Euro demo­cra­cia o demo­cra­cia popu­lar

p021_f01.jpg

Isi­dro ESNAOLA Eco­no­mis­ta

La posi­ble con­vo­ca­to­ria de un refe­rén­dum en Gre­cia ha eclip­sa­do el res­to de noti­cias de la sema­na. Final­men­te, no se cele­bra­rá y todo pare­ce haber sido una manio­bra de Papan­dreu para meter a la opo­si­ción en el Gobierno y com­par­tir el cos­te polí­ti­co de los recor­tes. Lo más intere­san­te han sido las reac­cio­nes de los líde­res euro­peos que con sus ame­na­zas, vela­das unas veces y explí­ci­tas otras, han mos­tra­do el abso­lu­to des­pre­cio que sien­ten por la demo­cra­cia.

De todas for­mas, a pesar de que siguen salien­do en tele­vi­sión y hacien­do reunio­nes inter­na­cio­na­les, ellos tam­po­co man­dan gran cosa; los que ver­da­de­ra­men­te gobier­nan Euro­pa son los ban­cos que man­tie­nen intac­to su poder para crear y des­truir dine­ro a con­ve­nien­cia. Mien­tras no se limi­te ese poder, nos segui­rán vol­vien­do locos con mucha pala­bre­ría y con­cep­tos como swaps, CDS y otros que vayan inven­tan­do, que lo úni­co que sir­ven es para esti­rar y com­pri­mir la can­ti­dad de dine­ro en cir­cu­la­ción y coar­tar cual­quier dis­cu­sión sobre eco­no­mía. La famo­sa tasa Tobin de la que siguen hablan­do en las reunio­nes del G‑20 no es más que un señue­lo para guar­dar las apa­rien­cias, dar la impre­sión de que se está hacien­do algo que es muy cos­to­so y com­pli­ca­do, y dejar intac­to ese poder que tie­nen los ban­cos.

Los islan­de­ses han sido los úni­cos euro­peos que han plan­ta­do cara a los ban­cos y a su gobierno y han con­se­gui­do recu­pe­rar el con­trol sobre sus vidas y sus asun­tos. Todo empe­zó ade­más de una mane­ra poco heroi­ca, hace aho­ra tres años apro­xi­ma­da­men­te, cuan­do Hör­dur Tor­fa­son se plan­tó delan­te del Par­la­men­to con un micró­fono e invi­tó a la gen­te a que habla­ra. Recu­pe­rar la pala­bra fue el pri­mer paso. Pron­to empe­za­ron a reu­nir­se los sába­dos, a orga­ni­zar míti­nes y mani­fes­ta­cio­nes así como cace­ro­la­das ‑de don­de cogió su nom­bre kit­chen­wa­re revo­lu­tion- para pedir la dimi­sión del Gobierno. Final­men­te, el Gobierno dimi­tió. A pesar de ello, los islan­de­ses con­ti­nua­ron orga­ni­za­dos y vigi­lan­tes velan­do por sus intere­ses. Y así, pos­te­rior­men­te han con­se­gui­do revo­car dos acuer­dos que el nue­vo Gobierno había nego­cia­do con los acree­do­res y que con­si­de­ra­ban lesi­vos para el pue­blo de Islan­dia.

No se para­ron ahí. Des­pués de tum­bar al Gobierno, se plan­tea­ron un nue­vo reto: cam­biar la Cons­ti­tu­ción. Aque­llas movi­li­za­cio­nes per­mi­tie­ron que la gen­te se orga­ni­za­ra en redes que cul­mi­na­ron en la cons­ti­tu­ción de un Foro Nacio­nal, que a su vez, orga­ni­zó una Asam­blea Cons­ti­tu­cio­nal con el fin de intro­du­cir en la Cons­ti­tu­ción los cam­bios nece­sa­rios para que lo suce­di­do no vol­vie­ra a ocu­rrir. Los tra­ba­jos de esa asam­blea fue­ron acep­ta­dos por el Par­la­men­to, que pro­mo­vió la crea­ción de un Con­se­jo Cons­ti­tu­cio­nal for­ma­do por 25 ciu­da­da­nos y ciu­da­da­nas de a pie para redac­ta­ran el borra­dor de una nue­va Cons­ti­tu­ción sobre la base de los tra­ba­jos y apor­ta­cio­nes reci­bi­das has­ta enton­ces. Y en esa tarea están.

La cla­ri­vi­den­cia del pue­blo de Islan­dia resul­ta lla­ma­ti­va. El pro­ble­ma no era tan­to y no era solo el Gobierno, sino el sis­te­ma polí­ti­co y eco­nó­mi­co que había pro­vo­ca­do aque­lla cri­sis sin pre­ce­den­tes en su his­to­ria. Y apro­ve­chan­do la diná­mi­ca gene­ra­da por las pro­tes­tas con­tra el Gobierno, se orga­ni­za­ron para cam­biar el sis­te­ma en su con­jun­to impul­san­do un pro­ce­so cons­ti­tu­yen­te par­ti­ci­pa­ti­vo y demo­crá­ti­co.

La cla­ri­dad en los obje­ti­vos per­se­gui­dos que han demos­tra­do los islan­de­ses duran­te estos tres años con­tras­ta con la dis­per­sión y ambi­güe­dad que ha carac­te­ri­za­do al movi­mien­to de los indig­na­dos o del 15‑M que vuel­ven a mover­se coin­ci­dien­do con el ini­cio de una nue­va cam­pa­ña elec­to­ral. Ese movi­mien­to ha logra­do movi­li­zar a mucha gen­te, ha lan­za­do un dis­cur­so muy crí­ti­co con­tra el sis­te­ma polí­ti­co y eco­nó­mi­co, ha uti­li­za­do lemas atrac­ti­vos e ima­gi­na­ti­vos y ha con­se­gui­do colo­car­se en el cen­tro de la vida social y polí­ti­ca duran­te algún tiem­po. Sin embar­go, con­ti­núa sin estar cla­ro, por lo menos para mí, cuá­les son los obje­ti­vos que pre­ten­den con­se­guir.

A lo mejor, las y los par­ti­ci­pan­tes en ese movi­mien­to tam­po­co lo tie­nen cla­ro. Es posi­ble que algu­nos sí lo ten­ga cla­ro, pero no lo tras­mi­ten así. En cual­quier caso, da la sen­sa­ción de que esa acti­tud y esos dis­cur­sos anti­sis­te­ma resul­tan atrac­ti­vos en su inma­cu­la­da pure­za y no se pue­den estro­pear con pro­pues­tas prác­ti­cas y obje­ti­vos con­cre­tos que obli­gan a rela­ti­vi­zar los prin­ci­pios y mol­dear los dis­cur­sos, a ensu­ciar­se a fin de cuen­tas, en la lucha polí­ti­ca.

Pero, des­de el momen­to en el que se entra en la are­na polí­ti­ca, hay que man­char­se de una u otra mane­ra, por­que al final lo que se haga o deje de hacer sí tie­ne efec­tos prác­ti­cos. El movi­mien­to no exi­gió cla­ra­men­te la dimi­sión del Gobierno como hicie­ron los habi­tan­tes de Islan­dia, tal vez, por aque­llo de que entre el Gobierno de Zapa­te­ro y un posi­ble Gobierno del PP, el pri­me­ro era el menor de los males. Si ese movi­mien­to hubie­ra opta­do por exi­gir la dimi­sión del Gobierno, es posi­ble que el actual Gobierno fue­ra ya del PP pero, en ese caso, ese nue­vo Gobierno esta­ría con­di­cio­na­do por la pre­sión popu­lar que había obli­ga­do a dimi­tir al ante­rior y no ten­dría las manos libres para hacer lo que qui­sie­ra.

Eso no se hizo y aho­ra el PP, que sí tie­ne muy cla­ro cuá­les son los intere­ses que defien­de, no dirá gran cosa duran­te la cam­pa­ña elec­to­ral y lle­ga­rá al Gobierno por sus pro­pios medios y posi­ble­men­te con una hol­ga­da mayo­ría. A par­tir de ahí podrá desa­rro­llar su pro­gra­ma sin las ata­du­ras que hubie­ra supues­to la exis­ten­cia de un movi­mien­to popu­lar amplio y con algu­na vic­to­ria a sus espal­das.

Los anti­sis­te­ma puros, los radi­ca­les inso­bor­na­bles y los izquier­dis­tas cohe­ren­tes que han par­ti­ci­pa­do en ese movi­mien­to no han que­ri­do o no han sabi­do dotar­lo de un pro­gra­ma míni­mo que cana­li­za­ra toda esa ener­gía social hacia la con­se­cu­ción del algún obje­ti­vo gene­ral. De esa mane­ra, al no diri­gir su acción hacia el logro de una meta con­cre­ta, no ha for­ta­le­ci­do la posi­ción del Gobierno, sino todo lo con­tra­rio, han soca­va­do toda­vía más su ya esca­sa auto­ri­dad y han hecho el cal­do gor­do a las hues­tes del Tea Party, camu­fla­das aho­ra den­tro de las filas del PP. Para­do­jas de la vida.

Artikulua gustoko al duzu? / ¿Te ha gustado este artículo?

Share on facebook
Share on Facebook
Share on twitter
Share on Twitter

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *