Rega­lo de cum­plea­ños- JM Arru­gae­ta

Ha que­ri­do la casua­li­dad, pues aun­que parez­ca algo sor­pren­den­te esas cosas aún exis­ten, que ETA haya anun­cia­do su renun­cia volun­ta­ria al uso de las armas al bor­de de mi cin­cuen­ta y tres cum­plea­ños. Y como ella y yo naci­mos el mis­mo año, com­par­ti­mos ani­ver­sa­rios. No ten­go con­cien­cia cla­ra de aque­llos tiem­pos ini­cia­les pero de lo que si que no me cabe duda es de que, como si una mar­ca inde­le­ble de naci­mien­to, hemos esta­do ínti­ma­men­te uni­dos des­de que vimos la luz, y que esa rela­ción, con sus alti­ba­jos, ten­sio­nes y momen­tos vibran­tes, ha mar­ca­do inexo­ra­ble­men­te no solo mi vida sino tam­bién la de varias gene­ra­cio­nes de vas­cos y vas­cas de mane­ra inin­te­rrum­pi­da por algo más de cin­co lar­gas y acci­den­ta­das déca­das.

El pasa­do 20 de octu­bre, en horas de la tar­de en Eus­kal Herria, seis horas menos para La Haba­na, en don­de vivo hace ya tan­tos años (cues­tión de dis­tan­cias y exi­lios inter­mi­na­bles), ETA me man­da, como si se tra­ta­se de una mujer ama­da, leja­na e inac­ce­si­ble, un men­sa­je en el len­gua­je cla­ro y ya algo anti­cua­do de los tele­gra­mas: «Es hora de des­pe­di­das, stop, ya no pue­do ni quie­ro velar más tus sue­ños y uto­pías, stop, eres gran­de y adul­to debes apren­der a defen­der­te solo, stop, hay que saber aca­bar a tiem­po, cues­tión de res­pon­sa­bi­li­dad, stop, haz­me caso, suma y sigue camino hacia el futu­ro, stop, acuér­da­te siem­pre que te he que­ri­do has­ta el infi­ni­to y más allá, stop, cual­quier cosa que hice fue por ti, stop, cuí­da­te mucho y “has­ta la vic­to­ria siem­pre”, stop».

En mi men­te se acu­mu­lan ideas y sen­ti­mien­tos diver­sos ante este «rega­lo» que se ha con­ver­ti­do, por lo que me cuen­tan las múl­ti­ples y año­ra­das voces que vía tele­fó­ni­ca me feli­ci­tan en mi día, en algo muy colec­ti­vo. Han sido tan­tos, tan­tos años, de rela­ción que no se pue­den olvi­dar, cam­biar ni borrar, es algo que for­ma­rá par­te de nues­tras bio­gra­fías para siem­pre.

Revi­so con cal­ma el vídeo-tele­gra­ma. No se a quié­nes per­te­ne­cen los ros­tros que apa­re­cen en las imá­ge­nes. Están aún enca­pu­cha­dos, (como los de los sol­da­dos del otro lado, por cier­to), no se quié­nes son los que pien­san des­de la cabe­za de la ser­pien­te y mane­jan el man­go del hacha, sin embar­go, me los ima­gino mucho más jóve­nes que yo, de otras gene­ra­cio­nes y por lo tan­to con dife­ren­tes expe­rien­cias, mucho más cer­ca que yo del pul­so y el alien­to de nues­tro pue­blo. No se sus nom­bres ni adi­vino sus caras tapa­das, pero no impor­ta, pues más allá de las incóg­ni­tas, lo que han demos­tra­do en su cla­ro y escue­to comu­ni­ca­do es que son per­so­nas valien­tes, madu­ras y sobre todo cons­cien­tes de que el «inte­rés nacio­nal», razón de ser pri­me­ra y últi­ma de esta orga­ni­za­ción, sigue pre­va­le­cien­do por enci­ma de cual­quier otro inte­rés de gru­po, a pesar de sus cin­cuen­ta y tres años, y que más allá de obs­tácu­los, des­con­fian­zas y de las pri­me­ras y pre­vi­si­bles reac­cio­nes, sim­plis­tas y mani­pu­la­do­ras, de los que rigen el poder en los dos gran­des esta­dos que ate­na­zan nues­tros des­ti­nos y nues­tra liber­tad sobe­ra­na, esta gen­te del hacha y la ser­pien­te siguen dan­do la talla como el pri­mer día fun­da­dor.

