El poder del sis­te­ma finan­cie­ro sobre los esta­dos- José Anto­nio Esté­ve

En Espa­ña, como en Gre­cia o Ita­lia, se están adop­tan­do una serie de duros recor­tes pre­su­pues­ta­rios. Estos afec­tan, sobre todo, a los ser­vi­cios socia­les, como la edu­ca­ción o la sani­dad. Dichos recor­tes son pre­sen­ta­dos como medi­das nece­sa­rias para salir de la cri­sis. Pero, en reali­dad, estas medi­das tie­nen otros obje­ti­vos.

En pri­mer lugar, las enti­da­des finan­cie­ras no están dis­pues­tas a asu­mir los cos­tes de una cri­sis pro­vo­ca­da por sus prác­ti­cas espe­cu­la­ti­vas. Quie­ren hacer­los recaer sobre los tra­ba­ja­do­res, los pen­sio­nis­tas, los estu­dian­tes, los para­dos y los enfer­mos. En segun­do lugar, se pre­ten­de des­man­te­lar lo que que­da del esta­do social. Apli­can­do las doc­tri­nas expues­tas por Hayek en los años sesen­ta, el esta­do debe limi­tar­se a la bene­fi­cen­cia. Su inter­ven­ción no debe tener efec­tos redis­tri­bu­ti­vos de la ren­ta. La sani­dad públi­ca debe ser una sani­dad para los pobres que no pue­dan cos­tear­se la aten­ción médi­ca. De esa for­ma, la socie­dad se frag­men­ta en “gana­do­res” y “per­de­do­res”. Entre quie­nes pue­den per­mi­tir­se pagar una sani­dad pri­va­da de cali­dad y los que tie­nen que acu­dir a hos­pi­ta­les públi­cos en bus­ca de cari­dad. Tenien­do como refe­ren­te este con­tex­to, aquí se ana­li­za el poder del sis­te­ma finan­cie­ro sobre los esta­dos.
La regu­la­ción falli­da

A fina­les de 2008 todo el mun­do pare­cía de acuer­do en la nece­si­dad de regu­lar y redi­men­sio­nar el sis­te­ma finan­cie­ro. Pare­cía el fin del neo­li­be­ra­lis­mo y sus dog­mas. Se anun­cia­ba una nue­va era de eco-key­ne­sia­nis­mo. Pero un año des­pués la situa­ción era del todo dife­ren­te. El sis­te­ma finan­cie­ro había con­se­gui­do para­li­zar las refor­mas dise­ña­das por los sis­te­mas polí­ti­cos. Esto ocu­rrió en todas par­tes y a todos los nive­les. Pasó en Esta­dos Uni­dos, en Gran Bre­ta­ña, en la UE y a nivel glo­bal.

Este hecho plan­tea un pro­ble­ma muy gra­ve a cual­quier pre­ten­sión de demo­cra­ti­zar el sis­te­ma finan­cie­ro. Para some­ter a con­trol demo­crá­ti­co el sis­te­ma finan­cie­ro es nece­sa­rio, pri­me­ro, demo­cra­ti­zar el sis­te­ma polí­ti­co. El sis­te­ma finan­cie­ro con­di­cio­na fuer­te­men­te las deci­sio­nes del sis­te­ma polí­ti­co. Pre­sio­na des­de fue­ra y se infil­tra den­tro de él. Hay que aca­bar con esa situa­ción para poder plan­tear seria­men­te cual­quier pro­pues­ta de regu­la­ción finan­cie­ra. Para ello es nece­sa­rio iden­ti­fi­car las fuen­tes de poder polí­ti­co del sis­te­ma finan­cie­ro.

El poder del sis­te­ma finan­cie­ro sobre y den­tro de los esta­dos

La pri­me­ra fuen­te de poder polí­ti­co del sis­te­ma finan­cie­ro deri­va de que actual­men­te los esta­dos tie­nen que finan­ciar­se acu­dien­do a los mer­ca­dos finan­cie­ros. Los esta­dos habían obte­ni­do tra­di­cio­nal­men­te fon­dos a tra­vés de los Ban­cos Cen­tra­les. El neo­li­be­ra­lis­mo tuvo como uno de sus obje­ti­vos aca­bar con esa situa­ción. En la Unión Euro­pea lo con­si­guió ple­na­men­te. El Ban­co Cen­tral Euro­peo no pue­de sus­cri­bir deu­da públi­ca direc­ta­men­te. No está auto­ri­za­do a pres­tar dine­ro a los esta­dos. Pero sí pue­de pres­tar dine­ro a los ban­cos. Tras la cri­sis finan­cie­ra el BCE pres­tó cien­tos de miles de millo­nes de euros a los ban­cos a un inte­rés muy bajo. Estos prés­ta­mos han de sumar­se a las enor­mes cifras des­ti­na­das a su res­ca­te. Hoy en día los ban­cos uti­li­zan el dine­ro a bajo inte­rés obte­ni­do del BCE para pres­tár­se­lo a un inte­rés exor­bi­tan­te a los esta­dos euro­peos. Es una situa­ción absur­da e indig­nan­te.

La nece­si­dad de finan­cia­ción de los esta­dos es con­se­cuen­cia de sus défi­cits pre­su­pues­ta­rios. Los défi­cits actua­les (al menos en Euro­pa) no son pro­duc­to de un aumen­to del gas­to públi­co. Esos défi­cits son con­se­cuen­cia de la dis­mi­nu­ción de la recau­da­ción debi­da a la reduc­ción de impues­tos a las empre­sas y a los ciu­da­da­nos más ricos. La cri­sis finan­cie­ra agra­vó los défi­cits. Los esta­dos acu­die­ron al “res­ca­te” de los ban­cos pro­por­cio­nán­do­les billo­nes de dóla­res y euros. Las medi­das ini­cia­les para com­ba­tir la cri­sis tam­bién supu­sie­ron un aumen­to del gas­to públi­co. La ralen­ti­za­ción de la eco­no­mía dis­mi­nu­yó aún más la recau­da­ción impo­si­ti­va. La deu­da de los esta­dos se hizo mayor. Con ello aumen­tó tam­bién su depen­den­cia de los mer­ca­dos y enti­da­des finan­cie­ras.

Otra fuen­te de poder polí­ti­co del sis­te­ma finan­cie­ro es la ame­na­za de crear “páni­co” o “ines­ta­bi­li­dad” en los mer­ca­dos. Ese es uno de los chan­ta­jes uti­li­za­dos más fre­cuen­te­men­te por las enti­da­des finan­cie­ras para con­di­cio­nar las deci­sio­nes de las ins­ti­tu­cio­nes polí­ti­cas. Un con­jun­to de enti­da­des finan­cie­ras pode­ro­sas pue­den reti­rar rápi­da­men­te gran can­ti­dad de capi­tal inver­ti­do en un país. Eso tie­ne con­se­cuen­cias catas­tró­fi­cas: baja la bol­sa, la coti­za­ción de la mone­da cae, las agen­cias degra­dan la cali­fi­ca­ción de la deu­da… Se ini­cia así una espi­ral des­cen­den­te muy difí­cil de com­ba­tir. La posi­bi­li­dad de rea­li­zar este tipo de chan­ta­je deri­va de la liber­tad de cir­cu­la­ción de capi­ta­les a tra­vés de las fron­te­ras.

Ade­más de esas for­mas de pre­sión sobre los esta­dos, los ban­cos dis­po­nen de poder polí­ti­co den­tro de los mis­mos. Sti­glitz mues­tra en su libro sobre la cri­sis el gra­do de infil­tra­ción del sis­te­ma finan­cie­ro en el seno de las ins­ti­tu­cio­nes esta­ta­les. Los gran­des ban­cos con­tro­lan a los polí­ti­cos esta­dou­ni­den­ses, finan­cian­do sus cam­pa­ñas. Las «puer­tas gira­to­rias» entre el mun­do de las finan­zas y el mun­do de la admi­nis­tra­ción públi­ca giran a gran velo­ci­dad. Los regu­la­dos de hoy serán los clien­tes de maña­na o lo fue­ron ayer. La nece­sa­ria dis­tan­cia de la admi­nis­tra­ción res­pec­to de los intere­ses pri­va­dos no exis­te en el caso de la (poca) regu­la­ción finan­cie­ra nor­te­ame­ri­ca­na. Así, por ejem­plo, Paul­son con­ce­dió una ayu­da de 89.000 millo­nes de dóla­res a A.I.G. El mayor bene­fi­cia­rio de esa ayu­da fue Gold­man Sachs, su anti­gua empre­sa [1].

La mane­ra de resol­ver la cri­sis en Esta­dos Uni­dos prue­ba la influen­cia polí­ti­ca del sec­tor finan­cie­ro. Se ha con­ce­di­do a las gran­des enti­da­des finan­cie­ras res­ca­tes millo­na­rios sin exi­gir­les nada a cam­bio. Los direc­ti­vos de las enti­da­des res­ca­ta­das han man­te­ni­do sus suel­dos astro­nó­mi­cos mien­tras muchas per­so­nas per­dían su casa, su empleo, o ambas cosas. La mane­ra de enfo­car la cri­sis no cam­bió con la lle­ga­da de Oba­ma al poder. El pre­si­den­te del cam­bio man­tu­vo al equi­po eco­nó­mi­co de Bush modi­fi­can­do lige­ra­men­te el orden de las sillas. Oba­ma dejó que­brar la Gene­ral Motors y res­ca­tó a los gran­des ban­cos. Algo ha cam­bia­do sus­tan­cial­men­te en Esta­dos Uni­dos. Antes se decía que «lo que es bueno para Gene­ral Motors es bueno para Esta­dos Uni­dos». Aho­ra resul­ta que es bueno para los Esta­dos Uni­dos lo que es bueno para Wall Street.

