No son las finan­zas, es el capi­ta­lis­mo- José Anto­nio Erre­jón

Una

Es cada vez más amplio el coro de voces que seña­la a la domi­nan­te polí­ti­ca de aus­te­ri­dad y con­so­li­da­ción fis­cal como la res­pon­sa­ble de haber meti­do a la UE e indi­rec­ta­men­te al res­to de las eco­no­mías del mun­do en una sen­da de rece­sión a la que ya se vati­ci­nan peo­res pers­pec­ti­vas que a la pro­du­ci­da en 2008.

La pre­gun­ta inevi­ta­ble es a quién pue­de haber bene­fi­cia­do este dis­pa­ra­te de polí­ti­ca eco­nó­mi­ca, ya que has­ta los con­ser­va­do­res ale­ma­nes reco­no­cen que ha pues­to en peli­gro la salud de su sal­do de expor­ta­cio­nes, lógi­ca­men­te afec­ta­do por el estan­ca­mien­to de sus clien­tes.

No creo exa­ge­ra­do sos­pe­char que el capi­tal finan­cie­ro, prin­ci­pal cau­san­te de esta últi­ma par­te de la cri­sis capi­ta­lis­ta (en mi opi­nión, no pue­den sepa­rar­se las cri­sis finan­cie­ras de las últi­mas déca­das de la cri­sis de valo­ri­za­ción de los años seten­ta del pasa­do siglo, pero ese es otro cantar)y bene­fi­cia­rio prin­ci­pal de las subas­tas a inte­rés nega­ti­vo del BCE, se esté bene­fi­cian­do de la lla­ma­da “des­con­fian­za de los mer­ca­dos” que se ha veni­do tra­du­cien­do en la exi­gen­cia de más altas ren­ta­bi­li­da­des para cubrir las emi­sio­nes de deu­das públi­ca de los paí­ses del sur y, recien­te­men­te, de Fran­cia y Bél­gi­ca.

En abso­lu­to estoy plan­tean­do algo pare­ci­do a una cons­pi­ra­ción del capi­tal finan­cie­ro para some­ter a su dic­ta­do a los Esta­dos y, con ellos, al con­jun­to de las pobla­cio­nes. La opo­si­ción mer­ca­dos financieros/​Estados/​democracia es suges­ti­va pero me pare­ce que ocul­ta más de lo que des­cri­be. La denun­cia de los mer­ca­dos finan­cie­ros, más que una crí­ti­ca del capi­ta­lis­mo, pare­ce una nos­tál­gi­ca evo­ca­ción del capi­ta­lis­mo for­dis­ta regu­la­do por el Esta­do pro­vi­den­cia, cuan­do el mun­do esta­ba en orden y la cer­te­zas seña­la­ban a cada uno su sitio en la lucha de cla­ses.

La expe­rien­cia his­tó­ri­ca mues­tra que la apa­ri­ción de vas­tas masas de capi­ta­les espe­cu­la­ti­vos y bur­bu­jas de cré­di­to no han sido la cau­sa de de nin­gu­na cri­sis capi­ta­lis­ta sino más buen el pro­duc­to de la des­ace­le­ra­ción del pro­ce­so de valo­ri­za­ción en la “eco­no­mía pro­duc­ti­va”. En la que abre el lar­go ciclo en el que, en mi opi­nión, aún esta­mos, ha sido el ago­ta­mien­to de las reser­vas de pro­duc­ti­vi­dad impu­tables al for­dis­mo y su con­si­guien­te reduc­ción de las tasas de ganan­cia, acen­tua­da por los mayo­res cos­tes de la fuer­za de tra­ba­jo fru­to del ciclo de luchas de los sesen­ta, la que ha empu­ja­do a los capi­ta­les exce­den­ta­rios (p.ej. los petro­dó­la­res gene­ra­dos por las dos subi­das del petró­leo de los seten­ta) a emi­grar a las finan­zas en bus­ca de las ren­ta­bi­li­da­des per­di­das

Creo que lo mis­mo que toda emi­sión de deu­da vie­ne a repre­sen­tar un ade­lan­to sobre la futu­ra crea­ción de valor por la empre­sa que la emi­te, la emi­sión de deu­da públi­ca se hace con­tra la pro­me­sa más o menos incier­ta de gene­ra­ción de ingre­sos por los Esta­dos que la emi­ten.