ETA ha dado ya su paso fun­da­men­tal, y lo ha hecho de mane­ra volun­ta­ria, cons­cien­te y libre. Ha deci­di­do pasar a las manos, diver­sas y colo­ri­das, del Pue­blo Vas­co la antor­cha que tuvo la valen­tía de encen­der hace más de cin­co déca­das en mitad de una férrea, gris e inexo­ra­ble dic­ta­du­ra. A par­tir de su últi­ma decla­ra­ción la defen­sa del pre­sen­te y la deter­mi­na­ción del futu­ro depen­den esen­cial­men­te de la pro­pia socie­dad vas­ca, y hay que decir cla­ra­men­te que con su deci­sión ETA a hecho honor no solo a su pro­pio nom­bre, sino tam­bién a la prin­ci­pal razón por la nació aquel lejano año de 1958.

Sin embar­go, es impor­tan­te y obli­ga­to­rio sub­ra­yar, en momen­tos tan abier­tos e intere­san­tes como estos, que la orga­ni­za­ción arma­da vas­ca solo era, y aún lo es, una par­te (impor­tan­te sin duda) de la com­pli­ca­da ecua­ción del con­flic­to polí­ti­co vas­co. Por delan­te que­dan toda­vía múl­ti­ples varia­bles de la mis­ma ecua­ción que ten­drán que mover­se (volun­ta­ria o for­za­da­men­te) para resol­ver este com­ple­jo pro­ble­ma, y eso solo será posi­ble si cada uno de noso­tros asu­mi­mos nues­tra pro­pia res­pon­sa­bi­li­dad, y nos impli­ca­mos de mane­ra vital y per­so­nal, suman­do fuer­zas y sen­si­bi­li­da­des. Ni Espa­ña ni Fran­cia, como esta­dos, e intu­yo que tam­po­co como opi­nión públi­ca mayo­ri­ta­ria, nos van a rega­lar nada que no nos sepa­mos ganar a fuer­za de mayo­rías y per­se­ve­ran­cia.

Al calor del his­tó­ri­co anun­cio, y nun­ca mejor emplea­do el tér­mino de his­tó­ri­co, me he pues­to a repa­sar las nume­ro­sas lec­tu­ras y reac­cio­nes que ha pro­vo­ca­do la noti­cia, y el ejer­ci­cio es una con­fir­ma­ción de que la teo­ría físi­ca de la rela­ti­vi­dad fun­cio­na per­fec­ta­men­te tam­bién en el ámbi­to humano: cada cual ana­li­za el fenó­meno des­de su pun­to de vis­ta, todos ven lo mis­mo y lo inter­pre­tan de mane­ra dife­ren­te.

En mi opi­nión, vete­ra­na a fuer­za de expe­rien­cias, resul­ta pre­ma­tu­ro y arries­ga­do hacer pre­vi­sio­nes de cala­do y emplear tér­mi­nos meri­dia­nos, que pue­den vol­ver­se en con­tra de quie­nes los emplean de mane­ra fes­ti­na­da, pues este pro­ce­so ape­nas aca­ba de comen­zar y no es difí­cil adi­vi­nar que resul­ta­rá bas­tan­te más com­ple­jo y mati­za­do de lo que anun­cian y repi­ten macha­co­na­men­te des­de Madrid y París, de la mis­ma mane­ra que los resul­ta­dos fina­les, en lo que se refie­re a la recla­ma­ción de sobe­ra­nía vas­ca, nudo cen­tral del con­flic­to polí­ti­co, apun­tan has­ta el momen­to en con­tra del for­za­do «triun­fa­lis­mo» his­pano-fran­cés. Por el momen­to el úni­co gana­dor y bene­fi­cia­rio evi­den­te de la tras­cen- den­tal noti­cia es el pue­blo vas­co, el res­to está en «vere­mos» y depen­de­rá de la fuer­za y capa­ci­dad de cada cual.

