Arde Gre­cia- Pier­gior­gio Odi­fred­di

Lle­gó la hora de echar cuen­tas en Gre­cia. El Par­la­men­to está a pun­to de capi­tu­lar ante el pelo­tón de fusi­la­mien­to com­pues­to por eso que lla­man la Troi­ka, for­ma­da por la Unión Euro­pea, el Ban­co Cen­tral Euro­peo y el Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal. La socie­dad civil pro­tes­ta con vio­len­cia fren­te al Par­la­men­to. El Pri­mer Minis­tro Papa­de­mos, alter ego de nues­tro Mon­ti, decla­ró que «el van­da­lis­mo y la des­truc­ción no tie­nen cabi­da en la demo­cra­cia»: las mis­mas pala­bras que usó ayer, de modo pre­ven­ti­vo, nues­tro Pre­si­den­te [de la Repú­bli­ca ita­lia­na] Napo­li­tano.

Por supues­to, los man­dan­tes (in)morales de la Troi­ka, y los eje­cu­to­res mate­ria­les del gobierno grie­go, pre­sen­tan las medi­das que se van a adop­tar como «inevi­ta­bles y nece­sa­rias»: pala­bras que hemos escu­cha­do has­ta la sacie­dad des­de el gol­pe de Esta­do del 9 de noviem­bre de 2011 [fecha que supo­ne la caí­da del gobierno Ber­lus­co­ni: tres días des­pués dimi­tió y Mario Mon­ti asu­mió el gobierno] has­ta hoy. Esas medi­das (¡oigan bien, oigan!) son las siguien­tes: «Una refor­ma radi­cal del mer­ca­do de tra­ba­jo, con una libe­ra­li­za­ción pro­fun­da. Una dis­mi­nu­ción de más del 20% del sala­rio míni­mo y un recor­te en las pen­sio­nes. Una eco­no­mía drás­ti­ca del gas­to públi­co en áreas tales como hos­pi­ta­les y gobier­nos loca­les. Y la ven­ta de joyas de la fami­lia, como las accio­nes públi­cas en petró­leo, gas, agua y lote­ría.»

A estas medi­das no se les lla­ma «aus­te­ri­dad», o «sacri­fi­cio» sino des­truc­ción del esta­do del bien­es­tar y liqui­da­ción de lo públi­co al capi­tal pri­va­do. Son del mis­mo tenor, van en la mis­ma direc­ción, y se ins­pi­ran en la mis­ma ideo­lo­gía demen­te de «refor­mas» que nues­tro gobierno está tra­tan­do de colar­nos tam­bién a noso­tros, y que, por aho­ra, nues­tro pue­blo, otro­ra sobe­rano, ha demos­tra­do que acep­ta con mayor espí­ri­tu de tole­ran­cia y menor espí­ri­tu de super­vi­ven­cia que los grie­gos.

En su edi­to­rial de La Repub­bli­ca, ayer, hablan­do de las posi­bles con­se­cuen­cias del incum­pli­mien­to por par­te de Gre­cia, Por­tu­gal e Irlan­da, [Euge­nio] Scal­fa­ri escri­bió que «la quie­bra de dos o tres paí­ses de la euro­zo­na ten­dría un efec­to dra­má­ti­co en el sis­te­ma ban­ca­rio inter­na­cio­nal, lo que obli­ga­ría a los esta­dos-nación a nacio­na­li­zar toda o bue­na par­te de sus sis­te­mas ban­ca­rios». Pero, en lugar de una ame­na­za, ¡esto debe enten­der­se como una espe­ran­za!

Y es que aho­ra está cla­ro que los ban­cos tie­nen una bue­na par­te de res­pon­sa­bi­li­dad en la cri­sis mun­dial, des­pués de haber­la fomen­ta­do con una manio­bra de usu­ra en dos eta­pas: pri­me­ro, finan­cian­do y com­pran­do una gran par­te de las deu­das sobe­ra­nas de los Esta­dos y, des­pués, ame­na­zan­do con recla­mar su res­ti­tu­ción. Los hom­bres de los ban­cos que gobier­nan, tan­to en Gre­cia como en Ita­lia, nos expli­can que tene­mos que acep­tar el chan­ta­je, pagan­do el res­ca­te de la liqui­da­ción del Esta­do. Los mani­fes­tan­tes de Ate­nas demues­tran, de hecho, que se pue­de decir no a los usu­re­ros, inclu­so cuan­do te apun­tan con una pis­to­la en la sien, y están dis­pues­tos a apre­tar el gati­llo.

La Repub­bli­ca. Tra­du­ci­do por Gor­ka Larra­bei­ti

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