Eje­cu­ti­vos de Gold­man Sachs copan ins­ti­tu­cio­nes cla­ve en la cri­sis, la zorra y las galli­nas

Pul­sa sobre el cró­quis de arri­ba para aumen­tar­lo.

La lucha con­tra la cri­sis finan­cie­ra euro­pea entra hoy en una nue­va fase con la lle­ga­da del ita­liano Mario Draghi a la pre­si­den­cia del Ban­co Cen­tral Euro­peo (BCE). Los crí­ti­cos dirán que es indis­tin­gui­ble de su pre­de­ce­sor, Jean-Clau­de Tri­chet, y muchos orto­do­xos esta­rán de acuer­do. Pero Draghi­tie­ne una sin­gu­la­ri­dad: entre enero de 2002 y diciem­bre de 2005, fue alto eje­cu­ti­vo de Gold­man Sachs, el gran ban­co de inver­sio­nes esta­dou­ni­den­se que duran­te esos mis­mos años esta­ba ayu­dan­do a Gre­cia a ocul­tar su deu­da a tra­vés de ins­tru­men­tos finan­cie­ros opa­cos, ope­ra­ción cono­ci­da como swap. Con la lle­ga­da de Draghi al trono del BCE, ya son tres las palan­cas cla­ve en la cri­sis de la euro­zo­na que esta­rán aho­ra con­tro­la­das por exdi­rec­ti­vos del polé­mi­co ban­co que entre 2001 y 2008 ayu­dó a maqui­llar las cuen­tas grie­gas: el BCE, la divi­sión del Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal (FMI) para Euro­pa y la Agen­cia grie­ga de Deu­da Públi­ca. El ban­co ase­so­ró en su día al Gobierno con­ser­va­dor grie­go para ocul­tar su deu­da Cuan­do los tru­cos de las cuen­tas grie­gas que­da­ron al des­cu­bier­to, ya en 2009, pren­dió el incen­dio en la euro­zo­na: fue el ini­cio for­mal de la cri­sis euro­pea, que empe­zó en Ate­nas, siguió en Irlan­da y Por­tu­gal e infec­tó tan­to al con­jun­to de la UE que aún ame­na­za con lle­var­se por delan­te has­ta la cons­truc­ción euro­pea mis­ma. Aho­ra serán algu­nos de los exdi­rec­ti­vos del ban­co que ayu­dó a pro­vo­car el incen­dio los que han reci­bi­do el encar­go de apa­gar­lo. Pero nin­guno apun­ta hacia su exban­co. Su rece­ta com­par­ti­da es otra: extre­ma aus­te­ri­dad de las cuen­tas públi­cas. Ya en 2009, el nue­vo Eje­cu­ti­vo grie­go del socia­lis­ta Yor­gos Papan­dreu, escan­da­li­za­do por los tru­cos con­ta­bles crea­dos por Gold­man Sachs que dijo des­cu­brir (y que se emplea­ron tam­bién en los gobier­nos socia­lis­tas de Cos­tas Simi­tis), puso al fren­te de la Agen­cia de Deu­da Públi­ca grie­ga a Petros Chris­to­dou­lou. El exper­to finan­cie­ro no sólo había tra­ba­ja­do en Gold­man Sachs, sino que en 2006 era el res­pon­sa­ble de Mer­ca­dos y Ban­ca Pri­va­da del Ban­co Nacio­nal de Gre­cia, la enti­dad pri­va­da que a par­tir de ese año vehi­cu­ló el swap grie­go dise­ña­do por Gold­man Sachs, a tra­vés de una cuen­ta en Dela­wa­re (EEUU), un terri­to­rio con­si­de­ra­do un paraí­so fis­cal. En octu­bre de 2010, otro exeje­cu­ti­vo de Gold­man Sachs ate­rri­zó en un pues­to cla­ve para afron­tar la cri­sis de la euro­zo­na: la direc­ción para Euro­pa del FMI, actor de pri­mer orden en los pla­nes de res­ca­te y guar­dián de las medi­das orto­do­xas de aus­te­ri­dad. Se tra­ta del por­tu­gués Anto­nio Bor­ges, vice­pre­si­den­te y mana­ging