Nue­vo sexis­mo, vie­jo capi­ta­lis­mo- Regi­na Mar­ti­nez

Las muje­res hemos con­se­gui­do, gra­cias a la lucha, muchos dere­chos en los últi­mos cua­ren­ta años. Pero lejos de haber logra­do la libe­ra­ción total, hay barre­ras que no se han supe­ra­do (dis­cri­mi­na­ción labo­ral, res­pon­sa­bi­li­dad del cui­da­do) y en algu­nos ámbi­tos la opre­sión se ha incre­men­ta­do (sexua­li­za­ción y cosi­fi­ca­ción del cuer­po de la mujer). La opre­sión se ha pro­fun­di­za­do en algu­nos aspec­tos, ha modi­fi­ca­do su pues­ta en esce­na. Habla­mos del nue­vo sexis­mo, la repre­sen­ta­ción de la opre­sión de la mujer en la actua­li­dad que rela­cio­na, prin­ci­pal­men­te, dos ideas: se ha con­se­gui­do la igual­dad y la sexua­li­za­ción for­ma par­te de la liber­tad de elec­ción de la mujer.

Si bien el aumen­to de la cosi­fi­ca­ción de la mujer es la prin­ci­pal carac­te­rís­ti­ca del nue­vo sexis­mo, es impor­tan­te comen­zar refle­xio­nan­do sobre las creen­cias que hacen posi­ble que la hiper­se­xua­li­za­ción de la mujer pase des­aper­ci­bi­da como una mani­fes­ta­ción más de la libre com­pe­ten­cia.

Según algu­nos auto­res del ámbi­to de la psi­co­lo­gía social, el sexis­mo moderno se fun­da­men­ta en tres pila­res1: la nega­ción de la dis­cri­mi­na­ción —exis­te la igual­dad for­mal — , el anta­go­nis­mo ante las deman­das que hacen las muje­res —la incom­pren­sión cuan­do sali­mos a la calle por el abor­to libre y gra­tui­to — y el resen­ti­mien­to acer­ca de las polí­ti­cas de apo­yo que con­si­guen —la cri­ti­ca­da ley con­tra la vio­len­cia de géne­ro por abrir la puer­ta a posi­bles “fal­sas denun­cias”. No nos encon­tra­mos ante el vie­jo sexis­mo des­ca­ra­do y cla­ra­men­te misó­gino repre­sen­ta­do, por ejem­plo, por la Sec­ción Feme­ni­na de la Falan­ge, sino ante una ofen­si­va que com­bi­na la acep­ta­ción de cier­ta igual­dad con la resis­ten­cia al cam­bio.

La ilu­sión de igual­dad

La pri­me­ra creen­cia que defi­ne el nue­vo sexis­mo es pre­ci­sa­men­te que éste no exis­te. Se afir­ma que se ha con­se­gui­do la igual­dad: las muje­res han acce­di­do al mun­do labo­ral, tie­nen un mar­co legis­la­ti­vo que les ampa­ra, las hay que han lle­ga­do a las esfe­ras de poder y ade­más están pro­te­gi­das cul­tu­ral­men­te por los lími­tes de lo “polí­ti­ca­men­te correc­to”.

Todas estas son vic­to­rias impor­tan­tes que mar­ca­ron un pun­to y apar­te con la situa­ción que vivían las muje­res hace cin­cuen­ta años. Y no son vic­to­rias rega­la­das. Las lucha­ron en los barrios, en las calles, en sus pues­tos de tra­ba­jo muchas muje­res y femi­nis­tas bajo el fran­quis­mo y duran­te los años seten­ta. Si en la pri­me­ra ola del femi­nis­mo las muje­res de prin­ci­pio de siglo lucha­ron por el sufra­gio feme­nino, en la segun­da ola duran­te los 60 y 70 la lucha se cen­tró en los dere­chos sexua­les, el dere­cho al pro­pio cuer­po y la igual­dad legal y labo­ral. Pero miran­do hacia atrás, vemos que la fal­se­dad de la demo­cra­cia bur­gue­sa y la omni­pre­sen­cia del capi­ta­lis­mo no han per­mi­ti­do que se desa­rro­lle una igual­dad pro­fun­da y real para todas.

El acce­so de la mujer al mun­do labo­ral (que de hecho exis­te des­de el ini­cio del capi­ta­lis­mo) no ha supues­to la igual­dad: las muje­res son mayo­ría entre los des­em­plea­dos de lar­ga dura­ción, tie­nen el 83% de los con­tra­tos a tiem­po par­cial y la bre­cha sala­rial se esti­ma en un 27% menos que los hom­bres en todas las pro­fe­sio­nes, en todos los sec­to­res, con el bajo nivel de pres­ta­cio­nes que todo ello con­lle­va2. La res­pon­sa­bi­li­dad del cui­da­do domés­ti­co fomen­ta la opre­sión y jus­ti­fi­ca la mayor explo­ta­ción. “Las muje­res con­ti­nua­mos a día de hoy sufrien­do una enor­me vul­ne­ra­bi­li­dad tan­to den­tro del mer­ca­do de tra­ba­jo remu­ne­ra­do como fue­ra de él, vul­ne­ra­bi­li­dad que encuen­tra su raíz y coar­ta­da en nues­tra iden­ti­fi­ca­ción social como res­pon­sa­bles de la repro­duc­ción”3.

