¿Qué es eso de pre­gun­tar al pue­blo?- Martxe­lo Diaz

La ha lia­do bue­na Yor­gos Papan­dreu con su idea de con­vo­car un refe­rén­dum para que los grie­gos deci­dan en las urnas si se apli­ca el drás­ti­co plan de ajus­te que impli­ca­rá un nue­vo recor­te a los mer­ma­dos dere­chos socia­les de los habi­tan­tes del país medi­te­rrá­neo.

Ange­la Mer­kel y Nico­las Sar­kozy han mon­ta­do en cóle­ra y han abron­ca­do públi­ca­men­te a Papan­dreu. ¿Cómo se le ocu­rre some­ter a refren­do popu­lar lo que se acor­dó en un opa­co y lejano des­pa­cho de un Con­se­jo Euro­peo? ¿Es que no ha enten­di­do toda­vía que lo que se deci­de en las blin­da­das ofi­ci­nas de Bru­se­las es para apli­car­lo inme­dia­ta­men­te sin pre­gun­tar­le a quie­nes lo van a sufrir?

El otro día me comen­ta­ban que colec­ti­vos como Médi­cos Sin Fron­te­ras han vis­to cómo acu­dían ciu­da­da­nos grie­gos a los hos­pi­ta­les de cam­pa­ña que tie­nen ins­ta­la­dos en Gre­cia para aten­der a los inmi­gran­tes que inten­tan lle­gar sin éxi­to a la Euro­pa for­ta­le­za. No es de extra­ñar, tenien­do en cuen­ta que en los hos­pi­ta­les grie­gos han comen­za­do, según expli­can, a cobrar una tasa de cin­co euros por entrar al recin­to. Sólo por entrar al hos­pi­tal, que te atien­dan ya es otra cosa. Un perió­di­co infor­ma­ba ayer de que se han empe­za­do a detec­tar casos de mala­ria entre grie­gos que nun­ca habían via­ja­do al extran­je­ro, cuan­do se con­si­de­ra­ba que esta enfer­me­dad esta­ba erra­di­ca­da des­de hace déca­das.

Así las cosas, no es de extra­ñar que si a los grie­gos les dan la opción de expre­sar su opi­nión mues­tren su más radi­cal recha­zo a un sis­te­ma que les está con­de­nan­do a la pre­ca­rie­dad más abso­lu­ta. Aun­que lue­go su opi­nión no sea teni­da en cuen­ta, como cuan­do los irlan­de­ses recha­za­ron la Cons­ti­tu­ción Euro­pea y repi­tie­ron la vota­ción has­ta que salió que sí.

Pero entre noso­tros tam­bién tene­mos a diri­gen­tes polí­ti­cos que le tie­nen más mie­do que a un nubla­do a que la ciu­da­da­nía se pue­da expre­sar libre­men­te sobre los pro­ble­mas que le afec­tan en su vida dia­ria y pre­fie­ren seguir ges­tio­nan­do esce­na­rios en los que se mar­gi­na a bue­na par­te de la socie­dad a la que, cíni­ca­men­te, dicen ser­vir.

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