Agre­sión into­le­ra­ble a un can­di­da­to- Edi­to­rial de Gara

Coin­ci­dien­do con el ini­cio de la cam­pa­ña, en la noche del jue­ves, un can­di­da­to al Sena­do fue abor­da­do por varias per­so­nas, que le gol­pea­ron y le ame­na­za­ron dicien­do que tenían sen­das balas para él y para cada uno de sus com­pa­ñe­ros. Se tra­ta de una agre­sión into­le­ra­ble que, si se hubie­ra pro­du­ci­do en otras cir­cuns­tan­cias, habría ori­gi­na­do de inme­dia­to una olea­da de con­de­nas y mues­tras de soli­da­ri­dad con el can­di­da­to agre­di­do. Sin embar­go, el pro­ta­go­nis­ta invo­lun­ta­rio es un aber­tza­le y los agre­so­res, que actua­ron con total impu­ni­dad, poli­cías espa­ño­les, y las con­de­nas y la soli­da­ri­dad no han llegado.

En los últi­mos días hemos asis­ti­do a dis­cur­sos que sos­te­nían que esta que aca­ba de comen­zar es una cam­pa­ña elec­to­ral sin ame­na­zas ni vio­len­cia, una afir­ma­ción que, a la vis­ta está, no es cier­ta. Jose­ba Com­pains, can­di­da­to de Amaiur, ha sido obje­to de un acto de vio­len­cia muy gra­ve, en el que a la agre­sión en sí se le suma el hecho de que se tra­ta de una per­so­na que con­cu­rre a unas elec­cio­nes, por lo que su figu­ra debe­ría ser obje­to de una espe­cial pro­tec­ción, y que sus agre­so­res son agen­tes de Poli­cía. Esta cir­cuns­tan­cia obli­ga a la Dele­ga­ción del Gobierno espa­ñol en Nafa­rroa a dar las expli­ca­cio­nes per­ti­nen­tes, iden­ti­fi­car a los auto­res de la acción vio­len­ta y depu­rar responsabilidades.

Del mis­mo modo, son muy sig­ni­fi­ca­ti­vas, y preo­cu­pan­tes, las alu­sio­nes que los poli­cías hicie­ron al pro­ce­so de solu­ción abier­to en Eus­kal Herria, del que dije­ron que no se creen «nada». Estas pala­bras, de las que tam­bién debe­ría res­pon­der la dele­ga­da del Gobierno, con­fir­man la exis­ten­cia de iner­cias inad­mi­si­bles en agen­tes que for­man par­te del núcleo del Esta­do y que cons­ti­tu­yen su fuer­za de cho­que repre­si­va. Los man­da­ta­rios espa­ño­les deben des­ac­ti­var esas iner­cias y cor­tar de raíz acti­tu­des que impo­si­bi­li­tan alcan­zar un esce­na­rio de demo­cra­cia real. Ese esce­na­rio que defien­de Jose­ba Com­pains y la coa­li­ción de la que for­ma par­te, y que al pare­cer tan­to moles­ta a sus agresores.

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