Los cam­bios legis­la­ti­vos son cla­ra­men­te insu­fi­cien­tes, ade­más de fluc­tuan­tes y en situa­cio­nes de cri­sis como la actual tar­dan poco en pres­cin­dir de ellos. Si la demo­cra­cia bur­gue­sa es incom­ple­ta y super­flua, las medi­das legis­la­ti­vas que pro­mue­ven la igual­dad tie­nen el mis­mo patrón, y la equi­dad pro­me­ti­da des­pués de la tran­si­ción ha supues­to avan­ces cons­tan­te­men­te fre­na­dos por el ham­bre infa­ti­ga­ble del mer­ca­do y por la trai­ción de la social­de­mo­cra­cia a las muje­res tra­ba­ja­do­ras. La igual­dad for­mal no es igual­dad real, pues el sis­te­ma no nos sitúa en las mis­mas con­di­cio­nes.

En refe­ren­cia a las cuo­tas de poder con­se­gui­das por las muje­res, vemos que hay más direc­ti­vas, cate­drá­ti­cas y polí­ti­cas que nun­ca (aun­que con­ti­núan sien­do una mino­ría —sólo el 1% de la rique­za mun­dial está en manos de muje­res4). Es cier­to que no se tra­ta sólo de las ven­ta­jas que tie­nen estas muje­res en con­cre­to —pues su pre­sen­cia tie­ne un impac­to en la visi­bi­li­dad social de un mode­lo de mujer dife­ren­te al tra­di­cio­nal (depen­dien­te y sumi­sa). Lo que suce­de es que las que han logra­do bue­nas posi­cio­nes tien­den a extra­po­lar sus vic­to­rias per­so­na­les al res­to, cuan­do en reali­dad la mayo­ría de muje­res de cla­se tra­ba­ja­do­ra vive en unas con­di­cio­nes durí­si­mas, y cada vez peo­res con la cri­sis eco­nó­mi­ca. Por otro lado, no sig­ni­fi­ca obli­ga­to­ria­men­te que las muje­res pode­ro­sas desa­rro­llen polí­ti­cas o visio­nes de más equi­dad. Mer­kel, Agui­rre, Cha­cón, Barberá…ejemplos sobran.

La pro­pia derro­ta que pade­ció la cla­se tra­ba­ja­do­ra y la izquier­da en la tran­si­ción lle­vó a la baja­da del movi­mien­to. “En la tran­si­ción pac­ta­da no entra­ba bue­na par­te de lo plan­tea­do por el femi­nis­mo dada la pro­yec­ción y enver­ga­du­ra de su pro­pues­ta que cho­ca­ba con los lími­tes de la polí­ti­ca de pac­tos”5. Algu­nas deman­das femi­nis­tas fue­ron copa­das por las ins­ti­tu­cio­nes y se limi­tó la lucha por los dere­chos de la mujer a cam­bios super­fi­cia­les: pari­dad, reto­ques lega­les. “Los Ins­ti­tu­tos de la Mujer, esta­tal y auto­nó­mi­cos, y otras ins­ti­tu­cio­nes absor­bie­ron muchas rei­vin­di­ca­cio­nes”6. Que un mis­mo par­ti­do cree un Minis­te­rio de Igual­dad y que recor­te sani­dad y edu­ca­ción es una con­tra­dic­ción evi­den­te para los dere­chos de la mujer. Son las polí­ti­cas del maqui­lla­je que tan bien apli­ca el PSOE, insu­fi­cien­tes para aca­bar con la dis­cri­mi­na­ción estruc­tu­ral que sufre la mujer en el sis­te­ma capi­ta­lis­ta. Tal y como seña­la Hes­ter Eisens­tein en su libro Femi­nism Sedu­ced (Para­digm Publishers, 2010), la social­de­mo­cra­cia se ha apo­de­ra­do de algu­nas ideas femi­nis­tas para con­tri­buir a la expan­sión del capi­ta­lis­mo (como las gue­rras en Irak o Afga­nis­tán, que se supo­nía libe­ra­rían a la mujer —con gue­rra y devas­ta­ción — ).

En cuan­to a la creen­cia de que las muje­res están pro­te­gi­das por los cam­bios cul­tu­ra­les que se han pro­du­ci­do en las últi­mas déca­das, hoy en día los comen­ta­rios machis­tas y misó­gi­nos más direc­tos son menos tole­ra­dos, pero tam­bién es cier­to que se valo­ra a la mujer en fun­ción de los lími­tes de lo polí­ti­ca­men­te correc­to, y ésta es una línea muy fina y dis­con­ti­nua. Se tra­ta más de correc­ción polí­ti­ca que de con­vic­ción. Al tiem­po que se ata­ca al ultra­ma­chis­ta y misó­gino Sal­va­dor Sos­tres en los medios —ha comen­ta­do su gus­to por las meno­res, su dis­cul­pa a la vio­len­cia de géne­ro y su racis­mo—7, se rele­ga a las muje­res a imá­ge­nes sexua­li­za­das y poco valo­ra­das en toda la parri­lla tele­vi­si­va y en los anun­cios cíni­ca­men­te lla­ma­dos de “relax” de la mayo­ría de la pren­sa. Es impor­tan­te haber gana­do una bata­lla ideo­ló­gi­ca con­tra el machis­mo más rudo, pero si con­ti­nua­mos repre­sen­tan­do en nues­tra reali­dad a las muje­res como infe­rio­res, como obje­tos sexua­les y per­so­nas super­fluas, el con­ser­va­du­ris­mo vuel­ve a ganar la bata­lla. La ideas no sur­gen de la nada, tal y como indi­có Marx, “es el ser social el que deter­mi­na la con­cien­cia, no la con­cien­cia la que deter­mi­na el ser social”. Las vic­to­rias ideo­ló­gi­cas no se man­tie­nen si no pro­fun­di­za­mos y con­so­li­da­mos las vic­to­rias mate­ria­les.

