Chi­na capi­ta­lis­ta – Rolan­do Asta­ri­ta

En algu­nos comen­ta­rios al blog se ha sus­ci­ta­do la pre­gun­ta de si pode­mos con­si­de­rar a Chi­na un país capi­ta­lis­ta en la actua­li­dad. Mi res­pues­ta es que sí, que esta­mos fren­te a un sis­te­ma capi­ta­lis­ta. Si bien se tra­ta de una eco­no­mía en tran­si­ción, y exis­ten muchas for­mas inter­me­dias, la cla­ve es que de con­jun­to la eco­no­mía está some­ti­da a la ley del valor, y que la pro­pie­dad capi­ta­lis­ta se desa­rro­lla cada vez más libre­men­te. Empie­zo repa­san­do bre­ve­men­te el reco­rri­do de las refor­mas imple­men­ta­das des­de fines de la déca­da de 1970, para pre­sen­tar lue­go algu­nos datos que apun­ta­lan la idea de que la socie­dad chi­na hoy es capi­ta­lis­ta.

Un ini­cio “buja­ri­nis­ta”

Las refor­mas eco­nó­mi­cas imple­men­ta­das por el Par­ti­do Comu­nis­ta empe­za­ron en diciem­bre de 1978 (Mao había muer­to en 1976), y se fue­ron exten­dien­do y pro­lon­gan­do, siem­pre en direc­ción al capi­ta­lis­mo. Al comien­zo solo afec­ta­ron al cam­po, y con­sis­tie­ron en per­mi­tir a los cam­pe­si­nos ven­der la pro­duc­ción de sus lotes pri­va­dos en los mer­ca­dos. Lue­go se pasó al lla­ma­do “sis­te­ma de res­pon­sa­bi­li­dad”, por el cual se entre­ga­ba a cada uni­dad fami­liar una cier­ta por­ción de la tie­rra colec­ti­va des­ti­na­da al cul­ti­vo de tri­go, arroz y pro­duc­tos simi­la­res. Los cam­pe­si­nos podían ven­der, al Esta­do o en el mer­ca­do libre, todo lo que pro­du­je­ran por enci­ma de cier­tos míni­mos. De mane­ra que el pro­ce­so chino de refor­ma comen­zó como una reedi­ción de la polí­ti­ca que se había apli­ca­do en la Rusia sovié­ti­ca a media­dos de la déca­da del 20, bajo ins­pi­ra­ción de Nico­lás Buja­rin (cuya obra fue tra­du­ci­da y estu­dia­da en Chi­na en los 80). La meta de Buja­rin no era vol­ver al capi­ta­lis­mo, sino dar lugar a estí­mu­los de mer­ca­do, a fin de aumen­tar el inte­rés de los cam­pe­si­nos y ele­var la pro­duc­ti­vi­dad. Es que la Revo­lu­ción de 1917 había entre­ga­do la tie­rra a los cam­pe­si­nos (aun­que la pro­pie­dad for­mal­men­te era del Esta­do), Rusia se había con­ver­ti­do en un país inclu­so más “peque­ño bur­gués” que antes de la subi­da al poder de los bol­che­vi­ques, y los cam­pe­si­nos se resis­tían a avan­zar hacia for­mas colec­ti­vas de pro­duc­ción. Por eso Buja­rin pen­sa­ba que la úni­ca for­ma de aumen­tar la pro­duc­ti­vi­dad agrí­co­la ‑indis­pen­sa­ble para aba­ra­tar los cos­tos de los insu­mos para la débil indus­tria sovié­ti­ca- era per­mi­tien­do que los cam­pe­si­nos obtu­vie­ran bene­fi­cios de sus explo­ta­cio­nes (véa­se por ejem­plo Cohen, 1973). En algún pun­to, inclu­so, se atri­bu­yó a Buja­rin el haber lan­za­do el slo­gan “cam­pe­si­nos enri­que­ceos”. Por esta vía se esta­ba dan­do lugar a las con­di­cio­nes para una acu­mu­la­ción capi­ta­lis­ta. De hecho, en vís­pe­ras de la colec­ti­vi­za­ción (rea­li­za­da a fines de la déca­da), había comen­za­do a apa­re­cer el tra­ba­jo asa­la­ria­do y una cre­cien­te dife­ren­cia­ción social en el agro ruso.

