSAL (misión de Obser­va­do­res de Nacio­nes Uni­das para El Sal­va­dor) reali­zó en los pun­tos de con­cen­tra­ción del FMLN; este con­sis­tía en ubi­car a los hom­bres y muje­res com­ba­tien­tes en 15 luga­res para dar­les cier­ta nive­la­ción aca­dé­mi­ca y pos­te­rior­men­te des­mo­vi­li­zar­los para incor­po­rar­los en los pro­gra­mas de rein­ser­ción por peque­ños gru­pos. A tra­vés de este pro­ce­so deja­ron sus armas para vol­ver a la vida civil, es decir deja­ron de ser for­mal­men­te com­ba­tien­tes guerrilleras.
Resul­ta impor­tan­te acla­rar que la fase de con­cen­tra­ción se dise­ñó exclu­si­va­men­te para los cua­dros com­ba­tien­tes del FMLN, sin con­si­de­rar a los cua­dros polí­ti­cos que desa­rro­lla­ron tareas no-mili­ta­res, que­dan­do éstos sin los bene­fi­cios de la fase de desmovilización.
Según ONUSAL en la actua­li­dad exis­ten 3285 muje­res des­mo­vi­li­za­das que se encuen­tran lis­tas para rein­te­grar­se a la vida civil, cuyas eda­des osci­lan entre los 15 y los 29 años, es decir for­man par­te de la PEA (Pobla­ción Eco­nó­mi­ca­men­te Acti­va) del país; a pesar de esa dis­po­si­ción de las ex-gue­rri­lle­ras para vol­ver a la vida civil y los acuer­dos fir­ma­dos sus posi­bi­li­da­des reales se ven limi­ta­das en tan­to sola­men­te pue­den tener acce­so una mino­ría de ellas, mien­tras la mayo­ría debe­rá regre­sar a aque­llas acti­vi­da­des tra­di­cio­na­les de la mujer, debi­do prin­ci­pal­men­te a la defi­cien­cia mis­ma con que la rein­ser­ción fue esta­ble­ci­da en el momen­to de la negociación.
Para Nidia Díaz la ex-coman­dan­te rebel­de que par­ti­ci­pó en las dis­cu­sio­nes, no se tra­ta de una defi­cien­cia, sino de una reali­dad impues­ta por las corre­la­cio­nes de fuer­za exis­ten­tes a ese momen­to. «La rein­ser­ción de las muje­res ex-com­ba­tien­tes no se plan­teó de mane­ra espe­cí­fi­ca sino den­tro de la glo­ba­li­dad, pues no exis­tía una corre­la­ción y espa­cio para nego­ciar la espe­ci­fi­ci­dad». Según la ex-gue­rri­lle­ra, lo que más impor­ta­ba en la nego­cia­ción «era la lucha por la vigen­cia ple­na de los dere­chos huma­nos y el ini­cio de la demo­cra­ti­za­ción, y a cam­bio de esos logros el FMLN paga­ría con el des­mon­ta­je de su apa­ra­to mili­tar y la incor­po­ra­ción a la vida civil y polí­ti­ca de sus com­ba­tien­tes, hom­bres y mujeres».
Si bien la nego­cia­ción garan­ti­zó ese pro­ce­so para hom­bres y muje­res, el dile­ma es que las muje­res con­ti­núan estan­do mar­gi­na­das debi­do tan­to a patro­nes estric­ta­men­te cul­tu­ra­les como a pro­ble­mas de ope­ra­ti­vi­dad obli­gan­do a que la mayo­ría vuel­va a sus tareas domés­ti­cas sin encon­trar solu­ción a su cre­cien­te frustración.

¿Los fusi­les a cam­bio de qué?

Con la paz el gobierno se com­pro­me­tió a bus­car los fon­dos nece­sa­rios para impul­sar los pro­gra­mas de rein­ser­ción de los y las ex-combatientes.
