Para Gre­cia la sus­pen­sión de pagos es la úni­ca opción- Cos­tas Lapavitsas

Se han sus­pen­di­do las nego­cia­cio­nes para redu­cir la deu­da grie­ga des­pués de que no se pudie­ra lle­gar a nin­gún acuer­do la sema­na pasa­da. En algún momen­to del futu­ro cer­cano Gre­cia debe par­tir de cero, no pagar la deu­da a la que está obli­ga­da. Pero el dra­ma que envuel­ve los deba­tes en Ate­nas, Ber­lín y París mues­tra que no habrá nada coope­ra­ti­vo en esta sus­pen­sión de pagos grie­ga. Es un con­cur­so sin escrú­pu­los domi­na­do por la lla­ma­da troi­ka: la Unión Euro­pea, el Ban­co Cen­tral Euro­peo y el Fon­do Mone­ta­rio Internacional.

A cada paso, los intere­ses y dere­chos de per­so­nas de toda Euro­pa se han obvia­do. Las nego­cia­cio­nes se han lle­va­do a cabo en secre­to. Gre­cia, cuyo gobierno está en manos de un ban­que­ro cen­tral que no ha sido esco­gi­do, está repre­sen­ta­da por un equi­po de polí­ti­cos y tec­nó­cra­tas que han actua­do de for­ma lamen­ta­ble duran­te la cri­sis. Han con­tra­ta­do a los ban­que­ros Lazard Fre­res y a los abo­ga­dos Cleary Gottlieb, renom­bra­dos espe­cia­lis­tas en el rei­no del default, aun­que los bene­fi­cios toda­vía están por ver­se. Aque­llos a los que se les debe dine­ro por par­te de Gre­cia han sido repre­sen­ta­dos por el Ins­ti­tu­to Inter­na­cio­nal de Finan­zas, un alta­voz dise­ña­do por los mis­mos ban­que­ros para ellos. Otros pres­ta­mis­tas, inclu­yen­do los Fon­dos de Cober­tu­ra (Hed­ge Funds o Fon­dos de alto ries­go) no tie­nen un repre­sen­tan­te colectivo.

La troi­ka ha acep­ta­do que la deu­da grie­ga debe redu­cir­se a nive­les con­si­de­ra­bles; pero tam­bién quie­re que la reduc­ción parez­ca volun­ta­ria, por­que si los pres­ta­mis­tas fue­ran coac­cio­na­dos, Gre­cia sería decla­ra­da for­mal­men­te en sus­pen­sión de pagos, y los ban­cos y mer­ca­dos finan­cie­ros se verían abo­ca­dos a una cri­sis. A la troi­ka tam­bién le gus­ta­ría que la reduc­ción se hicie­ra en tér­mi­nos que per­mi­tie­sen nue­vos prés­ta­mos a Gre­cia –un paso urgen­te si el país no quie­re dete­ner total­men­te los reem­bol­sos– y que­rría tam­bién que la deu­da grie­ga sos­te­ni­da por los orga­nis­mos ofi­cia­les, inclu­yen­do el BCE, per­ma­nez­ca intac­ta. No es nin­gu­na sor­pre­sa que el círcu­lo resul­te difí­cil de enca­jar en el cuadrado.

La deu­da ascien­de a 200.000 millo­nes €. Apro­xi­ma­da­men­te la mitad per­te­ne­ce a grie­gos ‑ban­cos, fon­dos de la segu­ri­dad social y otros– que están situa­dos en pri­me­ra línea para car­gar con los cos­tes de la reduc­ción (el “cor­te de pelo”). Menos de un cuar­to per­te­ne­cen a ban­cos inter­na­cio­na­les y una bue­na par­te del res­to a Fon­dos de Cober­tu­ra (Hed­ge Funds).

El tra­to pro­pues­to por la troi­ka está impul­sa­do por los intere­ses de los pres­ta­mis­tas, espe­cial­men­te los ban­cos inter­na­cio­na­les. El valor nomi­nal de la deu­da se redu­ci­ría al 50%, y el res­to de la deu­da se reem­pla­za­ría por nue­vos bonos a lar­go pla­zo y a bajo inte­rés, qui­zás menos del 4%. Los nue­vos bonos esta­rían suje­tos a la ley bri­tá­ni­ca, lo que favo­re­ce a los prestamistas.

