Retos del pro­ce­so de cam­bio des­de la coyun­tu­ra polí­ti­ca boli­via­na- Kat­tu Arkonada

El vie­jo mun­do se mue­re El nue­vo tar­da en apa­re­cer Y en ese cla­ros­cu­ro sur­gen los monstruos
Anto­nio Gramsci

Boli­via se encuen­tra en un momen­to de cri­sis e infle­xión. Lo vie­jo, el esta­do colo­nial y moderno, no ter­mi­na de morir, y lo nue­vo, el nue­vo Esta­do Plu­ri­na­cio­nal bajo un nue­vo mode­lo eco­nó­mi­co y otro hori­zon­te de desa­rro­llo defi­ni­do por la nue­va Cons­ti­tu­ción Polí­ti­ca del Esta­do, no ter­mi­na de nacer. Y es en este momen­to his­tó­ri­co, don­de sur­gen los mons­truos, es decir, las cri­sis y con­tra­dic­cio­nes, que si se enfren­tan como un desa­fío para avan­zar, per­mi­ti­rán pro­fun­di­zar e inclu­so radi­ca­li­zar la Revo­lu­ción Demo­crá­ti­ca y Cul­tu­ral en Boli­via, pero sino se hace caso de las seña­les de aler­ta tem­pra­na que nos lle­gan, cae­mos en el ries­go de una res­tau­ra­ción de lo antiguo.

En ese sen­ti­do, pro­po­ne­mos dos mira­das al pro­ce­so de cam­bio en Boli­via, una cor­ta en base a tres suce­sos de la coyun­tu­ra polí­ti­ca boli­via­na de las últi­mas sema­nas, y una mira­da lar­ga en la que des­de una pers­pec­ti­va his­tó­ri­ca, enfren­te­mos los retos que tene­mos por delan­te en la cons­truc­ción del Esta­do Plurinacional.

Con­flic­to del TIPNIS como refle­jo de las contradicciones

El recien­te­men­te encau­za­do con­flic­to por la cons­truc­ción de una carre­te­ra en el Terri­to­rio Indí­ge­na y Par­que Nacio­nal Isi­bo­ro Sécu­re (TIPNIS), pue­de ser toma­do como la cris­ta­li­za­ción de las con­tra­dic­cio­nes, pero tam­bién limi­tes, del pro­ce­so de cam­bio en Bolivia.

Por un lado, y como hemos reite­ra­do por escri­to en nume­ro­sas oca­sio­nes, des­de la vic­to­ria en las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les de diciem­bre de 2009 don­de se obtu­vo un 64% de apo­yo popu­lar, se ha dado una muy mala ges­tión guber­na­men­tal de los con­flic­tos, tan­to a nivel sec­to­rial como terri­to­rial, que han cris­ta­li­za­do en dos con­flic­tos nacio­na­les: la impo­si­ción del decre­to de nive­la­ción de pre­cios de los com­bus­ti­bles, popu­lar­men­te lla­ma­do gaso­li­na­zo, en diciem­bre de 2010, y el con­flic­to del TIPNIS.

Este con­flic­to nos ha demos­tra­do como todos los acto­res del mis­mo están atra­ve­sa­dos por lógi­cas del capi­ta­lis­mo y la moder­ni­dad, algo muy a tener en cuen­ta en la cons­truc­ción de un nue­vo mode­lo de Esta­do. Tan­to el movi­mien­to cam­pe­sino, con­for­ma­do por coca­le­ros y comu­ni­da­des inter­cul­tu­ra­les, para quie­nes la carre­te­ra es sinó­ni­mo de pro­gre­so, ade­más de una bue­na par­te de las comu­ni­da­des indí­ge­nas del TIPNIS que deman­dan la carre­te­ra como sinó­ni­mo de la lle­ga­da del Esta­do a sus comu­ni­da­des espe­cial­men­te en lo refe­ren­te a salud y edu­ca­ción, como la pro­pia mar­cha en don­de la diri­gen­cia de la CIDOB deman­da­ba la ins­tau­ra­ción de meca­nis­mos de capi­ta­lis­mo ver­de, la nue­va expre­sión colo­nial reci­cla­da del capi­ta­lis­mo, mues­tran las difi­cul­ta­des de con­for­mar un pro­yec­to común de Esta­do Plu­ri­na­cio­nal bajo ese hori­zon­te alter­na­ti­vo de y al desa­rro­llo nom­bra­do en la nue­va Cons­ti­tu­ción como Vivir Bien. El gobierno boli­viano por su par­te tam­bién está atra­ve­sa­do por las mis­mas lógi­cas, ade­más de tener en el eje­cu­ti­vo a sec­to­res reac­cio­na­rios here­da­dos de la eta­pa neo­li­be­ral, lo cual pro­vo­ca una dispu­ta inter­na o cuan­to menos fuer­tes resis­ten­cias al inte­rior del pro­pio gobierno sobre los sen­ti­dos del proceso.

En las últi­mas sema­nas han cir­cu­la­do múl­ti­ples escri­tos don­de se cali­fi­ca a los pue­blos indí­ge­nas del orien­te como por­ta­do­res en sí mis­mos de una espe­cie de posi­ción con­tra­ria a un mode­lo extrac­ti­vis­ta, recha­zan­do el que pue­dan tener con­tra­dic­cio­nes o inclu­so ser o man­te­ner posi­cio­nes ali­nea­das con la dere­cha. Este tipo de ideas reac­tua­li­zan la noción colo­nial del buen sal­va­je de Rous­seau y no per­mi­ten ver al actor con sus ambi­va­len­cias y con­tra­dic­cio­nes. Ade­más, en estos escri­tos no pode­mos apre­ciar his­to­ria, acto­res y luchas con­cre­tas como par­te del aná­li­sis. El con­flic­to del TIPNIS nos obli­ga a intro­du­cir capas y mati­ces a un con­flic­to en un país como Boli­via, cuya pobla­ción indí­ge­na, que supera el 60% según el últi­mo cen­so de 2001, con­for­ma la socie­dad abi­ga­rra­da que nos des­cri­bía el gran soció­lo­go boli­viano Zava­le­ta. Fren­te a estos aná­li­sis sim­plis­tas y post­mo­der­nos, man­te­ne­mos la posi­ción de que la lucha en defen­sa de la Madre Tie­rra solo es legí­ti­ma cuan­do se hace des­de cla­ros posi­cio­na­mien­tos anti­im­pe­ria­lis­tas, anti­co­lo­nia­lis­tas y anticapitalistas.

Ade­más, el con­flic­to del TIPNIS nos inter­pe­la sobre cómo dar una solu­ción a las deman­das de los sec­to­res popu­la­res y cla­ses subal­ter­nas, en este caso cam­pe­si­nos que­chuas y ayma­ras des­po­seí­dos duran­te los 500 años de inva­sión colo­nial, con más dure­za si cabe duran­te los 20 años de neo­li­be­ra­lis­mo. ¿Cómo resol­ve­mos la deman­da de jus­ti­cia social y la de jus­ti­cia con la Madre Tie­rra? ¿Dón­de está el víncu­lo estre­cho entre los dere­chos colec­ti­vos y los dere­chos de la Madre Tie­rra? ¿Qué pasa­ría si se hace una con­sul­ta bajo reglas y pro­ce­di­mien­tos pro­pios a las 64 comu­ni­da­des del TIPNIS y sale de mane­ra mayo­ri­ta­ria un posi­cio­na­mien­to a favor de la carre­te­ra por el TIPNIS? Real­men­te es nece­sa­rio y urgen­te un deba­te en Boli­via en torno a la tie­rra y el terri­to­rio, así como un ver­da­de­ro pro­ce­so de refor­ma agraria.

En todo caso y como sím­bo­lo de los lími­tes de este pro­ce­so, y sien­do cons­cien­tes de que la actual coyun­tu­ra y los dife­ren­tes intere­ses qui­zás no per­mi­tían otra sali­da, se nos que­da un sabor agri­dul­ce por­que de nue­vo las diri­gen­cias, sean esta­ta­les o indí­ge­nas, deci­den sobre las bases. . A día de hoy, segui­mos sin saber con cer­te­za lo que pien­san las 64 comu­ni­da­des del TIPNIS y por lo tan­to hubie­ra sido desea­ble apro­ve­char este con­flic­to para rea­li­zar un pro­ce­so de con­sul­ta modé­li­co para la región y para los pue­blos indí­ge­nas a nivel global.

Por últi­mo, que­re­mos mani­fes­tar nues­tro recha­zo ante las voces de algu­nos com­pa­ñe­ros y com­pa­ñe­ras que des­de su posi­ción de cla­se y con la como­di­dad de tener la vida resuel­ta, han aban­do­na­do el gobierno median­te renun­cias y posi­cio­na­mien­tos públi­cos en los medios de comu­ni­ca­ción. Se debe ser auto­cri­ti­co siem­pre, y se debe dispu­tar el gobierno y el Esta­do, pero des­de un posi­ción de leal­tad al pro­ce­so de cam­bio y no aban­do­nan­do el gobierno (mucho menos en los medios de comu­ni­ca­ción) cuan­do lle­gan las pri­me­ras seña­les de la cri­sis, inevi­ta­bles en todo pro­ce­so por otra parte.