Lo ante­rior pue­de ser refe­ri­do a la trans­fe­ren­cia a aque­llas ex-com­ba­tien­tes que opta­ron por la rein­ser­ción rural, de las tie­rras esta­ta­les que no son reser­va fores­tal, así como lograr la com­pra de la tie­rra ofre­ci­da en ven­ta por sus pro­pie­ta­rios, a impul­sar pro­gra­mas espe­cia­les de cré­di­to y asis­ten­cia téc­ni­ca para acti­vi­da­des agro­pe­cua­rias y de micro­em­pre­sa, así como a otor­gar­les vivienda.
Si bien las muje­res inte­gra­das en el pro­ce­so de rein­ser­ción están dis­pues­tas a acep­tar el nue­vo reto, éste debe­rá pasar nece­sa­ria­men­te por la modi­fi­ca­ción de las con­di­cio­nes de mar­gi­na­li­dad en que las muje­res han esta­do tra­di­cio­nal­men­te, así como la ade­cua­ción de los mis­mos pro­gra­mas a una pers­pec­ti­va de género.
Para Julia Soro, una femi­nis­ta fran­ce­sa que se encuen­tra rea­li­zan­do inves­ti­ga­cio­nes socia­les en el país, «en este momen­to resul­ta váli­do pre­gun­tar si aho­ra con la rein­ser­ción, las muje­res sola­men­te van a pasár­se­la en la casa el res­to de sus días lle­nán­do­se de hijos como tra­di­cio­nal­men­te hacen las muje­res de su fami­lia o bien van a luchar para con­quis­tar una ver­da­de­ra inte­gra­ción par­ti­ci­pa­ti­va a la vida civil, eco­nó­mi­ca y política».
La res­pues­ta a ese inte­rro­gan­te debe­rá encon­trar­se en los pro­gra­mas que la Secre­ta­ría de Recons­truc­ción Nacio­nal (SRN) y la Fun­da­ción 16 de Enero (F‑16) rea­li­zan para la incor­po­ra­ción de la mujer ex-combatiente.
Los pro­gra­mas guber­na­men­ta­les de rein­ser­ción que con­tem­pla la Secre­ta­ría de Recons­truc­ción no cuen­tan actual­men­te con una cla­si­fi­ca­ción por géne­ro que le per­mi­ta faci­li­tar el acce­so a las muje­res al pro­ce­so, sino úni­ca­men­te par­te de datos globales.
Esta Secre­ta­ría desa­rro­lla cua­tro pro­gra­mas de recon­ver­sión. En el pro­gra­ma de inser­ción eco­nó­mi­ca desa­rro­llan las áreas de capa­ci­ta­ción agro­pe­cua­ria y otor­ga­mien­to de cré­di­tos para cul­ti­vo; asis­ten­cia téc­ni­ca agro­pe­cua­ria; capa­ci­ta­ción en indus­tria y ser­vi­cios, y cré­di­to para micro­em­pre­sas. El pro­gra­ma edu­ca­ti­vo se refie­re a las becas para estu­dios de secun­da­ria, téc­ni­cos y uni­ver­si­ta­rios. Cuen­ta con un pro­gra­ma de aten­ción médi­ca espe­cia­li­za­da y con­ti­núa con su com­pro­mi­so de cum­plir con el pro­gra­ma de viviendas.
«No, si los pro­gra­mas exis­ten, el pro­ble­ma es que el pro­ce­so de rein­ser­ción o está para­do o cami­na a paso de tor­tu­ga, debi­do bási­ca­men­te a que no exis­te una volun­tad polí­ti­ca del gobierno de cum­plir con los com­pro­mi­sos y por­que ade­más en la actua­li­dad todos los esfuer­zos del Fren­te, que es el encar­ga­do de velar por su cum­pli­mien­to, están encau­za­dos hacia la cam­pa­ña elec­to­ral. Ese es el pro­ble­ma», ase­gu­ra Leo Cabra­les un ex-líder rebel­de miem­bro de la Resis­ten­cia Nacio­nal (RN), que se mues­tra preo­cu­pa­do por el retra­so en el cum­pli­mien­to del proceso.
