Lo que Mar­las­ka ocul­ta- Xabier Makazaga

Inter­pe­la­do por el padre de unos jóve­nes tor­tu­ra­dos, el juez Gran­de-Mar­las­ka de la Audien­cia Nacio­nal ha pre­ten­di­do que toma, «a efec­tos pre­ven­ti­vos», todas las medi­das nece­sa­rias para evi­tar dichas tor­tu­ras. La ver­dad, sin embar­go, es que se opo­ne fron­tal­men­te a apli­car tres medi­das pre­ven­ti­vas que vie­nen sien­do deman­da­das des­de hace más de una déca­da por todos los orga­nis­mos inter­na­cio­na­les de pre­ven­ción de la tor­tu­ra y que sí apli­can otros tres cole­gas suyos de la Audien­cia Nacio­nal: gra­ba­ción del perio­do de deten­ción, visi­ta del médi­co de con­fian­za acom­pa­ña­do del foren­se y noti­fi­ca­ción de la deten­ción y lugar en que se encuen­tra el dete­ni­do a sus familiares.

La reali­dad es que, de 63 inco­mu­ni­ca­dos tor­tu­ra­dos el año pasa­do, 41 lo fue­ron bajo su res­pon­sa­bi­li­dad. Ni más ni menos que el 65%. Los otros dos jue­ces que se nie­gan a apli­car las men­cio­na­das medi­das pre­ven­ti­vas acu­mu­la­ron el 32% de las denun­cias de tor­tu­ras y tan sólo dos inco­mu­ni­ca­dos, el 3%, denun­cia­ron malos tra­tos tras ser inco­mu­ni­ca­dos por los tres jue­ces que sí las apli­can, aun­que con noto­rias deficiencias.

Pre­ci­sa­men­te, fue una de las reda­das orde­na­das por Mar­las­ka, la rea­li­za­da el 14 de abril de 2010 en la que detu­vie­ron a diez per­so­nas, la que dio ori­gen al des­cu­bri­mien­to de un dos­sier poli­cial interno del que se des­pren­den cla­ras prue­bas sobre lo que real­men­te les suce­de a la mayo­ría de las per­so­nas inco­mu­ni­ca­das en el Esta­do español.

Dicho dos­sier dejó negro sobre blan­co lo que, por otra par­te, era más que obvio: que equi­pos de agen­tes espe­cia­li­za­dos, iden­ti­fi­ca­dos en el dos­sier por sus alias, some­ten a los mili­tan­tes vas­cos inco­mu­ni­ca­dos a inte­rro­ga­to­rios ile­ga­les cuyo obje­ti­vo es el de «obte­ner mani­fes­ta­cio­nes que rati­fi­quen las impu­tacio­nes judi­cia­les que exis­ten»; es decir, auto­in­cul­pa­cio­nes y confesiones.

En efec­to, según la ley, si el dete­ni­do desea decla­rar, lo debe hacer siem­pre ante el ins­truc­tor poli­cial, el secre­ta­rio, y el abo­ga­do, que es siem­pre de ofi­cio en casos de inco­mu­ni­ca­ción. Cual­quier otro inte­rro­ga­to­rio es ile­gal, inclu­so apli­can­do la legis­la­ción anti­te­rro­ris­ta, pero no por ile­gal deja de ser abso­lu­ta­men­te habi­tual, y su obje­ti­vo es el de pre­pa­rar las con­fe­sio­nes que será obli­ga­do a hacer el tor­tu­ra­do en un inte­rro­ga­to­rio legal ante abo­ga­do de ofi­cio. Y si se nie­ga a ello, o no sigue exac­ta­men­te el guión pre­es­ta­ble­ci­do, ya sabe lo que le espe­ra: el infierno de nuevo.

El dos­sier interno daba cuen­ta de cómo se debía desa­rro­llar el ope­ra­ti­vo, las deten­cio­nes, los regis­tros y los inte­rro­ga­to­rios, remar­can­do el tra­to dife­ren­cial a man­te­ner con tres abo­ga­dos y un reco­no­ci­do artis­ta res­pec­to al res­to de dete­ni­dos. Así, se insis­tía de mane­ra expre­sa en que «en todo momen­to» se les dis­pen­sa­ra a los cua­tro un buen tra­to, y que su tras­la­do a Madrid se efec­tua­ra en fur­gón poli­cial, y no en coches camu­fla­dos como el de los otros seis detenidos.

Con­sig­nas que se cum­plie­ron a raja­ta­bla, pues las decla­ra­cio­nes rea­li­za­das por los dete­ni­dos ante el juez Mar­las­ka tras ago­tar el perio­do de cin­co días de inco­mu­ni­ca­ción con­cor­da­ron con lo reco­gi­do en el dos­sier. Mien­tras que los cua­tro «agra­cia­dos» rela­ta­ron un tra­to correc­to, el res­to de dete­ni­dos denun­cia­ron todo tipo de pre­sio­nes, inclu­so de índo­le sexual en el caso de las muje­res, malos tra­tos y sesio­nes de tor­tu­ra con méto­dos como «la bol­sa», entre otros.

El juez, una vez más, no les hizo ni caso, ya que cen­te­na­res de dete­ni­dos inco­mu­ni­ca­dos han denun­cia­do tor­tu­ras ante él y la úni­ca oca­sión en que ha dedu­ci­do tes­ti­mo­nio para remi­tir­lo al juz­ga­do com­pe­ten­te ha sido en el caso de Por­tu y Sara­so­la. Y lo hizo por­que las prue­bas eran tan fla­gran­tes que no le que­dó otro remedio.

Aho­ra Mar­las­ka ase­gu­ra que sólo actúa cuan­do ve y obser­va «real­men­te una míni­ma serie­dad» en las ale­ga­cio­nes de tor­tu­ras, y ha recal­ca­do que para ello tie­ne que haber «unos míni­mos ele­men­tos valo­ra­ti­vos». ¡Como si no los hubie­ra siem­pre que una per­so­na inco­mu­ni­ca­da denun­cia haber sufri­do malos tra­tos o torturas!

Lo que hay que dejar muy cla­ro es que la sim­ple denun­cia de tor­tu­ras ya es de por sí un cla­ro ele­men­to valo­ra­ti­vo y el hecho de que la mayo­ría de esas per­so­nas se auto­in­cul­pe en depen­den­cias poli­cia­les para des­pués negar ante el juez las impu­tacio­nes aún lo es más. Sobre todo, por­que no suce­de nun­ca nada simi­lar en el esta­do francés.

Tam­bién es muy escla­re­ce­dor que cada vez que el Comi­té para la Pre­ven­ción de la Tor­tu­ra del Con­se­jo de Euro­pa visi­ta el Esta­do espa­ñol da cre­di­bi­li­dad a denun­cias de tor­tu­ras des­pre­cia­das por quie­nes siem­pre se escu­dan en la fal­ta de prue­bas. O que dic­tá­me­nes y estu­dios publi­ca­dos por el Gobierno Vas­co, el Arar­te­ko y el Ins­ti­tu­to Vas­co de Cri­mi­no­lo­gía no apun­ten pre­ci­sa­men­te a la fal­se­dad de las ale­ga­cio­nes de torturas.

Ante todo ello, sólo cabe til­dar la actua­ción de Mar­las­ka como de abso­lu­ta­men­te cóm­pli­ce con los tor­tu­ra­do­res y pedir con todas nues­tras fuer­zas que se cons­ti­tu­ya cuan­to antes una comi­sión de la ver­dad ante la que los tor­tu­ra­do­res y sus cóm­pli­ces debe­rán ren­dir cuen­tas. ¡A ver cómo se expli­ca entonces!

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