Ojos que todo lo ven- Julen Arzua­ga

Tris­te­men­te acos­tum­bra­da a la repre­sión judi­cial de orga­nis­mos y estruc­tu­ras polí­ti­cas por su orien­ta­ción ideo­ló­gi­ca, la socie­dad vas­ca está vien­do aho­ra cómo se per­si­guen tam­bién sim­ples pala­bras y con­cep­tos, y se cri­mi­na­li­za a per­so­nas. Julen Arzua­ga cons­ta­ta en este artícu­lo que son, siem­pre han sido, las ideas las que son obje­to de per­se­cu­ción por par­te de un Esta­do que no tie­ne nin­gún ape­go a la liber­tad de expre­sión y que está aque­ja­do de ner­vio­sis­mo para­noi­co en este nue­vo tiem­po.

Esta­mos bajo vigi­lan­cia -¡qué nove­dad!-. Pero el con­tex­to pro­vo­ca evo­lu­cio­nes. Como el efec­to mari­po­sa, si se mue­ven fichas en un ámbi­to, se gene­ran seís­mos en otro. En este caso, en el del con­trol social, o en la per­se­cu­ción que lo vehi­cu­li­za.

A la repre­sión judi­cial ya dolo­ro­sa­men­te clá­si­ca ‑casos de Segi y Bate­ra­gu­ne pen­dien­tes del TS y aho­ra D3M-Aska­ta­su­na de la AN- se le aña­de una face­ta más sutil, sote­rra­da, aun­que igual­men­te des­fa­sa­da en el actual momen­to polí­ti­co. Hechos de, tal vez, no tan­ta dimen­sión cri­mi­nó­ge­na. Pero la unión hace la fuer­za: impo­si­ción de «cau­te­las» por par­te de la Audien­cia Nacio­nal para ejer­cer el dere­cho de mani­fes­ta­ción si se expre­san con­cep­tos como «amnis­tía» o «pre­sos polí­ti­cos»; pro­ce­sa­mien­to en un Juz­ga­do de Donos­tia de Gar­bi­ñe Alki­za por calum­nias al res­pon­sa­bi­li­zar al Esta­do espa­ñol y fran­cés de la muer­te de su fami­liar Jon Anza; deci­sión del Tri­bu­nal Supe­rior de Jus­ti­cia de Nafa­rroa de ava­lar el veto a una char­la del TAT por tener «con­te­ni­do polí­ti­co»; 12 veci­nos de Ses­tao some­ti­dos a jui­cio por pedir la abs­ten­ción en el año 2008 en el juz­ga­do de Bara­kal­do; 19 veci­nos de Lau­dio, Amu­rrio y Are­ta recién juz­ga­dos en la Audien­cia Nacio­nal por recha­zar la ile­ga­li­za­ción y mos­trar su res­pal­do al enton­ces alcal­de, Pablo Goros­tia­ga; con­de­na impues­ta por un Juz­ga­do de lo Penal de Gas­teiz con­tra 6 ciu­da­da­nos que pro­tes­ta­ban con­tra el TAV en las obras de Urbi­na; cita­ción a la Audien­cia Nacio­nal de 5 veci­nos de Eran­dio por la inclu­sión de una foto de la pre­sa polí­ti­ca Eri­ka Bil­bao en el pro­gra­ma de fies­tas y, por simi­lar razón, impu­tación del pre­si­den­te de la Comi­sión de Fies­tas de Erro­mo por un supues­to deli­to de «enal­te­ci­mien­to del terro­ris­mo». Las últi­mas acti­vi­da­des super­vi­sa­das, si bien toda­vía sin judi­cia­li­za­ción por medio ‑pen­dien­te de expe­dien­te poli­cial- son la colo­ca­ción de pan­car­tas en la tam­bo­rra­da de Donos­tia por su con­te­ni­do «pre­sun­to» y la rea­li­za­ción de reco­lec­tas navi­de­ñas a favor de los pre­sos, ya til­da­da públi­ca­men­te de «extor­sión terro­ris­ta».