Los que se apre­su­ran a escri­bir una his­to­ria-narra­ción for­za­da­men­te uni­la­te­ral, están al pare­cer apu­ra­dos por la urgen­cia de con­ven­cer a «los suyos» de vic­to­rias vir­tua­les, cuan­do los acon­te­ci­mien­tos y hechos aún son actua­li­dad y pre­sen­te. La His­to­ria, con H mayús­cu­la, requie­re de la acu­mu­la­ción de tes­ti­mo­nios y fuen­tes con­fia­bles a lo que hay que sumar­le ade­más obli­ga­to­ria­men­te una mira­da pru­den­te­men­te dis­tan­te en el tiem­po. La ver­dad es que la his­to­ria la escri­ben muchas manos, y resul­ta a la pos­tre un ejer­ci­cio colec­ti­vo y per­ma­nen­te. Qui­zás den­tro de algu­nos años podre­mos hacer­nos una idea apro­xi­ma­da de qué pasó y por qué, y sobre todo de cuá­les fue­ron los resul­ta­dos fina­les, que me pare­ce en estos momen­tos lo más impor­tan­te y sus­tan­cial.

La izquier­da aber­tza­le y sobe­ra­nis­ta por lo tan­to hace muy bien en negar­se a entrar al deba­te-tram­pa de escri­bir una his­to­ria que aún es vibran­te actua­li­dad. Los vas­cos y vas­cas no tene­mos toda­vía nece­si­dad urgen­te de «saber qué pasó» para con­tár­se­lo a las nue­vas gene­ra­cio­nes. Pri­me­ro por­que lo hemos vivi­do, y lo segui­mos vivien­do toda­vía, en pri­me­ra línea como pro­ta­go­nis­tas (de mane­ra volun­ta­ria o invo­lun­ta­ria), así que no nos hace fal­ta que nos hagan «cuen­tos». Y segun­do por­que toda­vía no ha ter­mi­na­do esta lar­ga y dura eta­pa de nues­tra his­to­ria con­tem­po­rá­nea y por lo tan­to sus resul­ta­dos fina­les están por ver­se y depen­de­rán en gran medi­da (a par­tir de este 20 de octu­bre), de nues­tras pro­pias fuer­zas, capa­ci­da­des y habi­li­da­des polí­ti­cas y socia­les para sumar y arti­cu­lar ener­gías en torno a un pro­yec­to nacio­nal, que sea lo más inclu­yen­te posi­ble.

Por lo pron­to el pró­xi­mo 20 de noviem­bre esta­mos cita­dos a un nue­vo recuen­to numé­ri­co. No hay que olvi­dar­lo, nos juga­mos mucho más que algu­nos dipu­tados y sena­do­res a un par­la­men­to extra­ño, inú­til y muy ale­ja­do de nues­tras expec­ta­ti­vas y aspi­ra­cio­nes. Es ape­nas un pun­to de refe­ren­cia pero, a par­tir del pasa­do 20 de octu­bre, todos los pun­tos de refe­ren­cia son impor­tan­tes para que Eus­kal-Herria deje de ser «el país que no exis­te» como dije­ra el inol­vi­da­ble liber­ta­rio Marc Legas­se, y ocu­pe al fin su lugar en el con­cier­to de las nacio­nes, pero eso depen­de de noso­tros, de todos y cada uno de noso­tros.

Artikulua gustoko al duzu? / ¿Te ha gustado este artículo?

Share on facebook
Share on Facebook
Share on twitter
Share on Twitter

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *