El rey esta­ba con el gol­pe- Ama­deo Mar­tí­nez Inglés

No cabe la menor duda, ami­gos. Hay axio­mas que nun­ca pasan de moda. El tiem­po aca­ba ponien­do a cada uno en su lugar y la his­to­ria de todos y cada uno de los paí­ses que duran­te siglos han con­for­ma­do el glo­ba­li­za­do mun­do que en estos momen­tos pade­ce­mos los huma­nos, resul­ta siem­pre impla­ca­ble con sus pro­ta­go­nis­tas. A pesar de los millo­nes de inves­ti­ga­do­res de alqui­ler, laca­yos, cor­te­sa­nos, vivi­do­res, pelo­tas y ser­vi­les encu­bri­do­res que tra­tan a dia­rio de des­vir­tuar la reali­dad obje­ti­va de los hechos.

¿Que por qué sal­go aho­ra con esto? Pues, esti­ma­do lec­tor, por­que el pasa­do lunes 6 de febre­ro de 2012, recién comen­za­do “el quin­to año bru­tal” de la catas­tró­fi­ca cri­sis cel­ti­bé­ri­ca pri­me­ro nega­da y des­pués magis­tral­men­te poten­cia­da por el aho­ra cadá­ver polí­ti­co socia­lis­ta leo­nés ZP, me ente­ré (vía Inter­net, natu­ral­men­te, pues los medios de infor­ma­ción tra­di­cio­na­les en esta Espa­ña de la modé­li­ca tran­si­ción y del “urdan­ga­ri­na­zo” siguen ins­ta­la­dos en la más míse­ra inopia polí­ti­ca y social) de la píca­ra infor­ma­ción publi­ca­da esca­sas horas antes por el repu­tado sema­na­rio ger­mano Der Spie­gel, en la que se reco­ge con todo tipo de deta­lles los entre­si­jos de un docu­men­to secre­to recién des­cla­si­fi­ca­do por el Gobierno fede­ral ale­mán y que es uno más de los que están inte­gra­dos en las 2.250 pági­nas que con­for­man las “Actas de la Polí­ti­ca exte­rior de la Repú­bli­ca Fede­ral de Ale­ma­nia de 1981” del Ins­ti­tu­to de His­to­ria Con­tem­po­rá­nea de ese país.

Por supues­to que a una per­so­na como la que escri­be las pre­sen­tes líneas, que lle­va ya casi trein­ta años inves­ti­gan­do este espi­no­so asun­to del 23‑F (empe­cé a invo­lu­crar­me en él en 1983, tras reci­bir exhaus­ti­va infor­ma­ción pro­fe­sio­nal que no deja­ba lugar a dudas sobre la auto­ría últi­ma del fal­so gol­pe mili­tar), que publi­có su pri­mer libro sobre el tema en el año 1994 (libro que ense­gui­da sería con­si­de­ra­do mal­di­to por el apa­ra­to mediá­ti­co del régi­men e inme­dia­ta­men­te arro­ja­do al olvi­do social) al que segui­rían en las déca­das siguien­tes otros tres tra­ba­jos de inves­ti­ga­ción y mul­ti­tud de artícu­los publi­ca­dos en la pren­sa anti­sis­te­ma (mejor dicho, anti­mo­nár­qui­ca), y que duran­te todos estos años ha debi­do sobre­lle­var en la más abso­lu­ta sole­dad el inmi­se­ri­cor­de nin­gu­neo de un régi­men blin­da­do con­tra la más míni­ma infor­ma­ción que ose ata­car las raí­ces de un régi­men bor­bó­ni­co abso­lu­ta­men­te corrup­to, oli­gár­qui­co, pseu­do demo­crá­ti­co y cada vez más ale­ja­do de la socie­dad, la infor­ma­ción que, como digo, reco­ge el cita­do sema­na­rio ale­mán en refe­ren­cia a la entre­vis­ta que el emba­ja­dor ale­mán en el Madrid de 1981, Lothar Lahn, sos­tu­vo con el rey Juan Car­los el 26 de mar­zo de 1981 y que sería guar­da­da como docu­men­to cla­si­fi­ca­do por el minis­te­rio ger­mano de Exte­rio­res has­ta hace muy pocos días, le resul­ta de lo más gra­ti­fi­can­te y espe­ran­za­do­ra.