Lo mis­mo ha ocu­rri­do en Gran Bre­ta­ña. Según un infor­me alter­na­ti­vo ela­bo­ra­do por un gru­po de eco­no­mis­tas de la Uni­ver­si­dad de Man­ches­ter, la difi­cul­tad prin­ci­pal para refor­mar el sis­te­ma finan­cie­ro bri­tá­ni­co es el poder polí­ti­co de la City. Los ban­que­ros (o deter­mi­na­dos altos car­gos y accio­nis­tas de cier­tas ins­ti­tu­cio­nes finan­cie­ras) tie­nen a un núme­ro con­si­de­ra­ble de polí­ti­cos como rehe­nes. El gobierno encar­ga infor­mes sobre el sec­tor finan­cie­ro a exper­tos pro­ce­den­tes de ese mis­mo sec­tor. El poder polí­ti­co bri­tá­ni­co está, pues, pro­fun­da­men­te infil­tra­do por el sis­te­ma finan­cie­ro [2].

En Espa­ña, pri­va­ti­zar las cajas de aho­rro ha sido hacer pre­ci­sa­men­te lo con­tra­rio de lo que se debía. No se ha corre­gi­do su deri­va hacia la ban­ca­ri­za­ción. No se ha inten­ta­do recu­pe­rar su fun­ción social ni poten­ciar la ges­tión par­ti­ci­pa­ti­va de las mis­mas. Lo que se ha hecho es pre­sio­nar­las más que a las enti­da­des ban­ca­rias para que se “sanea­sen”. Ello ha con­du­ci­do a que las cajas crea­sen sus pro­pios ban­cos y les asig­na­sen sus mejo­res acti­vos. Lue­go, estos ban­cos se han pri­va­ti­za­do, ven­dien­do sus accio­nes a pre­cio de sal­do. Aho­ra su des­tino está en manos de fon­dos de inver­sión y de pen­sio­nes cuyos ges­to­res sólo están intere­sa­dos en el ren­di­mien­to eco­nó­mi­co [3]. Se ha per­di­do la opor­tu­ni­dad de crear una ban­ca públi­ca que garan­ti­za­se el cré­di­to como ser­vi­cio esen­cial.

La nece­si­dad de una movi­li­za­ción ciu­da­da­na

Los pro­ble­mas más impor­tan­tes de la actua­li­dad encuen­tran siem­pre un obs­tácu­lo para su solu­ción en el poder y la actua­ción de las enti­da­des finan­cie­ras. Éstas han cau­sa­do la cri­sis actual. Pero hacen sopor­tar sus cos­tes al con­jun­to de la socie­dad. Mien­tras, sus eje­cu­ti­vos se embol­san can­ti­da­des inmen­sas de dine­ro. No esta­mos hablan­do de bana­li­da­des: la remu­ne­ra­ción de los altos direc­ti­vos se «come» el 50% de los bene­fi­cios de la ban­ca indus­trial en Gran Bre­ta­ña.

La cri­sis, el paro, la reduc­ción de los gas­tos socia­les, la difi­cul­tad de adop­tar polí­ti­cas anti­cí­cli­cas, la impo­si­bi­li­dad de aco­me­ter en serio una trans­for­ma­ción eco­ló­gi­ca de la socie­dad, la impo­si­bi­li­dad de demo­cra­ti­zar el poder polí­ti­co… todo se topa con el mis­mo obs­tácu­lo: el poder del sis­te­ma finan­cie­ro; con su poder eco­nó­mi­co, su capa­ci­dad de pre­sión sobre las ins­ti­tu­cio­nes polí­ti­cas, su infil­tra­ción den­tro de esas mis­mas ins­ti­tu­cio­nes.

El sis­te­ma finan­cie­ro es en este momen­to el «enemi­go prin­ci­pal» como se decía en otros tiem­pos. Es nece­sa­ria una fuer­te movi­li­za­ción popu­lar para hacer­le pagar las con­se­cuen­cias de la cri­sis y des­po­jar­le de su poder polí­ti­co; para redi­men­sio­nar­lo y reorien­tar su acti­vi­dad en un sen­ti­do social y eco­ló­gi­co; para dar un pri­mer paso en la demo­cra­ti­za­ción de las ins­ti­tu­cio­nes polí­ti­cas. No pare­ce ser sufi­cien­te con una movi­li­za­ción popu­lar que pre­sio­ne al poder polí­ti­co. Éste es un rehén del poder finan­cie­ro o está con­cha­ba­do con él. Las movi­li­za­cio­nes de Bar­ce­lo­na con­tra la apro­ba­ción de los pre­su­pues­tos res­tric­ti­vos de la Gene­ra­li­tat lo pusie­ron de mani­fies­to.

