Argen­ti­na cele­bra la cade­na per­pé­tua a los geno­ci­das – Resu­men Lati­no­ame­ri­cano

Eufo­ria y emo­ción por la con­de­na a per­pé­tua a los geno­ci­das de la dic­ta­du­ra mili­tar, entre ellos los que ase­si­na­ron al escri­tor y mili­tan­te mon­to­ne­ro Rodol­fo Walsh.

Die­ci­séis con­de­nas en el pri­mer jui­cio a los repre­so­res de la Escue­la de Mecá­ni­ca de la Arma­da

Astiz, el Tigre y el gru­po de tareas de Mas­se­ra

El TOF 5 con­de­nó a doce de los 18 acu­sa­dos a pri­sión per­pe­tua. Hubo dos abso­lu­cio­nes. Cul­pó a los repre­so­res por el homi­ci­dio de Walsh y de los secues­tros y ase­si­na­tos del gru­po de la Igle­sia San­ta Cruz.

Los jue­ces pidie­ron que la Cor­te recla­me a orga­nis­mos inter­na­cio­na­les que el geno­ci­dio con­tem­ple la eli­mi­na­ción de gru­pos polí­ti­cos.
Lilia Ferrey­ra empe­zó la maña­na revi­san­do pape­les, bus­can­do. Final­men­te aga­rró el ori­gi­nal de la copia meca­no­gra­fia­da de la Car­ta a la Jun­ta Mili­tar de Rodol­fo Walsh. La mujer entró a la sala Audi­to­rium de los Tri­bu­na­les de Como­do­ro Py con las hojas guar­da­das en la car­te­ra, la letra, guar­dán­do­lo a él, exten­dien­do en ese espa­cio así sacra­li­za­do su pre­sen­cia: “El jui­cio para mí tie­ne un sen­ti­mien­to más ínti­mo”, dijo. “La sen­sa­ción de que es una res­pues­ta tar­día al ale­ga­to que Rodol­fo escri­bió en la Car­ta a la Jun­ta Mili­tar, por eso lo tra­je: es la res­pues­ta que la Jus­ti­cia le da a este escri­to que ten­go en mis manos 34 años más tar­de.”

El pre­si­den­te del Tri­bu­nal Oral Fede­ral 5, Daniel Obli­ga­do, leyó final­men­te, des­pués de dos años de jui­cio oral y de espe­ras, de prue­bas, tes­ti­mo­nios y des­ga­rros, la sen­ten­cia del his­tó­ri­co pri­mer jui­cio a los repre­so­res de la Escue­la de Mecá­ni­ca de la Arma­da. El Tri­bu­nal con­de­nó a 12 de los 18 repre­so­res a pri­sión per­pe­tua por pri­va­ción ile­gal de la liber­tad y tor­men­tos agra­va­dos y homi­ci­dios. Entre ellos, que­da­ron los nom­bres más emble­má­ti­cos y algu­nos de lo de mayor peso den­tro de la estruc­tu­ra mili­tar: Jor­ge el “Tigre” Acos­ta, jefe ope­ra­ti­vo del prin­ci­pal cen­tro clan­des­tino de la Mari­na; Anto­nio Per­nías, Ricar­do Cava­llo, Jor­ge Radi­ce, Oscar Mon­tes y Alfre­do Astiz, que cuan­do escu­chó la sen­ten­cia dejó de escon­der la cara, sacó pecho y una esca­ra­pe­la de algún lado para ponér­se­la en la sola­pa segui­do fija­men­te por una de las cáma­ras de la sala. Las 12 per­pe­tuas inclu­ye­ron las acu­sa­cio­nes por los homi­ci­dios de los 12 inte­gran­tes del Gru­po de la Igle­sia San­ta Cruz, entre los que esta­ban Azu­ce­na Villa­flor, las pri­me­ras Madres de Pla­za de Mayo y las mon­jas fran­ce­sas Ali­ce Domon y Léo­nie Duquet. Y 6 de las 12 con­de­nas a per­pe­tua suma­ron la acu­sa­ción por la pri­va­ción ile­gal de la liber­tad, tor­men­tos, robo de bie­nes y el homi­ci­dio de Rodol­fo Walsh, en una deci­sión que impli­ca por pri­me­ra vez una defi­ni­ción jurí­di­ca sobre el ase­si­na­to a par­tir de los tes­ti­mo­nios que se reco­gie­ron en el jui­cio y die­ron cuen­ta de la pre­sen­cia de su cuer­po muer­to en la ESMA, pese a la des­apa­ri­ción de sus res­tos. Acos­ta, Per­nías, Astiz, Radi­ce, Cava­llo, Ernes­to Weber y Juan Car­los Fotea fue­ron acu­sa­dos por su caso.

