La deu­da públi­ca, un meca­nis­mo de redis­tri­bu­ción de rique­za de pobres a ricos- Iván Gor­di­llo

La úni­ca par­te de la lla­ma­da rique­za nacio­nal que entra real y ver­da­de­ra­men­te en pose­sión colec­ti­va de los pue­blos moder­nos es… la deu­da públi­ca. El Capi­tal, Karl Marx (1867)

Los últi­mos acon­te­ci­mien­tos eco­nó­mi­cos y polí­ti­cos están suce­dien­do a una velo­ci­dad de vér­ti­go. El hun­di­mien­to del gobierno de Gre­cia y de Ita­lia en esca­sos diez días ha sido un gol­pe durí­si­mo de los lla­ma­dos mer­ca­dos a las débi­les demo­cra­cias par­la­men­ta­rias tal y como las enten­día­mos has­ta aho­ra. El gol­pe de esta­do de los finan­cie­ros ini­cia­do el 2008 con el plan de res­ca­te públi­co para el capi­tal finan­cie­ro pri­va­do ha toma­do for­ma lite­ral: los tec­nó­cra­tas pro­ve­nien­tes de la ban­ca inter­na­cio­nal, de Gold­man Sachs como máxi­mo expo­nen­te i del Ban­co Cen­tral Euro­peo (BCE), ocu­pan las posi­cio­nes de con­trol de los Esta­dos grie­go e ita­liano. Las puer­tas gira­to­rias aho­ra giran tam­bién al revés; no sólo las polí­ti­cas reti­ra­das ocu­pan los pues­tos de los con­se­jos de admi­nis­tra­ción de las gran­des empre­sas sino que tam­bién las téc­ni­cas del capi­tal pri­va­do ocu­pan las car­te­ras públi­cas de unos gobier­nos que de legi­ti­mi­dad no les que­da nada. Ya no sólo se hace cum­plir la máxi­ma del capi­ta­lis­mo que reza pri­va­ti­zar los bene­fi­cios y socia­li­zar las pér­di­das sino que enci­ma se dic­ta como hacer­lo. ¿Quién dic­ta, si no es un repre­sen­tan­te ele­gi­do, no es un dic­ta­dor? Si fue­sen mili­ta­res habla­ría­mos de gol­pe de esta­do mili­tar. Todo ello es un abu­so más del poder que antes tam­bién pro­cu­ra­ba favo­re­cer a unos en detri­men­to de otros, pero aho­ra se han per­di­do las for­mas.

En esta oca­sión todas las dudas seña­la­das por los lla­ma­dos mer­ca­dos se cen­tran en la deu­da públi­ca de los paí­ses de la peri­fe­ria euro­pea. Pero, ¿cómo han lle­ga­do a endeu­dar­se tan­to estos Esta­dos?

Des­equi­li­brios comer­cia­les, pro­ble­mas para el capi­ta­lis­mo

En el capi­ta­lis­mo glo­bal hay una serie de eco­no­mías que tie­nen un sec­tor exte­rior com­pe­ti­ti­vo que les per­mi­te ser expor­ta­do­ras netas, es decir, expor­tan más mer­can­cías de las que impor­tan. Este sería el caso de Chi­na o de Ale­ma­nia. Estas eco­no­mías se han espe­cia­li­za­do en una pro­duc­ción que otros paí­ses deman­dan amplia­men­te: pro­duc­tos tec­no­ló­gi­cos, maqui­na­ria o auto­mó­vi­les como es el caso ale­mán, o manu­fac­tu­ras, aun­que tam­bién mucha tec­no­lo­gía, como es el caso chino. La con­fi­gu­ra­ción de esta pro­duc­ción, a par­te del fac­tor tec­no­ló­gi­co, se basa en una tasa de explo­ta­ción de su cla­se tra­ba­ja­do­ra muy alta, per­pe­tuan­do unas con­di­cio­nes infra­hu­ma­nas para millo­nes de per­so­nas, como en el caso chino, o con unos suel­dos con­ge­la­dos des­de hace déca­das (des­de 1989?) como en el caso ale­mán. A pesar que los manua­les de eco­no­mía uti­li­za­dos en las uni­ver­si­da­des deter­mi­nan que una eco­no­mía sóli­da y com­pe­ti­ti­va es aque­lla que tie­ne un sec­tor expor­ta­dor impor­tan­te, has­ta aho­ra des­co­no­ce­mos la capa­ci­dad de expor­tar mer­can­cías a la Luna, a Mar­te o a cual­quier otro pla­ne­ta del sis­te­ma solar. La evi­den­cia nos dice que si una eco­no­mía expor­ta es por­que hay otras que impor­tan. Aun­que ter­tu­lia­nos y eco­no­mis­tas nos digan que de esta cri­sis se sale expor­tan­do, no todos los paí­ses pue­den expor­tar, algu­nos ten­drán que impor­tar.