Sexis­mo ambi­va­len­te

Todos, y sobre todo todas, tene­mos mon­to­nes de anéc­do­tas que rela­tan esce­nas sexis­tas, pero hay algu­nas que no son admi­ti­das por todo el mun­do y se juz­ga un com­por­ta­mien­to sexis­ta como algo ais­la­do o no dis­cri­mi­na­to­rio. Por ello, más allá de par­tir de la viven­cia, es impor­tan­te dis­tin­guir qué tipo de com­por­ta­mien­tos sexis­tas se dan en la actua­li­dad.

La teo­ría del sexis­mo ambi­va­len­te8 es bas­tan­te cla­ri­fi­ca­do­ra, dan­do lugar a dos tipos de sexis­mo vin­cu­la­dos: sexis­mo hos­til y sexis­mo bene­vo­len­te. El sexis­mo hos­til es una ideo­lo­gía que carac­te­ri­za a las muje­res como un gru­po subor­di­na­do y legi­ti­ma el con­trol social que ejer­cen los hom­bres. Des­gra­cia­da­men­te, tene­mos una bue­na cama­da retró­gra­da con eco en los medios de comu­ni­ca­ción de masas que dia­ria­men­te pone ejem­plos. Sos­tres, Sán­chez Dra­gó o, por ejem­plo, hace poco Cris­ti­na López Schlich­ting indi­can­do que “el femi­nis­mo es la cau­sa del fra­ca­so esco­lar mas­cu­lino. […] Nues­tros hijos varo­nes cre­cen en un ambien­te que les hace lamen­tar su sexo”9. En 2009 el arzo­bis­po de Gra­na­da, Javier Mar­tí­nez, daba a enten­der que la mujer que abor­ta “mata a un niño inde­fen­so” y, por tan­to, “da a los varo­nes la licen­cia abso­lu­ta, sin lími­tes, de abu­sar” de su cuer­po10. El sexis­mo hos­til es cla­ra­men­te iden­ti­fi­ca­ble y la reac­ción es mayo­ri­ta­ria.

Por su par­te, el sexis­mo bene­vo­len­te idea­li­za a las muje­res como espo­sas, madres y obje­tos román­ti­cos, resal­tan­do carac­te­rís­ti­cas tra­di­cio­nal­men­te valo­ra­das como feme­ni­nas. “Se trans­mi­te la visión de las muje­res como débi­les cria­tu­ras que han de ser pro­te­gi­das y al mis­mo tiem­po colo­ca­das en un pedes­tal en el que se ado­ran sus roles natu­ra­les […], de los que no debe extra­li­mi­tar­se”11. Este tipo de sexis­mo pasa a veces des­aper­ci­bi­do y es más asu­mi­do por las muje­res, si bien es muy peli­gro­so por la fal­ta de reac­ción inme­dia­ta. Exal­tar cons­tan­te­men­te la belle­za de la mujer o valo­rar el cui­da­do fami­liar y obviar otros roles supo­ne que cuan­do no se entra den­tro de los cáno­nes, se enve­je­ce o se pier­de el papel de cui­da­do­ra, la auto­es­ti­ma tam­ba­lea, la cul­pa­bi­li­dad aflo­ra y las recri­mi­na­cio­nes emer­gen. El sexis­mo bene­vo­len­te uti­li­za un tono sub­je­ti­va­men­te posi­ti­vo con deter­mi­na­das muje­res, las que asu­men roles tra­di­cio­na­les, lo que supo­ne la dis­cri­mi­na­ción de todas aque­llas que tie­nen pape­les dife­ren­tes.

Muje­res de plás­ti­co

El sín­to­ma más carac­te­rís­ti­co del nue­vo sexis­mo es la exten­sión en nues­tra socie­dad del tra­ta­mien­to de las muje­res como obje­tos. La expan­sión de la indus­tria del sexo y la por­ni­fi­ca­ción se ha dila­ta­do des­de los años 80: la pros­ti­tu­ción, los clubs de strip­tea­se, la explo­sión de la por­no­gra­fía por inter­net. Las revis­tas des­ti­na­das a los hom­bres con muje­res semi­des­nu­das como FHM o Maxim tie­nen gran éxi­to, así como se da la nor­ma­li­za­ción de imá­ge­nes sexua­li­za­das en la publi­ci­dad, uti­li­za­das para ven­der un bille­te de avión o un tam­pón. La indus­tria del sexo es un gigan­te. En el Esta­do espa­ñol, fac­tu­ra 420.000 millo­nes de euros, la mitad del pre­su­pues­to del Minis­te­rio de Cul­tu­ra en 201012, lo que indi­ca que ade­más de la uti­li­dad ideo­ló­gi­ca de man­te­ner a las muje­res subor­di­na­das, tie­ne un peso nada des­pre­cia­ble para el capi­ta­lis­mo. Pero no se tra­ta sólo de la indus­tria, sino de la per­mea­bi­li­za­ción en todos los aspec­tos de nues­tra vida dia­ria.

Las niñas jue­gan con muñe­cas de fac­cio­nes impo­si­bles como las Bratz —que pare­cen sali­das de qui­ró­fano — , comien­zan a depi­lar­se antes y se fabri­ca ropa inte­rior pro­vo­ca­ti­va, con enca­je y relleno, para niñas que aún no han lle­ga­do a la ado­les­cen­cia. En Gran Bre­ta­ña han reti­ra­do de la cade­na comer­cial Tes­co un jue­go de strip­tea­se para niñas, con una barra fija de plás­ti­co y bille­tes de jugue­te inclui­dos. Está en todas par­tes y con con­se­cuen­cias nefas­tas. Pero, ¿qué hay de nue­vo en ello? ¿Aca­so no han sido vis­tas como obje­tos sexua­les des­de hace mucho tiem­po? Judith Orr expli­ca que “cuan­do cre­cía como una ado­les­cen­te en los seten­ta esta­ba cla­ro que para una mujer joven la apa­rien­cia era algo pri­mor­dial. Leía artícu­los en los que se expli­ca­ba cómo apli­car maqui­lla­je en los pómu­los y som­bra en los pár­pa­dos. Aho­ra eso no es sufi­cien­te. La ciru­gía esté­ti­ca es algo corrien­te”13.

De hecho, hay un aumen­to de la lite­ra­tu­ra femi­nis­ta que ana­li­za este fenó­meno. Natasha Wal­ter estu­dia en Muñe­cas vivien­tes. El regre­so del sexis­mo (Tur­ner, 2010) cómo “la influen­cia de este entorno cul­tu­ral es tan gran­de que inclu­so las ado­les­cen­tes ven en la ciru­gía la res­pues­ta a la angus­tia que les pro­vo­ca su cuer­po”. Según Pilar Rodrí­guez, pre­si­den­ta de la Socie­dad Espa­ño­la de Medi­ci­na Esté­ti­ca (SEME), “las jóve­nes que lle­gan con foto­gra­fías de famo­sos para expli­car que quie­ren unos labios como los de la actriz Ange­li­na Jolie son fre­cuen­tes”14. Cada año, apro­xi­ma­da­men­te 400.000 per­so­nas se ope­ran de ciru­gía esté­ti­ca en el Esta­do espa­ñol, y alre­de­dor del 90 % son muje­res. Se esti­ma que alre­de­dor de un 10% de quie­nes soli­ci­tan una inter­ven­ción de este tipo son meno­res de edad15. Si bien la ciru­gía facial y el aumen­to de senos son las más comu­nes, la labio­plas­tia y vagi­no­plas­tia son cada vez más deman­da­das. Como indi­ca el tes­ti­mo­nio de una joven en el libro de Natasha Wal­ter: “Es por el porno. Somos cons­cien­tes de lo que han vis­to los hom­bres y sabe­mos qué es lo que espe­ran”16. Lo que en otra cul­tu­ra sería juz­ga­do como una muti­la­ción del cuer­po feme­nino des­de el racis­mo más euro­cén­tri­co, aquí es valo­ra­do como una opción para aumen­tar la auto­es­ti­ma.

Si mira­mos la indus­tria musi­cal, ser des­inhi­bi­da y sexy pare­ce ser cla­ve para dar una ima­gen de mujer libe­ra­da. Beyon­cé o Sha­ki­ra (o las com­pa­ñías dis­co­grá­fi­cas) no pare­cen tener sufi­cien­te con su músi­ca o su voz; bai­lar semi­des­nu­das y con una acti­tud sexual­men­te dis­po­ni­ble for­ma par­te de ser una gran estre­lla. Moda, cos­mé­ti­ca, ciru­gía; pero tam­bién músi­ca o cine.

Las imá­ge­nes sexua­li­za­das de las muje­res jóve­nes ame­na­zan con borrar de la cul­tu­ra popu­lar cual­quier otro tipo de repre­sen­ta­ción feme­ni­na. Por si las depor­tis­tas pro­fe­sio­na­les sufrie­sen poca dis­cri­mi­na­ción, la Fede­ra­ción Inter­na­cio­nal de Balon­ces­to (FIBA) ha deci­di­do que ten­drán que lle­var pan­ta­lo­nes diez cen­tí­me­tros por enci­ma de la rodi­lla y con una anchu­ra máxi­ma de dos cen­tí­me­tros entre la piel y la tela. La FIBA bus­ca hacer el balon­ces­to feme­nino “más atrac­ti­vo” para los espec­ta­do­res y para los medios17.

Por otro lado, resul­ta can­sa­do ver los bochor­no­sos epi­so­dios en la pren­sa y tele­vi­sión con la minis­tra Ley­re Pajín como obje­ti­vo, ya sea cri­ti­can­do su físi­co o insi­nuan­do fan­ta­sías. Cuan­do una mujer se dedi­ca a la vida polí­ti­ca tam­bién es pues­ta en el pun­to de mira del sexis­mo. ¿Cómo espe­ra­mos que las muje­res jóve­nes ten­gan otros mode­los dife­ren­tes? ¿De qué nos sor­pren­de­mos cuan­do par­ti­ci­pan menos en polí­ti­ca o tie­nen más reti­cen­cia a estar en el cen­tro de la vida públi­ca? El men­sa­je está cla­ro: si quie­res ser una mujer de éxi­to no pue­des esca­par al sexis­mo. Sube cuan­to pue­das, pero siem­pre te esta­rán miran­do las pier­nas.