Por qué con­si­de­ro que se está apre­tan­do la tuer­ca has­ta el aho­go? Vea­mos: En aque­llos recien­tes y aún pre­sen­tes pro­ce­sos polí­ti­cos con­tra par­ti­dos o aso­cia­cio­nes en la Audien­cia Nacio­nal se invo­can accio­nes, cone­xio­nes, impli­ca­cio­nes -¿con­tu­ber­nios?- para jus­ti­fi­car la per­se­cu­ción. Un argu­men­to enve­ne­na­do. Pero aho­ra, son sim­ples pala­bras y con­cep­tos polí­ti­cos los que están en el pun­to de mira y gene­ran una reac­ción judi­cial. Pala­bras con­cre­tas, vin­cu­la­das a pen­sa­mien­tos con­cre­tos que exci­tan res­pues­tas repre­si­vas.

Sin dejar de ser gra­ve, los jui­cios polí­ti­cos que hemos cono­ci­do has­ta aho­ra eran con­tra orga­nis­mos o estruc­tu­ras. Ade­más de esos, per­so­nas indi­vi­dua­les, aje­nas a un colec­ti­vo, a una direc­triz o a un «plan», son los recla­ma­dos a dis­po­si­ción judi­cial.

Eso con­lle­va un pro­ble­ma de con­cre­ción del deli­to que se pre­ten­de impo­ner. Pasa­ron de per­se­guir accio­nes arma­das a sabo­ta­jes, y de estos, a expre­sio­nes polí­ti­co-socia­les orga­ni­za­das que supues­ta­men­te daban cohe­ren­cia a las accio­nes men­cio­na­das. A ellos se les exten­dían los deli­tos de per­te­nen­cia o cola­bo­ra­ción ¿Y aho­ra? No hay tipi­fi­ca­ción penal con­cre­ta. Vale cual­quier vehícu­lo de la idea pros­cri­ta ‑pro­tes­ta, reco­lec­ta, exhi­bi­ción…- al que poner el ape­lli­do de «terro­ris­ta». En el ámbi­to más con­cre­to de la liber­tad de expre­sión, emplea­ron el tipo penal de la apo­lo­gía, para des­pués difu­mi­nar­lo con el de enal­te­ci­mien­to, y por últi­mo, tran­si­tar aho­ra entre bru­mas sin res­pal­do legal. Bru­mas «terro­ris­tas».

Hace unos años a nadie se les ocu­rri­ría pre­sen­tir la deri­va que supo­ne hoy que el pre­su­pues­to de un tri­bu­nal de orden públi­co y el suel­do de magis­tra­dos espe­cia­les se jus­ti­fi­que en vigi­lar el empleo de una pala­bra con­cre­ta en una movi­li­za­ción, un con­cep­to en una decla­ra­ción o en una pan­car­ta. A nadie sen­sa­to, digo. Una lupa que no pue­de dis­tor­sio­nar más la reali­dad. Pero que ade­más tri­bu­na­les autóc­to­nos entren en el jue­go ‑en los ejem­plos dados, los de las cua­tro pro­vin­cias- me pare­ce, asi­mis­mo, un gra­ve derro­te­ro.

