Comu­ni­ca­do de fin de año de las FARC-EP al pue­blo colom­biano

A con­ti­nua­ción trans­cri­bi­mos com­ple­to el comu­ni­ca­do de fin de año del Secre­ta­ria­do del EMC de las FARC-EP en el que entre otras cosas, infor­man los nom­bres de los seis pri­sio­ne­ros de gue­rra a libe­rar con­for­me al com­pro­mi­so adqui­ri­do con la sena­do­ra Pie­dad Cór­do­ba y con el gru­po de muje­res que tra­ba­jan por la paz de Colom­bia. Comu­ni­ca­do

Con moti­vo del año nue­vo las FARC-EP que­re­mos invi­tar al pue­blo colom­biano a un momen­to de refle­xión sobre el futu­ro de nues­tra patria. Qué pue­de impor­tar­nos más que la suer­te de nues­tros hijos y el bien­es­tar de las nue­vas gene­ra­cio­nes. En con­cien­cia, las cosas en el país no están como para fies­tas. Los reyes magos no vie­nen esta vez a salu­dar la bue­na ven­tu­ra car­ga­dos de teso­ros, sino que lle­gan ava­rien­tos a lle­var­se cuan­ta rique­za encuen­tran a su paso.

Y escol­ta­dos por gigan­tes­cos apa­ra­tos mili­ta­res de repre­sión y aplas­ta­mien­to. Defen­di­dos por una cas­ta polí­ti­ca anti­pa­trió­ti­ca, corrup­ta y entre­guis­ta que sólo pien­sa en su bol­si­llo. Lle­nos de sober­bia por­que cuen­tan a su favor con el pode­ro­so apa­ra­to mediá­ti­co de pro­pa­gan­da y publi­ci­dad que repre­sen­tan los mono­po­lios infor­ma­ti­vos con sus perio­dis­tas y arti­cu­lis­tas a suel­do.

El ala­ba­do repun­te de la eco­no­mía

Cuan­do la bur­gue­sía colom­bia­na cele­bra sus índi­ces recien­tes de cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co, con los que quie­re hacer creer que ríos de leche y miel corren cau­da­lo­sos por toda la nación, ocul­ta a los colom­bia­nos que las tone­la­das de car­bón, gas y petró­leo que empu­jan el pro­duc­to interno bru­to, repre­sen­tan el más gran­de saqueo que se haya rea­li­za­do jamás en este sue­lo. Pode­ro­sos com­pa­ñías trans­na­cio­na­les alia­das con la oli­gar­quía colom­bia­na son sus úni­cos bene­fi­cia­rios.

El cre­ci­mien­to de la inver­sión en el agro no sig­ni­fi­ca un repun­te para la eco­no­mía cam­pe­si­na ni un ali­vio para el cam­pe­si­na­do vio­len­ta­do, sino la amplia­ción de la agro­in­dus­tria de los bio­com­bus­ti­bles pro­pie­dad de gran­des mono­po­lios. Has­ta la tra­di­cio­nal cla­se gana­de­ra sufre el emba­te de los tra­ta­dos de libre comer­cio que ensom­bre­cen su por­ve­nir. Se habla de arran­car del fon­do de la tie­rra oro, pla­ta, pla­tino, col­tán y ura­nio, entre otros mine­ra­les, pero por par­te de gran­des cor­po­ra­cio­nes mul­ti­na­cio­na­les que exi­gen como requi­si­to pre­vio la ani­qui­la­ción de la media­na y peque­ña mine­ría arte­sa­nal repre­sen­ta­da por cen­te­na­res de miles de fami­lias humil­des.

El auge extra­or­di­na­rio en infra­es­truc­tu­ra y cons­truc­ción anun­cia­do por San­tos, no tie­ne otro obje­to que la crea­ción de las bases mate­ria­les para la ope­ra­ti­vi­dad de la expo­lición de nues­tros recur­sos y el for­ta­le­ci­mien­to de los pul­pos finan­cie­ros nacio­na­les y extran­je­ros. Mien­tras que más de la mitad de la pobla­ción colom­bia­na sobre­vi­ve gra­cias al rebus­que por la ausen­cia total de opor­tu­ni­da­des de empleo, está demos­tra­do his­tó­ri­ca­men­te que las eco­no­mías de encla­ve mine­ro no gene­ran bien­es­tar alguno. Los pues­tos de tra­ba­jo que se crean son pre­ca­rios y some­ti­dos a las más viles for­mas de explo­ta­ción, lo úni­co que nos deja­rán serán los soca­vo­nes.

