[email protected] [email protected] Igle­sia y medi­cos, com­pli­ces de un cri­men de lesa huma­ni­dad

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Téc­ni­cas nazis, tra­mas casi poli­cía­cas con mon­jas, curas, médi­cos y fun­cio­na­rios con los pape­les pro­ta­go­nis­tas. Un nego­cio inven­ta­do por Fran­co que comen­zó con una mis­ma inten­ción: “Sacar el ger­men mar­xis­ta” de los miles de niños con madres o fami­lia repu­bli­ca­na. La per­se­cu­ción de ese gen, tal y como man­da­ba Valle­jo Náje­ra, es una de las prue­bas más rotun­das del geno­ci­dio que supu­so el fran­quis­mo.

Miles de niños roba­dos, ultra­ja­dos, con nue­vos ape­lli­dos, iden­ti­da­des, luga­res de ori­gen. Miles de per­so­nas que ya supe­ran los cua­ren­ta años y que con­ti­núan con su vida sin cono­cer quié­nes son, ampa­ra­dos bajo un enga­ño que ni el Esta­do espa­ñol ni las auto­ri­da­des per­ti­nen­tes quie­ren des­en­mas­ca­rar.

Sin emabrgo hay otras per­so­nas, que van des­de abo­ga­dos, psi­có­lo­gos, antro­pó­lo­gos o perio­dis­tas que están dedi­ca­dos a sacar a la luz uno de los crí­me­nes más bru­ta­les del fran­quis­mo. Tres de ellos se reu­nie­ron la tar­de del lunes en la Escue­la de Rela­cio­nes Labo­ra­les de la Uni­ver­si­dad Com­plu­ten­se, don­de se man­tie­ne el encie­rro de apo­yo al Juez Gar­zón. Como ya se con­tó en este perió­di­co, este encie­rro ha deve­ni­do en un espa­cio de memo­ria y de denun­cia para que Espa­ña pue­da cono­cer las cien­tos de pági­nas de His­to­ria que Fran­co y sus secua­ces eli­mi­na­ron de un plu­ma­zo.

Los datos que ofre­cen son estre­me­ce­do­res. Las imá­ge­nes lle­gan a la memo­ria en blan­co y negro, pero estos crí­me­nes tam­bién son de la eta­pa de tech­ni­co­lor. “En Espa­ña se han roba­do sis­te­má­ti­ca­men­te niños. Empe­za­ron con el fran­quis­mo y la situa­ción ha per­du­ra­do has­ta entra­dos los años ochen­ta”, dice el soció­lo­go y exper­to en el tema Paco Tena. Duran­te las déca­das de los 40, 50, 60 y 70, los robos tenían una con­no­ta­ción cla­ra­men­te polí­ti­ca, sin embar­go en los 80 esta­ba orien­ta­do a la mera ganan­cia eco­nó­mi­ca, sólo al nego­cio.

Los pri­me­ros robos comen­za­ron en los años 40. Sus víc­ti­mas eran las muje­res que entra­ban emba­ra­za­das en la cár­cel. Toda­vía que­dan tes­ti­mo­nios que han denun­cia­do cómo les roba­ban los hijos a las pre­sas repu­bli­ca­nas. Una de las matro­nas de aque­lla épo­ca, que hoy cuen­ta con 95 años, reco­no­ció el robo de los niños en las pri­sio­nes y con­tó cómo las mon­jas les ponían un pañue­lo en la cara a los bebés cuan­do les daban de mamar para que no le cogie­ran cari­ño a su madre. Gui­ller­mo Fou­ces que tra­ba­ja como psi­có­lo­go para la Aso­cia­ción para la Recu­pe­ra­ción de la Memo­ria His­tó­ri­ca (ARMH) tam­bién recuer­da: “Ade­más que les deja­ban muy poco tiem­po de lac­tan­cia siguien­do las órde­nes de Valle­jo Náje­ra, para que no se les con­ta­gia­ra el gen del mar­xis­mo”.

