El Mar­xis­mo y la insu­rrec­ción- V. I. Lenin

Entre las más malig­nas y tal vez más difun­di­das ter­gi­ver­sa­cio­nes del mar­xis­mo por los par­ti­dos «socia­lis­tas» domi­nan­tes, se encuen­tra la men­ti­ra opor­tu­nis­ta de que la pre­pa­ra­ción de la insu­rrec­ción, y en gene­ral, con­si­de­rar la insu­rrec­ción como un arte, es «blan­quis­mo».

Berns­tein, diri­gen­te del opor­tu­nis­mo, se ganó ya una tris­te cele­bri­dad acu­san­do al mar­xis­mo de blan­quis­mo, y, en reali­dad, con su gri­te­río acer­ca del blan­quis­mo, los opor­tu­nis­tas de hoy no renue­van ni «enri­que­cen» en lo más míni­mo las pobres «ideas» de Berns­tein.

¡Acu­sar a los mar­xis­tas de blan­quis­mo, por­que con­ci­ben la insu­rrec­ción como un arte! ¿Es posi­ble una más fla­gran­te dis­tor­sión de la ver­dad, cuan­do nin­gún mar­xis­ta nie­ga que fue el pro­pio Marx quien se pro­nun­ció del modo más con­cre­to, más cla­ro y más irre­fu­ta­ble acer­ca de este pro­ble­ma dicien­do pre­ci­sa­men­te que la insu­rrec­ción es un arte, que hay que tra­tar­la como tal arte, que es nece­sa­rio con­quis­tar un pri­mer triun­fo y seguir lue­go avan­zan­do de triun­fo en triun­fo, sin inte­rrum­pir la ofen­si­va con­tra el enemi­go, apro­ve­chán­do­se de su con­fu­sión, etc., etc.?

Para poder triun­far, la insu­rrec­ción debe apo­yar­se no en una con­ju­ra­ción, no en un par­ti­do, sino en la cla­se más avan­za­da. Esto en pri­mer lugar. La insu­rrec­ción debe apo­yar­se en el auge revo­lu­cio­na­rio del pue­blo. Esto en segun­do lugar. La insu­rrec­ción debe apo­yar­se en aquel momen­to de vira­je en la his­to­ria de la revo­lu­ción ascen­sio­nal en que la acti­vi­dad de la van­guar­dia del pue­blo sea mayor, en que mayo­res sean las vaci­la­cio­nes en las filas de los enemi­gos y en las filas de los ami­gos débi­les, a medias, inde­ci­sos, de la revo­lu­ción. Esto en ter­cer lugar. Estas tres con­di­cio­nes, pre­vias al plan­tea­mien­to del pro­ble­ma de la insu­rrec­ción, son las que pre­ci­sa­men­te dife­ren­cian el mar­xis­mo del blan­quis­mo.

Pero, si se dan estas con­di­cio­nes, negar­se a tra­tar la insu­rrec­ción como un arte equi­va­le a trai­cio­nar el mar­xis­mo y a trai­cio­nar la revo­lu­ción.

Para demos­trar que el momen­to actual es pre­ci­sa­men­te el momen­to en que el Par­ti­do está obli­ga­do a reco­no­cer que la insu­rrec­ción ha sido pues­ta al orden del día por la mar­cha obje­ti­va de los acon­te­ci­mien­tos y que la insu­rrec­ción debe ser con­si­de­ra­da como un arte, para demos­trar­lo, aca­so sea lo mejor emplear el méto­do com­pa­ra­ti­vo y tra­zar un para­le­lo entre las jor­na­das del 3 y 4 de julio2 y las de sep­tiem­bre.

El 3 y 4 de julio se podía, sin fal­tar a la ver­dad, plan­tear el pro­ble­ma así: lo jus­to era tomar el Poder, pues, de no hacer­lo, los enemi­gos nos acu­sa­rán igual­men­te de insu­rrec­tos y nos tra­ta­rán como a tales. Pero de aquí no se podía hacer la con­clu­sión de que hubie­ra sido con­ve­nien­te tomar el Poder en aquel enton­ces, pues a la sazón no exis­tían las con­di­cio­nes obje­ti­vas nece­sa­rias para que la insu­rrec­ción pudie­ra triun­far.

1) No tenía­mos toda­vía con noso­tros a la cla­se que es la van­guar­dia de la revo­lu­ción.

No con­tá­ba­mos toda­vía con la mayo­ría de los obre­ros y sol­da­dos de las capi­ta­les. Hoy tene­mos ya la mayo­ría en ambos Soviets3. Es fru­to, sólo de la his­to­ria de julio y agos­to, de la expe­rien­cia de las «repre­sa­lias» con­tra los bol­che­vi­ques y de la expe­rien­cia de la kor­ni­lo­va­da.

2) No exis­tía enton­ces un ascen­so revo­lu­cio­na­rio de todo el pue­blo. Hoy exis­te, des­pués de la kor­ni­lo­va­da. Así lo demues­tra el esta­do de las pro­vin­cias y la toma del Poder por los Soviets en muchos luga­res.

3) Enton­ces, las vaci­la­cio­nes no habían cobra­do toda­vía pro­por­cio­nes de serio alcan­ce polí­ti­co gene­ral en las filas de nues­tros enemi­gos y en las de la peque­ña bur­gue­sía inde­ci­sa. Hoy, esas vaci­la­cio­nes son gigan­tes­cas: nues­tro prin­ci­pal enemi­go, el impe­ria­lis­mo de la Enten­te y el impe­ria­lis­mo mun­dial (ya que los «alia­dos» se encuen­tran a la cabe­za de éste) empie­za a vaci­lar entre la gue­rra has­ta el triun­fo final y una paz sepa­ra­da diri­gi­da con­tra Rusia. Y nues­tros demó­cra­tas peque­ño­bur­gue­ses, que ya han per­di­do, evi­den­te­men­te, la mayo­ría en el pue­blo, vaci­lan tam­bién de un modo extra­or­di­na­rio, habien­do renun­cia­do al blo­que, es decir, a la coa­li­ción con los kade­tes.

4) Por eso, en los días 3 y 4 de julio, la insu­rrec­ción habría sido un error: no habría­mos podi­do man­te­ner­nos en el Poder ni físi­ca ni polí­ti­ca­men­te. No habría­mos podi­do man­te­ner­nos físi­ca­men­te, pues aun­que por momen­tos tenía­mos a Peters­bur­go en nues­tras manos, nues­tros obre­ros y sol­da­dos no esta­ban dis­pues­tos enton­ces a batir­se y a morir por Peters­bur­go: les fal­ta­ba toda­vía el «ensa­ña­mien­to», el odio hir­vien­te tan­to con­tra los Kerens­ki, como con­tra los Tse­re­te­li y los Cher­nov. Nues­tros hom­bres no esta­ban toda­vía tem­pla­dos por las per­se­cu­cio­nes con­tra los bol­che­vi­ques, en que par­ti­ci­pa­ron los ese­ris­tas y men­che­vi­ques.

Polí­ti­ca­men­te, los días 3 y 4 de julio no habría­mos podi­do sos­te­ner­nos en el Poder, pues, antes de la kor­ní­lo­va­da, el ejér­ci­to y las pro­vin­cias podían mar­char y habrían mar­cha­do sobre Peters­bur­go.

Hoy, el pano­ra­ma es com­ple­ta­men­te dis­tin­to.

Hoy, tene­mos con noso­tros a la mayo­ría de la cla­se que es la van­guar­dia de la revo­lu­ción, la van­guar­dia del pue­blo, la cla­se capaz de arras­trar detrás de sí a las masas.

Tene­mos con noso­tros a la mayo­ría del pue­blo, pues la dimi­sión de Cher­nov no es, ni mucho menos, el úni­co indi­cio, pero sí el más cla­ro y el más pal­pa­ble, de que los cam­pe­si­nos no obten­drán la tie­rra del blo­que de los ese­ris­tas (ni de los pro­pios ese­ris­tas), y éste es el quid del carác­ter popu­lar de la revo­lu­ción.

Esta­mos en la situa­ción ven­ta­jo­sa de un par­ti­do que sabe fir­me­men­te cuál es su camino en medio de las más inau­di­tas vaci­la­cio­nes, tan­to de todo el impe­ria­lis­mo como de todo el blo­que de los men­che­vi­ques y ese­ris­tas.

Nues­tro triun­fo es segu­ro, pues el pue­blo está ya al bor­de de la deses­pe­ra­ción y noso­tros seña­la­mos al pue­blo ente­ro la ver­da­de­ra sali­da: le hemos demos­tra­do, «en los días de la kor­ni­lo­va­da», el valor de nues­tra direc­ción y, des­pués, hemos pro­pues­to una tran­sac­ción a los blo­quis­tas, tran­sac­ción que éstos han recha­za­do sin que por ello hayan ter­mi­na­do sus vaci­la­cio­nes.

Sería el más gran­de de los erro­res creer que la tran­sac­ción pro­pues­ta por noso­tros, no ha sido recha­za­da toda­vía, que la Con­fe­ren­cia Demo­crá­ti­ca4 pue­de acep­tar­la toda­vía. La tran­sac­ción era una ofer­ta hecha de par­ti­do a par­ti­dos. No podía hacer­se de otro modo. Los par­ti­dos la recha­za­ron. La Con­fe­ren­cia Demo­crá­ti­ca es sólo una con­fe­ren­cia, y nada más. No hay que olvi­dar una cosa: la mayo­ría del pue­blo revo­lu­cio­na­rio, los cam­pe­si­nos pobres, irri­ta­dos, no tie­nen repre­sen­ta­ción en ella. Trá­ta­se de una con­fe­ren­cia de la mino­ría del pue­blo ; no se debe olvi­dar esta ver­dad evi­den­te. Sería el más gran­de de los erro­res, el mayor de los cre­ti­nis­mos par­la­men­ta­rios, que noso­tros con­si­de­rá­se­mos la Con­fe­ren­cia Demo­crá­ti­ca como un par­la­men­to, pues aun supo­nien­do que se hubie­se pro­cla­ma­do par­la­men­to per­ma­nen­te y sobe­rano de la revo­lu­ción, igual­men­te no resol­ve­ría nada: la solu­ción está fue­ra de ella, está en los barrios obre­ros de Peters­bur­go y de Mos­cú.

Con­ta­mos con todas las pre­mi­sas obje­ti­vas para una insu­rrec­ción triun­fan­te. Con­ta­mos con las excep­cio­na­les ven­ta­jas de una situa­ción en que sólo nues­tro triun­fo en la insu­rrec­ción pon­drá fin a unas vaci­la­cio­nes que ago­tan al pue­blo y que son la cosa más peno­sa del mun­do; en que sólo nues­tro triun­fo en la insu­rrec­ción dará inme­dia­ta­men­te la tie­rra a los cam­pe­si­nos; en que sólo nues­tro triun­fo en la insu­rrec­ción hará fra­ca­sar todas esas manio­bras de paz por sepa­ra­do, diri­gi­das con­tra la revo­lu­ción, y las hará fra­ca­sar median­te la ofer­ta fran­ca de una paz más com­ple­ta, más jus­ta y más pró­xi­ma, una paz en bene­fi­cio de la revo­lu­ción.

Por últi­mo, nues­tro Par­ti­do es el úni­co que, si triun­fa en la insu­rrec­ción, pue­de sal­var a Peters­bur­go, pues si nues­tra ofer­ta de paz es recha­za­da y no se nos con­ce­de ni siquie­ra un armis­ti­cio, nos con­ver­ti­re­mos en «defen­sis­tas», nos pon­dre­mos a la cabe­za de los par­ti­dos de gue­rra, nos con­ver­ti­re­mos en el par­ti­do «de gue­rra » más encar­ni­za­do de todos los par­ti­dos y libra­re­mos una gue­rra ver­da­de­ra­men­te revo­lu­cio­na­ria. Des­po­ja­re­mos a los capi­ta­lis­tas de todo el pan y de todas las botas. No les deja­re­mos más que miga­jas y los cal­za­re­mos con alpar­ga­tas. Y envia­re­mos al fren­te todo el pan y todo el cal­za­do.

