Manual de indig­na­dos- Alfon­so Sas­tre

Lo que está suce­dien­do aho­ra en el mun­do no es más, pero tam­po­co menos, que «un momen­to de la his­to­ria del pen­sa­mien­to polí­ti­co»; un momen­to que ya vie­ne acre­di­tan­do des­de hace unos meses su voca­ción de alcan­zar un lar­go reco­rri­do mun­dial, glo­bal. Aten­dien­do a esa voca­ción de futu­ro, yo me pro­pon­go en estas líneas docu­men­tar, aun­que sea lige­ra­men­te, el mun­do en que nacie­ron las raí­ces que hoy tien­den a una nue­va y más exten­sa flo­ra­ción. ¿De dón­de vie­ne todo esto his­tó­ri­ca­men­te hablan­do, y adón­de pue­de ir? Toma­mos unos datos de cier­ta entre­vis­ta en la que el lúci­do perio­dis­ta Igna­cio Ramo­net vie­ne a dar un cla­ro tes­ti­mo­nio del fenó­meno social al que nos esta­mos refi­rien­do. Se tra­ta de «El 15‑M, un for­mi­da­ble des­per­ta­dor social», una entre­vis­ta apa­re­ci­da en el «Perió­di­co de Cata­lun­ya» el 15 octu­bre 2011. Sir­va recor­dar esta entre­vis­ta como idea gene­ral de estos acon­te­ci­mien­tos:

«El 15‑M ha saca­do a la polí­ti­ca del for­mol en el que se halla­ba». Com­por­ta en suma «una nue­va espe­ran­za», que denun­cia la «cri­sis de la demo­cra­cia repre­sen­ta­ti­va, la dic­ta­du­ra de los mer­ca­dos, los abu­sos de los ban­que­ros, las con­ni­ven­cias de los medios, etc. (…) Ya esta­mos vivien­do una suer­te de Mayo del 68 (…) Lo impor­tan­te es esto: con el 15‑M el genio de la pro­tes­ta popu­lar se ha sali­do de la bote­lla. Ya nadie lo hará regre­sar a su cubil».

Entre lo más impor­tan­te de lo que está suce­dien­do se encuen­tra la incor­po­ra­ción de los Esta­dos Uni­dos a esta situa­ción de rebel­día. Las pro­tes­tas comen­za­ron en una pla­za de Nue­va York pró­xi­ma a Wall Street el 17 de sep­tiem­bre ‑Occupy Wall Street- y se han exten­di­do a todo el país en menos de un mes. 24 de sep­tiem­bre: miles de ciu­da­da­nos mar­chan por las calles. Se pro­du­cen sete­cien­tas deten­cio­nes. 5 de octu­bre: más de quin­ce mil obre­ros mar­chan por el cen­tro finan­cie­ro de Nue­va York, etc., etc. «Lo que esta­mos vien­do aquí ‑se escri­be- es una abier­ta gue­rra de cla­ses».

¿Qué está suce­dien­do? ¿Por qué está salien­do la gen­te a la calle simul­tá­nea­men­te, de esta mane­ra, en tan­ta can­ti­dad y a estas altu­ras de la His­to­ria? ¿Son estas las famo­sas «mul­ti­tu­des» que pare­cía anun­ciar Toni Negri hace unos años, y a las que Anto­nio Álva­rez Solís se refi­rió recien­te­men­te cuan­do en un artícu­lo de GARA toma­ba nota de esta refe­ren­cia, muy opor­tu­na para una dis­cu­sión? En efec­to, se ha pro­du­ci­do «una agi­ta­ción que afec­ta a muchos ciu­da­da­nos des­col­ga­dos de la estruc­tu­ra social y que podría­mos agru­par en la inmen­sa masa que vive de pre­ca­rio (…). Estas mul­ti­tu­des (cuya for­mu­la­ción ade­lan­tó ya Toni Negri) no tie­nen la cohe­ren­cia uni­ver­sal de obje­ti­vos que tenía la cla­se tra­ba­ja­do­ra -¡pro­le­ta­rios de todo el mun­do, uníos! (…). La cues­tión estri­ba, de cara al esta­ble­ci­mien­to de un nue­vo mode­lo de socie­dad, en la bús­que­da de una base común para que esta diver­sa mul­ti­tud de esquil­ma­dos ope­re coor­di­na­da (…) sin repro­du­cir esté­ril­men­te la vie­ja lucha entre las dos vie­jas cla­ses de posee­do­res y des­he­re­da­dos». Enten­da­mos noso­tros que no es que la lucha de cla­ses sea una noción sobre­pa­sa­da sino que se con­fi­gu­ra de nue­vas for­mas pues la ver­dad esen­cial que encie­rra esa noción resi­de en el hecho cla­ve de que hay posee­do­res de la rique­za (una mino­ría) y poseí­dos por esos pose­so­res; en suma, pobres y ricos, y eso será así ‑y las luchas con­si­guien­tes- has­ta la ins­ta­la­ción del comu­nis­mo, la socie­dad sin cla­ses.

Las mul­ti­tu­des apa­re­cen como tales en la His­to­ria en muchas oca­sio­nes. El joven lec­tor no debe pen­sar que son una apa­ri­ción recien­te. Escri­to­res como E.A. Poe las tuvie­ron pre­sen­tes y ahí está su famo­so cuen­to «El hom­bre de la mul­ti­tud» que lo prue­ba.

Lo que está ocu­rrien­do hoy, creo yo, es que se está reac­tua­li­zan­do, con gran­des difi­cul­ta­des y zozo­bras, la clá­si­ca dia­léc­ti­ca entre el Indi­vi­duo y la Socie­dad, en la cual duran­te el capi­ta­lis­mo (o sea, que va para rato) man­da la lucha de cla­ses en sus dis­tin­tas for­mas y momen­tos. Esta es, en mi opi­nión, una «ley de hie­rro» de la vida social hoy por hoy, con más o menos mul­ti­tu­des indig­na­das y más o menos for­mas secun­da­rias como: per­so­na­li­da­des egre­gias vs. masas gre­ga­rias auto­ma­ti­za­das y con­tro­la­das por los gran­des medios de comu­ni­ca­ción, y con­tra­dic­cio­nes socia­les de orden secun­da­rio como: muje­res vs. hom­bres (femi­nis­mo mal enten­di­do) o jóve­nes vs. vie­jos (gene­ra­cio­nes).

En reali­dad, hoy esta­mos ante nue­vos plan­tea­mien­tos de la anti­gua dia­léc­ti­ca de las rela­cio­nes entre «indi­vi­duo» y «socie­dad», que tan­to se ha rami­fi­ca­do y cam­bia­do de nom­bres y mati­ces his­tó­ri­ca­men­te; y bueno es recor­dar que con fre­cuen­cia cree­mos estar pen­sa­do noso­tros nues­tro dis­cur­so y tene­mos pen­sa­mien­tos que ya esta­ban pen­sa­dos y que noso­tros repe­ti­mos sin saber­lo. Sólo voy a dar unas pocas mues­tras, a pro­pó­si­to de este tema de «las mul­ti­tu­des», y refi­rién­do­me a gran­des inves­ti­ga­do­res.

Empie­zo por Sören Kier­ke­gaard (siglo XIX), el cual fijó su aten­ción en la exis­ten­cia de mul­ti­tu­des lec­to­ras de dia­rios a las que con­si­de­ra­ba hun­di­das en una vida «inau­tén­ti­ca» al hacer­se sus lec­to­res, por el hecho de su lec­tu­ra, inter­cam­bia­bles los unos con los otros. Sal­te­mos, en esta bre­ve pre­sen­ta­ción de unas pocas mues­tras, a Sig­mund Freud, que publi­có una «Psi­co­lo­gía de las masas» (1921), a la que da el nom­bre de «psi­co­lo­gía colec­ti­va»: una dis­ci­pli­na que a este res­pec­to con­si­de­ra al indi­vi­duo «como miem­bro de una tri­bu, de un pue­blo, de una cas­ta, de una cla­se social o de una ins­ti­tu­ción, o como ele­men­to de una mul­ti­tud huma­na que en un momen­to dado y con un deter­mi­na­do fin se orga­ni­za en una masa o colec­ti­vi­dad». A este res­pec­to, Freud nos pre­sen­ta y acon­se­ja leer para entrar en mate­ria la obra de Gus­ta­vo Le Bon «Psi­co­lo­gía de las mul­ti­tu­des», en la que lee­mos como «sor­pren­den­te que en deter­mi­na­das cir­cuns­tan­cias, naci­das de su incor­po­ra­ción a una mul­ti­tud huma­na que ha adqui­ri­do el carác­ter de masa psi­co­ló­gi­ca (…), pien­se, sien­ta y obre de un modo abso­lu­ta­men­te ines­pe­ra­do». ¿Con qué efec­to? Para Freud, «por el solo hecho de for­mar par­te de una mul­ti­tud des­cien­de el hom­bre varios esca­lo­nes en la esca­la de la civi­li­za­ción». Léa­se a Freud y no se pase por alto su refe­ren­cia al autor Mac Dou­gall y a su libro «The Group Mind» (el enten­di­mien­to gru­pal), en el que «a una masa des­or­ga­ni­za­da (group) le da el nom­bre de mul­ti­tud, crowd». Evi­den­te­men­te son temas a estu­diar. (¿Y deci­mos algo sobre Jung? Sí, aun­que nada más sea que a él le debe­mos gran­des des­cu­bri­mien­tos sobre el «incons­cien­te colec­ti­vo», que no es poco deber.

Sal­ga­mos de la psi­co­lo­gía aun­que nada más sea para res­pi­rar un poco en el exte­rior. Aquí está la «filo­so­fía» de la mano de uno de sus pon­tí­fi­ces del siglo pasa­do; nada menos que José Orte­ga y Gas­set.

Des­de lue­go él hizo los mayo­res esfuer­zos por ale­jar­se lo más posi­ble de «las masas» y cier­ta­men­te lo con­si­guió aun­que fue­ra acer­cán­do­se un tan­to al fran­quis­mo, del que había hui­do a galo­pe con muy buen sen­ti­do de su segu­ri­dad. Bien, aquí están sus libros «La rebe­lión de las masas» y «El Hom­bre y la Gen­te». ¿Y qué había escri­to en ellos? Léan­los qui­zás más tar­de; pero aho­ra tomen sólo unas mues­tras y ya se harán una idea: Del pri­me­ro, un par de ellas: «Ser de la izquier­da ‑dice el filó­so­fo- es, como ser de la dere­cha, una de las infi­ni­tas mane­ras que el hom­bre pue­de ele­gir para ser imbé­cil»; y en otro lugar: «Cuan­do la masa actúa por sí mis­ma, lo hace sólo de una mane­ra por­que no sabe otra: lin­cha». Del segun­do: «Lo usual lo hace­mos por­que se hace. Pero ¿quién hace lo que se hace? ¡Ah! Pues la gen­te. Bien, pero, ¿quién es la gen­te? ¡Ah! Pues todos, nadie deter­mi­na­do». El autor de lo que se hace es ese extra­ño e imper­so­nal «se».

No ter­mi­na­ré sin recor­dar la lec­tu­ra del cer­te­ro libro de Ati­lio Boron en el que él dio una bue­na soman­ta a los auto­res de la obra «Impe­rio», Hardt y Negri, ante la incon­gruen­cia de éstos sobre la noción de la «mul­ti­tud» como posi­ble suje­to de la His­to­ria en nues­tro tiem­po. Eso no se lo creían ni ellos, y así ha ocu­rri­do que cuan­do inopi­na­da­men­te se han echa­do mul­ti­tu­des a las calles, H. y N. han sido los pri­me­ros sor­pren­di­dos, y has­ta se diría que asus­ta­dos: «Habrá vio­len­cia, enfren­ta­mien­tos y con­flic­tos», ha dicho Negri en unas decla­ra­cio­nes irre­le­van­tes.

Yo no sé lo que pasa­rá con el 15‑M y con los movi­mien­tos de «indig­na­dos» ‑oja­lá ten­ga razón Nao­mi Klein, quien ha dicho que «es lo más impor­tan­te que está suce­dien­do en estos momen­tos»-, pero sí sé que no ten­drá mucha rela­ción con lo que los seño­res Hardt y Negri pen­sa­ron hace unos años en sus gabi­ne­tes de tra­ba­jo.

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