Hay paí­ses expor­ta­do­res netos, como los men­cio­na­dos, y paí­ses impor­ta­do­res netos, es decir, que impor­tan más mer­can­cías de las que expor­tan. Este es el caso de la eco­no­mía espa­ño­la y de otras de la peri­fe­ria euro­pea. El mode­lo pro­duc­ti­vo espa­ñol cen­tra­do en los sec­to­res de la cons­truc­ción, el turis­mo y los ser­vi­cios, y en menor medi­da el auto­mó­vil, es un mode­lo pro­duc­ti­vo cadu­co, con fuer­tes depen­den­cias del exte­rior y gene­ra­dor de paro y pre­ca­rie­dad.

Las eco­no­mías con supe­rá­vits comer­cia­les como la ale­ma­na, no uti­li­zan los fon­dos obte­ni­dos fru­to de esta ven­ta­ja com­pe­ti­ti­va en mejo­rar el Esta­do de Bien­es­tar para su pobla­ción, ni en aumen­tar los sala­rios de su cla­se tra­ba­ja­do­ra, ni en jubi­lar antes a las tra­ba­ja­do­ras, ni tan siquie­ra invier­ten gran par­te de esto en su sec­tor pro­duc­ti­vo indus­trial. Este gran volu­men de capi­tal se ha des­ti­na­do pre­ci­sa­men­te a pres­tar dine­ro a otros paí­ses que tie­nen défi­cit, a finan­ciar los défi­cits de otras eco­no­mías como la espa­ño­la a tra­vés del sec­tor finan­cie­ro. La barra libre de cré­di­to que per­mi­tió la bur­bu­ja inmo­bi­lia­ria debía de pro­ve­nir de algún otro lugar que no fue­se el Esta­do espa­ñol dado que su eco­no­mía era defi­ci­ta­ria, depen­día del exte­rior. Los ban­cos y cajas del Esta­do espa­ñol pudie­ron pres­tar a cons­truc­to­ras, pro­mo­to­ras, empre­sas y fami­lias gra­cias a que deman­da­ban dine­ro a la ban­ca euro­pea. La deu­da espa­ño­la cre­cía, tan­to por el défi­cit de las com­pras de mer­can­cías cómo por la deu­da finan­cie­ra. El nego­cio era per­fec­to y se desa­rro­lló un fuer­te sec­tor ban­ca­rio obte­nien­do ren­ta­bi­li­da­des de la inter­me­dia­ción entre la finan­cia­ción exte­rior y la eco­no­mía pro­duc­ti­va inte­rior. Decía­mos era per­fec­to, has­ta que gol­peó la cri­sis.

El esta­lli­do de la cri­sis

La cri­sis se des­en­ca­de­nó en el ámbi­to finan­cie­ro y se pue­de datar su ini­cio en agos­to de 2007, cuan­do el pri­mer fon­do de capi­tal ries­go que­bró des­pués del esta­lli­do de la cri­sis de las hipo­te­cas basu­ra en EEUU. La cri­sis finan­cie­ra fue la pri­me­ra ola de un tsu­na­mi al que hemos de bus­car el epi­cen­tro del terre­mo­to tie­rra aden­tro, en los pro­pios meca­nis­mos de explo­ta­ción y acu­mu­la­ción del capi­tal que habían lle­ga­do a sus lími­tes. Por un lado, el mode­lo pro­duc­ti­vo del capi­ta­lis­mo en esta fase lla­ma­da neo­li­be­ral ya no podía extraer las plus­va­lías espe­ra­das para devol­ver los cré­di­tos empre­sa­ria­les. Por otro lado, la barra libre de cré­di­tos al con­su­mo, que en el con­tex­to de sala­rios decre­cien­tes de los últi­mos años había podi­do man­te­ner el poder adqui­si­ti­vo y direc­ta­men­te la ven­ta de mer­can­cías (auto­mó­vi­les, pisos, etc.), no podía per­pe­tuar­se. Unos dirán que vivi­mos por enci­ma de nues­tras posi­bi­li­da­des, a lo que otros con­tes­ta­mos que el capi­ta­lis­mo lle­va explo­tán­do­nos por enci­ma de nues­tras posi­bi­li­da­des duran­te muchos años. Si no hubie­ra apa­re­ci­do el cré­di­to masi­vo, al fin y al cabo dine­ro bus­can­do dón­de inver­tir, a quién pres­tar a cam­bio de un pre­cio, de un inte­rés para saciar su sed de bene­fi­cios, la cri­sis hubie­se explo­ta­do antes y de for­ma dife­ren­te. El sis­te­ma de cré­di­to apla­za­ba fic­ti­cia­men­te la reso­lu­ción del pro­ble­ma, que en el capi­ta­lis­mo siem­pre es a tra­vés del úni­co meca­nis­mo que cum­ple su lógi­ca: la cri­sis.