Y, así, sal­va­re­mos a Peters­bur­go.

En Rusia, son toda­vía inmen­sa­men­te gran­des los recur­sos tan­to mate­ria­les como mora­les con que con­ta­ría una gue­rra ver­da­de­ra­men­te revo­lu­cio­na­ria: hay un 99 por 100 de pro­ba­bi­li­da­des de que los ale­ma­nes nos con­ce­de­rán, por lo menos, un armis­ti­cio. Y, en las con­di­cio­nes actua­les, obte­ner un armis­ti­cio equi­va­le ya a triun­far sobre el mun­do ente­ro.

* * *

Lue­go de haber reco­no­ci­do la abso­lu­ta nece­si­dad de la insu­rrec­ción de los obre­ros de Peters­bur­go y de Mos­cú para sal­var la revo­lu­ción y para sal­var a Rusia de un repar­to «sepa­ra­do» por los impe­ria­lis­tas de ambas coa­li­cio­nes, debe­mos: pri­me­ro, adap­tar nues­tra tác­ti­ca polí­ti­ca en la Con­fe­ren­cia Demo­crá­ti­ca a las con­di­cio­nes de la insu­rrec­ción cre­cien­te; segun­do, debe­mos demos­trar que no sólo de pala­bra acep­ta­mos la idea de Marx de que es nece­sa­rio con­si­de­rar la insu­rrec­ción como un arte.

Inme­dia­ta­men­te debe­mos unir en la Con­fe­ren­cia Demo­crá­ti­ca la mino­ría bol­che­vi­que, sin preo­cu­par­nos del núme­ro ni dejar­nos lle­var del temor de que los vaci­lan­tes con­ti­núen en el cam­po de los vaci­lan­tes; allí, son más úti­les a la cau­sa de la revo­lu­ción que en el cam­po de los lucha­do­res fir­mes y deci­di­dos.

Debe­mos redac­tar una bre­ve decla­ra­ción de los bol­che­vi­ques, sub­ra­yan­do con ener­gía la inopor­tu­ni­dad de los lar­gos dis­cur­sos y la inopor­tu­ni­dad de los «dis­cur­sos» en gene­ral, la nece­si­dad de pro­ce­der a una acción imne­dia­ta para sal­var a la revo­lu­ción, la abso­lu­ta nece­si­dad de rom­per total­men­te con la bur­gue­sía, de des­ti­tuir ínte­gra­men­te al actual gobierno, de rom­per de una mane­ra abso­lu­ta con los impe­ria­lis­tas anglo-fran­ce­ses, que están pre­pa­ran­do el repar­to «sepa­ra­do» de Rusia, la nece­si­dad del paso inme­dia­to de todo el Poder a manos de la demo­cra­cia revo­lu­cio­na­ria, con el pro­le­ta­ria­do revo­lu­cio­na­rio a la cabe­za.

Nues­tra decla­ra­ción debe­rá for­mu­lar esta con­clu­sión en la for­ma más bre­ve y tajan­te y de acuer­do con los pro­yec­tos pro­gra­má­ti­cos: paz a los pue­blos, tie­rra a los cam­pe­si­nos, con­fis­ca­ción de las ganan­cias escan­da­lo­sas, poner fin al escan­da­lo­so sabo­ta­je de la pro­duc­ción por los capi­ta­lis­tas.

Cuan­to más bre­ve y tajan­te sea la decla­ra­ción, mejor. En ella deben seña­lar­se cla­ra­men­te dos pun­tos de extra­or­di­na­ria impor­tan­cia: el pue­blo está ago­ta­do por tan­tas vaci­la­cio­nes, que está har­to de la inde­ci­sión de los ese­ris­tas y men­che­vi­ques; y que noso­tros rom­pe­mos defi­ni­ti­va­men­te con esos par­ti­dos por­que han trai­cio­na­do a la revo­lu­ción.

Una cosa más: la ofer­ta inme­dia­ta de una paz sin ane­xio­nes, la inme­dia­ta rup­tu­ra con los impe­ria­lis­tas alia­dos, con todos los impe­ria­lis­tas, o bien obten­dre­mos en segui­da un armis­ti­cio, o bien el paso de todo el pro­le­ta­ria­do revo­lu­cio­na­rio a la posi­ción de la defen­sa, y toda la demo­cra­cia revo­lu­cio­na­ria, diri­gi­da por él, dará comien­zo a una gue­rra ver­da­de­ra­men­te jus­ta, ver­da­de­ra­men­te revo­lu­cio­na­ria.

Des­pués de dar lec­tu­ra a esta decla­ra­ción y de recla­mar reso­lu­cio­nes y no pala­bras, accio­nes y no reso­lu­cio­nes escri­tas, debe­mos lan­zar todo nues­tro gru­po a las fábri­cas y a los cuar­te­les: allí está su lugar, allí está el pul­so de la vida, allí está la fuen­te de sal­va­ción de nues­tra revo­lu­ción y allí está el motor de la Con­fe­ren­cia Demo­crá­ti­ca.

Allí debe­mos expo­ner, en dis­cur­sos fogo­sos y apa­sio­na­dos, nues­tro pro­gra­ma y plan­tear el pro­ble­ma así: o la acep­ta­ción ínte­gra del pro­gra­ma por la Con­fe­ren­cia, o la insu­rrec­ción. No hay tér­mino medio. No es posi­ble espe­rar. La revo­lu­ción se hun­de.

Si plan­tea­mos el pro­ble­ma de ese modo y con­cen­tra­mos todo nues­tro gru­po en las fábri­cas y los cuar­te­les, esta­re­mos en con­di­cio­nes de deter­mi­nar el momen­to jus­to para ini­ciar la insu­rrec­cion.

Y para enfo­car la insu­rrec­ción al esti­lo mar­xis­ta, es decir, como un arte, debe­mos, al mis­mo tiem­po, sin per­der un minu­to, orga­ni­zar un Esta­do Mayor de los des­ta­ca­men­tos de la insu­rrec­ción, dis­tri­buir las fuer­zas, enviar los regi­mien­tos de con­fian­za con­tra los pun­tos más impor­tan­tes, cer­car el Tea­tro de Ale­jan­dro y ocu­par la For­ta­le­za de Pedro y Pablo, arres­tar el Esta­do Mayor y al gobierno, enviar con­tra los cade­tes mili­ta­res y con­tra la «divi­sión sal­va­je», aque­llas tro­pas dis­pues­tas a morir antes de dejar que el enemi­go se abra paso hacia los cen­tros de la ciu­dad; debe­mos movi­li­zar a los obre­ros arma­dos, hacién­do­les un lla­ma­mien­to para que se lan­cen a una deses­pe­ra­da lucha final; ocu­par inme­dia­ta­men­te el telé­gra­fo y la tele­fó­ni­ca, ins­ta­lar nues­tro Esta­do Mayor de la insu­rrec­ción en la cen­tral tele­fó­ni­ca y conec­tar­lo por telé­fono con todas las fábri­cas, todos los regi­mien­tos y todos los pun­tos de la lucha arma­da, etc.

Todo esto, natu­ral­men­te, a títu­lo de ilus­tra­ción, como ejem­plo de que en el momen­to actual no se pue­de ser fiel al mar­xis­mo, a la revo­lu­ción, sin con­si­de­rar la insu­rrec­ción como un arte.