Según una encues­ta patro­ci­na­da recien­te­men­te por UNTCEF para muje­res des­mo­vi­li­za­das, que pre­ten­de el desa­rro­llo de pro­yec­tos pro­duc­ti­vos y socia­les con una pers­pec­ti­va de géne­ro que com­ple­men­te los pro­gra­mas para la rein­ser­ción la solu­ción al pro­ble­ma de la mar­gi­na­li­dad refor­za­da en la mujer por el pro­ce­so de rein­ser­ción atra­vie­sa serias difi­cul­ta­des. «El paso a la vida civil no ha sido fácil ni para el hom­bre ni para la mujer. Nues­tra socie­dad es suma­men­te machis­ta y patriar­cal, lo cual sig­ni­fi­ca que la mujer ex-com­ba­tien­te está bajo pre­sión de cum­plir su papel este­reo­ti­pa­do, por ejem­plo, enfren­ta las con­tra­dic­cio­nes típi­cas de com­prar ropa y maqui­lla­je sin con­tar con el dine­ro sufi­cien­te, de con­ver­tir­se en suje­to pro­duc­ti­vo y al mis­mo tiem­po de cum­plir con su papel de ama de casa», expli­ca la encar­ga­da del proyecto.
La mues­tra de la encues­ta la con­for­ma­ron 1100 muje­res que equi­va­len al 36% del total de muje­res veri­fi­ca­das en todo el país, de las cua­les más de la mitad se loca­li­zan en la ciu­dad capi­tal. De estas el 97% pue­de for­mar par­te del sec­tor pro­duc­ti­vo del país.
Los datos obte­ni­dos seña­lan entre las prin­ci­pa­les difi­cul­ta­des que las muje­res des­mo­vi­li­za­das enfrentan:

— Edu­ca­ción, si bien el 87% desea con­ti­nuar estu­dian­do, el nivel edu­ca­ti­vo es muy bajo, lo cual les impi­de de optar a los pro­gra­mas de becas (úni­ca­men­te el 4.5% ha opta­do por éstas),
 — Alre­de­dor del 80% tie­nen hijos meno­res de 12 años bajo su res­pon­sa­bi­li­dad. El 29.3% son jefas de hogar,por lo cual la bús­que­da de los ingre­sos se vuel­ve tarea primordial,
 — El 71.7% ha soli­ci­ta­do cré­di­tos en el área de micro­em­pre­sas (talle­res de cos­tu­ra, peque­ños nego­cios y otros),pero para lograr­los nece­si­tan con­tar con la res­pec­ti­va capa­ci­ta­ción como
requi­si­to fundamental,
 — Más del 10% son lisia­das cuyos bene­fi­cios han sido nulos o muy redu­ci­dos, y sola­men­te el 0.7% ha pen­sa­do en incor­po­rar­se a la nue­va Poli­cía Nacio­nal Civil ( debi­do a que para for­mar par­te de ésta se requie­re un nivel míni­mo de edu­ca­ción que ellas no poseen).

Estas difi­cul­ta­des están pro­vo­can­do que la mayo­ría ten­ga que vol­ver a sus tra­di­cio­na­les tareas domés­ti­cas, sien­do muy pocas las que pue­den incor­po­rar­se al desa­rro­llo de tareas simi­la­res a las que rea­li­za­ron duran­te la gue­rra y mucho menos a posi­cio­nes de jefa­tu­ra al inte­rior de sus par­ti­dos, dejan­do que sea la edu­ca­ción el pará­me­tro casi exclu­si­vo que faci­li­te la rein­ser­ción de las muje­res, gene­ran­do toda una dife­ren­cia­ción social que vuel­ve más com­pli­ca­do el pro­ce­so de demo­cra­ti­za­ción bus­ca­do por el FMLN.