La cri­sis es algo inhe­ren­te al sis­te­ma, intrín­se­co al capi­ta­lis­mo e inclu­so nece­sa­rio para su repro­duc­ción en el tiem­po; nece­si­ta esta pur­ga de los capi­ta­les inefi­cien­tes y de la con­cen­tra­ción de los que sobre­vi­ven. De las cri­sis una par­te del capi­tal sale refor­za­do mien­tras que una par­te de las pobla­cio­nes reci­ben el gol­pe de ver­se en la calle sin nin­gu­na for­ma de ingre­sos más allá de los sub­si­dios públi­cos. La segun­da gran ola del tsu­na­mi pro­vo­có una para­da gene­ra­li­za­da de la acti­vi­dad pro­duc­ti­va en la mayo­ría de sec­to­res de la eco­no­mía. En el Esta­do espa­ñol hacia fal­ta sumar la explo­sión de la bur­bu­ja inmo­bi­lia­ria, tan anun­cia­da y adver­ti­da que asus­ta la inope­ran­cia de los gober­nan­tes. La des­truc­ción de millo­nes de pues­tos de tra­ba­jo a cau­sa del cie­rre de empre­sas, hacien­do aumen­tar el paro has­ta nive­les nun­ca vis­tos antes, es el gran dra­ma social de la cri­sis.

Inter­ven­ción del Esta­do en la cri­sis, el res­ca­te de los pode­ro­sos

Duran­te los pri­me­ros com­pa­ses de la cri­sis, el gobierno espa­ñol, des­pués de reco­no­cer tar­de y mal la mag­ni­tud de esta, imple­men­tó una serie de medi­das para inten­tar paliar sus efec­tos nega­ti­vos. Las polí­ti­cas más impor­tan­tes, errá­ti­cas y en oca­sio­nes con­tra­dic­to­rias, se cen­tra­ron en una fuer­te inter­ven­ción del Esta­do en res­ca­tar el sec­tor finan­cie­ro, con serios pro­ble­mas por el aumen­to de la moro­si­dad, espe­cial­men­te en las cajas de aho­rro. Estas ayu­das se han desa­rro­lla­do a tra­vés del Fon­do de Adqui­si­ción de Acti­vos Finan­cie­ros (FAAF), el Fon­do de Rees­truc­tu­ra­ción Orde­na­da Ban­ca­ria (FROB) y un segui­do de ava­les y cré­di­tos al sec­tor ban­ca­rio. El inten­to de con­te­ner la cri­sis de la cons­truc­ción con el Plan E, dota­do en más de 10.000 millo­nes de euros, la sub­ven­ción a la com­pra de auto­mó­vi­les con el Plan 2000E y el Fon­do de Eco­no­mía Sos­te­ni­ble que ascen­día a 20.000 millo­nes más, com­ple­ta­ban el res­ca­te de los pode­ro­sos. Se ayu­dó a las enti­da­des finan­cie­ras, mucho menos a la acti­vi­dad de las empre­sas pro­duc­ti­vas y casi nada a la crea­ción de ocu­pa­ción.

La apa­ri­ción del défi­cit fis­cal, ¿un pro­ble­ma sólo de los gas­tos?

A estas inter­ven­cio­nes alta­men­te dis­pen­dio­sas para las arcas públi­cas hace fal­ta sumar el aumen­to del gas­to por el sub­si­dio de paro que ha supues­to des­truir casi tres millo­nes de pues­tos de tra­ba­jo des­de el ini­cio de la cri­sis. Este nivel de paro, 21,52% el ter­cer tri­mes­tre de 2011, supo­ne un gas­to anual de más de 30.000 millo­nes de euros.

Este aumen­to impor­tan­te de los gas­tos con­tri­bu­yó a que se pasa­se de una situa­ción de supe­rá­vit fis­cal del 1,9% del PIB el 2007 a un défi­cit del 11,1% a fina­les de 2009. Delan­te de esto y pre­sio­na­dos con fuer­za por la UE, las gober­nan­tes han esta­ble­ci­do un duro régi­men de dis­mi­nu­ción del gas­to públi­co. La nece­si­dad de con­te­ner los gas­tos para fre­nar el défi­cit cre­cien­te, pro­vo­ca­do –hace fal­ta recor­dar- por el res­ca­te de los pode­ro­sos, acon­te­ce una tarea impor­tan­te. Apo­ya­dos por los medios de comu­ni­ca­ción con­ven­cio­na­les, han lan­za­do un bom­bar­deo mediá­ti­co cen­tra­do en la idea de redu­cir los gas­tos que se plan­tean como exce­si­vos. Con­ver­gèn­cia i Unio, par­ti­do a la cabe­za de la Gene­ra­li­tat de Cata­lun­ya ha resul­ta­do ser la pun­ta de lan­za de una polí­ti­ca de recor­tes que se aca­ba­rá impo­nien­do en todo el Esta­do. Este pro­gra­ma está cen­tra­do en el recor­te del gas­to social, en el des­man­te­la­mien­to del raquí­ti­co Esta­do de Bien­es­tar, abrien­do la sani­dad y la edu­ca­ción públi­cas al capi­tal pri­va­do.

El défi­cit fis­cal tie­ne dos ver­tien­tes: por un lado los gas­tos, que ya hemos vis­to de dón­de pro­vie­ne su aumen­to de los últi­mos años, y por otro lado los ingre­sos. Los ingre­sos del sec­tor públi­co se obtie­nen sobre­to­do de la recau­da­ción de impues­tos. El sis­te­ma fis­cal del Esta­do espa­ñol es cla­ra­men­te regre­si­vo e insu­fi­cien­te, la pre­sión fis­cal está alre­de­dor del 32% del PIB, muy por deba­jo de la media euro­pea. Las refor­mas de los últi­mos años han ido redu­cien­do los impues­tos a las ren­tas altas y al capi­tal y aumen­tan­do la pre­sión fis­cal de las ren­tas sala­ria­les y los impues­tos indi­rec­tos, como es el caso del IVA (Impues­to sobre el Valor Aña­di­do). Alre­de­dor del 45% de la recau­da­ción del Esta­do pro­vie­ne pre­ci­sa­men­te de este impues­to, total­men­te injus­to, dado que gra­va el con­su­mo inde­pen­dien­te­men­te de los ingre­sos de las per­so­nas. La últi­ma modi­fi­ca­ción de este impues­to, ya en ple­na cri­sis, para obte­ner más ingre­sos públi­cos, con­sis­tió en aumen­tar­lo del 7% al 8% y del 16% al 18%, mien­tras la pro­me­sa de subir los impues­tos a los ricos que­da­ba en una sim­ple decla­ra­ción pro­pa­gan­dís­ti­ca.

