Entre­vis­ta a Peri­ko Sola­ba­rria «Fui más dipu­tado en la cár­cel que en el Con­gre­so»

Periko Solabarria, el pasado miércoles, en la plaza Moyúa de Bilbao.

Ha sido con­ce­jal, dipu­tado, jun­te­ro, par­la­men­ta­rio, cura obre­ro, sin­di­ca­lis­ta… «Pero ¡ojo! del títu­lo que me sien­to más orgu­llo­so es el de peón de la cons­truc­ción por­que yo he sido un tra­ba­ja­dor toda mi vida», acla­ra Peri­ko Sola­ba­rria (Por­tu­ga­le­te 1930). A sus 81 años no fal­ta cada lunes a la encar­te­la­da de pre­sos en Bide One­ra, ni a las pro­tes­tas por los recor­tes socia­les en el Gobierno vas­co. «Esta­mos vivien­do cómo cre­ce la pobre­za, la exclu­sión social, el dete­rio­ro galo­pan­te de la socie­dad… y me due­le por­que ten­go voca­ción de lucha», dice este bata­lla­dor infa­ti­ga­ble. Inase­qui­ble al des­alien­to, decla­ra que Kukutza le devol­vió la juven­tud. «Lle­gué, mucho antes de tirar el gaz­tetxe, con más de seten­ta años y salí con 23, por el tra­ba­jo, la soli­da­ri­dad, la auto­ges­tión, la par­ti­ci­pa­ción entra­ña­ble, la liber­tad que se res­pi­ra­ba…».

Com­ba­tien­te en todas las bata­llas y ele­gi­do dipu­tado en 1979 y 1982, ve con escep­ti­cis­mo que la izquier­da aber­tza­le clá­si­ca vuel­va al Con­gre­so des­pués de 11 años de ausen­cia. «Yo estu­ve de par­la­men­ta­rio cua­tro años pero solo fui a reco­ger las actas por man­da­to de las bases de HB. Noso­tros con­si­de­rá­ba­mos que no era el momen­to de ir por­que pare­cía que con­sa­grá­ba­mos esa tran­si­ción que no había sido demo­crá­ti­ca». Una situa­ción que tam­bién le tocó vivir en la Dipu­tación de Biz­kaia. «Tam­po­co asis­tí aun­que tam­bién reco­gi­mos el acta. Txo­min Zilua­ga, San­ti Brouard y yo nos reti­ra­mos por­que las bases nos lo pidie­ron».

La situa­ción se repro­du­jo en Jun­tas Gene­ra­les. «Estu­ve ocho años de jun­te­ro y tam­po­co acu­dí, solo asis­ti­mos a la toma de pose­sión. Así, que cla­ro, yo que he vivi­do estas cir­cuns­tan­cias de par­la­men­ta­rio en Madrid, de jun­te­ro y de dipu­tado, veo el cam­bio que se da aho­ra. A mí me gus­ta todo lo asam­blea­rio y cuan­do las bases acon­se­jan que se par­ti­ci­pe, hay que hacer­lo. Si los tiem­pos y las bases lo piden, pues vamos a acu­dir, vamos a expe­ri­men­tar si des­de las pla­ta­for­mas demo­crá­ti­cas se pue­de con­se­guir algo. Las cosas van muy mal pero ya vere­mos… Esto es un avan­ce, pero tam­po­co vamos a echar las cam­pa­nas al vue­lo».

Hablar de la par­ti­ci­pa­ción le ani­ma y se retro­trae a su expe­rien­cia de con­ce­jal duran­te doce años. «Noso­tros siem­pre hemos par­ti­ci­pa­do en los ayun­ta­mien­tos. He sido tres legis­la­tu­ras con­ce­jal y en la pri­me­ra nos fal­tó muy poco para lograr la Alcal­día. Fue cuan­do salió Josu Sagas­ta­goi­tia. Yo esta­ba enton­ces en el jui­cio de Txa­pe­la como tes­ti­go. Y estan­do allá fue­ron las elec­cio­nes y no pude ni siquie­ra votar. Sali­mos como segun­da fuer­za, con 300 o 400 votos menos que el PNV». «Siem­pre pelean­do, tra­ba­jan­do y siem­pre pro­cu­ran­do que fue­ra com­pa­ti­ble el tra­ba­jo en el Ayun­ta­mien­to con el tra­ba­jo fue­ra. Me iba con la ces­ta de la comi­da a las reunio­nes del Ayun­ta­mien­to por­que así con­ce­bía que debía ser el tra­ba­jo polí­ti­co de un mili­tan­te sin­di­ca­lis­ta. Eso era lo que me pedía el cuer­po y me pedía el pue­blo».