El fallo aplau­di­do en el final por sobre­vi­vien­tes y fami­lia­res que se con­gre­ga­ron en dos de las salas de Tri­bu­na­les, en la calle, en un fes­ti­val orga­ni­za­do por HIJOS, con­tu­vo otras defi­ni­cio­nes impor­tan­tes. Los jue­ces Obli­ga­do, Ricar­do Farías y Ger­mán Cas­te­lli con­de­na­ron a la pena de pri­sión per­pe­tua a Oscar Mon­tes por el cri­men de María Cris­ti­na Len­nie, en una reso­lu­ción que por sus carac­te­rís­ti­cas tam­bién es una bisa­gra: Len­nie tomó una pas­ti­lla de cia­nu­ro en el momen­to del secues­tro. El caso con­si­de­ra­do has­ta aho­ra como un supues­to sui­ci­dio había entra­do al jui­cio por pri­va­ción ile­gal de la liber­tad y tor­men­tos. La que­re­lla del CELS pidió, en su ale­ga­to, un cam­bio para impu­tar a los acu­sa­dos por su homi­ci­dio, al con­si­de­rar que cuan­do “ella opta por el sui­ci­dio no lo hace libre­men­te ni por pro­pia deci­sión, sino que lo hace for­za­da por las cir­cuns­tan­cias que gene­ra en for­ma dolo­sa e ile­gal el impu­tado”, un argu­men­to que ter­mi­nó plas­ma­do en la sen­ten­cia.

La per­pe­tua alcan­zó tam­bién a Miguel Don­da, en su caso por el homi­ci­dio de Ray­mun­do Villa­flor: una deci­sión que admi­te el cam­bio de cali­fi­ca­ción en el mis­mo sen­ti­do de Walsh: pese a la ausen­cia del cuer­po el Tri­bu­nal reco­no­ció en el fallo el ase­si­na­to a par­tir de los tes­ti­mo­nios de quie­nes lo vie­ron muer­to en el cen­tro clan­des­tino de los mari­nos.

Manuel Gar­cía Talla­da y Juan Car­los Fotea reci­bie­ron 25 años de pri­sión. El médi­co Car­los Cap­de­vi­lla reci­bió la pena a 20 años de pri­sión por 14 pri­va­cio­nes ile­ga­les y tor­men­tos agra­va­dos. Juan Anto­nio Azic, el apro­pia­dor de Vic­to­ria Don­da, fue con­de­na­do a 18 años por 3 pri­va­cio­nes ile­ga­les de la liber­tad y tor­men­tos agra­va­dos, entre ellos el de Car­los Lord­ki­pa­nid­se, a quien tor­tu­ró con su hijo sobre la pan­za. Y hubo dos abso­lu­cio­nes: Juan Car­los Rolón y Pablo Gar­cía Velaz­co, alias Dan­te, acu­sa­do por las víc­ti­mas como el jefe del ope­ra­ti­vo de Rodol­fo Walsh. Rolón esta­ba impu­tado como par­te de la pato­ta del ope­ra­ti­vo en la San­ta Cruz. Ano­che no se cono­cían las razo­nes por las que el tri­bu­nal deci­dió absol­ver­lo, pero segui­rá dete­ni­do por­que está pro­ce­sa­do por otros casos de la mega­cau­sa. El caso de Gar­cía Velaz­co es uno de los más cues­tio­na­dos por los sobre­vi­vien­tes. “Dan­te” tenía un her­mano melli­zo que está muer­to y a quién él le impu­ta la par­ti­ci­pa­ción en el ope­ra­ti­vo de Walsh como par­te de su coar­ta­da y de la lógi­ca de invi­si­bi­li­za­ción de los repre­so­res. Quie­nes lo cono­cie­ron y vol­vie­ron a ver­lo ayer por la maña­na cuan­do pro­nun­ció sus últi­mas pala­bras esta­ban furio­sos, con­ven­ci­dos de que esa coar­ta­da podría per­mi­tir­le libe­rar­se a los ojos de los jue­ces. Como Rolón, tam­po­co sal­drá en liber­tad: con­ti­nua­rá dete­ni­do por otros pro­ce­sa­mien­tos pen­dien­tes.