direc­tor de Gold­man Sachs Inter­na­cio­nal (la uni­dad del ban­co con sede en Lon­dres que diri­gió los swaps grie­gos) entre 2000 y 2008, jus­to coin­ci­dien­do con el pro­gra­ma grie­go del ban­co. Y hoy ascien­de a la cús­pi­de del BCE, que la mayo­ría de ana­lis­tas con­si­de­ran el actor más impor­tan­te para esta fase de la cri­sis, Mario Draghi, exvi­ce­pre­si­den­te de Gold­man Sachs Inter­na­cio­nal entre 2002 y 2005. En estos años, el ban­que­ro ita­liano no se limi­tó a ser alto direc­ti­vo del ban­co: era tam­bién socio y, por tan­to, inte­gran­te de su res­trin­gi­da éli­te. Cuan­do Draghi pre­sen­tó sus cre­den­cia­les ante la Euro­cá­ma­ra, el pasa­do junio, se vio for­za­do a hablar de Gold­man y ase­gu­ró que nada supo en su momen­to de los swaps grie­gos. Pero la polé­mi­ca ope­ra­ción de su exban­co le sigue per­si­guien­do has­ta aho­ra. «El ascen­so de los exdi­rec­ti­vos de Gold­man no es en abso­lu­to anec­dó­ti­co» “Pro­duc­tos Fran­kens­tein” «Al menos, el nue­vo pre­si­den­te del BCE ten­drá un mejor cono­ci­mien­to que Tri­chet de los pro­duc­tos Fran­kens­tein», iro­ni­za por correo elec­tró­ni­co Marshall Auer­back, eco­no­mis­ta de la Uni­ver­si­dad de Mis­sou­ri. «Poner a Draghi al fren­te del BCE es como tener a un zorro guar­dan­do el galli­ne­ro», expli­ca a Públi­co el pres­ti­gio­so eco­no­mis­ta Simon John­son, pro­fe­sor del Mas­sa­chu­setts Ins­ti­tu­te of Tech­no­logy (MIT). John­son aña­de, sin embar­go, que hay que espe­rar por­que, siguien­do con las metá­fo­ras que sugie­re, cuan­do se pone «a un ladrón de vigi­lan­te», pue­den suce­der dos cosas: «A veces, ello evi­ta nue­vos robos», por­que el nue­vo vigi­lan­te cono­ce bien los méto­dos de los mal­he­cho­res. Y otras veces, «sim­ple­men­te hay más robos aún». «Ya vere­mos qué suce­de», con­clu­ye. La fir­ma ha esta­do rela­cio­na­da con las ope­ra­cio­nes más polé­mi­cas de la cri­sis John­son no es nin­gún radi­cal: lle­gó a ser eco­no­mis­ta jefe del FMI y qui­zá por­que cono­ce bien el mun­do eco­nó­mi­co orto­do­xo ha sido capaz de escri­bir uno de los libros que con más soli­dez expo­nen la tesis de que hoy el poder está mucho más en manos de la gran ban­ca que de los polí­ti­cos. El libro se lla­ma 13 ban­kers. The Wall Stret Takeo­ver and the Next Finan­cial Melt­down (Pantheon) [13 ban­que­ros. La toma por par­te de Wall Street y la pró­xi­ma implo­sión finan­cie­ra] y sus pági­nas des­cri­ben muy bien el fenó­meno de la «puer­ta gira­to­ria». Es decir, los vasos comu­ni­can­tes entre la esfe­ra polí­ti­ca y el poder eco­nó­mi­co, siem­pre diri­gi­da por este últi­mo, que cuen­ta con pie­zas muy bien colo­ca­das en los gobier­nos y lue­go aco­ge gene­ro­sa­men­te a polí­ti­cos cla­ve cuan­do dejan el poder. «En la UE tam­bién tene­mos un Insi­de Job, sin duda; está cla­rí­si­mo que no es exclu­si­vo de EEUU», afir­ma Ale­jan­dro Inurrie­ta, pro­fe­sor del Ins­ti­tu­to de Estu­dios Bur­sá­ti­les, en refe­ren­cia a la exi­to­sa pelí­cu­la sobre