Según una voce­ra de la Fun­da­ción 16 de Enero, no se tra­ta sola­men­te de los pro­ble­mas apun­ta­dos ante­rior­men­te, sino tam­bién por que exis­te «buro­cra­ti­za­ción por par­te de la Secre­ta­ría de Recons­truc­ción y la AID (Agen­cia Inter­na­cio­nal para el Desa­rro­llo) en los aspec­tos admi­nis­tra­ti­vos y en el des­em­bol­so de los recur­sos., así como la fal­ta de volun­tad polí­ti­ca por par­te de las ins­ti­tu­cio­nes guber­na­men­ta­les encar­ga­das de la eje­cu­ción.… Pero el pro­ble­ma fun­da­men­tal ha sido la eje­cu­ción de los pro­gra­mas de mane­ra des­coor­di­na­da, tar­día e inopor­tu­na… gene­ran­do incon­for­mi­dad e incer­ti­dum­bre en los ex-com­ba­tien­tes, y tal­véz más en las muje­res para quie­nes no exis­ten ni siquie­ra un regis­tro espe­cí­fi­co, lo cual no les pue­de garan­ti­zar la sub­sis­ten­cia de sus familias».
Fren­te a esta com­ple­ja reali­dad pare­cie­ra que el éxi­to de los pro­gra­mas de rein­ser­ción para las ex-com­ba­tien­tes no depen­de­rá úni­ca­men­te del núme­ro de muje­res bene­fi­cia­das y de los mon­tos com­pro­me­ti­dos a ser otor­ga­dos, sino que éste debe­rá pasar nece­sa­ria­men­te por una real y efec­ti­va imple­men­ta­ción de los pro­gra­mas, con el fin de posi­bi­li­tar aque­llas trans­for­ma­cio­nes estruc­tu­ra­les de la socie­dad que per­mi­ta el sur­gi­mien­to de una mujer nue­va cons­truc­to­ra de su destino.
Casos de la vida

Bus­can­do un sen­ti­do prác­ti­co a la reinserción

Ape­sar que de mane­ra for­mal exis­ten todos los pro­gra­mas con cuyo cum­pli­mien­to se com­pro­me­tió el gobierno y que según la F‑16 no se han cum­pli­do , exis­ten otras ins­tan­cias que están posi­bi­li­tan­do la rein­ser­ción de las mujeres.
Y es que para la ex-com­ba­tien­te la gue­rra sig­ni­fi­có la opor­tu­ni­dad de nue­vas expe­rien­cias, de pro­bar su capa­ci­dad mis­ma en situa­cio­nes extre­mas, pero tam­bién le per­mi­tió guar­dar el deseo por la vida y el amor por los suyos como par­te fun­da­men­tal de sus vidas.
Esa diná­mi­ca está per­mi­tien­do que muchas superen el dolor que la pér­di­da de sus fami­lia­res ha sig­ni­fi­ca­do, o la impo­ten­cia que la poca edu­ca­ción pro­vo­ca, así como enfren­tar los retos que la cons­truc­ción de una nue­va socie­dad exige.

«Lo que más qui­sie­ra aho­ra es vol­ver a ver a mis hijos»

María Delia o «Ana», es como muchas muje­res cam­pe­si­nas una ex-com­ba­tien­te que ingre­só a las filas del FMLN gol­pea­da por la repre­sión de los cuer­pos de segu­ri­dad en el campo.