Corría 1979 cuan­do se ente­ró que había sali­do ele­gi­do dipu­tado tra­ba­jan­do en las obras del puen­te de Ron­te­gi. «La vís­pe­ra yo me dor­mí sin estar pen­dien­te de nada. No vivía asfi­xia­do ni con nin­gu­na obse­sión. Y al día siguien­te empe­za­ron a venir los perio­dis­tas y tuve que pedir per­mi­so al jefe para dar algu­nas entre­vis­tas». «Pero lo úni­co que hici­mos Teles­fo­ro Mon­zón, Leta­men­dia Or-tzi y yo fue coger al acta de dipu­tado. Fui­mos un día a las 9 de la maña­na cuan­do no había nadie, las cogi­mos y nos vini­mos. Teles­fo­ro Mon­zón nos ense­ñó el esca­ño don­de él se sen­ta­ba sien­do dipu­tado por el Par­ti­do Nacio­na­lis­ta Vas­co en tiem­pos de la Repú­bli­ca. Pero noso­tros no par­ti­ci­pa­mos abso­lu­ta­men­te nada. De hecho, yo ni conoz­co el Con­gre­so. De allí nos fui­mos con Sán­chez Eraus­kin y con Jokin Goris­ti­di a la cár­cel de Soria, don­de esta­ban nues­tros pre­sos y qui­si­mos visi­tar a un reclu­so en repre­sen­ta­ción de todos. Qui­si­mos hacer el ges­to de entre­gar­les el acta y el car­né. Fue un ges­to del que me sien­to orgu­llo­so, aun­que el direc­tor de la cár­cel casi nos tira­se el acta al sue­lo. Gra­cias a aque­llo com­pro­bé cómo aquel hom­bre se reía de la lega­li­dad vigen­te y que para él un dipu­tado no era nadie. Y enton­ces fue cuan­do Teles­fo­ro Mon­zón, con aque­lla gra­cia que tenía, dijo: Rebuz­nan, lue­go cabal­ga­mos. Nos mar­cha­mos orgu­llo­sos. Por eso yo creo que fui­mos más dipu­tados en la cár­cel de Soria que en el Par­la­men­to espa­ñol».

«Pero quie­ro dejar cla­ra una cosa. Yo nun­ca cobré de par­la­men­ta­rio. No vi un duro. De hecho, tenía­mos un talo­na­rio que nos per­mi­tía via­jar a cual­quier par­te y no lo usé. Solo lo uti­li­cé una vez para ir a Bar­ce­lo­na para ayu­dar a un dete­ni­do, un chi­co que esta­ba muy mal de la vis­ta. Así que me fui a Bar­ce­lo­na a pedir un infor­me médi­co que lue­go lle­vé a comi­sa­ría. Solo usé aquel talo­na­rio para ayu­dar a un dete­ni­do que se encon­tra­ba en cir­cuns­tan­cias muy deli­ca­das. Por­que yo creo que un polí­ti­co debe ser hones­to y pobre por­que mane­ja un dine­ro que es del pue­blo», sub­ra­ya este vas­co que se decla­ra un hom­bre de alpar­ga­tas.

«He tra­ba­ja­do en el túnel de Mal­ma­sin, don­de está aho­ra el BEC, en el puen­te de Ron­te­gi… Allí tenía mis char­las con José Alber­to Pra­de­ra, ex dipu­tado gene­ral de Biz­kaia, que esta­ba de inge­nie­ro jefe en las obras mien­tras yo esta­ba de peón. Cuan­do podía, char­lá­ba­mos y tenía­mos ter­tu­lias muy intere­san­tes pero cla­ro él se dedi­ca­ba a mirar y yo tenía que tra­ba­jar». Por eso, decla­ra que siem­pre está al lado de los tra­ba­ja­do­res. «Nor­mal­men­te son los que mue­ren en el tajo, los tra­ba­ja­do­res tie­nen la par­te más dura, son los que ganan menos y los que más sufren», indi­ca con su lado más rei­vin­di­ca­ti­vo.

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