LA IGLESIA SE ENCARGABA DE TODO

“Lo lle­va­ron a bau­ti­zar y no me lo devol­vie­ron. Yo recla­ma­ba el niño, y que si esta­ba malo, que si no esta­ba. No lo vol­ví a ver”, le dijo Emi­lia Girón a la perio­dis­ta María José Este­so Poves, una de las asis­ten­tes a la mesa redon­da. Lo que le dije­ron a Emi­lia se lo decían a todas. A pesar de que el niño nacía bien y las madres eran capa­ces de ver­lo, rápi­da­men­te una enfer­me­ra les indi­ca­ba que tenían que lle­var­lo a una incu­ba­do­ra. Al día siguien­te le comu­ni­ca­ban a la madre que el bebé había muer­to. Nun­ca más vol­vían a ver a su hijo.

Tam­po­co se vol­vía a ver la docu­men­ta­ción. Ni el cer­ti­fi­ca­do de naci­mien­to, ni el de defun­ción, y ni siquie­ra el de la madre que estu­vo hos­pi­ta­li­za­da y fue a dar a la luz: “Muchas de las madres han ido des­pués a las clí­ni­cas para pedir su ficha y no se las han dado, dicen que han des­apa­re­ci­do”, cuen­ta indig­na­do Paco Tena. Estas madres ya per­te­ne­cen a la segun­da eta­pa. Ya no son las pre­sas. Las víc­ti­mas eran aque­llas muje­res a las que podían rela­cio­nar con la Repú­bli­ca o con una ideo­lo­gía de izquier­da.

Un médi­co que en esa épo­ca (años 60 ‑70) tra­ba­ja­ba en la Fun­da­ción Jimé­nez Díaz, y que se ha nega­do a mos­trar su iden­ti­dad ha reco­no­ci­do las inves­ti­ga­cio­nes a las que han podi­do lle­gar exper­tos y víc­ti­mas: “Era sabi­do que exis­tían ’chan­chu­llos’ en los hos­pi­ta­les en esos años. En la Fun­da­ción se sabía que entra­ba por una puer­ta una par­tu­rien­ta y que a la vez era regis­tra­da una mujer no emba­ra­za­da en la zona de par­tos, inclu­so eran ingre­sa­das en la zona pri­va­da y la fami­lia adop­tan­te paga­ba todos los gas­tos. Una salía sin su bebé y la otra que no esta­ba emba­ra­za­da que­da­ba regis­tra­da como la madre. En ese hos­pi­tal apa­re­ció una vez una pare­ja de chi­le­nos que que­rían un niño, a los tres días salie­ron con dos bebés. Y se mar­cha­ron a Fran­cia. Los niños eran para enchu­fa­dos, y había cier­to secre­to en las manio­bras. Hubo gen­te que qui­so denun­ciar y fue apar­ta­da”, narra la perio­dis­ta que pudo hablar con él.

El cri­men se come­tía a lo lar­go y ancho de la penín­su­la, inclu­so hay casos docu­men­ta­dos en las islas Cana­rias. Un entra­ma­do bien pen­sa­do, con varios pro­ta­go­nis­tas que cum­plían pape­les cla­ves para que el nego­cio nun­ca se des­cu­brie­ra y se pudie­ra sacar el mayor bene­fi­cio. “Las mon­jas de la inclu­sa de Bur­gos se subían al tren car­ga­das de capa­zos con recién naci­dos que lle­va­ban has­ta la inclu­sa de Valen­cia. Esta ope­ra­ción se repe­tía de pun­ta a pun­ta. Se tra­ta­ba de des­arrai­gar­nos. Tuvi­mos bebés que via­ja­ron de Cana­rias a Gra­na­da y de allí a Valen­cia para ser adop­ta­dos. Otros fue­ron a parar al extran­je­ro. Se sigue dicien­do en los regis­tros de la Igle­sia y en las dipu­tacio­nes que no hay docu­men­tos una ria­da o un incen­dio sir­ven para no entre­gar­los, pero hay leyes que obli­gan a hacer­lo”, le dijo otra de las madres usur­pa­das a María José Este­so.

La Igle­sia no sólo esta­ba en cada una de las eta­pas del ‘robo’ sino que ade­más cas­ti­ga­ba a las par­tu­rien­tas por enten­der que las ayu­da­ban a dar a la luz: “Des­pués de parir y robar­les los hijos, las man­te­nían duran­te años lim­pian­do los sue­los de los hos­pi­ta­les para que paga­ran su deu­da por haber sido aten­di­das”, cuen­ta Paco Tena.