Otro impues­to impor­tan­te es el IRPF (Impues­to sobre la Ren­ta de las Per­so­nas Físi­cas). A fina­les de los años 70, la fis­ca­li­dad “que había de per­mi­tir la demo­cra­cia” impo­nía un tipo de gra­va­men a las ren­tas más altas de más del 63% (en los EEUU y otros paí­ses de Euro­pa era bas­tan­te supe­rior). Actual­men­te los más ricos pagan un 43%. La reduc­ción de impues­tos a los aho­rra­do­res (¿quién pue­de aho­rrar aho­ra mis­mo?) que ha supues­to el esta­ble­ci­mien­to de un tipo impo­si­ti­vo fijo del 19%-21% a las ren­tas del capi­tal, las múl­ti­ples moda­li­da­des de exen­cio­nes fis­ca­les a los fon­dos de pen­sio­nes, a las hipo­te­cas, a las inver­sio­nes empre­sa­ria­les, jun­ta­men­te con las últi­mas eli­mi­na­cio­nes de los impues­tos de patri­mo­nio y de suce­sio­nes son algu­nas de las modi­fi­ca­ción que se han lle­va­do a cabo bene­fi­cian­do la par­te más bien estan­te de la pobla­ción. La exis­ten­cia de for­mas socie­ta­rias como las SICAV (Socie­dad de Inver­sión de Capi­tal Varia­ble), que uti­li­zan las gran­des for­tu­nas y que sólo tri­bu­tan un 1%, son un insul­to en tiem­pos de cri­sis. En lo refe­ren­te al Impues­to de Socie­da­des (IS), este tri­bu­ta en teo­ría un 30% sobre los bene­fi­cios de las empre­sas (un 25% para las PYMES). Las gran­des empre­sas espa­ño­las (las que coti­zan en el IBEX-35) tie­nen un tipo efec­ti­vo medio del 17%. Es decir, lo que aca­ban pagan­do real­men­te, des­pués de encon­trar todas las vías posi­bles de exen­cio­nes que les per­mi­te la lega­li­dad y, a veces, la fron­te­ra con esta, como podrían ser los paraí­sos fis­ca­les, es un por­cen­ta­je muy infe­rior al IS.

Quien paga más impues­tos en este país son las tra­ba­ja­do­ras a tra­vés de las ren­tas sala­ria­les. Esto es espe­cial­men­te gra­ve para las cla­ses popu­la­res por­qué en los últi­mos años la par­ti­ci­pa­ción de los sala­rios en la rique­za gene­ra­da por el con­jun­to de la eco­no­mía se ha redu­ci­do bene­fi­cian­do las ren­tas del capi­tal. Al mis­mo tiem­po, un sis­te­ma fis­cal cen­tra­do fuer­te­men­te en las ren­tas sala­ria­les expli­ca que cuan­do se pro­du­ce una des­truc­ción de la ocu­pa­ción como la de la actual cri­sis por un lado aumen­ta el gas­to de paro y por el otro se hun­den los ingre­sos públi­cos.

El endeu­da­mien­to públi­co como meca­nis­mo de des­po­se­sión de las cla­ses popu­la­res

Este défi­cit se debe finan­ciar de algu­na mane­ra. Las emi­sio­nes de deu­da públi­ca son el meca­nis­mo que uti­li­zan los Esta­dos para encon­trar el gran volu­men de finan­cia­ción que nece­si­tan para los gas­tos que no pue­den cubrir con los ingre­sos obte­ni­dos de la recau­da­ción. Los bonos del teso­ro dan dere­cho a las finan­cia­do­ras a cobrar un inte­rés por el dine­ro pres­ta­do, y al final del perio­do esta­ble­ci­do se les devuel­ve el prin­ci­pal, el impor­te pres­ta­do. El tipo de inte­rés, el pre­cio al que se pres­ta este dine­ro, lo deter­mi­nan los lla­ma­dos mer­ca­dos, según sus con­si­de­ra­cio­nes sobre el ries­go que asu­men y la sol­ven­cia de los Esta­dos deu­do­res. Las pre­sio­nes espe­cu­la­ti­vas para aumen­tar la pri­ma de ries­go y exi­gir intere­ses más altos están al orden del día, espe­cial­men­te duran­te las colo­ca­cio­nes impor­tan­tes de bonos como la de la últi­ma sema­na, en la cual el Esta­do espa­ñol pidió 3.500 millo­nes de euros que le aca­ba­ron con­ce­dien­do a un 7% de inte­rés.

Los lla­ma­dos mer­ca­dos no son más que el entra­ma­do de empre­sas del sec­tor finan­cie­ro: ban­cos y cajas, ges­to­ras de los gran­des fon­dos de inver­sión y fon­dos de pen­sio­nes, ase­gu­ra­do­ras, fon­dos sobe­ra­nos, fon­dos de capi­tal ries­go, etc. Empre­sas que cen­tran su nego­cio en con­se­guir bene­fi­cios invir­tien­do el dine­ro de estos gran­des capi­ta­les y aho­rra­do­res del mun­do, bus­can­do ren­ta­bi­li­da­des en el nego­cio finan­cie­ro de dejar dine­ro a cam­bio de un inte­rés, de finan­ciar pro­yec­tos empre­sa­ria­les o en el caso de la deu­da públi­ca de finan­ciar Esta­dos.