Gra­ti­fi­can­te, no por­que seme­jan­te infor­ma­ción que aho­ra lan­za a las pági­nas de la his­to­ria espa­ño­la, euro­pea y mun­dial, el Gobierno fede­ral ale­mán me dé pié a poder ento­nar, a títu­lo per­so­nal y a gri­to pela­do, el con­sa­bi­do “ya lo dije yo antes” o el tam­bién com­pren­si­ble “lle­vo años expo­nien­do a dies­tro y sinies­tro en este país tan arries­ga­da teo­ría per­so­nal y todo el mun­do ha mira­do para otro lado” sino por­que tama­ño revul­si­vo his­tó­ri­co pro­ce­den­te de un Esta­do tan serio como el ale­mán pue­de abrir, de una vez por todas, la ace­ra­da puer­ta que, des­de hace años y con­tra toda lógi­ca y todos los dere­chos a cono­cer su pro­pia his­to­ria por par­te de los sufri­dos ciu­da­da­nos espa­ño­les, pro­te­ge toda­vía la des­pres­ti­gia­da figu­ra del rey Juan Car­los I.

Y en ese camino pare­ce (de momen­to, “solo pare­ce”) ir la rápi­da reac­ción ante tama­ña noti­cia pro­ce­den­te de Ber­lín de algu­nos par­ti­dos de la izquier­da real espa­ño­la (no de la ape­se­bra­da izquier­da psoe­cia­lis­ta que lle­va déca­das “chu­pan­do poder” y que aho­ra hun­di­da y cau­ti­va de sus muchos erro­res y del aban­dono prag­má­ti­co de sus idea­les aca­ba de ele­gir, para que la lle­ven hacia un esplen­do­ro­so futu­ro, a los super vie­jos líde­res que la arro­ja­ron a los infier­nos del des­cré­di­to polí­ti­co y social) que se han apre­su­ra­do a pedir que “se expli­que toda la ver­dad sobre el 23‑F”, que “se aca­be de una vez con el ocul­tis­mo de los pode­res públi­cos” sobre este tema y que “se des­cla­si­fi­quen todos los docu­men­tos espa­ño­les que exis­tan” sobre tan tur­bio asun­to. Todo esto de gol­pe, en alu­vión, des­pués de hacer­se los sue­cos (con per­dón) en el Con­gre­so de los Dipu­tados duran­te casi vein­te años ya que, como aca­bo de expo­ner líneas arri­ba, mi pri­me­ra denun­cia sobre la segu­ra res­pon­sa­bi­li­dad del rey Juan Car­los en la orga­ni­za­ción, pre­pa­ra­ción y eje­cu­ción del rocam­bo­les­co epi­so­dio político/​militar del 23‑F data nada menos que de mar­zo de 1994, fecha en la que publi­qué mi pri­mer libro sobre el tema titu­la­do “La tran­si­ción vigi­la­da” (por los mili­ta­res, cla­ro).

Muy pron­to podre­mos ver lo que de ver­dad hacen en rela­ción con esta sor­pren­den­te noti­cia sobre el 23‑F las fuer­zas pro­gre­sis­tas del Par­la­men­to espa­ñol. Y, en gene­ral, el con­jun­to de las Cor­tes Espa­ño­las pues quie­ro recor­dar al lec­tor que hace esca­sas sema­nas y por enési­ma vez, nada más tomar pose­sión de su car­go el nue­vo pre­si­den­te del Con­gre­so de los Dipu­tados, le envié un nue­vo escrito/​informe (jun­to al pre­si­den­te del Gobierno y a todos los gru­pos par­la­men­ta­rios de esa Cáma­ra) soli­ci­tán­do­le la aper­tu­ra de una inves­ti­ga­ción par­la­men­ta­ria sobre todos y cada uno de los pre­sun­tos deli­tos come­ti­dos por el jefe del Esta­do espa­ñol a lo lar­go de su dila­ta­do rei­na­do. A la cabe­za de los cua­les se sitúa, obvia­men­te, su supre­ma res­pon­sa­bi­li­dad per­so­nal en el pseu­do gol­pe del 23 de febre­ro de 1981, al haber auto­ri­za­do la pla­ni­fi­ca­ción de seme­jan­te y rocam­bo­les­ca manio­bra polí­ti­co-mili­tar-ins­ti­tu­cio­nal a sus mili­ta­res cor­te­sa­nos, los gene­ra­les Arma­da y Milans. Arries­ga­da pos­tu­ra per­so­nal la mía que aho­ra, con la des­cla­si­fi­ca­ción del docu­men­to secre­to ale­mán (el “que inven­ten ellos” sigue ple­na­men­te vigen­te en este país de cobar­des y paso­tas) reci­be, no me cabe la menor duda, un sin­gu­lar y pode­ro­so alda­bo­na­zo.

Por­que la ver­dad es que el docu­men­to remi­ti­do a su Gobierno en el año 1981 por el enton­ces emba­ja­dor ale­mán en Espa­ña, deja pocas dudas sobre el papel del rey en la milon­ga bor­bó­ni­ca que nos mon­ta­ron sus mili­ta­res y polí­ti­cos cor­te­sa­nos hace trein­ta y un años y en la que, no nos olvi­de­mos y qui­zá por ello resul­te tan difí­cil acla­rar­la defi­ni­ti­va­men­te, esta­ban invo­lu­cra­dos los prin­ci­pa­les par­ti­dos polí­ti­cos del arco par­la­men­ta­rio espa­ñol de la épo­ca. Res­ca­te­mos sus prin­ci­pa­les argu­men­tos. Decía el anti­guo emba­ja­dor ger­mano, ya falle­ci­do: “el rey no mos­tró ni des­pre­cio ni indig­na­ción fren­te a los acto­res, es más, mos­tró com­pren­sión cuan­do no sim­pa­tía”; y seguía con lo que le con­tó el monar­ca: “los cabe­ci­llas solo pre­ten­dían lo que todos deseá­ba­mos, con­cre­ta­men­te la reins­tau­ra­ción de la dis­ci­pli­na, el orden, la segu­ri­dad y la tran­qui­li­dad”; y con­ti­nua­ba con las con­fi­den­cias reales: “la res­pon­sa­bi­li­dad últi­ma del inten­to de gol­pe no fue de sus cabe­ci­llas sino del enton­ces pre­si­den­te del Gobierno espa­ñol, Adol­fo Suá­rez, que des­pre­cia­ba a los mili­ta­res”; y ter­mi­na­ba con estas dos joyas bor­bó­ni­cas: “el rey me ase­gu­ró que tra­ta­ría de influir en el Gobierno y los tri­bu­na­les para evi­tar un cas­ti­go seve­ro a los gol­pis­tas ya que estos solo pre­ten­dían lo mejor para Espa­ña” y “el gol­pe del 23‑F debe­ría olvi­dar­se lo antes posi­ble”.

Más cla­ro el agua, ami­gos. El rey esta­ba meti­do en esta manio­bra político/​militar ile­gal e incons­ti­tu­cio­nal de febre­ro de 1981 (cam­biar un Gobierno legí­ti­mo de la nación sin pasar por las urnas) has­ta las cejas. Pero no por­que lo diga aho­ra, más de trein­ta años des­pués, el hono­ra­ble emba­ja­dor ger­má­ni­co en Espa­ña en aque­llas preo­cu­pan­tes fechas sino por­que es la autén­ti­ca reali­dad his­tó­ri­ca que algu­nos, muy pocos, que hemos estu­dia­do exhaus­ti­va­men­te el tema y nos hemos atre­vi­do a decír­se­lo a todos nues­tros com­pa­trio­tas (Gobierno y Cor­tes inclui­dos) veni­mos años y años denun­cian­do. Con esca­so éxi­to polí­ti­co e his­tó­ri­co has­ta aho­ra aun­que con un muy cla­ro y entu­sias­ta res­pal­do social. Espe­re­mos que en este nue­vo annus horri­bi­lis de la corrup­ta y ren­quean­te monar­quía borbónico/​franquista que toda­vía man­te­ne­mos los espa­ño­les en La Zar­zue­la (este 2012 segu­ro que es peor que el ante­rior y mejor que el siguien­te, si es que lle­ga a 2013) la His­to­ria (con mayús­cu­las) de este empo­bre­ci­do y ali­caí­do país pon­ga negro sobre blan­co los crí­me­nes, no del fran­quis­mo que esto no lo va a hacer en el cor­to pla­zo por­que toda­vía que­dan suel­tos muchos pre­sun­tos delin­cuen­tes y cri­mi­na­les de gue­rra, sino, por lo menos, los de su here­de­ro, el gol­fe­ras del Juan­ca.

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