«A los pre­sos enfer­mos se les nie­gan unos dere­chos que con­tem­pla la ley»

Entre­vis­ta de Gara a Mati Iturralde

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Mati Itu­rral­de ha aten­di­do duran­te años a pre­sas y pre­sos polí­ti­cos vas­cos enfer­mos. Su labor le ha per­mi­ti­do cono­cer de pri­me­ra mano la situa­ción sani­ta­ria a la que se enfren­tan los repre­sa­lia­dos en las pri­sio­nes espa­ño­las y fran­ce­sas. Aho­ra, a tra­vés del colec­ti­vo Jai­ki Hadi, com­pues­to por médi­cos soli­da­rios, vigi­la, des­de la dis­tan­cia, el esta­do de salud de diez per­so­nas enfer­mas que con­ti­núan encar­ce­la­das pese a pade­cer diver­sas pato­lo­gías «gra­ves e incurables».

Usted cono­ce bien el sis­te­ma médi­co de las pri­sio­nes espa­ño­las, ¿cómo funciona?

En prin­ci­pio, las per­so­nas que están en pri­sión tie­nen un ser­vi­cio sani­ta­rio com­pues­to por médi­cos, enfer­me­ros y enfer­me­ras. Cuan­do un pre­so tie­ne algún sín­to­ma que le preo­cu­pa, tie­ne que hacer una ins­tan­cia y apun­tar­se para acu­dir a la con­sul­ta médi­ca. En esas con­sul­tas, que aho­ra empie­zan a tener algo más de dota­ción, se valo­ra el caso y se toman deci­sio­nes sobre el tra­ta­mien­to o sobre las prue­bas que haya que realizar.

La mayo­ría de las prue­bas tera­péu­ti­cas, o prue­bas diag­nós­ti­cas, se rea­li­zan en los hos­pi­ta­les de refe­ren­cia de la cár­cel, por­que en las pri­sio­nes no hay apa­ra­to de rayos, ni ana­lí­ti­cas… Ade­más, la mayo­ría de los pre­sos y pre­sas vas­cas man­tie­nen una dis­tan­cia bas­tan­te pru­den­te con los ser­vi­cios médi­cos de la cár­cel por­que des­con­fían de su capa­ci­dad y, sobre­to­do, des­con­fían de la efi­ca­cia de sus tra­ta­mien­tos. Por eso, median­te la fami­lia, inten­tan con­tac­tar con noso­tros para valo­rar los sín­to­mas o ver qué se pue­de hacer.

¿Exis­ten dife­ren­cias entre el tra­to a un pre­so polí­ti­co y a un pre­so social?

Todas las per­so­nas que per­ma­ne­cen en pri­sión duran­te un tiem­po pro­lon­ga­do sufren enfer­me­da­des que la pro­pia cár­cel pro­du­ce. Sin embar­go, en el caso de los pre­sos polí­ti­cos vas­cos se suma un cas­ti­go aña­di­do, por­que se les nie­ga cual­quier dere­cho aun­que este ten­ga un obje­ti­vo huma­ni­ta­rio. Me refie­ro a la pues­ta en liber­tad con­di­cio­nal, la posi­bi­li­dad de rea­li­zar tra­ta­mien­tos a tra­vés de médi­cos de con­fian­za… A los pre­sos polí­ti­cos se les impi­de el uso de todas esas posi­bi­li­da­des que con­tem­pla la ley.

¿Cómo se encuen­tran los pre­sos polí­ti­cos enfer­mos en la actualidad?

En este momen­to hay diez pre­sos polí­ti­cos en una situa­ción preo­cu­pan­te. Los dos últi­mos que han pade­ci­do gra­ves pro­ble­mas de salud han sido José Mari Pérez, Txu­ri, e Iña­ki Erro. Todos ellos pade­cen enfer­me­da­des gra­ves incurables.

Enfer­me­da­des gra­ves incu­ra­bles… ¿Qué tipo de pato­lo­gías impe­ran en la prisión?

Las enfer­me­da­des incu­ra­bles, en un prin­ci­pio, esta­ban rela­cio­na­das con el cán­cer, pero aho­ra se comien­zan a ver un incre­men­to en el núme­ro de enfer­me­da­des cró­ni­cas dege­ne­ra­ti­vas. Esto ocu­rre por­que muchos pre­sos enfer­mos lle­van más de vein­te años en prisión.

En cuan­to a las pato­lo­gías, en este momen­to hay cua­tro per­so­nas con car­dio­pa­tía isqué­mi­ca, con ries­go seve­ro de sufrir un infar­to; tam­bién está Txus Mar­tín con un pro­ble­ma siquiá­tri­co gra­ve; y hay otras dos per­so­nas con esqui­zo­fre­nia, una pato­lo­gía con un pro­nós­ti­co muy malo en pri­sión. Asi­mis­mo, Gotzo­ne López de Luzu­ria­ga pade­ce un cán­cer de mama y José Ángel Vigu­ri tie­ne cán­cer de vejiga.