la cri­sis finan­cie­ra que des­nu­da algu­nos ejem­plos de «puer­ta gira­to­ria». Inurrie­ta (tam­po­co sos­pe­cho­so de radi­cal: ha sido direc­tor gene­ral en el Gobierno de José Luis Rodrí­guez Zapa­te­ro y con­ce­jal del PSOE en Madrid) con­si­de­ra que el ascen­so de Draghi en el BCE y de otros exdi­rec­ti­vos de Gold­man Sachs «no es en abso­lu­to anec­dó­ti­co». Y aña­de: «El pro­ble­ma es gra­ví­si­mo por­que algu­nos polí­ti­cos deci­den pen­san­do que su des­tino final será el Gold­man de turno». Las puer­tas gira­to­rias El ban­co de inver­sión se rodea de un secre­tis­mo que ali­men­ta su mito Los ejem­plos de «puer­ta gira­to­ria» son abun­dan­tes y algu­nos de altí­si­mo nivel. Como Robert Rubin: pasó de Gold­man Sachs a la Secre­ta­ría del Teso­ro con Bill Clin­ton des­de don­de logró la máxi­ma libe­ra­li­za­ción del sec­tor finan­cie­roy lue­go ate­rri­zó en Citi­group. O Henry Paul­son: tam­bién sal­tó des­de la direc­ción de Gold­man Sachs a la Secre­ta­ría del Teso­ro de Geor­ge W. Bush y des­de este pues­to fue cla­ve en dejar que­brar el ban­co de inver­sio­nes Leh­man Brothers, uno de los máxi­mos riva­les de Gold­man. Al fren­te de Gold­man Sachs Inter­na­cio­nal está Peter Shu­ter­land, irlan­dés muy bien conec­ta­do con las ins­ti­tu­cio­nes comu­ni­ta­rias por­que fue comi­sa­rio de Com­pe­ten­cia a fina­les de los años ochen­ta. Pero, ade­más, en 2005 fichó a Mario Mon­ti tras pasar diez años en el Eje­cu­ti­vo comu­ni­ta­rio, que nun­ca qui­so fis­ca­li­zar las cuen­tas grie­gas coci­na­das por el ban­co esta­dou­ni­den­se. Mon­ti fue pri­me­ro comi­sa­rio de Mer­ca­do Interno y lue­go de la Com­pe­ten­cia. Al año siguien­te, en 2006, Gold­man Sachs incor­po­ró al eco­no­mis­ta jefe del BCE, Otmar Issing, tras una lar­ga e influ­yen­te carre­ra en el Bun­des­bank y el BCE. Y antes del verano, el ban­co ha logra­do otro ficha­je impor­tan­te: Huw Pill, eco­no­mis­ta de refe­ren­cia del BCE. «La UE cono­cía muy bien el frau­de de las cuen­tas grie­gas pre­pa­ra­do por Gold­man y nun­ca qui­so hacer nada», sub­ra­ya Leo­ni­das Vati­kio­tis, eco­no­mis­ta grie­go y ase­sor en Deb­to­cracy, la ver­sión grie­ga de Insi­de Job que cau­sa furor en inter­net. Aña­de Vati­kio­tis: «Tene­mos una prue­ba recien­te de ello: la radi­cal nega­ti­va del BCE, con el res­pal­do de la UE, a entre­gar a Bloom­berg la infor­ma­ción que recla­ma sobre cómo Gre­cia ocul­tó la deu­da», con­clu­ye. La opo­si­ción del BCE a difun­dir estos docu­men­tos es total. Y la agen­cia inclu­so ha acu­di­do a los tri­bu­na­les para recla­mar­los. La «puer­ta gira­to­ria» es un fenó­meno común a todo el sec­tor finan­cie­ro y, sobre todo, a la gran ban­ca de inver­sión. Pero Gold­man Sachs se sitúa, con dife­ren­cia, en lo más alto del podio de ese ima­gi­na­rio de poder glo­bal en la som­bra que los sec­to­res orto­do­xos sue­len con­si­de­rar meras «teo­rías cons­pi­ra­ti­vas». El secre­tis­mo del ban­co ali­men­ta el mito: tam­bién para este artícu­lo