12 de octubre

La masi­va movi­li­za­ción de cen­te­na­res de miles de per­so­nas del 12 de octu­bre, en la que mar­cha­mos jun­to a los movi­mien­tos socia­les de todo Boli­via, varias comu­ni­da­des del TIPNIS inclui­das, nos mani­fies­ta cla­ra­men­te que a pesar de las con­tra­dic­cio­nes y erro­res, que deben ser siem­pre denun­cia­dos, y ade­más de la auto­crí­ti­ca nece­sa­ria, los movi­mien­tos socia­les y pue­blos indí­ge­nas de Boli­via siguen con­si­de­ran­do este pro­ce­so como suyo, asu­mien­do a Evo Mora­les como un her­mano y com­pa­ñe­ro, sin­tién­do­se ellos mis­mos par­te del gobierno.

No hacer esta lec­tu­ra es, ade­más de una cla­ra posi­ción reac­cio­na­ria, hacer el jue­go a la dere­cha en Boli­via. Pero mucho más allá que esto, el no asu­mir que hay una mayo­ría de movi­mien­tos socia­les y de la pobla­ción en gene­ral que sigue apo­yan­do el pro­ce­so de cam­bio y el gobierno, impli­ca en pri­mer lugar invi­si­bi­li­zar a los acto­res en este pro­ce­so, que no es solo el Esta­do, el gobierno, el MAS o los fun­cio­na­rios, sino acto­res popu­la­res indí­ge­nas que ade­más fue­ron cla­ves en el ciclo de movi­li­za­cio­nes anti neo­li­be­ra­les. En segun­do lugar, no reco­no­cer a este actor y su movi­li­za­ción en defen­sa del pro­ce­so de cam­bio, impli­ca vol­ver sobre la línea moral y limi­ta­da, de creer que este gobierno ya vació su con­te­ni­do popu­lar y orga­ni­za­ti­vo. En ter­cer lugar nos mues­tra que los pro­ce­sos de cam­bio no solo se hacen con el Esta­do y el gobierno sino con acto­res orga­ni­za­dos que ade­más reco­no­cen en la movi­li­za­ción la posi­bi­li­dad de dispu­tar el proceso.

Las imá­ge­nes de Evo Mora­les salien­do el vier­nes 21 de octu­bre del pala­cio pre­si­den­cial megá­fono en mano para salu­dar y mos­trar su res­pe­to a los 1500 com­pa­ñe­ros mar­chis­tas por el TIPNIS, serían impen­sa­bles en cual­quier otro pre­si­den­te o pro­ce­so en la región. No solo eso, los tres inten­sos días que han cul­mi­na­do el domin­go 23 de octu­bre con más de 15 horas de reu­nión entre el Pre­si­den­te Evo Mora­les y la diri­gen­cia de la mar­cha, don­de se han alcan­za­do acuer­dos en torno a los 16 pun­tos del plie­go de rei­vin­di­ca­cio­nes de la mar­cha, entre ellos la pro­mul­ga­ción de una ley en la Asam­blea Legis­la­ti­va Plu­ri­na­cio­nal que decla­ra el terri­to­rio del TIPNIS como intan­gi­ble, nos mues­tran una otra for­ma de hacer polí­ti­ca y como los pue­blos indí­ge­nas asu­men a Evo prác­ti­ca­men­te como el úni­co inter­lo­cu­tor con el que nego­ciar sus deman­das, lo cual cons­ti­tu­ye en sí mis­mo y a la vez poten­cia y lími­te del pro­ce­so de cambio.

Elec­cio­nes judiciales

El ter­cer gran ele­men­to de aná­li­sis para enten­der la coyun­tu­ra actual nos lo ofre­ce una lec­tu­ra de los resul­ta­dos de las elec­cio­nes judi­cia­les cele­bra­das el domin­go 16 de octu­bre. Estas elec­cio­nes han supues­to un pro­ce­so iné­di­to en el mun­do, una heren­cia de la Asam­blea Cons­ti­tu­yen­te en la que se pro­pu­so ele­gir por sufra­gio popu­lar a las auto­ri­da­des judi­cia­les del Tri­bu­nal Supre­mo de Jus­ti­cia, el Tri­bu­nal Cons­ti­tu­cio­nal, el Tri­bu­nal Agro­am­bien­tal y el Con­se­jo de la Magistratura.