«Yo tra­ba­ja­ba con el padre Ruti­lio Gran­de cuan­do lo mata­ron. Eso me afec­tó mucho y me sen­tí ame­na­za­da por lo que deci­dí incor­po­rar­me con las FPL (Fuer­zas Popu­la­res de Libe­ra­ción) y venir­me a la ciu­dad en don­de me asig­na­ron pri­me­ro la tarea de brin­dar cober­tu­ra a una casa de segu­ri­dad del Par­ti­do, pero des­pués pase al cam­po de bata­lla», recuer­da María Delia quien aho­ra a sus 35 años y muchas pér­di­das en la vida tra­ba­ja como capa­ci­ta­do­ra de muje­res en un orga­nis­mo feminista.
«A mi como a muchas otras muje­res me gol­peo duro la gue­rra, por­que per­dí a mi com­pa­ñe­ro y a mis hijos. El tam­bién era gue­rri­lle­ro y jefe de una uni­dad y lo mata­ron en un ope­ra­ti­vo, Yo creí vol­ver­me loca, pero lo peor vino des­pués cuan­do a los dos niños que tenía­mos se los lle­va­ron a los Esta­dos Uni­dos unos fami­lia­res de él que los habían teni­do mien­tras está­ba­mos en el fren­te. Pare­ce que cre­ye­ron que yo tam­bién había muer­to y les cam­bia­ron los
pape­les de iden­ti­fi­ca­ción y se los lle­va­ron hace como cin­co años. Nun­ca los he vuel­to a ver», expli­ca Delia mien­tras las lágri­mas comien­zan a bro­tar al recor­dar a sus hijos perdidos.
Esta mujer que se desem­pe­ñó como radis­ta duran­te toda la gue­rra se enfren­ta aho­ra no sólo a su sole­dad por la pér­di­da de sus hijos sino tam­bién a la incer­ti­dum­bre de la reinserción.
«Mira, para mi la rein­ser­ción ha sido un momen­to bien duro por­que no se vio cla­ro para las muje­res como yo duran­te la nego­cia­ción, por­que el obje­ti­vo prin­ci­pal era la des­mi­li­ta­ri­za­ción, hacien­do que todo mun­do haya­mos que­da­do mero mal en esto», comen­ta sombría
«Ana», quien por haber­se dedi­ca­do a tareas no-mili­ta­res no se le ha asig­na­do den­tro de nin­guno de los pro­gra­mas de la reinserción.
A pesar de su pro­ble­má­ti­ca per­so­nal, esta mujer ama­ble y espon­tá­nea no ha per­di­do su soli­da­ri­dad para con sus semejantes.
«Yo lo que estoy hacien­do es capa­ci­tar­me en la teo­ría de géne­ro para poder capa­ci­tar a otras muje­res que se sien­ten más mal que yo y demos­trar­les que siem­pre hay opcio­nes, y que para alcan­zar­las debe­mos pre­pa­rar­nos y luchar jun­tas», sos­tie­ne esta capacitadora.
María Delia no sólo no pue­de tener acce­so a la tie­rra como una par­te de los pro­gra­mas, sino que tam­po­co pue­de optar a las becas o la capa­ci­ta­ción empre­sa­rial debi­do a que no cuen­ta con el nivel míni­mo de edu­ca­ción que se exige.
«Yo se que será bien difí­cil, pero voy a tra­ba­jar y dar lo mejor de mi mis­ma. Sé que de ham­bre no me voy a morir, pero lo que más qui­sie­ra es recu­pe­rar a mis hijos y expli­car­les que todo lo que su papá y yo hici­mos fue por amor a ellos y a nues­tro pue­blo. Sólo cuan­do logre expli­cár­se­los sen­ti­ré que nues­tro sacri­fi­cio no ha sido en vano», fina­li­za «Ana» cuan­do su ros­tro se ilu­mi­na ante la pers­pec­ti­va de reu­nir­se con sus hijos.

«Para mi la rein­ser­ción por el reen­cuen­tro con mi fami­lia y el cum­pli­mien­to de mis tareas políticas»

Esta mujer alta, muy feme­ni­na y sen­si­ble, es a sus 41 años para muchos «el lado humano del FMLN», y es que a don­de va des­pier­ta la sim­pa­tía de la gente.
