La Ley Anti­te­rro­ris­ta y su apli­ca­ción en Colom­bia

La ley anti­te­rro­ris­ta de Argen­ti­na, impul­sa­da por el gobierno, pro­fun­di­za la dic­ta­da en 2007 y es apun­ta­da como una herra­mien­ta para con­tro­lar la pro­tes­ta social

Resu­men Latinoamericano/​Sudestada - La ver­dad que se ocul­ta tras la Ley es la de un ex pre­si­den­te vin­cu­la­do con los car­te­les del nar­co­trá­fi­co y los gru­pos para­mi­li­ta­res entre­na­dos y arma­dos por los Esta­dos Uni­dos, res­pon­sa­bles de masa­cres a pue­blos ori­gi­na­rios con millo­nes de cadá­ve­res y fosas comu­nes.
“Des­de el año 62, según docu­men­tos que antes eran secre­tos pero pos­te­rior­men­te se han ido cono­cien­do, exis­te una polí­ti­ca ofi­cial en Colom­bia impues­ta por misio­nes mili­ta­res nor­te­ame­ri­ca­nas que lle­va a entre­nar gru­pos mix­tos de civi­les y mili­ta­res con la inten­ción de desa­rro­llar accio­nes terro­ris­tas para­mi­li­ta­res (lo dice con esas pala­bras tex­tua­les) con­tra los sim­pa­ti­zan­tes del comu­nis­mo (que siem­pre han sido las orga­ni­za­cio­nes popu­la­res y los sec­to­res de opo­si­ción al esta­do). Y estos manua­les ya empie­zan a fun­da­men­tar cómo la pobla­ción civil debe estar invo­lu­cra­da en la gue­rra, no sola­men­te como par­ti­ci­pan­tes en la lucha arma­da a tra­vés de estos gru­pos auxi­lia­res del ejér­ci­to, sino tam­bién como blan­co prin­ci­pal de la gue­rra. Ahí se dice cla­ra­men­te que la gue­rra moder­na, con­tra­in­sur­gen­te, es una gue­rra con­tra la pobla­ción civil. El para­mi­li­ta­ris­mo está dise­ña­do como una fuer­za auxi­liar para poder sal­tear­se todas las barre­ras lega­les y éti­cas de la gue­rra”, expli­ca el padre Javier Giral­do, de la Comi­sión Inter­ecle­sial de Jus­ti­cia y Paz de Colom­bia en el docu­men­tal Naya, ni olvi­do ni per­dón, que narra la vin­cu­la­ción de la masa­cre para­mi­li­tar en la región de Naya (con­tra pue­blos ori­gi­na­rios Nasa, Embe­rá, cam­pe­si­nos y afro­des­cen­dien­tes) con el ejér­ci­to y el gobierno colom­biano, pero sobre todo con los mega­pro­yec­tos de bio­di­ver­si­dad de las mul­ti­na­cio­na­les de con­ser­va­ción (como WWF o Con­ser­va­ción Inter­na­cio­nal) apo­ya­das por gobier­nos, ongs y orga­nis­mos de coope­ra­ción de Euro­pa y Esta­dos Uni­dos.
La his­to­ria colom­bia­na es intrin­ca­da y siem­pre vicia­da de más­ca­ras infor­ma­ti­vas y holly­woo­den­ses don­de los malos son los terro­ris­tas lati­nos que tra­fi­can armas en com­pli­ci­dad con infil­tra­dos en pue­blos cam­pe­si­nos, polí­ti­cos, aca­dé­mi­cos, estu­dian­tes uni­ver­si­ta­rios y has­ta ongs. Pero la ver­dad, esa que se ocul­ta del otro lado de la más­ca­ra, es la de un ex pre­si­den­te vin­cu­la­do con los car­te­les del nar­co­trá­fi­co y los gru­pos para­mi­li­ta­res entre­na­dos y arma­dos por los Esta­dos Uni­dos, res­pon­sa­bles de masa­cres a pue­blos ori­gi­na­rios con millo­nes de cadá­ve­res y fosas comu­nes que aún se están des­en­te­rran­do en Colom­bia. Cua­tro millo­nes de per­so­nas des­pla­za­das de sus tie­rras y 6000 sin­di­ca­lis­tas ase­si­na­dos en los últi­mos 10 años, 3000 per­so­nas fal­sa­men­te ase­si­na­das por terro­ris­tas (fal­sos posi­ti­vos) y otras miles encar­ce­la­das por lo mis­mo, entre otras esta­dís­ti­cas esca­lo­frian­tes. El Tri­bu­nal Per­ma­nen­te de los Pue­blos –que duran­te dos años reco­gió prue­bas de estos crí­me­nes– con­de­nó al gobierno colom­biano, el de Esta­dos Uni­dos, y una lar­ga lis­ta de empre­sas mul­ti­na­cio­na­les (Coca Cola, Nestle, Oxy Petro­leum, Uni­ve­ler y Mon­san­to, entre otras). La infor­ma­ción está en inter­net o tam­bién, si se quie­re, en los infor­mes que en su momen­to publi­có Sudes­ta­da des­de Colom­bia.