ha decli­na­do eva­luar el ascen­so de Draghi en el BCE y su pasa­do en la casa. En 2011 se han edi­ta­do dos libros de refe­ren­cia sobre el ban­co, sur­gi­dos de ámbi­tos casi anta­gó­ni­cos pero con la mis­ma con­clu­sión explí­ci­ta ya en el sub­tí­tu­lo que sub­ra­ya el enor­me poder ocul­to. De un lado, el perio­dis­ta de Le Mon­de Marc Roche ha publi­ca­do El ban­co. Cómo Gold­man Sachs diri­ge el mun­do (Deus­to) (ver entre­vis­ta en la pági­na siguien­te). Y del otro, el finan­cie­ro William D. Cohan fir­ma Money and Power. How Gold­man Sachs Came to Rule the World (Allen Lane), que podría tra­du­cir­se como Dine­ro y poder. Cómo Gold­man Sachs lle­gó para diri­gir el mun­do. La ima­gen ha ido refor­zán­do­se más aún si cabe en los últi­mos años por­que el ban­co ha esta­do rela­cio­na­do, direc­ta o indi­rec­ta­men­te, con las ope­ra­cio­nes más polé­mi­cas des­de que en 2007 esta­lló la cri­sis: entre otras, el swap grie­go; el macro­rres­ca­te de la ase­gu­ra­do­ra AIG (cuyo hun­di­mien­to muy pro­ba­ble­men­te le hubie­ra arras­tra­do), mien­tras se deja­ba caer Leh­man Brothers, archi­rri­val de Gold­man; el caso Galleon, el mayor escán­da­lo de uso de infor­ma­ción pri­vi­le­gia­da en déca­das que aho­ra tie­ne en el pun­to de mira a Rajat Gup­ta, excon­se­je­ro del ban­co; y, muy par­ti­cu­lar­men­te, Aba­cus, qui­zá el mayor escán­da­lo en las hipo­te­cas sub­pri­me, deto­nan­te del esta­lli­do de la cri­sis mun­dial. El “caso Aba­cus” Aba­cus es el nom­bre que el ban­co dio al pro­duc­to finan­cie­ro cons­trui­do con hipo­te­cas sub­pri­me de muy mala cali­dad que supues­ta­men­te puso a dis­po­si­ción de uno de sus mejo­res clien­tes, el hed­ge fund de John Paul­son, a media­dos de 2007, poco antes de que pin­cha­ra la bur­bu­ja. A Paul­son se le invi­tó supues­ta­men­te a apos­tar en con­tra del pro­duc­to (es decir, gana­ba si Aba­cus se hun­día) mien­tras que los clien­tes que inver­tían de ver­dad en el engen­dro esta­ban abo­ca­dos a la rui­na. Para evi­tar una inves­ti­ga­ción sobre el caso, Gold­man acep­tó pagar 550 millo­nes de dóla­res en julio de 2010. Se esti­ma que Paul­son se embol­só alre­de­dor de 1.000 millo­nes de dóla­res en una úni­ca apues­ta. Y uno de los mayo­res per­ju­di­ca­dos fue el ban­co ale­mán IKB, que per­dió más de 150 millo­nes y que­dó al bor­de de la quie­bra. Entre los miem­bros del con­se­jo de IKB en aquel momen­to esta­ba, en repre­sen­ta­ción del Eje­cu­ti­vo ale­mán, el pro­me­te­dor Jörg Asmus­sen, que tuvo que mover todos los hilos y más para lograr el apo­yo de su Gobierno para inyec­tar 1.500 millo­nes de dine­ro públi­co al ban­co coma­to­so y evi­tar la quie­bra. Asmus­sen es pre­ci­sa­men­te el hom­bre ele­gi­do por Ber­lín para sus­ti­tuir al dimi­ti­do Jür­gen Stark en el redu­ci­do Comi­té Eje­cu­ti­vo del BCE. Y su nue­vo jefe será Mario Draghi, el anti­guo peso pesa­do del ban­co que inven­tó el swap grie­go y creó Aba­cus.

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