Un últi­mo apun­te: el ele­men­to legi­ti­ma­dor. Los ante­rio­res jui­cios polí­ti­cos se basa­ban en un sopor­te de legi­ti­ma­ción muy poten­te y exten­di­do: la defen­sa del orden públi­co o la segu­ri­dad ciu­da­da­na. Si se pre­fie­re, con el incon­fun­di­ble esti­lo de Basa­goi­ti, por­que «la gen­te esta­ba har­ta de ellos». El poder jus­ti­fi­ca­dor actual se redu­ce a la dig­ni­dad de un gru­po muy con­cre­to y mino­ri­ta­rio ‑las víc­ti­mas de ETA- o la sus­cep­ti­bi­li­dad de unos pocos ‑los fran­co­ti­ra­do­res del PP y algún otro orga­nis­mo ultra- aque­ja­dos de hiper­go­na­dis­mo. Si aquel con­cep­to de «alar­ma social» era ya dema­sia­do abs­trac­to e inter­pre­ta­ti­vo, la humi­lla­ción u ofen­sa de sus­pi­ca­cias de «una poca gen­te har­ta de muchos» ‑siguien­do con Basa­goi­ti- resul­ta dema­sia­do inso­por­ta­ble para un sis­te­ma que no es demo­crá­ti­co, pero que ade­más aho­ra se que­da sin excu­sas para no pare­cer­lo.

Cla­ro que todos pre­sen­tía­mos que, des­de un prin­ci­pio, eran las ideas sub­ya­cen­tes lo que real­men­te se impug­na­ba con la infla­ción de la reac­ción pseu­do­ju­rí­di­ca.

Sin embar­go, el «cam­bio de tiem­po» que ya ape­nas nadie nie­ga, ha des­ve­la­do, más si cabe, la obse­si­va per­se­cu­ción de la pala­bra. Es un axio­ma del dere­cho que las ideas no delin­quen. No es de reci­bo ensa­ñar­se vio­len­ta­men­te con­tra ellas, más aún cuan­do resul­ta impo­si­ble ale­gar que se defien­den con esos ins­tru­men­tos.

La obse­sión por cerrar las puer­tas al deba­te públi­co con todo el arse­nal a su dis­po­si­ción, sea este en for­ma­to pan­fle­to, pan­car­ta, char­la o mani­fes­ta­ción mul­ti­tu­di­na­ria, es demos­tra­ti­va. Demos­tra­ti­va de la fal­ta de ape­go a la liber­tad de expre­sión por un lado. Por otro, del ner­vio­sis­mo para­noi­co que con­lle­va la nue­va bata­lla por las ideas, se deno­mi­ne memo­ria cuan­do se mira hacia atrás, se deno­mi­ne dere­cho a deci­dir cuan­do se mira hacia ade­lan­te.

Son vie­jas las herra­mien­tas y los pro­ta­go­nis­tas. Gran­de Mar­las­ka per­si­gue la rei­vin­di­ca­ción de «Amnis­tía». Ares -«no se acep­ta­rán sali­das indi­vi­dua­les camu­fla­das en deci­sio­nes colec­ti­vas» ¿o era al revés?- echa un órda­go dicien­do que no habrá tal amnis­tía. Ah, para negar­la, se pue­de emplear el tér­mino. ¿Cómo pue­do yo con­tra­de­cir esa opi­nión? ¿Cómo se lo dis­cu­to sin emplear el voca­blo pros­cri­to? Otro vie­jo pro­ta­go­nis­ta, aun­que estre­nan­do desig­na­ción, es el nue­vo Dele­ga­do del Gobierno, Car­los «Jamás-Urki­jo» Urqui­jo. La últi­ma vez ape­nas pudo ser, por la ago­nía polí­ti­ca de su vale­dor Jose María Aznar. Pero aho­ra le ha lle­ga­do el ansia­do momen­to. Y, sin duda, vie­ne hiper­ac­ti­vo, car­ga­do de furor y mar­cial tesón. Pero el libro de ins­truc­cio­nes de uso es otro, a pesar de lo que le pese.

En efec­to, cuan­do muchos pro­po­nen vías de dis­ten­sión él y otros pocos rebus­can nue­vas y absur­das moti­va­cio­nes para seguir des­en­fun­dan­do. Segu­ro que hubie­se pre­fe­ri­do pres­tar sus ser­vi­cios en otro esce­na­rio. La situa­ción polí­ti­ca es la que es. Tar­da­rá en dar­se cuen­ta. Mien­tras, man­tie­ne avi­zor esos ojos que todo lo ven.

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