Cuan­do se les noti­fi­ca una enfer­me­dad, ¿cómo se ponen en con­tac­to con el preso?

Nin­guno de los médi­cos que par­ti­ci­pa­mos en el segui­mien­to de pre­sos enfer­mos tene­mos per­mi­so para acu­dir como médi­cos de con­fian­za. Ins­ti­tu­cio­nes Peni­ten­cia­rias nos dene­gó las auto­ri­za­cio­nes y aho­ra nin­guno pode­mos acu­dir. El con­trol de la enfer­me­dad lo hace­mos median­te la fami­lia, que nos cuen­tan qué sín­to­mas ha teni­do, qué diag­nós­ti­cos le han hecho y cuál ha sido el tra­ta­mien­to, tan­to en pri­sión como en el hos­pi­tal. A par­tir de hay tra­ta­mos de poner­nos en con­tac­to con los médi­cos que les atien­den en los hos­pi­ta­les de las cár­ce­les don­de estén y con los direc­to­res médi­cos de las pro­pias pri­sio­nes. En algu­nas oca­sio­nes hay una míni­ma cola­bo­ra­ción y en otras, ninguna.

De todas mane­ras sí que inten­ta­mos estar un poco enci­ma para que se hagan las cosas como se deben hacer. En los casos más gra­ves inten­ta­mos por todos los medios acer­car a los pre­sos a Eus­kal Herria para poder rea­li­zar el tra­ta­mien­to en la red de hos­pi­ta­les de Osa­ki­detza o de Osasunbidea.

¿Qué rela­ción tie­nen con el per­so­nal médi­co de las prisiones?

En este momen­to esta­mos en un momen­to de tran­si­ción. Con los médi­cos de Lan­graiz, Mar­tu­te­ne y Basau­ri man­te­ne­mos una rela­ción nor­ma­li­za­da. Con el res­to la rela­ción es muy com­pli­ca­da por­que no acce­den a poner­se en con­tac­to con noso­tros, ya que con­si­de­ran que ellos son los médi­cos res­pon­sa­bles de las per­so­nas presas.

¿Exis­ten dis­cre­pan­cias entre los médi­cos de Jai­ki Hadi y los sani­ta­rios de las cár­ce­les a la hora de tra­tar a un preso?

Sí. Lo cier­to es que hemos teni­do bas­tan­tes dis­cre­pan­cias a la hora de hacer diag­nós­ti­cos y segui­mien­tos. En la cár­cel un diag­nós­ti­co se dila­ta en el tiem­po. Des­de que un pre­so nota un sín­to­ma y lo tra­mi­ta al ser­vi­cio médi­co de la cár­cel, has­ta que se comien­za a hacer­le prue­bas y tie­ne un diag­nós­ti­co pue­de pasar meses e inclu­so años. Los tra­ta­mien­tos se dila­tan en el tiem­po por tras­la­dos con­ti­nuos, por­que se pier­den expe­dien­tes médicos…

¿Cómo vivió esas dis­cre­pan­cias en los casos de Ibon Ipa­rra­gi­rre y Txus Martín?

La enfer­me­dad de Ibon Ipa­rra­gi­rre prác­ti­ca­men­te lle­gó al lími­te duran­te su estan­cia en la cár­cel, y por eso deci­die­ron apli­car­le la pri­sión ate­nua­da, por­que exis­tía un ries­go inmi­nen­te de muer­te. Por otro lado, en el caso de Txus Mar­tín esta­mos pidien­do des­de hace ya muchos meses que se le haga una serie de prue­bas nue­vas, pero Ins­ti­tu­cio­nes Peni­ten­cia­rias no per­mi­te realizarlas.

El miér­co­les Herri­ra denun­ció la inci­den­cia de la doc­tri­na del Tri­bu­nal Supre­mo sobre la salud de los pre­sos. ¿Cómo repercute?

La sola apli­ca­ción de la doc­tri­na ya supo­ne una frac­tu­ra sico­ló­gi­ca muy impor­tan­te, por­que supo­ne rom­per con la expec­ta­ti­va que toda per­so­na en pri­sión tie­ne, que es la del día de la liber­tad. Pero ade­más, la for­ma con la que se apli­ca es abso­lu­ta­men­te cruel, por­que se espe­ra has­ta el últi­mo momen­to para comu­ni­car a la per­so­na que no va a salir, sino que se pro­lon­ga su con­de­na duran­te años.

Ade­más, para las per­so­nas enfer­mas la doc­tri­na del TS supo­ne pos­po­ner un tra­ta­mien­to digno y una con­vi­ven­cia dig­na con la enfer­me­dad. Me acuer­do por ejem­plo el caso de Jon Agi­rre Agi­riano, «Elurtxu­ri», al que se le pro­lon­gó la con­de­na aún sabien­do que tenía una enfer­me­dad gra­ve e incurable.

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