De la mis­ma mane­ra que los capi­ta­les exce­den­ta­rios de los seten­ta vaga­ron por los mer­ca­dos en bus­ca de ren­ta­bi­li­da­des que no encon­tra­ban en la lla­ma­da eco­no­mía real y al final se colo­ca­ron en acti­vos finan­cie­ros, des­con­tan­do así el futu­ro valor a crear, aho­ra los capi­ta­les que pre­ten­den huir de los sec­to­res en decli­ve como la cons­truc­ción resi­den­cial y el nego­cio inmo­bi­lia­rio tras el pin­cha­zo de sus bur­bu­jas, bus­can en la deu­da públi­ca la ren­ta­bi­li­dad que les per­mi­ta man­te­ner­se. Su pro­ble­ma es que una bue­na par­te de los Esta­dos, esta vez los más desa­rro­lla­dos, dan seña­les de asfi­xia por el tapo­na­mien­to de sus fuen­tes de recur­sos y la difi­cul­tad de encon­trar un sec­tor que haga de loco­mo­to­ra de las eco­no­mías nacio­na­les y glo­bal.

Los efec­tos de lo que en su momen­to se lla­mó 3ª revo­lu­ción indus­trial- la micro­elec­tró­ni­ca y la intro­duc­ción de las tec­no­lo­gías de la infor­ma­ción y la comu­ni­ca­ción-ha supues­to una inmen­sa ope­ra­ción de expul­sión de fuer­za de tra­ba­jo y, por ello, de reduc­ción de la tasa de ganan­cia (que es fun­ción, no se pue­de olvi­dar, del capi­tal varia­ble repre­sen­ta­do por la fuer­za colec­ti­va de tra­ba­jo ocu­pa­da por los empre­sa­rios capi­ta­lis­tas). La ope­ra­ción de lo que Marx lla­mó las con­tra­ten­den­cias a la ten­den­cia decre­cien­te de la tasa de ganan­cia ha vis­to ago­ta­das sus posi­bi­li­da­des en la medi­da que el capi­tal ha colo­ni­za­do la prác­ti­ca tota­li­dad de las regio­nes y los paí­ses del pla­ne­ta some­tién­do­los a su lógi­ca impla­ca­ble. En estas con­di­cio­nes, la pre­gun­ta no es por qué esta­lla la cri­sis sino por­qué no ha esta­lla­do antes y en for­ma toda­vía más inten­sa, habi­da cuen­ta los ries­gos de des­va­lo­ri­za­ción de estos capi­ta­les exce­den­ta­rios. Y es aquí don­de nos encon­tra­mos con la esfe­ra finan­cie­ra, una fase abso­lu­ta­men­te nor­mal en toda cri­sis capi­ta­lis­ta, tal y como el pro­pio Marx lo ana­li­zó con su con­cep­to de capi­tal fic­ti­cio.

La expan­sión de las finan­zas, con­tra la que tan­tos pro­gre­sis­tas hon­ra­dos cla­man, ha sido la vía de esca­pe de un sis­te­ma glo­bal inca­paz de encon­trar nue­vos sec­to­res y regio­nes que impul­sa­ran la acu­mu­la­ción. En Espa­ña tras la rece­sión 1992 – 1994, los fun­da­men­tos de lo que se lla­mó el mila­gro eco­nó­mi­co espa­ñol ha des­can­sa­do en una alo­ca­da carre­ra d endeu­da­mien­to de hoga­res y fami­lias, fun­da­men­tal­men­te en inver­sio­nes in mobi­lia­rias, con los abun­dan­tes recur­sos finan­cie­ros pro­ce­den­tes de la acu­mu­la­ción capi­ta­lis­ta cen­tro euro­pea, y hecha posi­ble por la expan­si­va polí­ti­ca mone­ta­ria de la UEM que ha dota­do de prés­ta­mos a inte­rés nega­ti­vo a hoga­res y empre­sas.