Nidia Díaz es tam­bién la legen­da­ria coman­dan­te que se pre­sen­tó a la pri­me­ra reu­nión de diá­lo­go en La Pal­ma, Cha­la­te­nan­go, y que sola­men­te des­pués de 8 años y muchas reunio­nes pusie­ron fin a la guerra.
María Mar­ta, mujer de extrac­ción media se incor­po­ra a la lucha gue­rri­lle­ra moti­va­da por la injus­ti­cia estruc­tu­ral de el país.
Se orga­ni­za al prin­ci­pio en el ERP (Ejér­ci­to Revo­lu­cio­na­rio del Pue­blo) del cual sale para fun­dar el PRTC (Par­ti­do Revo­lu­cio­na­rio de los Tra­ba­ja­do­res del Cam­po) del cual es actual líder.
Con su hijo José Alejandro,cuyo padre, un revo­lu­cio­na­rio gua­te­mal­te­co que fue des­apa­re­ci­do, ha debi­do enfren­tar el dolor de la sepa­ra­ción, la incer­ti­dum­bre del reen­cuen­tro y las ale­grías que sólo el reco­no­cer­se de nue­vo les trae.
«Cuan­do Alex nació lo ama­man­té por 6 meses, pero des­pués tuve que dejar­lo para cum­plir mis tareas; lue­go se deci­dió que debía tra­ba­jar en lo urbano y así fue como pudi­mos vivir dos años jun­tos, has­ta que me cap­tu­ra­ron en el fren­te», expli­ca Nidia, quien fue­ra cap­tu­ra­da en com­ba­te por tro­pas éli­tes de la Fuer­za Aérea y man­te­ni­da en pri­sión has­ta que uni­da­des gue­rri­lle­ras cap­tu­ra­ron a la hija del pre­si­den­te con cuya libe­ra­ción pudo ser canjeada.
«Con mi cap­tu­ra, la situa­ción se puso real­men­te difí­cil para mi fami­lia, pues la mayo­ría debió aban­do­nar el país. Lle­gué a tener 18 fami­lia­res en el exi­lio», son­ríe mien­tras recuerda.
«Actual­men­te mi mamá está muy enfer­ma y una de mis her­ma­nas quie­re regre­sar, pero Alex y yo tene­mos el com­pro­mi­so de que el ter­mi­ne la pri­ma­ria en Sue­cia y lue­go se pue­de venir», comen­ta mien­tras lee una car­ta recien­te de su her­ma­na. «Para mí es bien difí­cil, por­que cla­ro que quie­ro ver­los, pero no pue­do hacer a un lado mis nue­vas tareas políticas».
Nidia ha sido rati­fi­ca­da como miem­bro del Comi­té Polí­ti­co de su Par­ti­do; nom­bra­da pre­si­den­ta de ASPAD (Aso­cia­ción Sal­va­do­re­ña para la Pro­mo­ción de la Demo­cra­cia) que tie­ne bajo su car­go la capa­ci­ta­ción de líde­res para la nue­va cam­pa­ña elec­to­ral y la obten­ción de fon­dos extran­je­ros para finan­ciar las elec­cio­nes den­tro de las cual ella mis­ma par­ti­ci­pó como can­di­da­ta a diputada.
«Pri­me­ro se mane­jó mi nom­bre como can­di­da­ta para la vice-pre­si­den­cia del país, pero fran­ca­men­te mi inten­ción para la lucha no es la bús­que­da de un car­go polí­ti­co que me pro­yec­te de mane­ra indi­vi­dual, y aun­que la nomi­na­ción para dipu­tada me resul­tó difí­cil de acep­tar creo que debo hacer­lo para pro­cu­rar el bene­fi­cio de todos aque­llos que cre­ye­ron siem­pre en nues­tra lucha», expli­ca esta ex-rebel­de a quien la nue­va diná­mi­ca de lucha polí­ti­ca le resul­ta com­pli­ca­da de manejar.
