En el labo­ra­to­rio secre­to de la pro­duc­ción bur­gue­sa- Ale­jan­dro Nadal

Mucho se ha escri­to sobre la natu­ra­le­za de la cri­sis glo­bal. Los eco­no­mis­tas hete­ro­do­xos y post-Key­ne­sia­nos han hecho impor­tan­tes con­tri­bu­cio­nes. Pero pare­ce que siem­pre se les que­da algo cru­cial en el tin­te­ro. Las pers­pec­ti­vas de cor­te mar­xis­ta sobre los orí­ge­nes y evo­lu­ción de la cri­sis son cla­ves para suplir estas lagu­nas y com­ple­tar nues­tra com­pren­sión de la natu­ra­le­za de la crisis.

Los enfo­ques de Marx sobre las cri­sis del capi­tal se encuen­tran dise­mi­na­dos en muchos tra­ba­jos (entre los que des­ta­ca la Con­tri­bu­ción a la crí­ti­ca de la eco­no­mía polí­ti­ca, los Grün­dris­se y, por supues­to El Capi­tal y las Teo­rías sobre la plus­va­lía). Pero en todos exis­te un hilo con­duc­tor: la cri­sis no es una pato­lo­gía del capi­tal, es resul­ta­do de las con­tra­dic­cio­nes que le defi­nen como modo de pro­duc­ción his­tó­ri­ca­men­te deter­mi­na­do. La cri­sis está ínti­ma­men­te liga­da a la lucha de clases.

El des­ca­la­bro en el sec­tor de las hipo­te­cas cha­ta­rra en Esta­dos Uni­dos es sólo un esla­bón en una cade­na que arran­ca de acon­te­ci­mien­tos que arran­ca en los años seten­ta con la caí­da en la tasa de ganan­cia en Esta­dos Uni­dos y Euro­pa. Ese fenó­meno ha sido estu­dia­do y corro­bo­ra­do por muchos auto­res, entre los que des­ta­can Gérard Dumé­nil y Domi­ni­que Lévy, Michel Hus­son, Anwar Shaikh, Fred Mose­ley, James Crotty y Robert Bren­ner. Un estu­dio eco­no­mé­tri­co intere­san­te es el de Basu y Mano­la­kos (scho​lar​works​.umass​.edu).

Las cau­sas de esta caí­da en la tasa de ganan­cia son obje­to de un aca­lo­ra­do deba­te. En todas las inter­pre­ta­cio­nes, la lucha de cla­ses está pre­sen­te. Algu­nos auto­res pre­fie­ren la inter­pre­ta­ción en tér­mi­nos de un incre­men­to en la com­po­si­ción orgá­ni­ca del capi­tal (mayor meca­ni­za­ción para incre­men­tar la pro­duc­ti­vi­dad), mien­tras que otros se incli­nan por los incre­men­tos en sala­rios o la rela­ción entre tra­ba­jo pro­duc­ti­vo e improductivo.

Fren­te a la reduc­ción en la ren­ta­bi­li­dad, la cla­se capi­ta­lis­ta reac­cio­na con gran fuer­za y bus­ca por todos los medios redu­cir el sala­rio real. En este pro­ce­so se des­en­ca­de­na una gran ofen­si­va en con­tra de los sin­di­ca­tos a par­tir de 1971 – 73. Más tar­de se com­ple­men­ta esto con la con­tra­ta­ción tem­po­ral, la seg­men­ta­ción del pro­ce­so pro­duc­ti­vo, y has­ta la colo­ca­ción de plan­tas ente­ras en paí­ses con bajos cos­tos labo­ra­les (eufe­mis­mo que sig­ni­fi­ca sala­rios miseria).

La cla­se capi­ta­lis­ta tuvo gran éxi­to en su ofen­si­va. El sala­rio real se estan­có des­de los años seten­ta y la cla­se tra­ba­ja­do­ra tuvo que com­pen­sar esa pér­di­da con mayor endeu­da­mien­to. Para decir­lo de otra mane­ra, el sala­rio dejó de ser impor­tan­te y el endeu­da­mien­to le reem­pla­zó como prin­ci­pal refe­ren­te para la repro­duc­ción de la fuer­za de tra­ba­jo. La medi­da del triun­fo del capi­tal está en la mag­ni­tud de la cri­sis glo­bal que hoy hun­de a las eco­no­mías capitalistas.

La reduc­ción en la ren­ta­bi­li­dad en los años seten­ta gene­ró incen­ti­vos para la espe­cu­la­ción en el sec­tor finan­cie­ro. Para el capi­tal, la pro­duc­ción es un mal nece­sa­rio; su sue­ño es pasar direc­ta­men­te a la ren­ta­bi­li­dad sin tener que con­tra­tar tra­ba­ja­do­res y com­prar medios de pro­duc­ción. Por eso, según Marx, todas las nacio­nes capi­ta­lis­tas son perió­di­ca­men­te pre­sa de un deseo febril de pro­du­cir ganan­cias sin tener que pasar por la pro­duc­ción. Pero fal­ta­ban los cami­nos para cum­plir este deseo.

El colap­so del sis­te­ma de Bret­ton Woods (de pari­da­des fijas) aumen­tó el ries­go cam­bia­rio para los capi­ta­lis­tas, pero tam­bién abrió un enor­me cam­po de acción para la espe­cu­la­ción en los mer­ca­dos de divi­sas. La libe­ra­li­za­ción finan­cie­ra per­mi­ti­ría el pleno apro­ve­cha­mien­to de este terreno. Una con­se­cuen­cia direc­ta de esta com­bi­na­ción es el sur­gi­mien­to del mons­truo finan­cie­ro que hoy domi­na no sólo a la polí­ti­ca macro­eco­nó­mi­ca, sino que pone de rodi­llas a esta­dos completos.

La inter­pre­ta­ción mar­xis­ta de la cri­sis entre­te­je una ilu­mi­na­do­ra narra­ti­va que va des­de la lucha de cla­ses en el inte­rior del labo­ra­to­rio secre­to de la pro­duc­ción bur­gue­sa (fór­mu­la de Marx al ini­ciar su aná­li­sis del pro­ce­so de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta) has­ta la cir­cu­la­ción gene­ral y la expan­sión del sec­tor finan­cie­ro, pasan­do por la evo­lu­ción de la tasa de ganan­cia y la inver­sión. Este aná­li­sis inte­gra tam­bién el papel del Esta­do y del gas­to públi­co en la repro­duc­ción del ciclo del capi­tal. Se com­pren­de así la natu­ra­le­za sui­ci­da de las polí­ti­cas de aus­te­ri­dad que hoy se impo­nen en bene­fi­cio del capi­tal financiero.

Los pro­ble­mas teó­ri­cos que ha enfren­ta­do el aná­li­sis mar­xis­ta, en espe­cial en lo que se refie­re al pro­ble­ma de la trans­for­ma­ción de valo­res en pre­cios de pro­duc­ción no debe impe­dir recu­rrir a la rica pers­pec­ti­va ana­lí­ti­ca mar­xis­ta para com­pren­der la natu­ra­le­za de la cri­sis actual.

El capi­tal tie­ne sus pro­pias inter­pre­ta­cio­nes sobre sus cri­sis y ciclos. Están des­ti­na­das a faci­li­tar la inter­ven­ción en el terreno de la polí­ti­ca eco­nó­mi­ca. La pers­pec­ti­va des­de un aná­li­sis mar­xis­ta tie­ne un obje­ti­vo dife­ren­te: reve­lar a la cla­se tra­ba­ja­do­ra las fuer­zas con las que pue­de depo­ner y rem­pla­zar al capital.

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