La trans­fe­ren­cia de inver­sio­nes des­de la eco­no­mía pro­duc­ti­va a las finan­zas no ha sido el resul­ta­do de una deci­sión cons­cien­te y pre­me­di­ta­da de los capi­ta­lis­tas para frag­men­tar la fuer­za del movi­mien­to obre­ro y aca­bar con el Esta­do del Bien­es­tar. Ni siquie­ra el con­se­jo de admi­nis­tra­ción de la bur­gue­sía, el Esta­do al decir de Marx, ha sido capaz de pla­ni­fi­car esta ofen­si­va en con­tra de los tra­ba­ja­do­res que se pro­lon­ga des­de hace más de tres déca­das. Ha sido la ten­den­cia obje­ti­va de los capi­ta­les en bus­ca de ren­ta­bi­li­da­des que no obte­nía en los sec­to­res indus­tria­les lo que ha pro­vo­ca­do su aban­dono, una vez que las tasas de ganan­cia en aque­llos han comen­za­do a caer por efec­to del incre­men­to del aumen­to ince­san­te de capi­tal por uni­dad de pro­duc­to y la dis­mi­nu­ción del capi­tal varia­ble que cons­ti­tu­ye la fuer­za de tra­ba­jo, al fin y al cabo la úni­ca fruen­te de pro­duc­ción de valor. Es ver­dad que esta ten­den­cia ha sido refor­za­da en sus efec­tos por dos fac­to­res de gran influen­cia en los seten­ta: de un lado, el brus­co aumen­to de los pre­cios de la ener­gía; y, de otro, el incre­men­to de los cos­tes de la fuer­za de tra­ba­jo, por efec­to del aumen­to de la com­ba­ti­vi­dad obre­ra.

Los inver­sio­nis­tas, des­de los más peque­ños aho­rris­tas has­ta los gran­des inver­so­res, han colo­ca­do sus fon­dos, en un com­por­ta­mien­to racio­nal en la lógi­ca capi­ta­lis­ta, allí dón­de podían espe­rar expec­ta­ti­vas más altas de ren­ta­bi­li­dad. Los bien­in­ten­cio­na­dos esfuer­zos de los gobier­nos por inyec­tar recur­sos para esti­mu­lar la deman­da de pro­duc­tos, cuan­do ya había comen­za­do el movi­mien­to de migra­ción hacia las finan­zas y la caí­da de la ren­ta­bi­li­dad de las inver­sio­nes, no ha hecho sino ampli­fi­car los efec­tos de la cri­sis, aña­dien­do a los sín­to­mas de estan­ca­mien­to los de infla­ción, lo que no ha hecho sino legi­ti­mar los dis­cur­sos y las polí­ti­cas de aus­te­ri­dad y ajus­tes, abrien­do con ello la espi­ral de con­trac­ción de la acti­vi­dad, des­em­pleo, incre­men­to de los défi­cits públi­cos de los que tan debi­li­ta­do han sali­do el movi­mien­to obre­ro y, en gene­ral, las polí­ti­cas de izquier­da, siquie­ra refor­mis­tas.

Ha sido el pro­pó­si­to de rom­per este círcu­lo vicio­so de aus­te­ri­dad y polí­ti­cas neo­li­be­ra­les lo que ha lle­va­do a muchas gen­tes de izquier­da, inclu­so situa­das en el cam­po anti­ca­pi­ta­lis­ta, a pos­tu­lar polí­ti­cas key­ne­sia­nas de estí­mu­lo de la deman­da orien­ta­das a reac­ti­var la pro­duc­ción y la crea­ción de empleos. La vuel­ta a la pri­ma­cía de la eco­no­mía pro­duc­ti­va gene­ra­do­ra de empleos y recur­sos para finan­ciar el Esta­do del Bien­es­tar, recu­pe­ran­do la regu­la­ción y el con­trol del movi­mien­to de capi­ta­les median­te ins­tru­men­tos diver­sos de los que el más popu­lar es la Tasa Tobin

¿Es la vuel­ta a la “eco­no­mía pro­duc­ti­va” empu­ja­da ó hecha posi­ble por una polí­ti­ca recu­pe­ra­da para los ciu­da­da­nos, la solu­ción a la tre­men­da cri­sis que aso­la a los paí­ses de la UE y con ellos al res­to de las eco­no­mías capi­ta­lis­tas?. Con­tes­tar en for­ma ade­cua­da este inte­rro­gan­te exi­gi­ría ana­li­zar en deta­lle cuá­les podrían ser las con­di­cio­nes en las que esa recu­pe­ra­ción ciu­da­da­na de la polí­ti­ca podría hacer­se reali­dad orien­tan­do la acti­vi­dad eco­nó­mi­ca hacia el cre­ci­mien­to y la inver­sión pro­duc­ti­va. Las con­di­cio­nes pre­sen­tes en estas lati­tu­des y a pesar de la inyec­ción de vigor ciu­da­dano que ha repre­sen­ta­do el 15M, no pare­cen ir por ahí, como demues­tra el apo­yo mayo­ri­ta­rio reci­bi­do por un par­ti­do como el PP que no tie­ne el menor empa­cho en reco­no­cer, no con dis­cur­sos sino con polí­ti­cas con­cre­tas (ver RD leyes de 30 de diciem­bre y 4 de febre­ro), la vuel­ta de la polí­ti­ca eco­nó­mi­ca al fomen­to de los sec­to­res moto­res del cre­ci­mien­to a fina­les de los noven­ta y prin­ci­pios de este siglo, el sec­tor inmo­bi­lia­rio y la cons­truc­ción.

En el ámbi­to inter­na­cio­nal es, cuan­to menos, dudo­so este cam­bio de orien­ta­ción. No pare­ce pre­vi­si­ble que los Esta­dos en la UE, aún si estu­vie­ran pilo­ta­dos por gobier­nos pro­gre­sis­tas, pue­dan jugar un papel dis­tin­to al juga­do has­ta la fecha en un con­tex­to en el que las pre­vi­sio­nes de todas las ins­ti­tu­cio­nes espe­cia­li­za­das anun­cian un par de años espe­cial­men­te duros de retro­ce­so en el cre­ci­mien­to, inclu­so para aque­llos paí­ses como los BRIC, que se libra­ron de los efec­tos de la cri­sis del 2008.

Chi­na no podrá ejer­cer el papel de sus­ti­tu­to de la eco­no­mía USA en su fun­ción de loco­mo­to­ra de la eco­no­mía glo­bal por cau­sa de sus cre­cien­tes pro­ble­mas rela­cio­na­dos con la apa­ri­ción de una tar­día pero muy inten­sa bur­bu­ja i mobi­lia­ria y por el reca­len­ta­mien­to de su eco­no­mía que obli­ga a las auto­ri­da­des a apli­car medi­das de con­ten­ción en el con­su­mo que frus­tran las espe­ran­zas de su emer­gen­te cla­se media.

La otra gran eco­no­mía expor­ta­do­ra, Ale­ma­nia, se va a ver cada vez más ame­na­za­da por los pro­ble­mas del euro que tan deci­si­va­men­te ha con­tri­bui­do a crear con su tozu­da polí­ti­ca de aus­te­ri­dad. A estas altu­ras es, inclu­so dudo­so que una polí­ti­ca abier­ta­men­te de deman­da orien­ta­da a fomen­tar la recu­pe­ra­ción del con­su­mo a tra­vés de aumen­tos sala­ria­les com­ple­men­ta­das con incre­men­tos en las pen­sio­nes y otras pres­ta­cio­nes públi­cas pudie­ran alte­rar sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te el pano­ra­ma.

Así que pare­ce lo más pro­ba­ble que asis­ta­mos a un perío­do en el que se pro­fun­di­za­rán aún más las polí­ti­cas de ajus­te, se detrio­ra­rán más las con­di­cio­nes de tra­ba­jo y sala­ria­les para ofre­cer segu­ri­dad a los tene­do­res de deu­da y para poder finan­ciar el cos­te de la rees­truc­tu­ra­cio­nes ban­ca­rias recien­te­men­te apro­ba­das en sedes comu­ni­ta­ria y esta­tal y ten­den­tes a ope­rar una fuer­te con­cen­tra­ción de las enti­da­des d cré­di­to de la UE para aumen­tar su com­pe­ti­ti­vi­dad en el mer­ca­do glo­bal del cré­di­to.