Des­fi­la­mos por una pasa­re­la inter­mi­na­ble. Se han afian­za­do nor­mas rígi­das de belle­za y la prin­ci­pal dife­ren­cia con el sexis­mo tra­di­cio­nal —que siem­pre ha exi­gi­do a las muje­res tener una apa­rien­cia deter­mi­na­da— es que en la actua­li­dad nos ven­den que ser atrac­ti­vas nos da con­fian­za y poder y es la cla­ve para nues­tra libe­ra­ción. Pero, ¿cómo ha sido posi­ble? ¿Cuán­do se ha dis­tor­sio­na­do el dis­cur­so femi­nis­ta para favo­re­cer al sexis­mo?

Liber­tad de elec­ción o libre mer­ca­do

Se ase­ve­ra que la liber­tad que hemos con­se­gui­do las muje­res en los últi­mos cua­ren­ta años nos da la opción de hacer con nues­tro cuer­po lo que que­ra­mos. Ven­der­lo, ope­rar­lo, ofre­cer­lo, mos­trar­lo. Hemos pasa­do del dere­cho al pro­pio cuer­po (rei­vin­di­ca­ción viva en el movi­mien­to femi­nis­ta) al dere­cho a mer­can­ti­li­zar­lo. Inclu­so den­tro de la izquier­da, cri­ti­car la sexua­li­za­ción se con­vier­te en oca­sio­nes en un tabú. Cuan­do se cues­tio­na, apa­re­ce el argu­men­to infa­ti­ga­ble de la liber­tad de elec­ción. Como decía Luz Sán­chez – Mella­do en El País: “Que me per­do­nen las orto­do­xas, pero estoy has­ta los ova­rios de ir con la pan­car­ta de noso­tras pari­mos, noso­tras deci­di­mos por la vida. Me tiño por­que quie­ro, me ciño por­que pue­do y lle­vo taco­nes por­que me da la gana”18.

Pero, vien­do el actual con­tex­to, ¿real­men­te hay más opcio­nes? ¿Qué suce­de cuan­do una mujer no entra den­tro de los cáno­nes? ¿En que se basa la auto­es­ti­ma feme­ni­na en nues­tra socie­dad? “Deter­mi­na­das elec­cio­nes se aplau­den y otras se mar­gi­nan, y esta situa­ción tie­ne con­se­cuen­cias cla­ras en el com­por­ta­mien­to de hom­bres y muje­res”19. No se tra­ta de recri­mi­nar a las muje­res indi­vi­dual­men­te ni de tener una pres­crip­ción de qué com­por­ta­mien­to es acep­ta­ble e inacep­ta­ble, sino de ser cons­cien­tes de la pre­sión social que se ejer­ce y la uti­li­dad del dis­cur­so de la libre elec­ción para man­te­ner las ideas domi­nan­tes sobre la belle­za feme­ni­na. Se tra­ta de con­se­guir y defen­der una visión de una libe­ra­ción real, con una aper­tu­ra real y opcio­nes para todas las per­so­nas.

La cul­tu­ra de la hiper­se­xua­li­za­ción “ha absor­bi­do la his­to­ria y el len­gua­je de las luchas de las muje­res por el dere­cho de exi­gir sus deseos y nece­si­da­des sexua­les, has­ta con­ver­tir­las en nada más que obje­tos para el diver­ti­men­to de otros”20. Ha habi­do una reac­ción a las vic­to­rias que se gana­ron en los 70, cuan­do el movi­mien­to femi­nis­ta “impul­só uno de los cam­bios de mayor impac­to en la vida de las muje­res y en el con­jun­to de la socie­dad […] No solo se tra­ta­ba de con­se­guir cam­bios legis­la­ti­vos y asis­ten­cia­les con­cre­tos, sino hacer­lo for­mu­lan­do nue­vos dere­chos: el dere­cho al pro­pio cuer­po, a vivir la sexua­li­dad y la mater­ni­dad con liber­tad, a deci­dir”21.

Al igual que ha suce­di­do con el movi­mien­to por la diver­si­dad sexual LGTB, “las refor­mas en favor de la igual­dad […] han sido apro­ve­cha­das por gran­des empre­sa­rios, los cua­les han des­vir­tua­do el ori­gen lucha­dor de las mis­mas, gene­ran­do el lla­ma­do mer­ca­do rosa”22. El capi­ta­lis­mo ha con­ver­ti­do las vic­to­rias de la mujer en mer­can­cías. La fal­sa idea de igual­dad es el mar­co per­fec­to para esta creen­cia, pues si las muje­res somos libres e igua­les, la sexua­li­za­ción solo es pro­duc­to de nues­tra pro­pia elec­ción. Pero, ¿quién es libre bajo el capi­ta­lis­mo? Pre­ci­sa­men­te las muje­res no, y aún menos las muje­res de cla­se tra­ba­ja­do­ra. La liber­tad de elec­ción se que­da en nada cuan­do impe­ra la liber­tad de mer­ca­do.

El nue­vo sexis­mo, jun­to a la res­pon­sa­bi­li­dad del cui­da­do, es la prin­ci­pal expre­sión de la opre­sión de la mujer hoy. Al tiem­po que ha habi­do rápi­dos cam­bios en la fami­lia en los últi­mos cua­ren­ta años y son acep­ta­das expe­rien­cias sexua­les más diver­sas, el neo­li­be­ra­lis­mo ha incre­men­ta­do unas rela­cio­nes per­so­na­les cada vez más alie­na­das. La edu­ca­ción sexual es míse­ra y tra­ba­ja­mos (o no lo hace­mos) bajo mucha pre­sión.