Esta­mos meti­dos en un círcu­lo vicio­so. Hay que adop­tar una serie de medi­das para dis­mi­nuir el poder polí­ti­co del sis­te­ma finan­cie­ro. Esas medi­das deben ser toma­das por las ins­ti­tu­cio­nes polí­ti­cas. Las ins­ti­tu­cio­nes polí­ti­cas no pue­den adop­tar­las debi­do al poder polí­ti­co del sis­te­ma finan­cie­ro. Es nece­sa­rio, por tan­to, com­ba­tir ese poder. Pero…

Hay bas­tan­tes indi­cios de que el sis­te­ma repre­sen­ta­ti­vo tal como está aho­ra en Euro­pa no va a resis­tir la for­ma actual de ges­tio­nar la cri­sis. El auto­ri­ta­ris­mo tec­no­crá­ti­co que se ha implan­ta­do en Ita­lia o Gre­cia lo ponen de mani­fies­to. Per­so­na­jes pro­ce­den­tes del sec­tor finan­cie­ro e impues­tos por “la troi­ka” (FMI, UE y BCE), pre­si­den los gobier­nos de esos paí­ses e implan­tan medi­das de “ajus­te” aún más rigu­ro­sas que sus pre­de­ce­so­res. En el otro extre­mo está la “revo­lu­ción” demo­crá­ti­ca de Islan­dia: los ciu­da­da­nos hicie­ron caer a su gobierno, se nega­ron a pagar las deu­das de los ban­cos en un refe­rén­dum, y se pusie­ron a ela­bo­rar una nue­va cons­ti­tu­ción. Aho­ra son los úni­cos que están salien­do de la cri­sis, por­que han hecho lo con­tra­rio que el res­to de los paí­ses euro­peos en difi­cul­ta­des: aumen­tar el gas­to públi­co. ¿Serán el auto­ri­ta­ris­mo dis­fra­za­do de tec­no­cra­cia o la revo­lu­ción demo­crá­ti­ca des­de aba­jo las dos úni­cas alter­na­ti­vas a cor­to pla­zo para los esta­dos euro­peos peri­fé­ri­cos?

En Espa­ña se pon­drá pron­to a prue­ba la resis­ten­cia del sis­te­ma polí­ti­co exis­ten­te. Será más o menos a media­dos del 2012: en el momen­to en que se plan­tee la asun­ción de la deu­da pri­va­da de los ban­cos por par­te del esta­do. Cuan­do la pobla­ción se ente­re de que Espa­ña no tenía gra­ves pro­ble­mas de deu­da públi­ca, pero sí de deu­da pri­va­da. Cuan­do se dé cuen­ta de que el gobierno va hacer recaer sobre todos noso­tros las deu­das asu­mi­das por los ban­cos, como en Islan­dia. ¿Qué pasa­rá en ese momen­to? ¿Se for­ma­rá un gobierno de con­cen­tra­ción, como paso pre­vio a algu­na for­ma de auto­ri­ta­ris­mo tec­no­crá­ti­co? ¿O habrá una fuer­te movi­li­za­ción des­de aba­jo que trans­for­ma­rá radi­cal­men­te el sis­te­ma polí­ti­co y dará lugar a una sali­da de la cri­sis com­ple­ta­men­te dife­ren­te?

Notas:

[1] Sti­glitz, Joseph: Caí­da libre. El libre mer­ca­do y el hun­di­mien­to de la eco­no­mía mun­dial, Madrid, San­ti­lla­na, 2011, p. 114.

[2] V. «An Alter­na­ti­ve Report on UK Ban­king Reform», en: http://​www​.cresc​.ac​.uk/​p​u​b​l​i​c​a​t​i​o​n​s​/​a​n​-​a​l​t​e​r​n​a​t​i​v​e​-​r​e​p​o​r​t​-​o​n​-​u​k​-​b​a​n​k​i​n​g​-​r​e​f​orm, pp.11 – 17.

[3] V. RODRÍGUEZ FERNÁNDEZ, José Miguel: “Pri­va­ti­za­ción de las cajas de aho­rro espa­ño­las: vie­jo pro­pó­si­to, exce­len­te nego­cio y expo­lio social”, en PAPELES de rela­cio­nes eco­so­cia­les y cam­bio glo­bal, Nº 114, 2011, pp. 37 – 47.

José Anto­nio Esté­vez es Cate­drá­ti­co de Filo­so­fía del Dere­cho en la Uni­ver­si­dad de Bar­ce­lo­na, redac­tor de Mien­tras Tan­to y cola­bo­ra­dor de Alba Sud.

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