Las pér­di­das de los ban­cos inter­na­cio­na­les serían modes­tas. Inclu­so así, están bus­can­do la orien­ta­ción que les ofrez­ca la tasa de inte­rés más alta, aun­que su poder de rega­tear se ha debi­li­ta­do debi­do a la cre­di­bi­li­dad del Esta­do en lo que refie­re a liqui­dez y capi­tal. El gol­pe real cae­ría sobre los ban­cos grie­gos, los cua­les irían de una mane­ra efec­ti­va a la ban­ca­rro­ta. El esta­do grie­go está pues deses­pe­ra­da­men­te bus­can­do nue­vos cré­di­tos para lle­nar el capi­tal de los ban­cos. Mucha de la espe­ra­da reduc­ción de su deu­da se vacia­ría así inme­dia­ta­men­te. Un gol­pe cruel tam­bién sacu­di­ría los fon­dos de públi­cos de la segu­ri­dad social y a los peque­ños inver­so­res, con pér­di­das que pro­ba­ble­men­te alcan­za­rán las pen­sio­nes y los ahorros.

Mien­tras tan­to, los fon­dos de cober­tu­ra han esta­do com­pran­do deu­da grie­ga a bajo pre­cio espe­ran­do que se les paguen por el total o casi de su valor com­ple­to. Como Gre­cia tie­ne que hacer devo­lu­cio­nes de esta deu­da de apro­xi­ma­da­men­te €15bn en mar­zo, can­ti­da­des enor­mes del dine­ro de los impues­tos de los ciu­da­da­nos euro­peos podrían lle­gar a ser trans­fe­ri­das a esos futu­ros fon­dos. Los espe­cu­la­do­res podrían ser coac­cio­na­dos a este acuer­do de apli­car­se la ley grie­ga, pero si la reduc­ción no fue­se volun­ta­ria, podría crear­se una reac­ción en cade­na en los mer­ca­dos financieros.

El peor aspec­to del acuer­do es que es muy poco pro­ba­ble que bene­fi­cie a Gre­cia a lar­go pla­zo. El plan ori­gi­nal era redu­cir la deu­da a un 120% del GDP para el 2020, pero los pro­gra­mas de “res­ca­te” de los pasa­dos dos años han for­za­do al país a la depre­sión real. El FMI aho­ra con­si­de­ra que la deu­da grie­ga cre­ce­rá a un nivel mucho mayor cuan­do se lle­gue al 2020 –cla­ra­men­te insos­te­ni­ble. Se están bus­can­do mayo­res reduc­cio­nes, pero el pre­cio sería recor­tes más duros en sala­rios, pen­sio­nes y gas­to públi­co. Las reper­cu­sio­nes socia­les de un país que ya está de por sí debi­li­ta­do serían espan­to­sas, apar­te de las difi­cul­ta­des polí­ti­cas de intro­du­cir una aus­te­ri­dad toda­vía más severa.
Está cla­ro que Gre­cia tie­ne muy poco que espe­rar del pro­ce­so de reduc­ción de la deu­da lide­ra­do por la troi­ka. Debe­ría tomar las rien­das de su mala situa­ción aban­do­nar la cha­ra­da de volun­ta­rios cor­tes de pelo. Para ello, nece­si­ta una sus­pen­sión de for­ma sobe­ra­na y demo­crá­ti­ca decla­ran­do inme­dia­ta­men­te el cese de los pagos.

Gre­cia debe­ría enton­ces hacer una audi­to­ría públi­ca de sus deu­das para deci­dir qué debe­ría pagar­se y cómo. El obje­ti­vo debe­ría ser reini­ciar el cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co y evi­tar la inte­rrup­ción de los ser­vi­cios socia­les bási­cos. La deu­da debe­ría ser inevi­ta­ble­men­te can­ce­la­da, inclu­yen­do la deu­da ofi­cial que está en manos de la troi­ka, y debe­rían ini­ciar­se nego­cia­cio­nes con los pres­ta­mis­tas bajo un total escru­ti­nio públi­co. Sólo enton­ces se podría ter­mi­nar con esta terri­ble saga, per­mi­tien­do a la socie­dad grie­ga rea­li­zar los pri­me­ros pasos en el lar­go camino de la recuperación.

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