La iniqui­dad social del régi­men

La escan­da­lo­sa ace­le­ra­ción de la injus­ti­cia social ha sido reco­no­ci­da for­mal­men­te con la asig­na­ción del ante­pe­núl­ti­mo lugar mun­dial en mate­ria de des­igual­dad social. Y se refle­ja en la mise­ria y la pobre­za que inva­den todos los espa­cios urba­nos y rura­les habi­ta­dos, en con­tras­te con las zonas exclu­si­vas de los barrios y hacien­das per­te­ne­cien­tes a las altas esfe­ras, o las áreas des­ti­na­das al cir­cui­to turís­ti­co, comer­cial o finan­cie­ro con las que se pre­ten­de com­pa­rar­nos al pri­mer mun­do.

La gene­ra­li­za­da cri­sis hos­pi­ta­la­ria pro­duc­to de la pri­va­ti­za­ción de la salud; las gra­ves falen­cias en mate­ria de edu­ca­ción, ori­gi­na­das en el pro­pó­si­to de redu­cir­la tam­bién a un nego­cio redon­do, que pro­duz­ca ove­jas en lugar de hom­bres y ape­nas las nece­sa­rias máqui­nas huma­nas insen­si­bles y robo­ti­za­das para acre­cen­tar las ganan­cias de los gran­des empre­sa­rios; el ver­gon­zo­so défi­cit en mate­ria de vivien­da y con­di­cio­nes dig­nas de habi­ta­ción; la cada vez más gra­ve situa­ción de los cam­pe­si­nos ame­dren­ta­dos por el para­mi­li­ta­ris­mo y las hor­das de sol­da­dos pro­fe­sio­na­les que ocu­pan ame­na­zan­tes exten­sos terri­to­rios, y que no va a ser solu­cio­na­da por leyes de tie­rras con­ce­bi­das para bene­fi­ciar a los expro­pia­do­res y no a los expro­pia­dos, cons­ti­tu­yen todas lacras que demues­tran la hipo­cre­sía de las cla­ses domi­nan­tes en Colom­bia.

Cada mes se anun­cia a los colom­bia­nos en medio de publi­ci­ta­das encues­tas de favo­ra­bi­li­dad del gobierno, que el pre­cio de la gaso­li­na y demás com­bus­ti­bles aumen­ta, has­ta el pun­to de que paga­mos el galón más caro entre los paí­ses pro­duc­to­res y no pro­duc­to­res, pese a que se extrae ya casi el millón de barri­les al día de nues­tro sue­lo. Por su par­te, los ser­vi­cios públi­cos pési­mos y por aña­di­du­ra en cri­sis por obra del invierno y la desidia ofi­cial, gra­van a los usua­rios con altí­si­mas tari­fas, par­ti­cu­lar­men­te en mate­ria de agua y elec­tri­ci­dad, has­ta el pun­to de pro­vo­car, por obra del deses­pe­ro, repe­ti­das aso­na­das con­tra las empre­sas pres­ta­do­ras en muchas par­tes del país.

La ver­da­de­ra natu­ra­le­za del con­flic­to

Ade­más es el nues­tro un país en gue­rra. Esta no es más que el pro­duc­to de la deci­sión ofi­cial de dar solu­ción vio­len­ta, a san­gre y fue­go, a los gra­ves pro­ble­mas socia­les y polí­ti­cos que aque­jan la vida nacio­nal. Cada vez que lo deci­mos, se nos vie­nen enci­ma nues­tros enemi­gos y su pren­sa paga, tachán­do­nos de que­rer pare­cer man­sas e ino­cen­tes víc­ti­mas. No se tra­ta de noso­tros.

