Así era la «solu­ción final» franquista

A las gene­ra­cio­nes más vete­ra­nas, el libro qui­zás les pon­ga aún los pelos de pun­ta. Las más jóve­nes des­cu­bri­rán que el fran­quis­mo fue mucho más que una gue­rra, por extre­ma­da­men­te san­grien­ta que ésta fue­ra. En la obra de Eus­kal Memo­ria, de cer­ca de mil pági­nas, apa­re­cen datos nue­vos como cuál fue el final de Jesús Galín­dez, el has­ta hoy «des­apa­re­ci­do» dele­ga­do del Gobierno Vas­co en Nue­va York. Pero sobre todo se des­tri­pan las pie­zas y el fun­cio­na­mien­to de una maqui­na­ria des­ti­na­da, como dice el títu­lo, a ser «la solu­ción final» con­tra los irre­den­tos vas­cos. Ahí van algu­nos reta­zos del tra­ba­jo, al que ha teni­do acce­so GARA.

La ven­gan­za

Toda­vía sin aca­bar la gue­rra, algu­nos por­ta­vo­ces fran­quis­tas anti­ci­pa­ban lo que iba a venir. Como Ramón Sie­rra Bus­ta­man­te, gober­na­dor mili­tar de Gipuz­koa, en «El Dia­rio Vas­co», del que lue­go sería direc­tor: «Borra­re­mos vues­tros nom­bres, que serán mal­di­tos por gene­ra­cio­nes de gene­ra­cio­nes. Des­te­rra­re­mos al maes­tro que, en los mapas, mar­ca­ba con raya ver­de ese arti­fi­cio de Eus­ka­di. Des­te­rra­re­mos al sacer­do­te que se nega­ba a cele­brar las fies­tas tra­di­cio­na­les del Pilar y de San­tia­go. Des­te­rra­re­mos al boti­ca­rio que den­tro de la boti­ca tenía un poco de cons­pi­ra­ción con­tra Espa­ña». Tam­bién el capi­tán fran­quis­ta Gon­za­lo Agui­le­ra, en entre­vis­ta con­ce­di­da al perio­dis­ta John Whi­ta­ker, dice: «Tene­mos que matar, matar y matar. Son como ani­ma­les. Al fin y al cabo, ratas y pio­jos son los por­ta­do­res de la pes­te. Nues­tro pro­gra­ma para rege­ne­rar Espa­ña con­sis­te en exter­mi­nar un ter­cio de la pobla­ción mas­cu­li­na. Con eso se lim­pia­ría el país y nos des­ha­ría­mos del pro­le­ta­ria­do. Ade­más tam­bién es con­ve­nien­te des­de el pun­to de vis­ta eco­nó­mi­co. No vol­ve­rá a haber desempleo».

La cár­cel

Cer­ca de 14.000 vas­cos fue­ron ingre­sa­dos en pri­sión en ese momen­to, según reco­ge el fiche­ro de Alca­lá de Hena­res. La cár­cel se con­ce­bía exclu­si­va­men­te como for­ma de cas­ti­go. Las más fre­cuen­ta­das por los vas­cos fue­ron lógi­ca­men­te el penal de Ezka­ba, en Iru­ñea; la de Larri­na­ga, en Bil­bo; la de Onda­rre­ta, en Donos­tia; la Pro­vin­cial de Gas­teiz; y las de Satu­rra­ran y Zor­notza, para muje­res. Sin embar­go, la siguien­te en núme­ro de pre­sos vas­cos es la de Puer­to de San­ta María, a más de mil kiló­me­tros de Eus­kal Herria, en una épo­ca en que via­jar allí era «toda una odi­sea que nece­si­ta­ba inclu­so, al prin­ci­pio, de sal­vo­con­duc­tos». Las tres cár­ce­les de Pal­ma de Mallor­ca, la de Las Pal­mas y la de Tene­ri­fe sur tam­bién alber­ga­ron a vas­cos, y al menos uno natu­ral de Bia­na fue reclui­do en Gui­nea Ecuatorial.