A fal­ta de los resul­ta­dos fina­les, el pro­me­dio de votos váli­dos va a estar en torno al 43%, mien­tras que el total de votos nulos no va a supe­rar el 41%. Esto se con­vier­te en una cla­ra derro­ta de la opo­si­ción de dere­cha, MSM inclui­do, que había apos­ta­do toda su maqui­na­ria por el voto nulo con la inten­ción de des­gas­tar a Evo Mora­les y el MAS. Si bien debi­do a la abs­ten­ción del 20% de la pobla­ción y la difi­cul­tad de emi­tir un voto váli­do en unas elec­cio­nes en las con­tá­ba­mos con una mega pape­le­ta con 115 can­di­da­tos y can­di­da­tas con sus corres­pon­dien­tes foto­gra­fías, pare­cie­ra que el voto nulo ha sido alto, es con­ve­nien­te ana­li­zar los datos numé­ri­ca­men­te para des­mon­tar esta hipótesis.

En pri­mer lugar, podría­mos con­si­de­rar que esa abs­ten­ción de un 20% no lo es tan­to si vemos que en las elec­cio­nes a cons­ti­tu­yen­tes en 2006, en la que tam­bién se vota­ban a muchos can­di­da­tos y can­di­da­tas des­co­no­ci­das, la abs­ten­ción fue del 15.61%. En segun­do lugar pode­mos dete­ner­nos en el núme­ro de votos alcan­za­do por la opo­si­ción en las elec­cio­nes pre­si­den­cia­les de diciem­bre de 2009, que fue de 1.610.415 votos. Ese es el voto duro anti Evo, racis­ta y exclu­yen­te, y si a esa cifra le suma­mos los 155.089 votos nulos que se die­ron de mane­ra téc­ni­ca (nin­gu­na opción polí­ti­ca pidió el voto nulo) y los 543.348 votos que el MSM obtu­vo en las elec­cio­nes muni­ci­pa­les de abril 2010 (en diciem­bre 2009 iba en coa­li­ción con el MAS), obte­ne­mos un total de 2.308.852 votos que sería el total de votos de la opo­si­ción al MAS y Evo Mora­les en el momen­to actual.

Sin embar­go, y con los datos del escru­ti­nio al 90%, y un 41.80% de votos nulos, la esti­ma­ción es de 1.573.222 votos en un esce­na­rio con toda la opo­si­ción uni­da pidien­do el voto nulo, en un pro­ce­so don­de ni siquie­ra se han enfren­ta­do a una pape­le­ta con Evo Mora­les y el MAS en la mis­ma y don­de la repre­sión poli­cial a la mar­cha del TIPNIS ha influi­do en el ima­gi­na­rio de los sec­to­res de cla­se media y urba­na, con una con­sig­na por par­te de la opo­si­ción de «Vota TIPNIS, vota NULO».

Por últi­mo, pero qui­zás como ele­men­to más impor­tan­te del aná­li­sis, lo que pare­cie­ra un défi­cit del pro­pio MAS y del gobierno, la fal­ta de una estruc­tu­ra orgá­ni­ca de par­ti­do así como de imple­men­ta­ción terri­to­rial, don­de no han podi­do bajar línea para votar por los can­di­da­tos más cer­ca­nos, nos mues­tra un esce­na­rio don­de se pro­du­ce un impor­tan­tí­si­mo avan­ce en el pro­ce­so de des­co­lo­ni­za­ción. Ante la fal­ta de con­sig­nas y de can­di­da­tos ofi­cia­les, ante el total des­co­no­ci­mien­to del curri­cu­lum de los 115 can­di­da­tos y can­di­da­tas, los sec­to­res popu­la­res, las cla­ses subal­ter­nas, han vota­do por los suyos. Los can­di­da­tos y can­di­da­tas más vota­dos ape­lli­dan Mama­ni, Cusi, Cho­que, Hua­ra­chi, ade­más de ves­tir pon­cho, polle­ra y som­bre­ro. Pero ade­más, des­de el 3 de enero de 2012, la jus­ti­cia en el Esta­do Plu­ri­na­cio­nal de Boli­via será gra­tui­ta, algo que bene­fi­cia­ra en pri­mer lugar a los sec­to­res popu­la­res his­tó­ri­ca­men­te exclui­dos de un dere­cho humano bási­co como es el acce­so a la justicia.

Retos en la cons­truc­ción del Esta­do Plurinacional

Estos tres momen­tos de la coyun­tu­ra nos per­mi­ten visua­li­zar algu­nos ele­men­tos cla­ve para el futu­ro del pro­ce­so de cam­bio, y como apor­te al pro­ce­so de deba­te y cons­truc­ción de una nue­va “agen­da de octu­bre”, una nue­va agen­da para el pro­ce­so de cam­bio y el gobierno. No es posi­ble ya en este momen­to his­tó­ri­co hacer sola­men­te bue­nos aná­li­sis polí­ti­cos sino que debe­mos avan­zar en dar peque­ños pasos en la cons­truc­ción de pro­pues­tas fren­te a los retos del proceso.

