Polí­ti­cas y suje­tos femi­nis­tas para una Eus­kal Herria socia­lis­ta- Rosa Andrieu

Gra­cias a Ainhoa Güe­mes («Femi­nis­tas vas­cas con­flic­ti­vas y con­flic­tua­das») y Zaloa Basa­be («El suje­to polí­ti­co femi­nis­ta y la demo­cra­cia»), que en sus artícu­los publi­ca­dos en GARA el 14 de enero y 2 de febre­ro, abor­dan la cues­tión femi­nis­ta en las coor­de­na­das polí­ti­cas actua­les de Hego Eus­kal Herria y por exten­sión, en el patriar­ca­do capi­ta­lis­ta en su fase neo­li­be­ral. Y lo hacen en la nece­si­dad femi­nis­ta de cons­truc­ción de un nue­vo mode­lo de rela­cio­nes socia­les en Eus­kal Herria. Una Eus­kal Herria sobe­ra­na como nación que se per­fi­la socia­lis­ta y femi­nis­ta.

Sólo pre­ten­do apor­tar algu­nos pun­tos para situar las coor­de­na­das polí­ti­cas en que las luchas femi­nis­tas inter­vie­nen hoy en Eus­kal Herria, de cara a la supera­ción defi­ni­ti­va del patriar­ca­do en todas sus dimen­sio­nes (eco­nó­mi­cas, polí­ti­cas e ideo­ló­gi­cas) y la ins­tau­ra­ción de unas rela­cio­nes socia­les no en tér­mi­nos de explo­ta­ción, opre­sión, domi­na­ción, si no de coope­ra­ción, cola­bo­ra­ción, equi­pa­ra­ción, igual­dad, pare­ki­de­ta­su­na…

El patriar­ca­do no es un sis­te­ma de opre­sión inde­pen­dien­te del res­to de rela­cio­nes socia­les de poder, en el capi­ta­lis­mo, de las de cla­se, raza, etnia, nación. Actúa, mani­fies­ta su par­ti­cu­la­ri­dad en cada con­tex­to y for­ma­ción social. Esta­ble­ce sin nin­gún tipo de con­sen­so y san­ción social dife­ren­cias natu­ra­les entre dos úni­cos sexos (macho/​hembra), que inevi­ta­ble­men­te aca­rrean una infe­rio­ri­dad de las hem­bras-muje­res res­pec­to a los hom­bres-machos, que una socie­dad debe ges­tio­nar. El sis­te­ma sexo/​género que adop­ta el capi­ta­lis­mo par­te de la nece­si­dad de la jerar­quía, de la domi­na­ción de la ads­crip­ción sexual al mode­lo macho/hem­bra-mas­cu­li­no/­fe­me­nino, para sus­ten­tar el enor­me bene­fi­cio que supo­ne la gra­tui­dad de todas las tareas repro­duc­ti­vas que garan­ti­zan su con­ti­nui­dad. Des­de lue­go, se ha adap­ta­do a los tiem­pos: «de una de aque­llas fal­das, se hacen por lo menos dos».

El femi­nis­mo se enfren­ta his­tó­ri­ca­men­te a ese patriar­ca­do. En las últi­mas Jor­na­das femi­nis­tas, de 2008 (Por­tu­ga­le­te), en el eje de deba­te inau­gu­ral «Par­ti­ci­pa­ción socio­po­lí­ti­ca y estra­te­gias femi­nis­tas», el aná­li­sis de la polí­ti­ca ins­ti­tu­cio­nal en las ponen­cias de orga­ni­za­cio­nes femi­nis­tas dis­pa­res his­tó­ri­ca­men­te, coin­ci­día sus­tan­cial­men­te en una crí­ti­ca a la inca­pa­ci­dad ins­ti­tu­cio­nal, fal­ta de volun­tad, pre­su­pues­to, ins­ti­tu­cio­na­li­za­ción e ins­tru­men­ta­li­za­ción del movi­mien­to femi­nis­ta. Don­de no había coin­ci­den­cia era en la con­cep­ción de lo polí­ti­co. Por un lado, la par­ti­ci­pa­ción en las ins­ti­tu­cio­nes como vía para mejo­rar la situa­ción de las muje­res; por otro, la idea de que el suje­to femi­nis­ta tie­ne sen­ti­do como con­fron­ta­ción de muje­res con­cien­cia­das más o menos orga­ni­za­das ante el patriar­ca­do, como suje­to de trans­for­ma­ción social, que tie­ne el pro­ble­ma teó­ri­co-prác­ti­co de las dife­ren­cias de cla­se, nacio­na­li­dad, iden­ti­da­des sexua­les, edad, ads­crip­ción ideo­ló­gi­ca, sub­je­ti­vi­da­des y rela­ti­vis­mos varios. La tarea del movi­mien­to femi­nis­ta sigue sien­do cons­ti­tuir a las muje­res en suje­to polí­ti­co colec­ti­vo, en un momen­to en que el avan­ce de la ideo­lo­gía patriar­cal, el entra­ma­do ins­ti­tu­cio­nal, meca­nis­mos guber­na­men­ta­les jurí­di­cos y polí­ti­cos «demo­crá­ti­cos» cie­rran, repri­men todo tipo de disi­den­cia.