‘ENDEMIA DE OTITIS’

Las ins­ti­tu­cio­nes y admi­nis­tra­cio­nes tam­bién esta­ban meti­das en el ajo. Los par­tes de defun­ción exis­ten­tes tenían todos la mis­ma cau­sa de la muer­te: oti­tis. En un regis­tro de la comu­ni­dad de Madrid hay inclu­so un día en el que en el mis­mo hos­pi­tal mue­ren sie­te bebés por oti­tis, expli­ca el soció­lo­go y lo corro­bo­ra la perio­dis­ta. Ambos han tra­ba­ja­do jun­tos y cuan­do vie­ron esa infor­ma­ción no tar­da­ron en hablar con varios pedia­tras: “Todos nos decían lo mis­mo, que era impo­si­ble que un bebé murie­ra por oti­tis, es más en el regis­tro de enfer­me­da­des de muer­te infan­til hay muchí­si­mas y nin­gu­na es por oti­tis”.

El Regis­tro Civil es una de las ins­ti­tu­cio­nes que se nie­ga a ofre­cer datos a las víc­ti­mas que hoy bus­can a sus padres, a sus her­ma­nos o a sus hijos. “Es que tenían fun­cio­na­rios com­pra­dos. En el par­te de defun­ción habla­ban de oti­tis, pero ni siquie­ra decían si les habían ente­rra­do o inci­ne­ra­do, por no hablar de las par­ti­das de naci­mien­to fal­sas con nue­vos nom­bres y por supues­to todos los par­tes de defun­ción fal­sos”, seña­la Tena. Y es que el nego­cio que inven­tó Fran­co daba mucho dine­ro. No era de extra­ñar que las fami­lias más adi­ne­ra­das lle­ga­ran a pagar has­ta 200.000 pese­tas de la épo­ca, dine­ro que se repar­tían entre la Igle­sia, los médi­cos y los fun­cio­na­rios ‘com­pra­dos’.

Las clí­ni­cas que más han sido inves­ti­ga­das están en Madrid. La Clí­ni­ca de O’Donell y la mater­ni­dad de San­ta Cris­ti­na (ama­bas en la mis­ma calle) y una ter­ce­ra que actua­ba coor­di­nán­do­se con las ante­rio­res, la clí­ni­ca San Ramón. Las tres prac­ti­ca­ban el mis­mo modus ope­ran­di: niño en la incu­ba­do­ra, des­pués decir que esta­ba muer­to y regis­trar como par­tu­rien­ta a la madre adop­ti­va y no a la ver­da­de­ra. Algu­nos de los médi­cos que tra­ba­ja­ban allí en aque­lla épo­ca y que pre­su­mi­ble­men­te orga­ni­za­ban los robos hoy siguen vivos. Es el caso del tocó­lo­go Eduar­do Vela Vela o el del gine­có­lo­go Villa Eli­za­ga, que hoy se encuen­tra dan­do cla­ses en la Uni­ver­si­dad de Nava­rra. Entre estas ‘curio­si­da­des’ tam­bién está el hecho de que el direc­to y fun­da­dor de la clí­ni­ca O’Donell fue José Bote­lla Llu­sía, tío de Ana Bote­lla, mujer de José María Aznar.

LA IMPUNIDAD CAMPA A SUS ANCHAS

Aun­que parez­ca men­ti­ra gran par­te de estas atro­ci­da­des esta­ban ampa­ra­das por ley. Algu­nas de las Leyes de Fran­co menos cono­ci­das y más bru­ta­les hoy sal­tan a la pales­tra en medio de una mesa redon­da que los asis­ten­tes siguen con los ojos bien abier­tos. La perio­dis­ta María José Este­so nos refres­ca la His­to­ria menos con­ta­da: “El rap­to se con­vir­tió en ‘legal’ por la Orden de 30 de mar­zo de 1940 en la que se daba la patria potes­tad al Esta­do. Pero en 1941 otra ley ter­mi­nó por empeo­rar­lo más ya que se auto­ri­zó cam­biar los ape­lli­dos”. El soció­lo­go inte­rrum­pe y dice: “Es un peli­gro que miles de per­so­nas crean que tie­nen una pasa­do médi­co con la iden­ti­dad de padres fal­sos, es una atro­ci­dad”.

