‘En la URSS todos tenía­mos sufi­cien­te sol y pan’- Tri­bu­na Popu­lar

«Tar­de o tem­prano, la Unión Sovié­ti­ca vol­ve­rá de nue­vo. La his­to­ria a veces regre­sa nue­va­men­te. En Fran­cia, des­pués de la vic­to­ria de la revo­lu­ción bur­gue­sa fue la res­tau­ra­ción de los Bor­bo­nes. Pero fue sólo tem­po­ral. El actual régi­men depre­da­dor en Rusia no dura­rá mucho tiem­po, cae­rá de todas las mane­ras. Un sis­te­ma jus­to debe regre­sar».

Nos íbamos tranquilos a la cama y tranquilamente nos despertábamos por la mañana, sabiendo que el día de mañana habrá trabajo, que el día 10 del mes recibiremos la paga y el 25, un anticipo. Nos íba­mos tran­qui­los a la cama y tran­qui­la­men­te nos des­per­tá­ba­mos por la maña­na, sabien­do que el día de maña­na habrá tra­ba­jo, que el día 10 del mes reci­bi­re­mos la paga y el 25, un anti­ci­po.

Mos­cú, 28 ene. 2012, Tri­bu­na Popu­lar TP/​N. Maksym­chuk Tra­du­ci­do por A. Mora­da.- En la segun­da quin­ce­na de diciem­bre en el canal ruso echa­ron un docu­men­tal, un pro­yec­to de Dmi­tri Kise­lev lla­ma­do “URSS. El nau­fra­gio”. En los años 90 el nue­vo gobierno nos pro­me­tía la abun­dan­cia. La reci­bi­mos en su tota­li­dad. Me gus­ta­ría dar las gra­cias al autor de la pelí­cu­la, por recor­dar­nos que una vez fui­mos per­so­nas que vivían en un país gran­de, don­de nadie se seña­la­ba con el dedo, tú eres ruso, pero tú no eres ruso. Todos tenía­mos sufi­cien­te sol y pan, todos éra­mos sovié­ti­cos.

La nos­tal­gia por la Unión Sovié­ti­ca no la sien­ten aque­llos, a quie­nes les dio tiem­po robar en la lla­ma­da peres­troi­ka y se bron­cea­ban en las Islas Cana­rias y en Cour­che­vel, e inclu­so es pro­ba­ble que no vivan en paz. Hoy en día están en las Islas Cana­rias, y en el futu­ro tal vez en la lite­ra.

Nos íba­mos tran­qui­los a la cama y tran­qui­la­men­te nos des­per­tá­ba­mos por la maña­na, sabien­do que el día de maña­na habrá tra­ba­jo, que el día 10 del mes reci­bi­re­mos la paga y el 25, un anti­ci­po. No tuve que pagar por la escue­la y la uni­ver­si­dad, pero reci­bía­mos una bue­na edu­ca­ción, con la cual podría­mos encon­trar fácil­men­te tra­ba­jo en el extran­je­ro. Nos cura­ban de for­ma gra­tui­ta. En julio de 2010, murió de cán­cer, mi pri­ma. Era pen­sio­nis­ta, no pudo encon­trar 30.000 rublos para una ope­ra­ción, y ni siquie­ra daban garan­tía algu­na. Estu­vo acos­ta­da varios meses. Las dolo­ro­sas inyec­cio­nes tam­bién las tuvo que pagar. ¡He aquí los encan­tos del rico capi­ta­lis­mo!

Antes de la caí­da de la URSS no nos asus­ta­ban con his­to­rias terri­bles en la radio y la tele­vi­sión. Noso­tros con ale­gría escu­chá­ba­mos noti­cias de que en algún lugar intro­du­je­ron una nue­va fábri­ca, alguien voló al espa­cio de nue­vo. Hoy en día la cró­ni­ca del día es: en algún lugar una casa incen­dia­da para la ter­ce­ra edad, en otro lugar un edi­fi­cio se derrum­bó, en otro un inves­ti­ga­dor fue ase­si­na­do, en otro un dipu­tado… Vivi­mos detrás de puer­tas de hie­rro, temien­do a los veci­nos.

La moral se hun­dió por los sue­los. El robo y el frau­de se han con­ver­ti­do en un nego­cio. Los ladro­nes están en el poder. El ase­si­na­to ya no sor­pren­de a nadie, se ha con­ver­ti­do en la nor­ma de la vida.

En los años 90 el nue­vo gobierno nos pro­me­tía abun­dan­cia, cri­ti­can­do al gobierno sovié­ti­co por las estan­te­rías vacías. Reci­bi­mos abun­dan­cia en tota­li­dad. La sal­chi­cha cos­ta­ba en los años 80, 1 rublo con 40 cén­ti­mos, eran de té y car­ne; aho­ra la sal­chi­cha es de pudín de soya y papel higié­ni­co y cues­ta 200 rublos por kg. y está en las estan­te­rías no por­que aho­ra se hayan con­ver­ti­do en abun­dan­tes, sino debi­do a que muchos no tie­nen con qué com­prar­la. Los cen­ta­vos gana­dos en el tra­ba­jo tam­po­co los dan a tiem­po. Los retra­sos en el sala­rio de varios meses tam­bién se han con­ver­ti­do en nor­ma. En los años 80 todos los tra­ba­ja­do­res podían per­mi­tir­se unas vaca­cio­nes para des­can­sar en un via­je por la Unión, y, a veces com­ple­ta­men­te gra­tis. Aho­ra muy pocas per­so­nas van de via­je de vaca­cio­nes.

El valor de la pelí­cu­la resi­de tam­bién en que una vez más, vimos los ros­tros de aque­llos que sin lími­te de sus pro­pios intere­ses egoís­tas y por ambi­cio­nes, trai­cio­na­ron nues­tro país. Los vie­ron aque­llos que nacie­ron en los años 90, y no los cono­cían.

Fue tris­te y dolo­ro­so ver cómo la ban­de­ra sovié­ti­ca, la ban­de­ra, que era el emble­ma de los cons­truc­to­res, de aque­llos que cul­ti­va­ban el grano, era la de los crea­do­res. Dolo­ro­sa­men­te gra­ba­do en el alma de las pala­bras del pre­sen­ta­dor Kise­liov. Pero en sus pala­bras el acró­ni­mo de la URSS sue­na como el desa­fío sovié­ti­co, ins­pi­ra opti­mis­mo y espe­ran­za. Tar­de o tem­prano, la Unión Sovié­ti­ca vol­ve­rá de nue­vo. La his­to­ria a veces regre­sa nue­va­men­te. En Fran­cia, des­pués de la vic­to­ria de la revo­lu­ción bur­gue­sa fue la res­tau­ra­ción de los Bor­bo­nes. Pero fue sólo tem­po­ral. El actual régi­men depre­da­dor en Rusia no dura­rá mucho tiem­po, cae­rá de todas las mane­ras. Un sis­te­ma jus­to debe regre­sar.

Fuen­te: Perió­di­co “Soviets­kaia Ros­sia” № 4 (13657) 19 de enero de 2012

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