El pue­blo uni­do jamás será ven­ci­do – Jesús Valencia

Arran­có la cam­pa­ña elec­to­ral. Nue­vo reto para un pue­blo que, sin ser Espa­ña, apro­ve­cha cual­quier oca­sión para recor­dar­lo; esfor­za­da carre­ra de obs­tácu­los para exi­gir nues­tra sobe­ra­nía a dos esta­dos empe­ña­dos en negar­la. Sea por lo grue­so de la deman­da, sea por la bru­ta­li­dad de nues­tros enemi­gos, hemos teni­do la feliz ocu­rren­cia de agruparnos.

El Acuer­do de Ger­ni­ka, sin ser un fren­te elec­to­ral, se ha con­ver­ti­do en nues­tra prin­ci­pal hoja de ruta. Cada vez son más con­cu­rri­das y fre­cuen­tes las ini­cia­ti­vas que pro­mue­ve y que la socie­dad vas­ca res­pal­da. Socie­dad lla­ma­da a ser la lla­ve de la solu­ción según reza­ba el lema que nos con­gre­gó en Bil­bo el 22 de octu­bre. La ciu­da­da­nía se dio por inter­pe­la­da y acu­dió por dece­nas de miles. La mar­cha coin­ci­dió en el tiem­po con la Decla­ra­ción de ETA y con el gui­ri­gay que, tras escu­char­la, orga­ni­za­ron casi todos los espa­ño­les. Voces áspe­ras que se des­ga­ñi­tan para con­ven­cer­nos de que hemos sido derro­ta­dos. Pin­to­res­ca para­do­ja. Los supues­tos gana­do­res no con­si­guen disi­mu­lar la rabia que regur­gi­tan. ¿Y los pre­sun­tos derro­ta­dos que acu­di­mos a Bil­bo? ¡Vaya tar­de! Que si zer moduz, que si aspal­di­ko, que si zaindu.…Y todo ello ali­ña­do con jijis, jajas, abra­zos y goro­jeo. Por más que la escu­dri­ñé con dete­ni­mien­to no con­se­guía detec­tar en aque­lla gen­te el sín­dro­me de la derro­ta. Muy al contrario.

Así y todo, hubo gen­te que fal­tó a la cita. Muchos espe­rá­ba­mos de ELA una adhe­sión a la con­vo­ca­to­ria que no se pro­du­jo. Días más tar­de, y por boca de su Secre­ta­rio Gene­ral, el sin­di­ca­to reafir­mó su deseo de acu­mu­lar fuer­zas. Zorio­nak. Por lo que res­pec­ta al PNV y a Geroa Bai, el asun­to es gra­ve. Cada vez que se les invi­ta a con­fluir se aso­man a la puer­ta con cara de pocos ami­gos. Siem­pre encuen­tran ale­ga­tos para recha­zar la invi­ta­ción y man­te­ner­se en el bún­ker. Pare­ce como si mez­clar­se con el pue­blo llano los con­ta­mi­na­ra. Peor para ellos.

Vivi­mos tiem­pos que me recuer­dan a la Cuba de 1890. Mucho habían pelea­do los patrio­tas, pero se pre­pa­ra­ban para afron­tar bata­llas deci­si­vas. El gran José Mar­tí intuía la impor­tan­cia del momen­to (como «tiem­pos solem­nes» los defi­ne), ya que olían a inde­pen­den­cia. Había que­da­do obso­le­to el mode­lo auto­nó­mi­co que Espa­ña les ofre­ció: «El auto­no­mis­mo sólo ha sido útil por­que ha demos­tra­do su inefi­ca­cia, pero la inde­pen­den­cia jamás podrá ser la obra de la auto­no­mía». La situa­ción reque­ría la acu­mu­la­ción de todas las fuer­zas dis­po­ni­bles y Mar­tí cele­bra­ba que los patrio­tas se agru­pa­ran: «Es el empu­je espon­tá­neo y fer­vo­ro­so con que acu­den los cuba­nos des­de todas par­tes». Los sobe­ra­nis­tas no podían elu­dir la con­fron­ta­ción con Espa­ña y el tran­ce recla­ma­ba unión: «La sober­bia a la que vamos a enfren­tar nos debe encon­trar uni­dos… Lle­gó la hora calla­da de jun­tar­nos y de poner en común todos nues­tros recur­sos. ¡Jun­tos y adelante!».

Lejos que­da la Cuba pre­in­de­pen­den­tis­ta de Mar­tí. Pero sus pala­bras ‑maes­tro en la poé­ti­ca y en la polí­ti­ca- pudie­ran ser­vir­nos de guía en la actual coyun­tu­ra. Que las urnas del 20 de noviem­bre vuel­van a con­fir­mar la efi­ca­cia de las estra­te­gias confluyentes.

Fuen­te: Gara

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