En tan som­brío cua­dro cual­quier noti­cia que pue­da aña­dir incer­ti­dum­bre a las mal­tre­chas eco­no­mías nacio­na­les y glo­bal pue­de des­atar una autén­ti­ca olea­da de páni­co, al tiem­po que pue­de ser­vir de jus­ti­fi­ca­ción a los seño­res de la gue­rra en Israel y Esta­dos Uni­dos para inten­tar un gol­pe de mano que ayu­de a reequi­li­brar el jue­go de fuer­zas en Asia cen­tral; y, des­de lue­go, las ame­na­zas ira­níes de cerrar el estre­cho de Ormuz pue­den ser­vir para ambas fun­cio­nes. La coti­za­ción del barril por enci­ma de los cien dóla­res y la con­ti­nua caí­da del tipo de cam­bio del euro res­pec­to al dólar pue­den ahon­dar la rece­sión en aque­llas eco­no­mías que como la espa­ño­la, depen­den mucho de las impor­ta­cio­nes petro­lí­fe­ras.

De fon­do esta­rá, una vez más en la his­to­ria nor­te­ame­ri­ca­na, el peso y la influen­cia del com­ple­jo mili­tar indus­trial para jugar sus bazas de recu­pe­ra­ción de influen­cia en la Casa Blan­ca y en el con­jun­to de la esce­na geo­po­lí­ti­ca glo­bal.

His­tó­ri­ca­men­te el capi­ta­lis­mo ha trans­por­ta­do el ger­men de la gue­rra, con mayo­res pro­ba­bi­li­da­des cuan­to más agu­das han sido sus cri­sis. La des­apa­ri­ción de su “exte­rior”, ali­via­de­ro soco­rri­do en oca­sión de sus fre­cuen­tes cri­sis de sobre­pro­duc­ción, aumen­ta la sen­sa­ción de asfi­xia del sis­te­ma. El recur­so a la deu­da de Esta­dos, empre­sas y hoga­res ha sido la vía de esca­pe que per­mi­ti­do salir de las rece­sio­nes a gol­pes de cré­di­tos cada vez más volu­mi­no­sos.

El cie­rre del círcu­lo de estos comen­ta­rios expre­sa bien el del círcu­lo vicio­so, la espi­ral infer­nal en la que el capi­ta­lis­mo arras­tra al con­jun­to de nues­tra espe­cie. No hay muchas razo­nes para el opti­mis­mo pero las hay menos para con­fiar en las sali­das den­tro de la lógi­ca que nos ha con­du­ci­do a esta situa­ción. La lógi­ca del capi­ta­lis­mo, tan­to el de la épo­ca for­dis­ta cuya cri­sis abrió el paso al capi­ta­lis­mo neo­li­be­ral, cómo este últi­mo aho­ra tam­bién igual­men­te en cri­sis. La lógi­ca de la pro­duc­ción para obte­ner bene­fi­cio, dine­ro, capi­tal, sin impor­tar­le la satis­fac­ción de las nece­si­da­des de las per­so­nas, el cui­da­do del medio ambien­te, la dig­ni­dad y la con­vi­ven­cia de las socie­da­des huma­nas.

No hay cer­te­zas, ni líneas correc­tas des­de las que nadie pue­da des­ca­li­fi­car a nadie, solo el pen­sa­mien­to, la volun­tad y la urgen­cia de aca­bar con esta iniqui­dad de rela­cio­nes socia­les que nos con­du­cen a la degra­da­ción y a la muer­te coti­dia­na.

Rebe­lión ha publi­ca­do este artícu­lo con el per­mi­so del autor median­te una licen­cia de Crea­ti­ve Com­mons, res­pe­tan­do su liber­tad para publi­car­lo en otras fuen­tes.

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