Cla­ves para enten­der el dra­ma de la deuda

Anto­nio León

La zona euro ha muta­do des­de que al ini­cio de 2010 se des­en­ca­de­na­ra la cri­sis en Gre­cia has­ta con­ver­tir­se en una sel­va don­de sólo los más fuer­tes sobre­vi­ven. Este aná­li­sis ha sido expues­to esta sema­na por el minis­tro fin­lan­dés de Asun­tos Euro­peos, Alex Stubb. En una con­fe­ren­cia el jue­ves en el Cole­gio Euro­peo de Bru­jas (Bél­gi­ca), cuna de suce­si­vas hor­na­das de euró­cra­tas, Stubb afir­mó: «El euro se ha con­ver­ti­do en una mone­da esen­cial­men­te dar­wi­nis­ta. El mer­ca­do pre­mia a los paí­ses tri­ple A y cas­ti­ga a los que han sido indo­len­tes con sus finan­zas públi­cas. La super­vi­ven­cia del más fuer­te prevalece».

1 ¿Qué está pasan­do y cómo empe­zó todo? 

Duran­te la déca­da que siguió al lan­za­mien­to del euro, los mer­ca­dos con­fia­ron en que todos lo paí­ses de la zona euro eran tan sol­ven­tes o casi tan­to como Ale­ma­nia. Y les per­mi­tie­ron endeu­dar­se a tipos de inte­rés tan bajos que, igual que ha ocu­rri­do con los hoga­res en Espa­ña, alen­ta­ron un exce­so de deu­da públi­ca en paí­ses como Gre­cia don­de, ade­más, sus suce­si­vos Gobier­nos fal­sea­ron las cuen­tas públi­cas y sus ciu­da­da­nos gene­ra­li­za­ron la eco­no­mía negra, el frau­de fis­cal y la eva­sión de capi­ta­les; algo que no se per­do­na ni se com­pren­de en el cen­tro y el nor­te del Vie­jo Con­ti­nen­te. El res­to de Esta­dos superó tam­bién el umbral de endeu­da­mien­to razo­na­ble al inten­tar com­ba­tir la cri­sis finan­cie­ra y eco­nó­mi­ca mun­dial que comen­zó en 2007 y aún está en curso.

2 ¿Cuál es el papel de Ale­ma­nia en esta crisis?

Ade­más de mos­trar públi­ca­men­te sus reti­cen­cias a soco­rrer a Ate­nas, el Gobierno de Ale­ma­nia agi­tó el fan­tas­ma de que Esta­dos como Gre­cia podían que­brar e inclu­so ser expul­sa­dos del euro. Cun­dió el páni­co, y los espe­cu­la­do­res apro­ve­cha­ron para pes­car en río revuel­to. Para cubrir­se ante el ries­go de pres­tar a Gre­cia, los inver­so­res ele­va­ron la pri­ma de ries­go: es decir, exi­gie­ron de gol­pe a la Repú­bli­ca Helé­ni­ca y a otros paí­ses dudo­sos unos tipos de inte­rés mucho más ele­va­dos que a Ale­ma­nia (con­si­de­ra­da un refu­gio segu­ro) y así enca­re­cie­ron en exce­so su finan­cia­ción. La enve­je­ci­da y endeu­da­da Ale­ma­nia, por el con­tra­rio, apro­ve­cha su pres­ti­gio para finan­ciar­se a pre­cios his­tó­ri­ca­men­te de saldo.

Para no incu­rrir en una ban­ca­rro­ta, Gre­cia tuvo que pedir pres­ta­do a sus socios euro­peos y al Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal (FMI). Lue­go hicie­ron otro tan­to Irlan­da y Por­tu­gal. Espa­ña, que estu­vo al bor­de del abis­mo en pri­ma­ve­ra de 2010, vuel­ve a estar­lo con Italia.

3 ¿Cuál es el papel del Ban­co Cen­tral Euro­peo (BCE)?

El BCE, cuya misión legal se limi­ta por deseo de Ale­ma­nia a con­te­ner la infla­ción, ha bus­ca­do argu­men­tos lega­les para, pese a todo, ofre­cer la liqui­dez que nece­si­tan los ban­cos para no des­plo­mar­se como Leh­man Brothers; y com­prar deu­da públi­ca y evi­tar que se dis­pa­re la ren­ta­bi­li­dad que los inver­so­res exi­gen a los Esta­dos. Ade­más de por sus cor­sés lega­les inexis­te­nets en casos como el de la Reser­va Fede­ral esta­dou­ni­den­ses, las inter­ven­cio­nes del BCE se han vis­to limi­ta­das por una Ale­ma­nia que teme efec­tos secun­da­rios como un repun­te de la infla­ción. El mie­do ale­mán hun­de sus raí­ces en la his­to­ria más negra del país en el siglo XX, cuan­do la Gran Depre­sión con­du­jo al régi­men nazi. Pero tam­bién en el hecho de que los ale­ma­nes son un pue­blo aho­rra­dor, y si subie­ra la infla­ción con­su­mi­ría el valor de sus aho­rros. El pro­pio BCE ins­ta a los polí­ti­cos a que para salir de la cri­sis refor­men sus eco­no­mías y saneen sus pre­su­pues­tos, y no se duer­man en los laureles.

4 ¿Pue­de escin­dir­se en dos velo­ci­da­des la zona euro? 

Ale­ma­nia no deja de dar seña­les, de mane­ra inter­mi­ten­te, de que­rer sol­tar las­tre y des­pren­der­se de los paí­ses en apu­ros. Una de las ideas que bara­ja Ber­lín es emi­tir deu­da públi­ca de mane­ra con­jun­ta sólo con paí­ses más o menos boyan­tes como Aus­tria, Holan­da, Fin­lan­dia, Luxem­bur­go y Fran­cia. Crea­ría un mer­ca­do de deu­da públi­ca casi com­pa­ra­ble al de Esta­dos Uni­dos que aba­ra­ta­ría la finan­cia­ción para sus miem­bros. Al mis­mo tiem­po, los paí­ses exclui­dos de este núcleo duro ten­drían difi­cul­ta­des cre­cien­tes para colo­car sus bonos a pre­cios ase­qui­bles, lo que los deja­ría en la ante­sa­la de la quie­bra y la expul­sión de la mone­da única.

5 ¿Hay algu­na posi­ble solu­ción a la crisis? 

Mien­tras Esta­dos Uni­dos y Rei­no Uni­do han recu­rri­do a un meca­nis­mo tan sim­ple, clá­si­co y teó­ri­ca­men­te ili­mi­ta­do como finan­ciar­se a tra­vés de sus res­pec­ti­vos ban­cos cen­tra­les ‑aun­que no libre de con­tra­in­di­ca­cio­nes como la depre­cia­ción de sus divi­sas y la ace­le­ra­ción de la inflación‑, la zona euro se ha embar­ca­do en nego­cia­cio­nes bizan­ti­nas para crear meca­nis­mos de res­ca­te que no ter­mi­nan de ser efi­ca­ces ni de estar sufi­cien­te­men­te per­tre­cha­dos para apun­ta­lar eco­no­mías del tama­ño de la espa­ño­la o la ita­lia­na: dema­si­do gran­des para dejar­las caer sin que arras­tren a la eco­no­mía glo­bal, pero tam­bién dema­sia­do gran­des para poder res­ca­tar­las. Ade­más, los paí­ses en apu­ros del euro no pue­den recu­rrir a una deva­lua­ción para impul­sar la com­pe­ti­ti­vi­dad de sus eco­no­mías, y se ven obli­ga­dos a seguir com­pi­tien­do en el mer­ca­do úni­co euro­peo con la loco­mo­to­ra ale­ma­na sin ni siquie­ra poder para­pe­tar­se detrás de aran­ce­les aduaneros.

6 ¿Son efi­ca­ces los pla­nes de aus­te­ri­dad de la UE y el FMI? 

Están basa­dos en pre­vi­sio­nes erró­neas y la volun­tad ale­ma­na de pres­tar cuan­to menos ayu­da mejor. Exi­gen recor­tes radi­ca­les en pla­zos dema­sia­do cor­tos, y matan así el cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co en los paí­ses res­ca­ta­dos sal­vo Irlan­da. El plan de pri­va­ti­za­cio­nes impues­tas a Gre­cia es irreal y obli­ga­ría a Ate­nas a pre­ci­pi­tar­se y malvender

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