«No ten­go mucho tiem­po libre. Me gus­ta pin­tar, pero no pue­do hacer­lo, me gus­ta bai­lar y no ten­go tiem­po para la vida social, con excep­ción de aque­lla que impli­ca tra­ba­jo polí­ti­co, real­men­te creo que será un momen­to difí­cil pero impor­tan­te el vol­ver a vivir con mi hijo y mi fami­lia», sos­tie­ne mien­tras con­ver­sa en una rara entre­vis­ta en la coci­na de su casa.
Y es que para Nidia Díaz la vida pri­va­da es muy cor­ta ya que su vida públi­ca le requie­re casi las 24 horas del día, sobre todo aho­ra que rea­li­za un tra­ba­jo en el congreso.
«Me gus­ta mucho ir a los can­to­nes de San Vicen­te (depar­ta­men­to al cual repre­sen­ta como can­di­da­ta), los reco­rrí muchas veces en la gue­rra y aho­ra que regre­so la gen­te me reco­no­ce y se me acer­can para con­ver­sar; me ofre­cen algún refres­co y muchas veces me que­do a dor­mir con ellos», narra mien­tras saca de su enor­me bol­so marrón un dibu­jo que le hicie­ra un cam­pe­sino recientemente.
Se tra­ta de un sen­ci­llo dibu­jo que éste hicie­ra mien­tras ella expo­nía su plan de cam­pa­ña, en don­de Nidia apa­re­ce ves­ti­da como gue­rri­lle­ra, con su fusil, su arnés y mochi­la a hom­bros. «Es extra­ño como me miran algu­nos ‚sabés, por­que yo esta­ba ves­ti­da como civil, nor­mal y los com­pás toda­vía me miran así»; pero no es extra­ño sobre todo si se cono­ce toda la leyen­da que esta mujer sig­ni­fi­ca para muchos,pues con­ti­nua repre­sen­tan­do el mito de la mujer guerrillera.
«Mi vida es un com­pro­mi­so con esta gen­te. Les debo mucho, por eso mi rein­ser­ción debe­rá com­bi­nar mi retorno a la vida fami­liar con el cum­pli­mien­to de mis tareas polí­ti­cas. Para eso estoy com­pro­me­ti­da», fina­li­za esta mujer que enfren­ta gran­des retos polí­ti­cos dia­ria­men­te pero cuyos ojos no logran ocul­tar la emo­ción que sien­te al pen­sar en el encuen­tro con su hijo.

«Extra­ño la gue­rra, pero si pue­do me gus­ta­ría ser maes­tra de niños»

Al escu­char la fra­se ante­rior de una joven­ci­ta ex-gue­rri­lle­ra que se encar­ga de garan­ti­zar la vida de un miem­bro del FMLN, se encuen­tra la bús­que­da de nue­vas opcio­nes que el fin de la gue­rra ha traí­do para las muje­res ex-combatientes.
Para Miguel Sáenz Váre­la, un pro­mi­nen­te miem­bro del Par­ti­do Comu­nis­ta y actual dipu­tado, su vida depen­de de una joven casi ado­les­cen­te que a pesar de su dul­zu­ra es toda una estra­te­ga militar.
«Sí, la Cha­ni­ta me cui­da a mí y no la cam­bia­ría ni por diez hom­bres. Cuan­do en el Par­ti­do dije­ron que había una mujer en la segu­ri­dad nadie la que­ría por ser mujer, y yo la tra­je con­mi­go al saber de quien se tra­ta­ba. Con los días vino Scha­fick Han­dal a decir­me que me daba tres hom­bres de su segu­ri­dad a cam­bio de ella, pero yo no la cam­bio», comen­ta Sáenz cuan­do se le pre­gun­ta por su par­ti­cu­lar guardaespaldas».