Las nece­si­da­des huma­nas han sido tras­for­ma­das en pro­duc­tos de con­su­mo. Cual­quier cosa pue­de ser com­pra­da. Pero las nece­si­da­des sexua­les no debe­rían ser como una ham­bur­gue­sa o unos zapa­tos, debe­rían estar basa­das en la atrac­ción mutua, el con­sen­ti­mien­to y la satis­fac­ción. Con­ver­tir la sexua­li­dad huma­na en un pro­duc­to de con­su­mo pone a la mujer en una estan­te­ría de super­mer­ca­do, refuer­za la divi­sión de las muje­res como obje­tos y de los hom­bres como los com­pra­do­res del pro­duc­to23. No se tra­ta sólo de la expan­sión de la indus­tria sexual y por­no­grá­fi­ca, sino de la ins­tru­men­ta­li­za­ción del cuer­po de la mujer en la glo­ba­li­dad del mer­ca­do. Si el neo­li­be­ra­lis­mo nos ha con­ver­ti­do en una estra­te­gia para aumen­tar los bene­fi­cios, el capi­ta­lis­mo hace tiem­po que nos puso en ven­ta.

Doble jor­na­da

El nue­vo sexis­mo fomen­ta sus bases en la opre­sión de la mujer. La fami­lia nuclear es la prin­ci­pal ins­ti­tu­ción y su impor­tan­cia resi­de, entre otros fac­to­res, en ase­gu­rar la repro­duc­ción físi­ca y el man­te­ni­mien­to de la cla­se tra­ba­ja­do­ra de for­ma gra­tui­ta para la cla­se diri­gen­te. Para jus­ti­fi­car esta estruc­tu­ra, se pro­mue­ven roles de géne­ro para cada sexo: el hom­bre apor­ta el sala­rio y la mujer el cui­da­do (es obvio que la mujer tra­ba­ja­do­ra ha de cum­plir ambos). En el Esta­do espa­ñol, “las muje­res dis­po­nen de menos tiem­po libre que los hom­bres ya que, aun­que tra­ba­jan casi dos horas menos que ellos, dedi­can tres horas más a la rea­li­za­ción de las tareas domés­ti­cas y al cui­da­do de niños y adul­tos del hogar”24. Se per­pe­túa así la doble jor­na­da: la labo­ral (dis­cri­mi­na­to­ria y mal remu­ne­ra­da) y la domés­ti­ca (gra­tui­ta, invi­si­ble y poco valo­ra­da).

El nue­vo sexis­mo no se ha desa­rro­lla­do ni mucho menos en una socie­dad igua­li­ta­ria. El papel impues­to a la mujer den­tro de la fami­lia crea la base ideo­ló­gi­ca y mate­rial para la opre­sión. Si bien las refor­mas que se suce­den bajo el capi­ta­lis­mo ayu­dan “a miti­gar la pre­ca­rie­dad de la mujer, y tie­nen que ser reci­bi­das como un triun­fo […], éstas sólo con­se­gui­rán par­chear un sis­te­ma que gotea por todas par­tes”25. Es impor­tan­te luchar para mejo­rar la situa­ción con deman­das que hoy sean asu­mi­bles, pero inten­tan­do avan­zar en la radi­ca­li­dad para ata­car la raíz del pro­ble­ma.

Hay dos per­fi­les bien mar­ca­dos: el de mujer sexy y atrac­ti­va o el de madre y cui­da­do­ra. Estos roles coin­ci­den con el papel repro­duc­ti­vo (sexual) y el de man­te­ni­mien­to de la cla­se tra­ba­ja­do­ra que el capi­ta­lis­mo nos reser­va. Bajo el neo­li­be­ra­lis­mo se com­bi­nan espec­ta­cu­lar­men­te ambos. Ser una mujer en la actua­li­dad sig­ni­fi­ca ser bue­na en el tra­ba­jo y com­pro­me­ti­da como pare­ja o madre, pero sobre todo estar preo­cu­pa­da por el físi­co. Ya no exis­ten sólo las bue­nas y las malas, los ánge­les del hogar26 y las muje­res que sobre­pa­san los már­ge­nes de lo correc­to. Todas tene­mos que ser sexual­men­te agre­si­vas y tra­di­cio­nal­men­te res­pon­sa­bles. Esta ambi­va­len­cia gene­ra una ten­sión enor­me para las muje­res de cla­se tra­ba­ja­do­ra, que pese a la explo­ta­ción labo­ral y la opre­sión han de pre­ten­der la per­fec­ción físi­ca. El capi­ta­lis­mo com­bi­na las vie­jas ideas con las nue­vas, man­tie­ne los pape­les que le con­vie­nen y aña­de nue­vas exi­gen­cias.

Cam­biar las cosas

¿Cómo pode­mos cam­biar la socie­dad para con­se­guir una libe­ra­ción real? Si la base mate­rial de la opre­sión de la mujer resi­de en la fami­lia nuclear, la lucha con­tra el sis­te­ma capi­ta­lis­ta que la fun­da­men­ta es cla­ve. La opre­sión de la mujer no tie­ne efec­tos igua­les para todas: las de cla­se diri­gen­te, por su posi­ción social, tie­nen más posi­bi­li­da­des de supe­rar las difi­cul­ta­des prác­ti­cas. Poseen más inde­pen­den­cia eco­nó­mi­ca para dejar una mala rela­ción, pagan por el cui­da­do de los hijos o pue­den coger un taxi a altas horas de la noche y evi­tar el mie­do a una agre­sión. Ade­más, las muje­res de la cla­se diri­gen­te tie­nen un inte­rés cla­ro en man­te­ner la opre­sión y explo­ta­ción de las tra­ba­ja­do­ras, como mues­tra por ejem­plo recien­te­men­te Espe­ran­za Agui­rre con los recor­tes del sec­tor públi­co en la Comu­ni­dad de Madrid.