Los chi­va­tos

La dela­ción era pie­za angu­lar del sis­te­ma. Eus­kal Memo­ria reco­ge ejem­plos como el de enero de 1962, cuan­do «un perio­dis­ta bil­baino de ape­lli­do Bure­ba se pre­sen­tó en la comi­sa­ría de Indautxu para denun­ciar a cua­tro fut­bo­lis­tas del Ath­le­tic que se encon­tra­ban en una taber­na del Cas­co Vie­jo can­tan­do cier­tas melo­días vas­cas. Una dota­ción poli­cial se pre­sen­tó en el bar y efec­ti­va­men­te allí encon­tró a los cua­tro fut­bo­lis­tas: López, Agui­rre II, Itu­rria­ga y Uri­be. Los cua­tro fue­ron dete­ni­dos y pasa­ron una noche en los cala­bo­zos de la comi­sa­ría. Salie­ron al día siguien­te, des­pués de pagar la mul­ta de 5.000 pese­tas que impu­so el gober­na­dor civil a cada uno de ellos».

Los hono­res

La omni­pre­sen­cia del «cau­di­llo» era otra cla­ve para asen­tar el régi­men, y este prin­ci­pio se apli­có en Eus­kal Herria con autén­ti­co escar­nio aña­di­do. Fran­cis­co Fran­co fue nom­bra­do hijo adop­ti­vo o pre­di­lec­to de nume­ro­sas loca­li­da­des vas­cas, entre ellas la de Ger­ni­ka, masa­cra­da por las bom­bas en 1937 y sím­bo­lo de la resis­ten­cia vas­ca. En mar­zo de 1946 se nom­bró al dic­ta­dor hijo adop­ti­vo de la villa y en 1966 reci­bió ade­más su meda­lla de oro y bri­llan­tes. Más ejem­plos: en 1942, la Dipu­tación de Ara­ba lo desig­nó «padre de la pro­vin­cia». En 1947, la Dipu­tación de Nafa­rroa lo hizo hijo adop­ti­vo. Y en 1963, inclu­so el nie­to de Fran­co sería nom­bra­do «gene­ral hono­ra­rio» en la tam­bo­rra­da infan­til de Donostia.

La tor­tu­ra

El 14 de mayo de 1946, «The New York Times» expli­ca­ba los méto­dos de tor­tu­ra apli­ca­dos en el Esta­do espa­ñol: «A los dete­ni­dos se les ata de manos y pies y el pre­so se con­vier­te en un jugue­te de los guar­dias. Éstos lo gol­pean con matra­cas, lo envían de un lado a otro a pun­ta­piés con sus botas de cla­vos. El pre­so siem­pre aca­ba por des­ma­yar­se. Cuan­do vuel­ve en sí es exten­di­do sobre una mesa de hie­rro. Le encie­rran las muñe­cas y los tobi­llos y se los tuer­cen. Les meten tro­ci­tos de made­ra bajo las uñas y fós­fo­ros encen­di­dos. Algu­nos pre­sos son mar­ca­dos eléc­tri­ca­men­te. A otros los sumer­gen en baños hela­dos». Un año antes, un viz­caino acu­sa­do de per­te­ne­cer a la CNT, Pablo Velas­co, había sido arro­ja­do des­de un coche en la cues­ta de San­to Domin­go de Bil­bo. Le fal­ta­ban las uñas de los pies y tenía que­ma­du­ras eléc­tri­cas. Sobra decir que la Poli­cía atri­bu­yó su final a un ajus­te de cuen­tas entre com­pa­ñe­ros de la orga­ni­za­ción. Eus­kal Memo­ria docu­men­ta varias muer­tes por tor­tu­ra pro­du­ci­das en esos años.

Las «visi­tas»

Los donos­tia­rras cono­cen bien esta tétri­ca anéc­do­ta de la épo­ca: cuan­do los cui­da­do­res de los patos de la Pla­za de Gipuz­koa se los lle­va­ban, la visi­ta de Fran­co era inmi­nen­te, ya que los ani­ma­les pasa­ban a enga­la­nar su pala­cio de Aie­te. Esto per­mi­tió a muchas per­so­nas evi­tar las deten­cio­nes, y es que cada visi­ta del dic­ta­dor se tra­du­cía en el encar­ce­la­mien­to, sin base jurí­di­ca algu­na, de dece­nas de donos­tia­rras y gui­puz­coa­nos sos­pe­cho­sos. Fran­co pre­si­dió en Donos­tia has­ta 28 con­se­jos de minis­tros. Fue su capi­tal por exce­len­cia des­pués de Madrid, pero tam­bién fue aga­sa­ja­do en Iru­ñea, Gas­teiz o Bilbo.