Al cre­cer la deu­da públi­ca y ser finan­cia­da por estas empre­sas, es a ellas a las que se des­ti­na una par­te cada vez mayor de los ingre­sos públi­cos, que como hemos indi­ca­do, recaen sobre las ren­tas sala­ria­les y los impues­tos que pagan las pobla­cio­nes. La par­ti­da pre­su­pues­ta­ria refe­ren­te al cos­te de finan­cia­ción está cre­cien­do fuer­te­men­te mien­tras que el gas­to social sufre el recor­te. La deu­da públi­ca es un meca­nis­mo más de des­po­se­sión que uti­li­za el capi­tal para redis­tri­buir la rique­za gene­ra­da por el tra­ba­jo de las cla­ses popu­la­res hacia los aho­rra­do­res y capi­ta­les inter­na­cio­na­les.

Esto ha resul­ta­do ser un nego­cio per­fec­to gra­cias a la influen­cia polí­ti­ca de las finan­cie­ras que han con­se­gui­do impo­ner, a tra­vés de orga­nis­mos como el FMI, el BCE y la UE, las polí­ti­cas de ajus­te nece­sa­rias, no para salir de la cri­sis, ni para garan­ti­zar el pago de la deu­da públi­ca, sino para aumen­tar sus bene­fi­cios a cual­quier pre­cio. No impor­ta si esto es a cos­ta del sufri­mien­to de las pobla­cio­nes, de la reduc­ción de los sala­rios y de las con­di­cio­nes de tra­ba­jo, de la des­truc­ción del Esta­do de Bien­es­tar y la lla­ma­da cla­se media, de con­ver­tir el ele­va­do paro en algo cró­ni­co que des­pués pasa­ran a eti­que­tar como estruc­tu­ral, y de aumen­tar el núme­ro de fami­lias en el lin­dar de la pobre­za. El pro­ble­ma es que estas medi­das, por su natu­ra­le­za, tam­po­co per­mi­ti­rán retor­nar la deu­da, ni resol­ver nin­guno de los pro­ble­mas gra­ves de las eco­no­mías endeu­da­das, entre ellas, la del Esta­do espa­ñol. De hecho esto ya se está demos­tran­do vien­do la ges­tión de la qui­ta del 50% de la deu­da públi­ca grie­ga con­traí­da con la ban­ca ale­ma­na y fran­ce­sa y el aumen­to del fon­do de res­ca­te de las ins­ti­tu­cio­nes euro­peas.

Detrás de estos movi­mien­tos se encuen­tra la nece­si­dad del capi­tal de ges­tio­nar esta cri­sis sin que se pue­da plan­tear una sali­da alter­na­ti­va. Y la cri­sis ya dura mucho. La últi­ma secue­la de esta pelí­cu­la de terror se titu­la la cri­sis de la deu­da, o de cómo las finan­cie­ras se espa­bi­la­ron para tras­la­dar su bur­bu­ja finan­cie­ra a los balan­ces del sec­tor públi­co. El nivel de endeu­da­mien­to del con­jun­to de la eco­no­mía es un peso dema­sia­do gran­de, espe­cial­men­te cuan­do las gober­nan­tes están dis­pues­tas a salir al paso con recur­sos públi­cos para cubrir cual­quier pro­ble­ma que ten­ga el sec­tor finan­cie­ro. En un con­tex­to don­de la eco­no­mía pro­duc­ti­va no apa­re­ce –ni se la espe­ra- y al con­tra­rio de inten­tar resu­ci­tar­la aque­llo que se con­se­gui­rá es hun­dir­la a tra­vés de los pla­nes de ajus­te, pare­ce difí­cil creer que la gene­ra­ción de rique­za, nece­sa­ria ya no para salir de la cri­sis sino para retor­nar las deu­das, sea una posi­bi­li­dad.

Fren­te a esta coyun­tu­ra exi­gir no pagar la deu­da resul­ta uno de los ejes sobre los que plan­tear las luchas. Exi­gir que las cla­ses popu­la­res no paguen las con­se­cuen­cias de una cri­sis de la que no son res­pon­sa­bles pasa por exi­gir que no se hagan car­go de una deu­da ile­gí­ti­ma que ha ser­vi­do para res­ca­tar a las finan­cie­ras y bene­fi­ciar al capi­tal.

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