Gar­zón, el juez que ampa­ra­ba las tor­tu­ras- Víc­tor Ale­xan­dre

No sien­to la más míni­ma sim­pa­tía por los impli­ca­dos en la tra­ma de corrup­ción del lla­ma­do caso Gür­tel. Por nin­guno. Y menos por el ex pre­si­den­te valen­ciano Fran­cis­co Camps. Por el con­tra­rio, tan­to él como varios diri­gen­tes del PP impli­ca­dos me repug­nan ideo­ló­gi­ca­men­te y, como dice su rey, sería para mí un moti­vo de pro­fun­da satis­fac­ción ver­los ence­rra­dos en el mar­co incom­pa­ra­ble de una pri­sión. Sin embar­go, como demó­cra­ta, con­fie­so que me pro­du­ce un gran pla­cer ver al juez Bal­ta­sar Gar­zón sen­ta­do en el ban­qui­llo de los acu­sa­dos​en cali­dad de delin­cuen­te ‑nin­gún juez pue­de vio­lar los dere­chos de las per­so­nas, aun­que sean en la cár­cel- y some­ti­do sólo a una peque­ñí­si­ma par­te de la humi­lla­ción a que él some­tió en el año 1992 una cua­ren­te­na de per­so­nas ino­cen­tes por el solo hecho de ser inde­pen­den­tis­tas. En aquel año, este fal­so demó­cra­ta, orde­nó el encar­ce­la­mien­to de varios cata­la­nes los que se les apli­có la ley anti­te­rro­ris­ta y sufrie­ron fero­ces tor­tu­ras en las depen­den­cias poli­cia­les sin que hicie­ra abso­lu­ta­men­te nada para evi­tar­las. Los mis­mos tor­tu­ra­dos han expli­ca­do que cuan­do los inte­rro­ga­ba y le decían los mar­ti­rios que esta­ban sufrien­do por par­te de los cuer­pos de segu­ri­dad espa­ño­les des­via­ba cíni­ca­men­te la mira­da hacia el techo para demos­trar­les que todo lo que decían era tan inú­til como si lo dije­ran a una pared .

Doce años des­pués, en 2004, el Tri­bu­nal Inter­na­cio­nal de Dere­chos Huma­nos de Estras­bur­go, al que ape­la­ron las víc­ti­mas, dic­tó sen­ten­cia con­de­na­to­ria con­tra el Esta­do espa­ñol por no haber inves­ti­ga­do las denun­cias de tor­tu­ras prac­ti­ca­das a una quin­ce­na de “inde­pen­den­tis­tas y le obli­gó a indem­ni­zar a los deman­dan­tes con 8.000 euros para cada uno ya pagar 12.000 euros adi­cio­na­les por los cos­tes lega­les del pro­ce­so. Gar­zón, sin embar­go, no sólo no se aver­güen­za de aque­llos hechos, sino que en su libro Un mun­do sin mie­do se jac­ta de haber infil­tra­do agen­tes de los CESID en el inde­pen­den­tis­mo cata­lán. Por tan­to, la ima­gen de defen­sor de la demo­cra­cia, de las liber­ta­des y los dere­chos huma­nos que se ha fabri­ca­do es rotun­da­men­te fal­sa y sólo for­ma par­te de su pro­yec­to de glo­ri­fi­ca­ción per­so­nal. Un pro­yec­to que, para tener éxi­to, nece­si­ta­ba de una selec­ción muy cui­da­do­sa de casos que, ya fue­ra por el nom­bre de los impli­ca­dos o por el eco del pro­ce­so-Pino­chet, las dic­ta­du­ras chi­le­na y argen­ti­na, los crí­me­nes del fran­quis­mo … -, le die­ran popu­la­ri­dad y noto­rie­dad inter­na­cio­na­les has­ta el pun­to de pos­tu­lar­se para Pre­mio Nobel de la Paz.

Esto, sin embar­go, no impi­de que el espa­ño­lis­mo dis­fra­za­do de pro­gre­sis­mo que cada día extien­de su hipo­cre­sía polí­ti­ca­men­te correc­ta en las ter­tu­lias de las emi­so­ras de radio y tele­vi­sión cata­la­nas ten­ga la barra de lla­go­te­jar Gar­zón pre­sen­tán­do­lo como már­tir de la caver­na espa­ño­la cuan­do, como sabe­mos, la caver­na espa­ño­la está for­ma­da por el PP y por el PSOE, a par­tes igua­les, con unos idea­les que se resu­men en el artícu­lo 8 de su Cons­ti­tu­ción, aquel que dice que la labor de las fuer­zas arma­das con­sis­te en aplas­tar mili­tar­men­te la volun­tad de inde­pen­den­cia pací­fi­ca y demo­crá­ti­ca del pue­blo cata­lán. Son, en defi­ni­ti­va, las mis­mas voces y emi­so­ras que, reves­ti­das de una gal­do­sa neu­tra­li­dad, no sólo maqui­llan el pasa­do de Juan Anto­nio Sama­ranch, Car­les Sen­tís y Fra­ga Iri­bar­ne a raíz de su muer­te, como miem­bros des­ta­ca­dos de un régi­men de terror que come­tió miles de crí­me­nes con­tra la huma­ni­dad, sino que pre­ten­den endul­zar su memo­ria hacién­do­les pasar por bene­fac­to­res de la demo­cra­cia e inclu­so, en el caso de los dos pri­me­ros, como cata­la­nes insig­nes. Es decir, que mien­tras en Ale­ma­nia se repu­dia las figu­ras des­ta­ca­das del nazis­mo, en Cata­lun­ya se ensal­za las figu­ras des­ta­ca­das del fran­quis­mo. La auto­de­no­mi­na­da izquier­da, cono­ci­da tam­bién como tri­par­ti­to-PSOE, Esque­rra e ICV‑, inclu­so les ha lle­ga­do a home­na­jear con los máxi­mos hono­res en el Pala­cio de la Gene­ra­li­tat. Son los mis­mos hipó­cri­tas que se atre­ven a hablar de memo­ria his­tó­ri­ca y de víc­ti­mas y que con una mano rei­vin­di­can los defen­so­res de las liber­ta­des mien­tras con la otra glo­ri­fi­can sus ase­si­nos.

Des­co­noz­co cuál será el futu­ro de Bal­ta­sar Gar­zón, pero no me lo ima­gino en la cár­cel. Los poli­cías tor­tu­ra­do­res de inde­pen­den­tis­tas tam­po­co han ido nun­ca, a la cár­cel. Me lo ima­gino, eso sí, via­jan­do por el mun­do con die­tas sun­tuo­sas y hacién­do­se pasar por már­tir de la into­le­ran­cia. La mis­ma into­le­ran­cia que él ampa­ra­ba con su silen­cio cuan­do eran tor­tu­ra­dos los inde­pen­den­tis­tas cata­la­nes. A Bal­ta­sar Gar­zón, deci­di­da­men­te, nadie le pon­drá una bol­sa de plás­ti­co en la cabe­za por­que se asfi­xie, ni lo some­te­rá a veja­cio­nes sexua­les para que sien­ta asco de sí mis­mo, ni el bal­da­rà a gol­pes para que diga que es espa­ñol, ni le apli­ca­rá elec­tro­dos a los geni­ta­les por­que chi­lla de dolor. Gar­zón nun­ca sabrá qué es eso, por­que es un juez que, cuan­do un dete­ni­do se lo expli­ca, en lugar de escu­char­lo des­vía los ojos y mira el techo.

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