NOTAS

1. «EI mar­xis­mo y la insu­rrec­ción»: car­ta que escri­bió Lenin al CC del Par­ti­do para pre­pa­rar la insu­rrec­ción arma­da por el Poder. El 15 (28) de sep­tiem­bre de 1917, el CC del Par­ti­do dis­cu­tió esta car­ta y la otra titu­la­da Los bol­che­vi­ques deben tomar el Poder. (Obras Com­ple­tas, t. XXVI.) Káme­nev, adver­sa­rio de la orien­ta­ción del Par­ti­do de la revo­lu­ción socia­lis­ta, pro­pu­so su pro­yec­to de reso­lu­ción en con­tra de las direc­ti­vas de Lenin sobre la insu­rrec­ción arma­da expues­tas en estas his­tó­ri­cas car­tas. J. Sta­lin dio res­pues­ta al ata­que trai­dor de Káme­nev y el CC recha­zó el pro­yec­to de Káme­nev. Las car­tas de Lenin fue­ron envia­das por el CC a las más gran­des orga­ni­za­cio­nes del Par­ti­do bol­che­vi­que según la pro­po­si­ción de Sta­lin.
2. Lenin se refie­re a la mani­fes­ta­ción del 3 – 4 (16−17) de julio de 1917 en Petro­gra­do. El 3 (16) de julio comen­za­ron mani­fes­ta­cio­nes espon­tá­neas con­tra el gobierno pro­vi­sio­nal en el barrio Viborg. El pri­me­ro en salir a la calle fue el 1.er regi­mien­to de ame­tra­lla­do­ras. A él se unie­ron otras uni­da­des y los obre­ros de fábri­cas y talle­res. La mani­fes­ta­ción ame­na­za­ba trans­for­mar­se en una acción arma­da con­tra el gobierno pro­vi­sio­nal.
El Par­ti­do bol­che­vi­que esta­ba en ese momen­to en con­tra de una acción arma­da, por con­si­de­rar que la cri­sis revo­lu­cio­na­ria no había madu­ra­do aún y que el ejer­ci­to y el inte­rior del país no esta­ban pre­pa­ra­dos toda­via para apo­yar el levan­ta­mien­to en la capi­tal. El CC, reu­ni­do el 3 (16) de julio a las 4 de la tar­de jun­to con el Comi­té de Petro­gra­do y la Orga­ni­za­ción Mili­tar del POSDR (b) resol­vió abs­te­ner­se de mani­fes­tar. Idén­ti­ca reso­lu­ción adop­tó la II con­fe­ren­cia de bol­che­vi­ques de la ciu­dad de Petro­gra­do que se rea­li­za­ba al mis­mo tiem­po. Los dele­ga­dos de la con­fe­ren­cia se enca­mi­na­ron a los talle­res y dis­tri­tos para disua­dir a las masas de la mani­fes­ta­ción, pero ésta ya había comen­za­do y resul­tó impo­si­ble dete­ner­la.
Tenien­do en cuen­ta el esta­do de áni­mo de las masas, el CC jun­to con el Comi­té de Petro­gra­do y la Orga­ni­za­ción Mili­tar, muy avan­za­da la noche del 3 (16) de julio, adop­tó la reso­lu­ción de par­ti­ci­par en la mani­fes­ta­ción para con­fe­rir­le un carác­ter pací­fi­co y orga­ni­za­do. Lenin no se encon­tra­ba en aquel enton­ces en Petro­gra­do. Des­pués de haber sido infor­ma­do de los acon­te­ci­mien­tos lle­gó a Petro­gra­do en la maña­na del 4 (17) de julio. Más de 500.000 per­so­nas toma­ron par­te en la mani­fes­ta­ción del dia 4, rea­li­za­da bajo la con­sig­na de los bol­che­vi­ques «¡Todo el Poder a los soviets!»
Con el con­sen­ti­mien­to del Comi­té Eje­cu­ti­vo Cen­tral en manos de los men­che­vi­ques y socia­lis­tas revo­lu­cio­na­rios fue­ron lan­za­dos, con­tra los obre­ros y sol­da­dos que mani­fes­ta­ban pací­fi­ca­men­te, des­ta­ca­men­tos de jun­kers y ofi­cia­les que abrie­ron fue­go sobre los mani­fes­tan­tes. Habían sido lla­ma­das tro­pas con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rias del fren­te para sofo­car el movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio.
En la noche del 4 (17) de julio el CC de los bol­che­vi­ques tomó la reso­lu­ción de sus­pen­der las mani­fes­ta­cio­nes. Ya avan­za­da la noche Lenin lle­gó a la Redac­ción de Prav­da para revi­sar los mate­ria­les del núme­ro a publi­car­se, y media hora des­pués de su par­ti­da la redac­ción fue asal­ta­da por un des­ta­ca­men­to de jun­kers y cosa­cos.
Los men­che­vi­ques y los socia­lis­tas revo­lu­cio­na­rios resul­ta­ron, de hecho, cóm­pli­ces de la matan­za. Una vez repri­mi­da la mani­fes­ta­ción, ellos se lan­za­ron, de con­cier­to con la bur­gue­sía, con­tra el Par­ti­do bol­che­vi­que. Los perió­di­cos bol­che­vi­ques Prav­da, Sol­dáts­kaia Prav­da y otros, fue­ron clau­su­ra­dos por el gobierno pro­vi­sio­nal. Empe­za­ron las deten­cio­nes en masa, alla­na­mien­tos y pogroms. Las tro­pas revo­lu­cio­na­rias de la guar­ni­ción de Petro­gra­do fue­ron reti­ra­das de la capi­tal y envia­das al fren­te.
Des­pués de las jor­na­das de julio el Poder en el país pasó por com­ple­to a manos del gobierno pro­vi­sio­nal con­tra­rre­vo­lu­cio­na­rio, en el cual los soviets no fue­ron más que un apén­di­ce impo­ten­te. Ter­mi­nó la dua­li­dad del Poder. Tocó a su fin el perío­do pací­fi­co de la revo­lu­ción. Ante los bol­che­vi­ques se plan­teó la tarea de pre­pa­rar la insu­rrec­ción arma­da para derro­car al gobierno pro­vi­sio­nal.
3. Se alu­de a la trans­for­ma­ción de los soviets en manos bol­che­vi­ques: de Petro­gra­do – 31 de agos­to (13 de sep­tiem­bre) y de Mos­cú – 5 (18) de sep­tiem­bre de 1917.
4. La Con­fe­ren­cia Demo­crá­ti­ca de toda Rusia: con­vo­ca­da por los men­che­vi­ques y ese­ris­tas para debi­li­tar el cre­cien­te movi­mien­to revo­lu­cio­na­rio en el país, trans­cu­rrió del 14 al 22 de sep­tiem­bre (27 de sep­tiem­bre a 5 de octu­bre) de 1917 en Petro­gra­do. Asis­tie­ron a ella los repre­sen­tan­tes de los dife­ren­tes par­ti­dos peque­ño­bur­gue­ses, de los soviets con­ci­lia­do­res, sin­di­ca­tos, zemst­vo, círcu­los comer­cia­les e indus­tria­les y de uni­da­des mili­ta­res.
La Con­fe­ren­cia Demo­crá­ti­ca tomó la reso­lu­ción de for­mar el Ante­par­la­men­to (Con­se­jo Pro­vi­sio­nal de la Repú­bli­ca). Uti­li­zan­do éste, los men­che­vi­ques y ese­ris­tas tra­ta­ban de des­viar el país del camino revo­lu­cio­na­rio de los soviets para seguir el bur­gués y cons­ti­tu­cio­nal. El CC del Par­ti­do bol­che­vi­que insis­tió cate­gó­ri­ca­men­te en el boi­cot al Ante­par­la­men­to. Uni­ca­men­te los capi­tu­la­cio­nis­tas Káme­nev y Zino­viev exi­gían que el pro­le­ta­ria­do recha­za­ra su acti­vi­dad pre­pa­ra­to­ria para la insu­rrec­ción arma­da y per­ma­ne­cie­ra en el Ante­par­la­men­to. Los bol­che­vi­ques des­en­mas­ca­ra­ron las accio­nes trai­do­ras del Ante­par­la­men­to lla­man­do a las masas a pre­pa­rar la insu­rrec­ción arma­da. Para una apre­cia­ción sobre el Ante­par­la­men­to véa­se los artícu­los de Lenin «Los héroes del frau­de y los erro­res de los bol­che­vi­ques» y «Del dia­rio de un publi­cis­ta». (Obras Com­ple­tas, t. XXVI.)

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