Has­ta aho­ra, en el movi­mien­to femi­nis­ta en Eus­kal Herria las posi­cio­nes polí­ti­cas han tran­si­ta­do por el deba­te de la úni­ca o doble mili­tan­cia de los años 70, el deba­te sobre el poder y la ins­ti­tu­cio­na­li­za­ción del movi­mien­to femi­nis­ta en los 80; por la apues­ta por par­te de algu­nas orga­ni­za­cio­nes femi­nis­tas por el poder ins­ti­tu­cio­nal, por el cues­tio­na­mien­to de los suje­tos polí­ti­cos… en el fon­do sigue refle­ján­do­se que el femi­nis­mo no par­te de los mis­mos pre­su­pues­tos ideo­ló­gi­co-polí­ti­cos, no sitúa las cau­sas de la opre­sión de sexos, no entien­de el patriar­ca­do de la mis­ma mane­ra, tam­po­co los obje­ti­vos de la lucha femi­nis­ta, ni sus suje­tos, ni con quién esta­ble­cer alian­zas.

Las posi­cio­nes polí­ti­cas que los femi­nis­mos han gene­ra­do varían en fun­ción de los ámbi­tos en los que las dis­tin­tas femi­nis­tas están impli­ca­das. Las cuo­tas de par­ti­ci­pa­ción, las leyes, pla­nes de igual­dad, la equi­pa­ra­ción de dere­chos eco­nó­mi­cos, socia­les, polí­ti­cos; pare­ce que for­man par­te de un ámbi­to ins­ti­tu­cio­nal y empre­sa­rial en que ni las muje­res ni las femi­nis­tas como ciu­da­da­nas vas­cas hemos podi­do deci­dir. La par­ti­do­cra­cia en la ges­tión de los recur­sos se ha hecho con un dis­cur­so igua­li­ta­rio, de géne­ro, que ya no es sos­te­ni­ble; es sis­te­má­ti­ca­men­te des­en­mas­ca­ra­do por las rei­vin­di­ca­cio­nes femi­nis­tas. La inter­me­dia­ción, blo­queo ins­ti­tu­cio­nal a la par­ti­ci­pa­ción polí­ti­ca direc­ta, a la demo­cra­cia real de todo tipo, des­de los ayun­ta­mien­tos has­ta los más altos nive­les, no ani­qui­lan las prác­ti­cas polí­ti­cas que radi­can cual­quier sis­te­ma demo­crá­ti­co que se pre­cie: la par­ti­ci­pa­ción direc­ta de la ciu­da­da­nía en la for­mu­la­ción de los intere­ses colec­ti­vos, en la toma de deci­sio­nes, en el segui­mien­to, con­trol y capa­ci­dad de san­ción de su eje­cu­ción… Las prác­ti­cas femi­nis­tas han desa­rro­lla­do una impor­tan­te capa­ci­dad a este res­pec­to. Si en algo han des­ta­ca­do es en que pue­den inter­ve­nir en ámbi­tos no reco­no­ci­dos como polí­ti­cos (aso­cia­cio­nis­mo, por ejem­plo), y en que han crea­do un mar­co, lo que hoy segui­mos lla­man­do movi­mien­to femi­nis­ta, como espa­cio polí­ti­co de vin­di­ca­ción.

Los suje­tos femi­nis­tas cons­ti­tui­dos his­tó­ri­ca­men­te en con­fron­ta­ción al patriar­ca­do en Eus­kal Herria, vis­tos des­de sus prác­ti­cas polí­ti­cas, dejan de ser una cues­tión filo­só­fi­ca que bus­que cual­quier esen­cia. Hace tiem­po que aban­do­né el sin­gu­lar para refe­rir­me a los suje­tos polí­ti­cos. Lo que tene­mos en común las muje­res en Eus­kal Herria como suje­tos polí­ti­cos es la con­cien­cia de la opre­sión patriar­cal y una acti­tud y com­pro­mi­so revo­lu­cio­na­rio. Los intere­ses polí­ti­cos que como femi­nis­tas defen­de­mos no son otro que el inte­rés de las muje­res por su libe­ra­ción como inte­rés gene­ral: muje­res libres en una Eus­kal Herria libre.

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