Pero el esper­pen­to con­ti­núa cuan­do se cono­ce la Ley de Patri­mo­nio 1685 que reco­ge que para pro­te­ger a la madre no se pue­den ofre­cer sus datos a quien la bus­que has­ta pasa­dos cin­cuen­ta años. La pelí­cu­la se pone cada vez más negra para todo aquel que quie­ra cono­cer lo que suce­dió en aque­llos años. Ade­más los que lo han inten­ta­do han sali­do mal para­dos. Los ejem­plos son muchos.

En los años 90 cuan­do sur­gió el pro­gra­ma de tele­vi­sión ¿Quién sabe dón­de? lle­ga­ron a la redac­ción cien­tos de casos que bus­ca­ban a sus fami­lia­res des­apa­re­ci­dos en el fran­quis­mo, mucho de ellos habla­ban de sus hijos roba­dos. La inten­si­dad de lla­ma­das fue tal que el pro­pio pre­sen­ta­dor, Paco Loba­tón, ani­mó a las víc­ti­mas a unir­se en aso­cia­ción. Le hicie­ron caso y for­ma­ron Dere­chos a saber ANDAS. Sin embar­go el perio­dis­ta del pro­gra­ma no tuvo tan­ta suer­te ya que tras sacar a la luz un caso, y en ple­na subi­da de audien­cia, Tele­vi­sión Espa­ño­la deci­dió aca­bar con el pro­gra­ma, cuen­ta Paco Tena.

La perio­dis­ta María José Este­so, cuen­ta algo pare­ci­do que le suce­dió a ella cuan­do fue a entre­vis­tar a María Cruz, la enton­ces pre­si­den­ta de la aso­cia­ción ANDAS y uno de los tes­ti­mo­nios que más ha lucha­do por cono­cer la ver­dad: “En ese momen­to tra­ba­ja­ba de free lan­ce para el gru­po PRISA y cuan­do les con­té el tema, cómo había ido mi entre­vis­ta, me dije­ron que no les intere­sa­ba publi­car ese tipo de cosas. Les ter­mi­né con­ven­cien­do y lo saca­ron, pero tuve que dul­ci­fi­car muchí­si­mo todo lo que me había dicho”.

El caso más recien­te lo ha sufri­do Paco Tena, quien ha publi­ca­do nume­ro­sas inves­ti­ga­cio­nes sobre los niños roba­dos: “Hace tan sólo tres meses me lla­ma­ron y me dije­ron que no siguie­ra inves­ti­gan­do por ahí, que tenía que tener cui­da­do. Esa es la mejor prue­ba de que el fran­quis­mo socio­ló­gi­co sigue vivo”.

UNA PARED DE FRENTE

Las víc­ti­mas que han inten­ta­do cono­cer su his­to­ria se han encon­tra­do siem­pre con la mis­ma res­pues­ta: el silen­cio. Los espe­cia­lis­tas y los fami­lia­res coin­ci­den en que la Igle­sia y el Regis­tro Civil son las dos ins­ti­tu­cio­nes que lo ponen más difí­cil, por no decir impo­si­ble. “La Igle­sia es la que tie­ne todo, los regis­tros de bau­tis­mo ori­gi­na­les, con los nom­bres de los padres ver­da­de­ros, las defun­cio­nes, los naci­mien­tos, ellos tie­nen todo, pero no nos lo quie­ren mos­trar”, seña­la el soció­lo­go.

Tan­to Paco Tena como la perio­dis­ta María José Este­so coin­ci­den que los exper­tos no pue­den hacer mucho más: “Es el Esta­do quien se tie­ne que encar­gar de todo esto, es la Fis­ca­lía la que tie­ne que lle­var­lo y obli­gar a las ins­ti­tu­cio­nes a que mues­tren las prue­bas”, dice Tena. Pero de repen­te se acuer­da: “Bueno, la ver­dad es que hemos veni­do aquí para apo­yar a Gar­zón, la úni­ca per­so­na que ha inten­ta­do inves­ti­gar esto, y por eso mis­mo está en el ban­qui­llo. Todo esto es un sin sen­ti­do”.

(NUE​VA​TRI​BU​NA​.ES – 05 Febre­ro 2012 )

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