La impar­cia­li­dad como ban­de­ra- Alva­ro Reiza­bal

El dere­cho a un juez impar­cial es uno de los dere­chos fun­da­men­ta­les reco­no­ci­dos por el Con­ve­nio Euro­peo de Dere­chos Huma­nos y por todas las cons­ti­tu­cio­nes de su órbi­ta, entre ellas la espa­ño­la. La liber­tad de cri­te­rio en que estri­ba la inde­pen­den­cia del juez no pue­de ser orien­ta­da a prio­ri por sim­pa­tías o anti­pa­tías per­so­na­les o ideo­ló­gi­cas, por con­vic­cio­nes e inclu­so por pre­jui­cios. La impar­cia­li­dad ha de ser obje­ti­va y sub­je­ti­va, tenien­do esta últi­ma que ver con la posi­ble rela­ción de amis­tad, ene­mis­tad o intere­ses. El Tri­bu­nal Euro­peo de Dere­chos Huma­nos ha lla­ma­do la aten­ción sobre el tema de las apa­rien­cias, debien­do abs­te­ner­se todo juez del que pue­da temer­se legí­ti­ma­men­te una fal­ta de impar­cia­li­dad, pues va en ello la con­fian­za que los tri­bu­na­les deben ins­pi­rar en una socie­dad demo­crá­ti­ca.

Vie­ne todo esto a cuen­ta de lo ocu­rri­do ante­ayer, una vez más, en la Audien­cia Nacio­nal, en la que, según han reco­gi­do con pro­fu­sión los medios de comu­ni­ca­ción, pudo oír­se a la Sra. magis­tra­da que pre­si­día la Sala refe­rir­se a los acu­sa­dos como «estos cabro­nes», expre­sión que, obvia­men­te, no deno­ta una gran sim­pa­tía hacia las per­so­nas a las que se esta­ba juz­gan­do. El caso es que llue­ve sobre moja­do, pues ya el Tri­bu­nal Supre­mo anu­ló una sen­ten­cia ante­rior con­tra Arnal­do Ote­gi por expre­sio­nes ver­ti­das duran­te el jui­cio por la mis­ma magis­tra­da. La sen­ten­cia le había con­de­na­do a dos años de pri­sión y al repe­tir­se el jui­cio resul­tó absuel­to. La mis­ma juez fue recu­sa­da por Ote­gi en el pro­ce­so Bate­ra­gu­ne, sien­do des­es­ti­ma­da la recu­sa­ción y Ote­gi y varios de los juz­ga­dos fue­ron con­de­na­dos a penas gra­ves de diez y ocho años, según los casos. Duran­te la vis­ta oral tam­bién hubo expre­sio­nes que deno­ta­ban fal­ta de impar­cia­li­dad, tales como pre­gun­tar a una de las acu­sa­das si un tiro en la nuca a seres ino­cen­tes es vio­len­cia polí­ti­ca. En oca­sio­nes ante­rio­res algu­nos medios jalea­ron las inter­ven­cio­nes de la juez Muri­llo, pero aho­ra algu­nos ya empie­zan a hablar de «lige­re­za ver­bal». De lo que no cabe duda es que, en estos casos, la apa­rien­cia de impar­cia­li­dad de que habla la juris­pru­den­cia bri­lla por su ausen­cia.

De impar­cia­li­dad habla­ban tam­bién los diri­gen­tes de la OTAN cuan­do se ini­ció la inter­ven­ción béli­ca en Libia. El obje­ti­vo, decían, no era el petró­leo, ni derro­car a Gada­fi, sino pro­te­ger al pue­blo de los des­ma­nes del dic­ta­dor. Tras meses y meses de con­ti­nuos bom­bar­deos y ante la mani­fies­ta inca­pa­ci­dad de los suble­va­dos de aca­bar con el líder libio, la avia­ción alia­da ha bom­bar­dea­do direc­ta­men­te el con­voy en el que huía Gada­fi con los suyos y lo ha entre­ga­do a quie­nes le vio­la­ron y ase­si­na­ron a los ojos de todo el mun­do, para evi­tar que fue­ra juz­ga­do, no fue­ra a ser que con­ta­se cosas incon­ve­nien­tes. ¿Ini­cia­rá el Tri­bu­nal Penal Inter­na­cio­nal, que ya había actua­do con­tra Gada­fi, algu­na actua­ción para depu­rar las res­pon­sa­bi­li­da­des deri­va­das de estos lace­ran­tes hechos? Al tiem­po.

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