Y es que ver a la «Cha­ni­ta» o Mari­sol, car­gan­do su mochi­la al hom­bro y ayu­dan­do a ese hom­bre con un bas­tón resul­ta en extre­mo par­ti­cu­lar. Ella es una joven mujer de 20 años muy dul­ce, de mira­da tími­da y son­ri­sa fran­ca que com­ba­tió des­de los 14 años en las filas de la FAL (bra­zo arma­do del Par­ti­do Comu­nis­ta), en don­de pri­me­ro apren­dió a uti­li­zar un M‑16, lue­go un AK-47 y final­men­te un RPG‑7 o lan­za­gra­na­das duran­te la ofen­si­va de 1989; su des­tre­za la lle­vó a ser coman­dan­te de escua­dra (car­go poco usual para mujeres).
Aho­ra su rein­ser­ción pasa por cui­dar la vida de un polí­ti­co y com­bi­nar su vida con su «com­pa­ñe­ro de vida» (tam­bién miem­bro de la segu­ri­dad de un ex-coman­dan­te), con la con­ti­nua­ción de sus estu­dios para lograr ser maes­tra de niños.
«A mi me eli­gie­ron de allá arri­ba para ser segu­ri­dad del doctor
Sáenz. Creo que me lo he gana­do y estoy dis­pues­ta a poner­me las pilas (hacer­lo bien) para cum­plir con lo que me han asig­na­do», expli­ca «Cha­ni­ta».
Lue­go de la fir­ma de los acuer­dos ella fue esco­gi­da entre muchos com­ba­tien­tes para dar segu­ri­dad a la Coman­dan­cia Gene­ral que regre­sa­ba a incor­po­rar­se a la lucha polí­ti­ca, para des­pués sacar­los del país para entre­nar­los en una escue­la espe­cia­li­za­da en segu­ri­dad para políticos.
«Fue una bue­na expe­rien­cia, que nos ense­ña­ran todo eso nue­vo, como detec­tar un segui­mien­to en la ciu­dad, como pro­te­ger a la per­so­na bajo mi car­go, pero tam­bién fue boni­to ver esas carre­te­ras tan gran­des, la comi­da tan rara y la gen­te dife­ren­te. Yo nun­ca me ima­gi­né que iba a salir de este país algún día, y lo hice», son­ríe «Cha­ni­ta» mien­tras recuer­da su esta­día en Europa.
Con su des­mo­vi­li­za­ción como ex-com­ba­tien­te ha teni­do acce­so a una par­ce­la de tie­rra, que espe­ra que algún día se la entre­guen, pero aho­ra debe cui­dar a Sáenz y acos­tum­brar­se a orga­ni­zar su tiem­po con su compañero.
«El tam­bién es segu­ri­dad y no tene­mos mucho tiem­po para noso­tros, pero pro­cu­ra­mos pasar­la bien cuan­do esta­mos jun­tos. Com­par­ti­mos una casa y tam­bién los ofi­cios domés­ti­cos. Pero lo más impor­tan­te es que he vuel­to a la escue­la, estu­dio noveno gra­do y quie­ro estu­diar para maes­tra. Oja­lá y pue­da hacer­lo, por­que el doc­tor me apo­ya y me insis­te en que estu­die para que pue­da supe­rar­me», expli­ca esta joven gue­rre­ra cuya expe­rien­cia duran­te la gue­rra no le ha echa­do a per­der los deseos de bus­car nue­vas opciones.


* Pro­fe­so­ra del Depar­ta­men­to de Socio­lo­gía y Cien­cias Polí­ti­cas. Fuen­te: REALIDAD, Revis­tas de Cien­cias Socia­les y Huma­ni­da­des, Nº 44 (Uni­ver­si­dad Cen­tro­ame­ri­ca­na José Simeón Cañas, El Sal­va­dor, mar­zo-abril de 1995), pp. 369 – 383.

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