Los recor­tes en sani­dad y edu­ca­ción van a pro­fun­di­zar la opre­sión; el rol de las muje­res como cui­da­do­ras está sien­do refor­za­do por la con­trac­ción del esta­do del bien­es­tar. “Prác­ti­ca­men­te todas las cri­sis eco­nó­mi­cas con­tem­po­rá­neas que hemos cono­ci­do dis­mi­nu­yen el tama­ño de la eco­no­mía for­mal y aumen­tan el de la infor­mal y, sobre todo, el de la eco­no­mía domés­ti­ca y de cui­da­dos […] que, como es bien sabi­do, rea­li­zan sobre todo las muje­res”27. Pero tam­bién tie­ne con­se­cuen­cias a nivel ideo­ló­gi­co. Si no con­se­gui­mos parar los recor­tes socia­les y fre­nar la dere­chi­za­ción de las ideas domi­nan­tes, vol­ve­re­mos al con­ser­va­du­ris­mo que pro­mue­ve el sexis­mo hos­til, situan­do a la mujer como infe­rior, escla­va y sumi­sa. Por eso el anti­se­xis­mo ha de ser pro­fun­da­men­te anti­ca­pi­ta­lis­ta.

En los momen­tos en que ha habi­do gran­des luchas de la cla­se tra­ba­ja­do­ra, los movi­mien­tos de muje­res han emer­gi­do con fuer­za. En los años noven­ta se empe­zó a hablar de la ter­ce­ra ola del femi­nis­mo para refe­rir­se a las jóve­nes femi­nis­tas que, here­de­ras de la lucha de los seten­ta, con­for­ma­ban una visión plu­ral, sin ser un pro­yec­to uni­ta­rio ni un movi­mien­to de masas, pero sí cada vez más nume­ro­so28. No se tra­ta sólo de dis­cu­tir sobre cómo lla­ma­mos a un movi­mien­to, si lo es o no o si mere­ce eti­que­tas his­tó­ri­cas. La cues­tión es que están cam­bian­do las cosas. Muchas acti­vis­tas, des­de dife­ren­tes estruc­tu­ras y for­mas de lucha, se están rebe­lan­do con­tra los este­reo­ti­pos de géne­ro y la cri­sis. Las mar­chas de las slut­walks29 —acti­vis­tas que salen a la calle para recha­zar cual­quier acción de aco­so sexual, con lemas como “mi ves­ti­do no es un sí” — mues­tran como la indig­na­ción va gene­ran­do nue­vos movi­mien­tos. Cam­pa­ñas con­tra la publi­ci­dad sexis­ta, con­tra las mani­fes­ta­cio­nes machis­tas de la igle­sia cató­li­ca, en defen­sa del dere­cho al pro­pio cuer­po, resis­tien­do a los recor­tes. Al mis­mo tiem­po, cada vez hay más gen­te que lucha para con­se­guir una socie­dad más jus­ta, basa­da en la demo­cra­cia real. La cone­xión entre estas dos luchas es orgá­ni­ca, tal y como hemos vis­to duran­te el 15‑M en las pla­zas: se ha ape­la­do al uso del len­gua­je no sexis­ta, se ha deba­ti­do sobre la opre­sión de la mujer, se ha apo­ya­do a sec­to­res de tra­ba­ja­do­ras en con­flic­to. Se han crea­do espa­cios femi­nis­tas que, nutri­dos de acti­vis­tas con años de expe­rien­cia, han con­tri­bui­do a supe­rar algu­nas con­tra­dic­cio­nes que impe­ran en la socie­dad y se refle­jan en el movi­mien­to — algu­nas expe­rien­cias exten­sa­men­te rela­ta­das en el recien­te Dos­sier de la Comi­sión de Femi­nis­mos de Sol30.

La cues­tión de la mujer ha esta­do pre­sen­te, pero tene­mos que pro­fun­di­zar, impul­sar cam­pa­ñas con­tra el sexis­mo y conec­tar la lucha con­tra los recor­tes con la lucha por la libe­ra­ción. Cada vez hay más acti­vis­tas que se rebe­lan con­tra la opre­sión y con­tra la dic­ta­du­ra de los mer­ca­dos, en Gre­cia, en Egip­to; en las pla­zas, en los hos­pi­ta­les; de dife­ren­tes for­mas y con dis­tin­to alcan­ce. Ha subi­do la marea. Como revo­lu­cio­na­rias lucha­re­mos para que esta ola sea anti­ca­pi­ta­lis­ta y, en con­se­cuen­cia, pro­fun­da­men­te anti­se­xis­ta.