Se tra­ta de los cua­tro­cien­tos mil muer­tos sepul­ta­dos para siem­pre en la impu­ni­dad con­cer­ta­da del Fren­te Nacio­nal, de los cin­co millo­nes de des­pla­za­dos y des­po­ja­dos de sus tie­rras en los últi­mos trein­ta años, de los cin­co mil diri­gen­tes, acti­vis­tas y sim­pa­ti­zan­tes de la Unión Patrió­ti­ca que sir­vie­ron para ani­qui­lar esa nove­do­sa opción polí­ti­ca, de las más de dos­cien­tas mil víc­ti­mas del para­mi­li­ta­ris­mo fomen­ta­do por las Fuer­zas Arma­das, de los miles y miles de colom­bia­nos des­apa­re­ci­dos, tor­tu­ra­dos, encar­ce­la­dos o des­te­rra­dos por obra de la into­le­ran­cia demen­cial que echó raí­ces en Colom­bia en bene­fi­cio de un redu­ci­do gru­po de terra­te­nien­tes, capi­ta­lis­tas, mafio­sos y empre­sa­rios extran­je­ros.

Se tra­ta de todas esas víc­ti­mas del terro­ris­mo de Esta­do impues­to por la prác­ti­ca de Segu­ri­dad Nacio­nal, que ha dado en lla­mar­se últi­ma­men­te Segu­ri­dad o Pros­pe­ri­dad Demo­crá­ti­ca. La resis­ten­cia popu­lar y la heroi­ca lucha arma­da gue­rri­lle­ra son las más dig­nas y altas expre­sio­nes de la rebel­día y la dig­ni­dad de un pue­blo que se ha nega­do a acep­tar dócil­men­te el des­tino impues­to por los pode­res domi­nan­tes.

Esa resis­ten­cia y esa lucha han sido blan­co a su vez de las más gigan­tes­cas arre­me­ti­das mili­ta­res y de todo orden duran­te casi cin­co déca­das. Y siguen enhies­tas, com­ba­tien­tes, a pesar de los miles de millo­nes de dóla­res sumi­nis­tra­dos por los nor­te­ame­ri­ca­nos, de su gro­se­ra inter­ven­ción, de sus recur­sos tec­no­ló­gi­cos, de los cen­te­na­res de miles de hom­bres entre­na­dos para matar sin pie­dad, de sus devas­ta­do­res bom­bar­deos, de sus ame­tra­lla­mien­tos y des­em­bar­cos.

Es eso lo que los deses­pe­ra de odio con­tra noso­tros. Lo que ali­men­ta sus calum­nias y des­afue­ros. Que una fuer­za de cam­pe­si­nos, indios, negros, estu­dian­tes y pro­fe­sio­na­les, muje­res y hom­bres del pue­blo sos­ten­ga sus ver­da­des y con­vic­cio­nes en medio del todo­po­de­ro­so domi­nio del gran capi­tal trans­na­cio­nal y sus regí­me­nes de muer­te. Es por eso que se nie­gan a con­si­de­rar la posi­bi­li­dad de un diá­lo­go sin­ce­ro de paz. Saben que aquí no van a encon­trar trai­do­res dis­pues­tos a ven­der­se, por eso insis­ten en sus ame­na­zas de exter­mi­nio.

El año que ter­mi­na y el sig­ni­fi­ca­do del nue­vo

El 2011, tal como lo pro­nos­ti­ca­mos, fue un año de gran­des jor­na­das popu­la­res. Demo­lien­do la mura­lla del mie­do, de la disua­sión cri­mi­nal del terro­ris­mo de Esta­do, el pue­blo se levan­tó con­tra la polí­ti­ca neo­li­be­ral, la corrup­ción, la entre­ga de la sobe­ra­nía, y los des­afue­ros del poder.

Con el agua al cue­llo los dam­ni­fi­ca­dos del invierno cues­tio­na­ron la dema­go­gia y la desidia del gobierno. Los cam­pe­si­nos blo­quea­ron carre­te­ras en recha­zo a las irres­pon­sa­bles fumi­ga­cio­nes indis­cri­mi­na­das que arra­sa­ron sus cul­ti­vos. Los mine­ros arte­sa­na­les resis­tie­ron la entre­ga de la explo­ta­ción aurí­fe­ra a las trans­na­cio­na­les. Los indí­ge­nas mar­cha­ron recla­man­do res­pe­to a sus terri­to­rios y a su iden­ti­dad. Las orga­ni­za­cio­nes agra­rias exi­gie­ron la res­ti­tu­ción de tie­rras y el resar­ci­mien­to de las víc­ti­mas del des­po­jo y cla­ma­ron por la solu­ción polí­ti­ca del con­flic­to y por la paz. Los camio­ne­ros pusie­ron en jaque al gobierno por el incum­pli­mien­to de los acuer­dos que reco­gen sus rei­vin­di­ca­cio­nes. El país ente­ro se indig­nó por el saqueo des­ver­gon­za­do de los recur­sos de la salud y por los escan­da­lo­sos robos de la con­tra­ta­ción.

Cre­cie­ron la exas­pe­ra­ción y la incon­for­mi­dad por la des­co­ne­xión de los ser­vi­cios públi­cos en los sec­to­res popu­la­res, por­que fue­ron con­ver­ti­dos en nego­cios pri­va­dos. Los cor­te­ros de caña se levan­ta­ron con­tra la nue­va escla­vi­tud que sig­ni­fi­ca la lla­ma­da fle­xi­bi­li­za­ción labo­ral. Los obre­ros petro­le­ros se enfren­ta­ron a la Pací­fi­co Rubia­les, que con la com­pli­ci­dad del gobierno, pre­ten­de avan­zar en la impo­si­ción de la pre­ca­rie­dad e incer­ti­dum­bre labo­ral. El movi­mien­to estu­dian­til con sus por­ten­to­sas mar­chas logró fre­nar el des­pro­pó­si­to de San­tos de pri­va­ti­zar la edu­ca­ción. Sin duda el año que cul­mi­na mar­có el des­per­tar, el ascen­so de la lucha y la movi­li­za­ción del pue­blo por sus dere­chos.

En el 2011 fue­ron sen­ta­das las bases de rebel­día y dig­ni­dad para enca­rar las deci­si­vas luchas socia­les y polí­ti­cas del 2012, que estre­me­ce­rán los cimien­tos del sis­te­ma apá­tri­da que está entre­gan­do la sobe­ra­nía y las rique­zas del país a las trans­na­cio­na­les del capi­tal. El TLC y las deno­mi­na­das loco­mo­to­ras neo­li­be­ra­les del desa­rro­llo, no pasa­rán. En pie de com­ba­te, bien­ve­ni­do el año nue­vo con sus per­tre­chos de incon­for­mi­dad y anhe­los de Colom­bia Nue­va.

Los caí­dos en la gue­rra

Ante el sagra­do altar de la patria ofre­ce­mos la san­gre revo­lu­cio­na­ria y amo­ro­sa del coman­dan­te Alfon­so Cano, caí­do en com­ba­te, con­se­cuen­te­men­te, en defen­sa de los pobres y exclui­dos, y por la Colom­bia Nue­va de su sue­ño. El sacri­fi­cio heroi­co de miles de gue­rri­lle­ros y líde­res socia­les aba­ti­dos por la intran­si­gen­cia atá­vi­ca del régi­men pro yan­qui, es pode­ro­sa fuer­za que se suma al anhe­lo popu­lar de jus­ti­cia y liber­tad. El pue­blo uni­do, insu­rrec­cio­na­do resuel­ta­men­te con­tra el sis­te­ma que lo opri­me, triun­fa­rá.

Pasa­ron los tiem­pos de la mani­pu­la­ción mediá­ti­ca y el enga­ño. Un abra­zo, des­de las mon­ta­ñas, al pue­blo que el 6 de diciem­bre recha­zó la mar­cha del odio y de la gue­rra, impul­sa­da por el señor Juan Manuel San­tos. Con nin­gún mala­ba­ris­mo podía el pre­si­den­te elu­dir su res­pon­sa­bi­li­dad en el resul­ta­do luc­tuo­so. Fue él quien orde­nó el res­ca­te mili­tar de los pri­sio­ne­ros en el Caque­tá, y fue el Ejér­ci­to quien pene­tró a san­gre y fue­go al cam­pa­men­to, como lo decla­ró el sar­gen­to Hera­zo.