¿Y Álva­ro Uri­be? ¿Y aquel pre­si­den­te acu­sa­do de nar­co­tra­fi­can­te y cóm­pli­ce de uno de los mayo­res geno­ci­dios de los últi­mos años? Dan­do vuel­tas por el mun­do, dan­do con­fe­ren­cias y ase­so­ran­do gobier­nos, reci­bien­do con gran­des pom­pas las lla­ves de la ciu­dad de Bue­nos Aires en manos de Mau­ri­cio Macri y sien­do nom­bra­do ase­sor de la Gen­dar­me­ría Nacio­nal (sí, esos tipos de ver­de que aho­ra apa­re­cie­ron en todos lados supues­ta­men­te para defen­der­nos) en manos de la pre­si­den­ta Cris­ti­na Fer­nán­dez de Kirch­ner, que apa­re­ce en 6,7,8 bro­mean­do de fút­bol con Juan Manuel San­tos, actual pre­si­den­te de Colom­bia, socio fun­da­dor del dia­rio El Tiem­po (algo así como La Nación en Colom­bia), vice­pre­si­den­te y minis­tro de Defen­sa duran­te los gobier­nos de Uri­be.
¿Y los terro­ris­tas quié­nes son, acá o en Colom­bia? Todos lo sabe­mos: los pique­te­ros, los pibes de la Huer­ta Orgáz­mi­ka, los cam­pe­si­nos del MOCASE (ame­na­za­dos por fuer­zas para­po­li­cia­les) o los mapu­ches al Sur (acu­sa­dos de terro­ris­tas vin­cu­la­dos con la ETA y las FARC por el empre­sa­rio Car­los “Nuno” Sapag, her­mano del gober­na­dor de Neu­quén, Jor­ge Sapag e inte­gran­te acti­vo de la Socie­dad Rural, todo levan­ta­do por La Nación). Tam­bién los tra­pi­tos, los moto­que­ros, los man­te­ros, los poe­tas como Angie Cepe­da, perio­dis­tas como Freddy Muñoz (corres­pon­sal del Tele­sur) o soció­lo­gos como Miguel Ángel Bel­trán, extra­di­ta­do de Méxi­co y encar­ce­la­do en Colom­bia por terro­ris­ta sin que al momen­to se hayan encon­tra­do prue­bas. ¿Su úni­co cri­men? Haber habla­do en con­tra de la polí­ti­ca de Segu­ri­dad Demo­crá­ti­ca de Uri­be, polí­ti­ca que jun­to con la Ven­ta­nas Rotas del alcal­de de New York Rudolph Giu­lia­ni hoy lide­ran los mode­los de ciu­da­nía de polí­ti­cos argen­ti­nos como Mau­ri­cio Macri, Eduar­do Duhal­de o Fran­cis­co de Nar­váez.
Los con­fie­so, yo soy terro­ris­ta. ¿Quién no es terro­ris­ta? El cómo­do con­su­mi­dor urbano que sigue las noti­cias de los dia­rios y la tele­vi­sión sin cues­tio­nar la reali­dad en que vive. “Es intere­san­te por­que se está glo­ba­li­zan­do un polí­ti­ca que es la de sata­ni­zar defi­nien­do como terro­ris­ta cual­quier reac­ción fren­te al tota­li­ta­ris­mo. Son las for­ta­le­zas de este gobierno, mane­jar el mie­do colec­ti­vo, urbano espe­cial­men­te, como un meca­nis­mo de con­ten­ción fren­te a otro tipo de pro­pues­ta. La gen­te salió a defen­der la ruta como suya, se sin­tió afec­ta­da por el blo­queo, cuan­do se sabe que la pan­ame­ri­ca­na está para man­te­ner pro­ce­sos como el TLC (Tra­ta­do de Libre Comer­cio), o el IIRSA (Ini­cia­ti­va para la Inte­gra­ción de la Infra­es­truc­tu­ra Regio­nal Sur­ame­ri­ca­na). La gen­te aun sos­pe­chan­do que cier­tas infor­ma­cio­nes son fala­ces, acep­ta eso para su como­di­dad. Fren­te al mie­do hay una bus­ca ins­tin­ti­va de la como­di­dad. Cuan­do hay fenó­me­nos de matan­zas lla­ma­das lim­pie­zas socia­les, enton­ces se san­ti­guan y dicen: gra­cias a dios que pue­do ir a la tien­da de la esqui­na, y van a misa más tar­de. Enton­ces hay algo toda­vía mucho más per­ver­so que es mane­jar el mie­do de la gen­te”, me dijo al res­pec­to una vez Pacho Rojas, ase­sor del Con­se­jo Regio­nal Indi­ge­na del Cau­ca (Cric) una de las orga­ni­za­cio­nes indí­ge­nas más impor­tan­tes de Colom­bia con una lar­ga lis­ta de agre­sio­nes y ase­si­na­tos, masa­cres (como la de Naya), hablan­do sobre el ata­que mili­tar con­tra el res­guar­do de La María don­de el Cric rea­li­za­ba unas de sus asam­bleas anua­les poco antes de la reelec­ción de Uri­be, lue­go de un cor­te en la ruta Pan­ame­ri­ca­na, acu­sa­dos gobierno y tele­vi­sión de tener infil­tra­dos de las FARC. Para más infor­ma­ción sobre el tema se pue­de con­sul­tar: http://​bole​tin​su​des​ta​da​.blogs​pot​.com/

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