En pri­mer lugar, cual­quier lec­tu­ra polí­ti­ca de los retos debe ser his­tó­ri­ca, con acto­res y luchas con­cre­tas. Debe­mos reto­mar el Ins­tru­men­to Polí­ti­co, que logra­ba con­ju­gar deman­das de cla­se y etnia en la cons­truc­ción de un blo­que his­tó­ri­co y un pro­yec­to para toda la socie­dad boli­via­na. En ese sen­ti­do la for­ma­ción polí­ti­ca de los sec­to­res popu­la­res se hace urgen­te y necesaria.

En segun­do lugar, debe­mos comen­zar a pen­sar en cons­truir una eta­pa de tran­si­ción, don­de se de una con­jun­ción del movi­mien­to indí­ge­na y el movi­mien­to cam­pe­sino jun­to al res­to de sec­to­res popu­la­res para cons­truir, con­jun­ta­men­te con los pode­res esta­ble­ci­dos, un nue­vo mode­lo de esta­do y un nue­vo mode­lo eco­nó­mi­co, ade­más de un desa­rro­llo legis­la­ti­vo de las cons­ti­tu­cio­nes. Debe­mos reto­mar las pro­pues­tas del Pac­to de Uni­dad a la Asam­blea Cons­ti­tu­yen­te, y la pro­pia Cons­ti­tu­ción como herra­mien­ta política.

Es cla­ve en esta eta­pa de tran­si­ción recu­pe­rar el deba­te sobre la colo­nia­li­dad. Es impo­si­ble cons­truir un nue­vo Esta­do trans­for­man­do el ante­rior, si no hay una crí­ti­ca radi­cal al capi­ta­lis­mo, al colo­nia­lis­mo y al patriar­ca­do, las bases de la Moder­ni­dad sobre las que se han cons­trui­do nues­tros estados.

En ter­cer lugar debe­mos ser cons­cien­tes de que el Esta­do plu­ri­na­cio­nal es un pro­yec­to polí­ti­co, pro­yec­to que no es solo para trans­for­mar las con­di­cio­nes de los pue­blos indí­ge­nas, sino que es un pro­yec­to polí­ti­co para el con­jun­to de la socie­dad. El Esta­do es un pac­to, es una rela­ción social his­tó­ri­ca, por lo tan­to el Esta­do plu­ri­na­cio­nal es la trans­for­ma­ción de ese pac­to y de esas rela­cio­nes his­tó­ri­cas. El Esta­do Plu­ri­na­cio­nal no es sola­men­te inclu­sión y par­ti­ci­pa­ción de lo indí­ge­na ori­gi­na­rio cam­pe­sino, sino una cons­truc­ción con­jun­ta, colec­ti­va, de un nue­vo mode­lo de Estado.

Final­men­te, debe­mos pen­sar y escri­bir des­de el Sur, cons­tru­yen­do una nue­va epis­te­mo­lo­gía. Esto sig­ni­fi­ca en nues­tra opi­nión cues­tio­nar, decons­truir y rein­ven­tar todos los pará­me­tros según los cua­les pen­sa­mos, nos ima­gi­na­mos y actua­mos, es decir, nece­si­ta­mos cons­truir un sen­ti­do común de lo plu­ri­na­cio­nal. Ese sen­ti­do común sig­ni­fi­ca tam­bién la cons­truc­ción de la hege­mo­nía, hege­mo­nía que se debe con­so­li­dar bajo una con­duc­ción moral y polí­ti­ca, es decir, bajo la cons­truc­ción de legi­ti­mi­dad. Bajo nin­gún con­cep­to el blo­que his­tó­ri­co pue­de cons­truir esa legi­ti­mi­dad en nin­gún tipo de cer­ca­mien­to o jus­ti­fi­ca­ción de la derecha.

Estas serían las pre­mi­sas ini­cia­les para comen­zar el deba­te de cara a una nue­va agen­da. Es tarea de todos y todas no que­dar­nos sola­men­te en la crí­ti­ca, sino comen­zar a dotar de con­te­ni­do las pro­pues­tas para esta nue­va agen­da del pro­ce­so de cambio.

* Publi­ca­do ori­gi­nal­men­te en el dia­rio vas­co Gara y el sema­na­rio boli­viano La Época

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