Las con­ver­sa­cio­nes de paz

Nues­tro pue­blo anhe­la la paz; la insur­gen­cia siem­pre ha recla­ma­do la solu­ción polí­ti­ca del con­flic­to. Cada vez son más los que no le comen cuen­to al men­ti­ro­so del Pala­cio de Nari­ño; el mis­mo que aho­ra pre­go­na que no hubo masa­cre en Mapi­ri­pán. Por eso la pre­ten­di­da mar­cha con­tra las FARC se dilu­yó melan­có­li­ca­men­te des­de mucho antes de la llu­via. Unien­do volun­ta­des podre­mos ais­lar a los gue­rre­ris­tas de Washing­ton y Bogo­tá. Como decía el coman­dan­te Jaco­bo Are­nas: el des­tino de Colom­bia no pue­de ser el de la gue­rra. Apo­ye­mos todos el pri­mer paso hacia la solu­ción polí­ti­ca, repre­sen­ta­do por el can­je de pri­sio­ne­ros entre las par­tes con­ten­dien­tes.

La mar­cha que requie­re la patria es la gran mar­cha por la paz y la jus­ti­cia social.

En una even­tual mesa de con­ver­sa­cio­nes, con un gobierno que ver­da­de­ra­men­te aspi­re a la paz y no a una ren­di­ción incon­di­cio­nal, inter­pon­dre­mos siem­pre las recla­ma­cio­nes de jus­ti­cia, de sobe­ra­nía popu­lar, de inde­pen­den­cia, de adop­ción de una doc­tri­na mili­tar boli­va­ria­na, de una nue­va polí­ti­ca eco­nó­mi­ca ale­ja­da de los inequi­ta­ti­vos pos­tu­la­dos neo­li­be­ra­les, de tie­rra para los cam­pe­si­nos, res­pe­to a los dere­chos indí­ge­nas, salud y edu­ca­ción gra­tui­tas, defen­sa del medio ambien­te, replan­tea­mien­to de los con­tra­tos leo­ni­nos que favo­re­cen a las trans­na­cio­na­les, polí­ti­ca inter­na­cio­nal que pri­vi­le­gie la her­man­dad de los pue­blos, sen­ti­mien­tos todos, que bullen en el deseo cen­te­na­rio de los diver­sos sec­to­res socia­les del país.

Que con­ti­núe la mar­cha de la patria hacia la cons­truc­ción de alter­na­ti­vas que reafir­men la sobe­ra­nía y la jus­ti­cia. Las mayo­rías movi­li­za­das, no podrán ser dete­ni­das por una mino­ría ven­de patria atra­ve­sa­da en el camino de los cam­bios polí­ti­cos y socia­les.

Con este salu­do de año nue­vo, recor­dan­do el com­pro­mi­so que adqui­ri­mos con la sena­do­ra Pie­dad Cór­do­ba y el pres­tan­te gru­po de muje­res que tra­ba­jan por la paz de Colom­bia, infor­ma­mos los nom­bres de tres de los seis pri­sio­ne­ros de gue­rra en nues­tro poder que serán entre­ga­dos a ellas tan pron­to como se acuer­den los pro­to­co­los nece­sa­rios. Se tra­ta de los sub­in­ten­den­tes de la Poli­cía Nacio­nal Jor­ge Tru­ji­llo Solar­te y Jor­ge Hum­ber­to Rome­ro Rome­ro, y del cabo pri­me­ro de la mis­ma ins­ti­tu­ción José Libar­do Fore­ro Carre­ro. En bre­ve anun­cia­re­mos la iden­ti­dad de los otros tres. Espe­ra­mos que el gobierno nacio­nal y la cúpu­la mili­tar no vayan a repe­tir lo ocu­rri­do el pasa­do 26 de noviem­bre en el Caque­tá.

Secre­ta­ria­do del Esta­do Mayor Cen­tral de las FARC-EP
Mon­ta­ñas de Colom­bia, 27 de diciem­bre de 2011

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