Final­men­te, la sen­ten­cia avan­zó sobre pedi­dos plan­tea­dos por la fis­ca­lía de Mir­na Goransky y Pablo Ouvi­ña y dio lugar a otros pedi­dos que plan­tea­ron en los ale­ga­tos las que­re­llas inte­gra­das por la Secre­ta­ría de Dere­chos Huma­nos de Nación, el Cels, que sumó a Abue­las de Pla­za de Mayo, la agru­pa­ción Kaos, Patri­cia Walsh y Hora­cio Mén­dez Carre­ra y Luis Zamo­ra, en repre­sen­ta­ción de las mon­jas fran­ce­sas y el gru­po de la San­ta Cruz. Algu­nas de las res­pues­tas fue­ron toma­das como ver­da­de­ras sor­pre­sas. El tri­bu­nal orde­nó que se abra una inves­ti­ga­ción sobre el rol que man­tu­vo duran­te la dic­ta­du­ra Ramón Arro­sa, el pri­mer jefe de la Arma­da de la demo­cra­cia. Arro­sa, que hizo su carre­ra de ascen­so duran­te la dic­ta­du­ra, decla­ró en el jui­cio como tes­ti­go y dijo aque­llo de que la infil­tra­ción de Astiz en el Gru­po de la San­ta Cruz había sido “exi­to­sa” y que el pro­ble­ma de la Arma­da había sido no dar­le cober­tu­ra y enviar­lo nue­va­men­te a tra­ba­jar esta vez a París, don­de lo des­cu­brie­ron los sobre­vi­vien­tes. Una decla­ra­ción que en su momen­to enfu­re­ció has­ta a sus cama­ra­das de armas, que le repro­cha­ron haber­se lava­do las manos. Otra deci­sión fue sepa­rar las acu­sa­cio­nes por vio­len­cia sexual en la ESMA y deri­var­las al juz­ga­do fede­ral nume­ro 12, don­de Ser­gio Torres abrió una cau­sa situán­do­los como deli­tos de lesa huma­ni­dad. Lo mis­mo orde­nó res­pec­to de los niños secues­tra­dos con sus padres y el fun­cio­na­mien­to de la mater­ni­dad clan­des­ti­na de la ESMA. El tri­bu­nal orde­nó una medi­da de pro­tec­ción sobre el Cam­po de Depor­tes de la ex ESMA, que aún sigue usan­do la Mari­na y sobre el que exis­ten sos­pe­chas de que se uti­li­zó para la inci­ne­ra­ción o entie­rro de cuer­pos.

Otro dato, qui­zá más ines­pe­ra­do, fue un pedi­do para que la Cor­te Supre­ma de Jus­ti­cia de la Nación pro­mue­va ante los orga­nis­mos de Jus­ti­cia inter­na­cio­nal la inclu­sión de la figu­ra del per­se­gui­do polí­ti­co en el deli­to inter­na­cio­nal de Geno­ci­dio.

La espe­ra

La sen­ten­cia se había anun­cia­do para las seis de la tar­de, pero se escu­chó recién dos inter­mi­na­bles horas más tar­de. La demo­ra alen­tó todo tipo de rumo­res. En los pasi­llos, los emplea­dos del Tri­bu­nal orga­ni­za­ban las filas para acre­di­ta­cio­nes que rebal­sa­ban capa­ci­da­des y pre­sen­cias. Entre los invi­ta­dos de los acu­sa­dos apa­re­ció Ceci­lia Pan­do, que ter­mi­nó en un momen­to en medio de un pasi­llo espal­da con espal­da con Myriam Lewin. Un emplea­do suda­ba bus­can­do for­mas para hacer entrar como acre­di­ta­dos a los cro­nis­tas de pren­sa que lle­ga­ron de todo los luga­res. Otro decía que todo esta­ba bien, que iba a ver una sen­ten­cia jus­ta. Los jue­ces, sin embar­go, no apa­re­cían. En la sala alguien lle­ga­ba con el dato de que no se ponían de acuer­do, que habría solo cua­tro per­pe­tuas.

El Tri­bu­nal tenía ante­ce­den­tes que des­per­ta­ban cier­ta inquie­tud des­de el comien­zo del jui­cio. Con sólo un inte­gran­te dis­tin­to, había absuel­to a tres de los cin­co acu­sa­dos en el últi­mo jui­cio a los ex jefes de Area. Ade­más, hace cua­tro años, no pudo garan­ti­zar la segu­ri­dad del ex pre­fec­to Héc­tor Febres, que murió apa­ren­te­men­te enve­ne­na­do en pri­sión antes de escu­char la sen­ten­cia.

A las ocho de la noche, todos los que tenían que estar esta­ban ahí. Las Abue­las de Pla­za de Mayo Este­la Car­lot­to, Rosa Roi­sin­blit, Nora Cor­ti­ñas y Lau­ra Con­te, de Madres de Pla­za de Mayo Línea Fun­da­do­ra; el secre­ta­rio de Dere­chos Huma­nos de la Nación, Eduar­do Luis Duhal­de y su segun­do, Luis Alem; el dipu­tado Julio Piu­ma­to, el pre­si­den­te del CELS, Hora­cio Ver­bitsky. Ceci­lia de Vin­cen­ti, la hija de Azu­ce­na Villa­flor. Ana María, Mabel y Esther, las hijas de Esther Carea­ga del gru­po de la San­ta Cruz. Lilia Ferrey­ra y Jor­ge Pine­do, el ex mari­do de Patri­cia Walsh. Los sobre­vi­vien­tes: Gra­cie­la Daleo, Car­los Lord­ki­pa­nid­se. Las sobri­nas de Léo­nie Duquet que lle­ga­ron por pri­me­ra vez a Argen­ti­na des­de Fran­cia para escu­char la sen­ten­cia. Su pri­ma, sor Gene­viè­ve Jean­nin­gros, ves­ti­da de reli­gio­sa, acom­pa­ña­da por el emba­ja­dor de Fran­cia Jean Pie­rre Asva­za­dou­rian. “Mucho de emo­ción”, decía Gene­viè­ve. “Ten­go admi­ra­ción por la Argen­ti­na, de su valen­tía de hacer estos jui­cios, de una demo­cra­cia que pue­de estar fun­da­da sobre la jus­ti­cia: estu­ve el año pasa­do y pre­sen­cié la mani­fes­ta­ción del 24 de mar­zo, vi todos esos jóve­nes que para mí es una inmen­sa espe­ran­za para la Argen­ti­na y todos los 30 mil des­apa­re­ci­dos son como sus semi­llas, para el día de hoy, de maña­na”.

Algo de eso apa­re­ció en la sala en ese momen­to. Adol­fo Man­go, de la San­ta Cruz, y María Ade­la Anto­ko­letz, que estu­vie­ron día a día ocu­pan­do las sillas de los inter­mi­na­bles días de audien­cia, repar­tie­ron unas imá­ge­nes con las fotos de los doce de la San­ta Cruz. Con la cara de Walsh. Las imá­ge­nes eran como estam­pas. A las 20.07, cuan­do entra­ron los mari­nos espo­sa­dos a la sala, los fami­lia­res mira­ban detrás de un vidrio. Con los puños en alto, la V de la vic­to­ria en las manos y las manos alza­das con las estam­pas hicie­ron de fon­do de los flashes. Cuan­do todo ter­mi­nó, y el tri­bu­nal dijo lo que dijo, la sala vol­vió a can­tar su himno: 30 mil com­pa­ñe­ros dete­ni­dos des­apa­re­ci­dos, pre­sen­tes. Aho­ra y siem­pre.

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