Los ver­du­gos

El fran­quis­mo recu­rrió a las eje­cu­cio­nes, con dos pro­ce­di­mien­tos: fusi­la­mien­tos y garro­te vil. De lo pri­me­ro se encar­ga­ron mili­ta­res, inclui­dos guar­dias civi­les. Y del garro­te, ver­du­gos pro­fe­sio­na­les. Eus­kal Memo­ria se detie­ne en la figu­ra de uno de ellos: Flo­ren­cio Fuen­tes Esté­ba­nez, «un per­so­na­je ator­men­ta­do que con­clu­yó sus días col­ga­do de un árbol, des­pués de haber sido pro­ce­sa­do por negar­se a eje­cu­tar a un con­de­na­do. La últi­ma eje­cu­ción de Fuen­tes, pre­ci­sa­men­te, había sido en junio de 1953 en la pri­sión de Gas­teiz, y el con­de­na­do era un joven zapa­te­ro de Sodu­pe lla­ma­do Juan José Tres­pa­la­cios». Fuen­tes se sui­ci­dó en 1971 tras haber ins­pi­ra­do años antes la cono­ci­da pelí­cu­la «El ver­du­go», de Luis Gar­cía Berlanga.

El eus­ka­ra

La prohi­bi­ción del eus­ka­ra se impu­so sin tapu­jos, sobre bases como la fija­da por el minis­tro de Edu­ca­ción fran­quis­ta en Bil­bo en 1938: «El cas­te­llano es el arma de nues­tro Impe­rio». La obra de Eus­kal Memo­ria reco­ge múl­ti­ples casos, como el del vica­rio de Algor­ta, Mariano Torres, dete­ni­do por haber impar­ti­do misa en len­gua vas­ca y con­tra el que el fis­cal pidió 20 años de cár­cel; cuan­do que­dó libre, se exi­lió. El veto lle­ga­ba has­ta los extre­mos más insos­pe­cha­dos. Por ejem­plo, en 1947 la pren­sa fran­quis­ta se negó a publi­car la esque­la de una mujer lla­ma­da Gar­bi­ñe Una­nue debi­do al nom­bre de la difunta.

El exi­lio

Las muer­tes vin­cu­la­das al exi­lio for­zo­so fue­ron cons­tan­tes. Un ejem­plo: Manuel Cris­tó­bal Erran­do­nea, natu­ral de Bera y miem­bro de la direc­ción del PCE en el exi­lio, falle­ció en 1957 por una sim­ple apen­di­ci­tis, cuan­do vivía en París. Se negó a acu­dir a un hos­pi­tal por temor a ser iden­ti­fi­ca­do. El fran­quis­mo tam­bién recu­rrió a la fór­mu­la de los con­fi­na­mien­tos: así, el diri­gen­te del PSOE Ramón Rubial fue envia­do a la comar­ca extre­me­ña de Las Hurdes.

Robo de bebés

El robo de bebés no se ha con­ver­ti­do en escán­da­lo has­ta estos últi­mos años, y sólo ha aflo­ra­do la pun­ta del ice­berg. El gran esce­na­rio estu­dia­do has­ta aho­ra para esta prác­ti­ca es el de la pri­sión. Eus­kal Memo­ria recu­pe­ra el tes­ti­mo­nio del his­to­ria­dor Ricard Vin­yes, que reve­ló que en 1944 des­de Satu­rra­ran par­tió un tren lleno de niños «hacia la nada (…) Había sido pre­ci­so apa­lear a algu­nas muje­res para sepa­rar­las de sus hijos, según rela­tó 60 años des­pués una de las niñas de aquel tren».

«Acci­den­tes»

El mate­rial mili­tar usa­do en la gue­rra y lue­go aban­do­na­do pro­vo­có muchas muer­tes duran­te estas déca­das, fre­cuen­te­men­te de niños que juga­ban con bom­bas per­di­das: en Ian­tzi, en San Adrián, en Irun, en Mon­tea­gu­do, en Dicas­ti­llo, en Ore­re­ta, en Urba­sa… Otro tan­to ocu­rrió en Lapur­di por las minas y otros arte­fac­tos aban­do­na­dos por los nazis tras la II Gue­rra Mundial.

La mise­ria

El fran­quis­mo exten­dió la mise­ria. Según un infor­me ela­bo­ra­do en Bil­bo en 1954, un alba­ñil gana­ba 175 pese­tas a la sema­na mien­tras que un obre­ro ron­da­ba entre las 120 y las 165. Uni­do a los «pun­tos» (plu­ses por hijo) y a la anti­güe­dad, el suel­do medio men­sual se acer­ca­ba a las 730 pese­tas en un momen­to en que un kilo de pan cos­ta­ba cin­co pese­tas; un litro de leche, cua­tro; un kilo de pata­tas, dos; y el de car­ne, 40. Por un par de zapa­tos había que pagar entre 300 y 400 pese­tas, es decir, la mitad del suel­do. Y todo ello en unos años en que la media eran tres hijos por familia.

Sinies­tra­li­dad

Aun­que evi­den­te­men­te la épo­ca no pue­da com­pa­rar­se con la actua­li­dad por los avan­ces téc­ni­cos, es inne­ga­ble que la desidia guber­na­men­tal se tra­du­jo en terri­bles acci­den­tes labo­ra­les. A la san­gría cons­tan­te pro­du­ci­da en el mar se suman por ejem­plo las explo­sio­nes en indus­trias en Araia en 1961 (ocho muer­tos), en Gal­da­kao en 1962 (sie­te), en Eran­dio en 1967 (die­ci­séis) o en Gal­da­kao en 1974 (22 falle­ci­dos). Los acci­den­tes ferro­via­rios tam­bién fue­ron cons­tan­tes: 24 muer­tos en Zumaia en 1941, 33 en Urdu­liz en 1970.…

La cen­su­ra

En 1940, Donos­tia tenía más de 400 cen­so­res en nómi­na. Se encar­ga­ban de leer toda la corres­pon­den­cia que entra­ba al Esta­do espa­ñol des­de Irun: unas 35.000 car­tas al día, aun­que fue­ra men­sa­jes entre novios o de hijos a padres. Algu­nas misi­vas ter­mi­na­rían lle­gan­do a su des­tino tres déca­das más tarde.

La Igle­sia

La dic­ta­du­ra fran­quis­ta se puso como obje­ti­vo ser el régi­men «más cató­li­co del mun­do» y para ello no repa­ró en medios. En el libro se reco­gen algu­nos casos sig­ni­fi­ca­ti­vos, como el envío de 300 misio­ne­ros a Ezke­rral­dea para que, fábri­ca a fábri­ca, evan­ge­li­za­ran a los obre­ros que se con­si­de­ra­ba que no cum­plían sus debe­res reli­gio­sos. Entra­dos ya en los años 60, la Igle­sia deci­dió hacer recuen­to de las per­so­nas que acu­dían a misa en Gas­teiz. El resul­ta­do fue satis­fac- torio: de 75.000 habi­tan­tes, iban a los tem­plos 17.700 hom­bres y 23.706 mujeres.

La ban­ca

Eus­kal Memo­ria expli­ca que en 1940 había en el Esta­do unos 250 ban­cos, unos cuan­tos de ellos vas­cos, que Fran­co pro­ce­dió a reor­de­nar para redu­cir­los a más de la mitad. Sus direc­cio­nes eran «una amal­ga­ma de cole­gas, nepo­tis­mo, mili­ta­res y téc­ni­cos». Entre los hom­bres de con­fian­za del régi­men en el sec­tor se cita a Cami­lo Alon­so Vega, gol­pis­ta en Gas­teiz en 1936, Fer­nan­do Cas­tie­lla, los Oriol.. El libro inclu­ye los nom­bres de los fran­quis­tas vas­cos más des­ta­ca­dos en ésta y en otras áreas.

El TOP

Crea­do en 1964, el Tri­bu­nal de Orden Públi­co abar­ca­ba a todo el Esta­do, pero con fija­ción espe­cial en Eus­kal Herria. Ana­li­zan­do los expe­dien­tes por pro­vin­cias y com­pa­rán­do­los con la demo­gra­fía de cada una, el rán­king lo lide­ra Gipuz­koa segui­da de Biz­kaia, Ara­ba, Nafa­rroa, Astu­rias, Soria y Granada.

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