Notas

  1. Swim, J.K., Aikin, W.S., HaII, W.S., & Hun­ter, B.A., 1995. “Sexism and Racism: Old-fashio­ned and Modern Pre­ju­di­ces”, Jour­nal of Per­so­na­lity and Social Psy­cho­logy, 68. pp. 199 – 214
  2. Extraí­do de http://​www​.ccoo​.es/​c​s​c​c​o​o​/​m​e​n​u​.​d​o​?​A​r​eas:Mujeres:Actualidad:137199
  3. Ezque­rra, S., 2011. “Mira­das femi­nis­tas a los efec­tos de la cri­sis”. Vien­to Sur, enero de 2011. pp. 91 – 98
  4. Medios UdG, 11 de abril de 2011. Extraí­do de http://​www​.medios​.udg​.mx/​n​o​d​e​/​8​076
  5. Mon­te­ro, J. , 2009 (VVAA). El movi­mien­to femi­nis­ta en Espa­ña en los años 70. Madrid: Fun­da­ción Pablo Igle­sias. pp. 275 – 303
  6. Uría, P, 2010. “El femi­nis­mo tie­ne un carác­ter más éti­co que polí­ti­co; ha ido mucho más allá que otros movi­mien­tos socia­les”. 21 de febre­ro de 2010. Entre­vis­ta dis­po­ni­ble enhttp://​www​.noti​cias​de​na​va​rra​.com
  7. Públi­co, 17 de noviem­bre de 2011; Públi­co, 7 de abril de 2011
  8. Glick, P. y Fis­ke, S., 1997 “Hos­ti­le and bene­vo­lent sexism. Mea­su­ring ambi­va­lent sexist atti­tu­des toward woman”, Psy­cho­logy of Women Quar­terly, 21. pp. 119 – 135
  9. La Razón, 24 de mar­zo de 2011
  10. Extraí­do de http://​www​.kao​sen​la​red​.net/​n​o​t​i​c​i​a​/​a​r​z​o​b​i​s​p​o​-​g​r​a​n​a​d​a​-​s​i​-​m​u​j​e​r​-​a​b​o​r​t​a​-​var…
  11. Lamei­ras, M., 2004. “El sexis­mo y sus caras: de la hos­ti­li­dad a la ambi­va­len­cia”. Anua­rio de Sexo­lo­gia de la Aso­cia­ción Esta­tal de Pro­fe­sio­na­les de la Sexo­lo­gía, nº8, noviem­bre de 2004
  12. El Mun­do, 28 de abril de 2010
  13. Orr, J., 2007. Sexism and the sys­tem. A rebel’s gui­de to women’s libe­ra­tion. Lon­dres: Book­marks. pp. 46 – 51
  14. El País, 5 de sep­tiem­bre de 2011
  15. Extraí­do de http://​www​.dia​rio​sur​.es/​2​0​0​9​0​3​0​4​/​s​o​c​i​e​d​a​d​/​a​n​d​a​l​u​c​i​a​-​e​n​d​u​r​e​c​e​-​a​c​c​e​s​o​-​m​eno…
  16. Wal­ter, 2010, p. 138
  17. Públi­co, 20 de junio de 2011
  18. El País, 28 de agos­to de 2011
  19. Wal­ter, 2010
  20. Orr, J., 2010. “Mar­xism and femi­nism today” Inter­na­tio­nal Socia­lism, junio de 2010, nº127. Dis­po­ni­ble en http://​www​.isj​.org​.uk/​?​i​d​=​656
  21. Mon­te­ro, 2009
  22. Cas­ti­llo, J., 2008. “Del matri­mo­nio homo­se­xual al mer­ca­do rosa”. La Hie­dra, junio-julio de 2008. Dis­po­ni­ble en http://​www​.enlu​cha​.org/​s​i​t​e​/​?​q​=​n​o​d​e​/​834
  23. McGre­gor, S., 2011. “Sexua­lity, alie­na­tion and capi­ta­lism”. Inter­na­tio­nal Socia­lism, abril de 2011, nº130. Dis­po­ni­ble en http://​www​.isj​.org​.uk/​i​n​d​e​x​.​p​h​p​4​?​i​d​=​7​28&;issue=130
  24. Ins­ti­tu­to Nacio­nal de Esta­dís­ti­ca, 2004. “Encues­ta de empleo del tiem­po. Bole­tín infor­ma­ti­vo”. INE, abril de 2004. Dis­po­ni­ble en http://​www​.ine​.es/​r​e​v​i​s​t​a​s​/​c​i​f​r​a​i​n​e​/​0​4​0​7​.​pdf
  25. Gago, A., 2008. “Mujer y pre­ca­rie­dad: las polí­ti­cas del maqui­lla­je” La hie­dra, abril de 2008. Dis­po­ni­ble en http://​www​.enlu​cha​.org/​s​i​t​e​/​?​q​=​n​o​d​e​/​674
  26. Nash, M. 2004. Muje­res en el mun­do. His­to­ria, retos y movi­mien­tos. Madrid: Alian­za Edi­to­rial. p. 39
  27. Gál­vez, L., 2011.”Más des­igual­dad en el futu­ro”. Públi­co, 15 de sep­tiem­bre de 2011.
  28. Orr, 2010
  29. Cala Dona, 2011. “No és No. Les slut­walks” . Extra­ido de la Ter­mo­mix, blog de Cala donahttp://​www​.cala​do​na​.org/​t​e​r​m​o​m​i​x​/​a​r​c​h​i​v​e​s​/​5​587
  30. Dis­po­ni­ble en http://​madrid​.toma​la​pla​za​.net/​2​0​1​1​/​0​7​/​2​2​/​d​o​s​s​i​e​r​-​d​e​-​c​o​m​i​s​i​o​n​-​d​e​-​f​e​m​i​n​ist…

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