La «con­ver­gen­cia de intere­ses» en las revuel­tas ára­bes – Ibrahim Al-Amin

En las gue­rras que en la actua­li­dad se libran en la tras­tien­da de las revo­lu­cio­nes ára­bes, un tér­mino en par­ti­cu­lar se des­ta­ca en el léxi­co de los polí­ti­cos ára­bes y sus acó­li­tos colum­nis­tas y medios de comu­ni­ca­ción: la fra­se «la con­ver­gen­cia de intere­ses». En Túnez, los libe­ra­les de la peor cla­se y los isla­mis­tas de la varie­dad opor­tu­nis­ta se han pro­nun­cia­do en agra­de­ci­mien­to a los EE.UU. y Euro­pa por su apo­yo a la revo­lu­ción que derro­có al pre­si­den­te Zine al-Abi­di­ne Ben Ali. Ellos inter­pre­ta­ron este cam­bio en la posi­ción de los his­tó­ri­cos alia­dos occi­den­ta­les de Ben Ali como la expre­sión de un cam­bio de intere­ses. No hay pro­ble­ma, enton­ces, si estos deben con­ver­ger con los intere­ses de los revolucionarios.

En Egip­to, el ejér­ci­to optó por reti­rar­se de la bata­lla para man­te­ner al pre­si­den­te Hos­ni Muba­rak y su par­ti­do en el poder des­pués de que se dio cuen­ta de que afe­rrar­se a Muba­rak era inú­til. El maris­cal de cam­po Tan­ta­wi y su equi­po deci­die­ron anun­ciar que todos ellos eran [par­ti­da­rios] de la juven­tud y la revo­lu­ción. Algu­nos opor­tu­nis­tas pro­ce­die­ron a unir­se a la comi­ti­va del régi­men en la ala­ban­za del ejér­ci­to, sus coman­dan­tes, y su sabi­du­ría – sin olvi­dar dar las gra­cias a Occi­den­te por el apo­yo a su jus­ta cau­sa, tam­bién. Antes de que pre­gun­tes, se apre­su­ran a expli­car: es sólo que nues­tros intere­ses convergen.

En Libia, los clien­tes de la OTAN jus­ti­fi­can la lla­ma­da a Occi­den­te para des­truir el país dicien­do que era esen­cial para sal­var al pue­blo de una posi­ble masa­cre que Gad­da­fi esta­ba a pun­to de come­ter. Algu­nos siguen hacién­do­lo hoy en día. Se seña­ló en algún momen­to que la inte­gri­dad de la revo­lu­ción sería difí­cil de man­te­ner si se dele­ga­ba en un Occi­den­te que había esta­do pidien­do o roban­do el dine­ro del coro­nel y can­tan­do sus ala­ban­zas. La res­pues­ta fue cate­gó­ri­ca: no se tra­ta de una alian­za, es una expre­sión de nues­tros intere­ses con­ver­gen­tes. Por cier­to, no somos capa­ces de com­pren­der por qué la con­ver­gen­cia per­sis­te des­pués de la caí­da de Gad­da­fi y tam­bién por qué la OTAN ha sido con­vo­ca­da de nue­vo para des­truir Sir­te y Bani Walid sobre las cabe­zas de sus habi­tan­tes. De nue­vo una con­ver­gen­cia de intereses.

En Yemen, los intere­ses del régi­men gober­nan­te y algu­nos jefes tri­ba­les y mili­ta­res están en con­ver­gen­cia con el inte­rés de la Casa de Saud, los EE.UU. y otros paí­ses occi­den­ta­les para ase­gu­rar que Ali Abda­llah Saleh no deja­rá el poder aho­ra, no has­ta que una alter­na­ti­va acep­ta­ble a estos juga­do­res esté ase­gu­ra­da. Pero a los revo­lu­cio­na­rios no se les per­mi­te mirar a otra par­te para evi­tar la muer­te y el derra­ma­mien­to de sangre.

En Bah­rein, el funes­to régi­men, jun­to con una éli­te que ha esta­do roban­do al país des­de la inde­pen­den­cia, encon­tró que sus intere­ses con­ver­gen con los de los esta­dos del Gol­fo y la ocu­pa­ción esta­dou­ni­den­se: derra­mar la san­gre de la mayo­ría popu­lar que bus­ca nada más que sus dere­chos como ciu­da­da­nos. Los medios de comu­ni­ca­ción ára­bes del petro­dó­lar siguen encu­brien­do el cri­men en Bah­rein, lo que jus­ti­fi­ca como resul­ta­do de una con­ver­gen­cia tem­po­ral de intere­ses. La opo­si­ción de Bah­rein por su par­te tie­ne prohi­bi­do bus­car cual­quier apo­yo, ni siquie­ra en los medios de comu­ni­ca­ción. No pue­de haber con­ver­gen­cia de intere­ses aquí.

En Siria, por su par­te, pare­ce que hay un labe­rin­to de intere­ses con­ver­gen­tes y una inter­co­ne­xión entre ellos. Algu­nas figu­ras de la opo­si­ción reco­no­cen que los Esta­dos ára­bes del Gol­fo no están capa­ci­ta­dos para dar lec­cio­nes a nadie en la demo­cra­cia, la igual­dad y la liber­tad. Sin embar­go, expli­can que están ali­nea­dos con ellos aho­ra, y recu­rren a ellos para orga­ni­zar sus reunio­nes o pro­por­cio­nar cober­tu­ra de los medios en su apo­yo, sim­ple­men­te como una cues­tión de intere­ses con­ver­gen­tes. Una segun­da cate­go­ría de figu­ras de la opo­si­ción insis­te en que sus gru­pos de pre­sión en los EE.UU., Fran­cia, Gran Bre­ta­ña y Tur­quía no está des­ti­na­da a pro­vo­car el derro­ca­mien­to del Gobierno del pre­si­den­te Bashar Assad por la fuer­za. Pero no hay nada malo en la coope­ra­ción con estos pode­res, sos­tie­nen, inclu­so si eso con­du­ce a la inter­ven­ción en una eta­pa pos­te­rior. Todo está en con­for­mi­dad con el prin­ci­pio de la con­ver­gen­cia de intere­ses, nada más.

Figu­ras influ­yen­tes del Con­se­jo Nacio­nal Sirio han pre­sio­na­do a las auto­ri­da­des fran­ce­sas papa impe­dir la cele­bra­ción de una reu­nión de otras figu­ras de la opo­si­ción que están en con­tra [de las prác­ti­cas y alian­zas del CNS] . Las auto­ri­da­des fran­ce­sas no tie­nen nada en con­tra de la liber­tad de expre­sión, pero acce­die­ron a desem­pe­ñar este papel mise­ra­ble por­que sus intere­ses con­ver­jan con los de la fac­ción de la opo­si­ción rival. Estas per­so­nas esta­ban has­ta hace poco tra­tan­do de sobor­nar a Rusia y Chi­na. Se les dijo que, si aban­do­nan Assad, sus intere­ses en Siria serán sal­va­guar­da­dos cuan­do la opo­si­ción tome el poder. Lue­go podrían lle­gar a un acuer­do sobre la con­ver­gen­cia de intere­ses, como se ha hecho con Euro­pa y los EE.UU. ahora.

Pre­gun­ta: ¿Pue­de el otro lado tener con­ver­gen­cias de intere­ses tam­bién, o está prohi­bi­do? ¿Assad no tie­ne dere­cho a for­jar alian­zas con Rusia y Chi­na, Irán e Irak, dado que sus intere­ses con­ver­gen? Lo mis­mo se pue­de decir del Líbano: ¿Saad Hari­ri, Amin Gema­yel, y Dory Cha­moun están más en sin­to­nía con el pue­blo sirio y sus intere­ses que Hez­bo­llah, los nacio­na­lis­tas ára­bes, y gran par­te de la izquier­da? ¿O es Walid Jum­blatt más cons­cien­te de los intere­ses de Siria que Talal Ars­lan o Wahhab Wiam? ¿No le moles­ta a Burhan Gha­lioun que un ase­sino como Samir Gea­gea dé la bien­ve­ni­da a la for­ma­ción de su Con­se­jo Nacio­nal de Siria y le ofrez­ca su apo­yo? ¿Es esto tam­bién una con­ver­gen­cia de intereses?

¿Hay algu­na nece­si­dad de pedir expli­ca­cio­nes? ¿O es que las reglas de Geor­ge Bush – con noso­tros o con­tra noso­tros- toda­vía se aplican?

Tra­du­ci­do del ára­be por Cris­ti­na Por­ta­les para CEPRID

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