Pues bien, lo que en Rusia fue inte­rrum­pi­do por la colec­ti­vi­za­ción, en Chi­na fue con­ti­nua­do y exten­di­do con medi­das cada vez más abier­ta­men­te favo­ra­bles al mer­ca­do y al capi­ta­lis­mo. Es posi­ble que la cri­sis eco­nó­mi­ca de fines de los 70 haya crea­do las bases para que las refor­mas fue­ran acep­ta­das casi sin resis­ten­cia. El régi­men maoís­ta había fra­ca­sa­do en su inten­to de for­zar la mar­cha hacia una eco­no­mía socia­lis­ta (el lla­ma­do “Gran Sal­to Ade­lan­te”, de los 50) y lue­go el país había sufri­do gran­des con­vul­sio­nes en los 60, cuan­do la Revo­lu­ción Cul­tu­ral. Muchos estu­dio­sos sos­tie­nen que el régi­men había entra­do en un impas­se; lo cier­to es que las fuer­zas de izquier­da a fines de la déca­da de 1970 esta­ban en retro­ce­so y debi­li­ta­das, y la refor­ma se impu­so. Ade­más de con­ti­nuar y pro­fun­di­zar las refor­mas en el cam­po, en los 80 la direc­ción chi­na dis­pu­so que todas las empre­sas debían ser res­pon­sa­bles por sus bene­fi­cios y pér­di­das, y que debían cerrar las que no fue­ran ren­ta­bles. Tam­bién, y más sig­ni­fi­ca­ti­vo, se esta­ble­cie­ron las zonas eco­nó­mi­cas espe­cia­les para que se ins­ta­la­ran empre­sas extran­je­ras. En esas zonas las empre­sas goza­ban de fuer­tes bene­fi­cios fis­ca­les, faci­li­da­des para enviar bene­fi­cios al exte­rior, y podían explo­tar mano de obra bara­ta. Y por esos años se comen­zó a des­ar­mar la segu­ri­dad social. Has­ta ese momen­to las comu­nas cam­pe­si­nas o las empre­sas esta­ta­les asu­mían la res­pon­sa­bi­li­dad por los gas­tos socia­les de los tra­ba­ja­do­res. No solo ase­gu­ra­ban el tra­ba­jo, sino tam­bién man­te­nían guar­de­rías esco­la­res y escue­las, cen­tros para la aten­ción de la salud, garan­ti­za­ban las pen­sio­nes para la jubi­la­ción (aun­que no en el cam­po), paga­ban los segu­ros por des­em­pleo, se hacían car­go de los entie­rros y ayu­da­ban a las viu­das o huér­fa­nos. Este sis­te­ma comen­zó a des­man­te­lar­se, y en 1986 se abo­lió la prác­ti­ca de garan­ti­zar el tra­ba­jo de por vida. Sin embar­go, es en los 90, lue­go de la repre­sión del levan­ta­mien­to de Tie­nan­men, que se desa­rro­lló la abier­ta y rápi­da pri­va­ti­za­ción de empre­sas del Esta­do. Des­de 1995 has­ta 2005 el núme­ro de empre­sas esta­ta­les bajó de 118.000 a 50.000. El núme­ro de tra­ba­ja­do­res emplea­dos por el Esta­do pasó de 145 millo­nes (el 80% del empleo urbano) a 75 millo­nes (el 30% del empleo urbano). Entre el 80 y 90% de los des­pe­di­dos del sec­tor esta­tal entra­ron al sec­tor pri­va­do, o se esta­ble­cie­ron por su cuen­ta.

Una estruc­tu­ra capi­ta­lis­ta

Natu­ral­men­te, dada la mag­ni­tud de los cam­bios ope­ra­dos, toda­vía exis­ten en Chi­na muchas for­mas de pro­pie­dad que están a medio camino entre la pro­pie­dad esta­tal y la pro­pie­dad capi­ta­lis­ta ple­na. Siguien­do a The Eco­no­mist (véa­se biblio­gra­fía), al día de hoy se pue­den dis­tin­guir algu­nos tipos bási­cos de empre­sas. Por empe­zar, están los sec­to­res con­si­de­ra­dos cla­ves, como ban­ca, ener­gía y telé­fo­nos, en los que el Esta­do ha rete­ni­do la pro­pie­dad de las empre­sas; aun­que en algu­nos casos ha ven­di­do par­te de los paque­tes accio­na­rios a inver­so­res pri­va­dos. Son ejem­plos las empre­sas Chi­na Cons­truc­tion Bank; Chi­na Mobi­le y Chi­na Uni­com (tele­fó­ni­cas) y Chi­na Natio­nal Petro­leum Corp. Un segun­do gru­po está con­for­ma­do por los empren­di­mien­tos en común entre capi­ta­lis­tas pri­va­dos, mayor­men­te extran­je­ros, y enti­da­des res­pal­da­das por el Esta­do. Son usua­les en ramas impor­tan­tes, como fabri­ca­ción de auto­mó­vi­les, logís­ti­ca y agri­cul­tu­ra. Las empre­sas extran­je­ras apor­tan tec­no­lo­gía y la par­te esta­tal garan­ti­za el acce­so al mer­ca­do chino. Ejem­plos: Shanghai Volks­wa­gen; Xian-Jans­sen (bio­mé­di­ca); Denghai (agri­cul­tu­ra); DHL-Sino­trans (logís­ti­ca); Ame­co (manu­fac­tu­ra). En ter­cer lugar, están las empre­sas de pro­pie­dad pri­va­da, aun­que con fuer­tes con­tro­les esta­ta­les y muy rela­cio­na­das con el apa­ra­to guber­na­men­tal. Ejem­plos: BYD; Geely; Chery (auto­mó­vi­les); Gold­wind (ener­gía); Hua­wei (tele­fó­ni­ca). Asi­mis­mo, está el gru­po de empre­sas que son ali­men­ta­das por las inver­sio­nes de gobier­nos loca­les; a veces tam­bién por capi­ta­les que per­te­ne­cen a los muni­ci­pios, y a veces por fon­dos pri­va­dos. En este sen­ti­do exis­te una amplia varie­dad de gra­dos de inci­den­cia e invo­lu­cra­mien­to esta­tal, y los lími­tes no siem­pre están bien defi­ni­dos. Muchas de estas empre­sas están dedi­ca­das a la cons­truc­ción públi­ca. Ejem­plos: Shan­gai Envi­ron­ment Group; Nanhai Deve­lop­ment (pro­tec­ción ambien­tal); Digi­tal Chi­na (ser­vi­cios en tec­no­lo­gía infor­má­ti­ca); Chi­na WLCSP (tec­no­lo­gía en chip).

A pesar de estas muchas for­mas inter­me­dias, lo cen­tral es que hoy domi­na la rela­ción de explo­ta­ción capi­ta­lis­ta. Inclu­so las empre­sas esta­ta­les se some­ten cada vez más a la lógi­ca del mer­ca­do y la ganan­cia (aun­que hay mati­ces impor­tan­tes en sec­to­res), y rigen las leyes de la com­pe­ten­cia capi­ta­lis­ta. Sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te, más de las dos ter­ce­ras par­tes de los tra­ba­ja­do­res son asa­la­ria­dos en el sec­tor pri­va­do. En 2004, el empleo en el sec­tor pri­va­do repre­sen­ta­ba las dos ter­ce­ras par­tes del empleo urbano total, aun­que solo un ter­cio del empleo for­mal.

Tam­bién en el agro se está soca­van­do la pro­pie­dad colec­ti­va de la tie­rra. Es impor­tan­te tener pre­sen­te que en Chi­na pre­va­le­ce la peque­ña explo­ta­ción cam­pe­si­na; hay unos 800 millo­nes de cam­pe­si­nos, y el pro­me­dio de tie­rra cul­ti­va­da por hogar sería de 0,33 hec­tá­reas (Hu Jing, 2008). Muchos de estos cam­pe­si­nos ven ame­na­za­das sus tenen­cias. Según denun­cias de orga­nis­mos de ayu­da inter­na­cio­nal, en los últi­mos años unos 40 millo­nes de cam­pe­si­nos per­die­ron sus lotes por tomas com­pul­si­vas del gobierno, des­ti­na­das a satis­fa­cer las deman­das de desa­rro­llo urbano. Esto es favo­re­ci­do por­que exis­te mucha ambi­güe­dad en la defi­ni­ción de los dere­chos de la pro­pie­dad de la tie­rra en las ciu­da­des, como así tam­bién de la pro­pie­dad colec­ti­va de la tie­rra rural. En muchos casos, los buró­cra­tas se apro­ve­chan de estos vacíos para apro­piar­se de terre­nos pagan­do poco, y desa­rro­llar pro­yec­tos urba­nos de alto valor inmo­bi­lia­rio, o explo­ta­cio­nes agrí­co­las. Las esta­dís­ti­cas ofi­cia­les dicen que entre 1995 y 2002 hubo cer­ca de un millón de casos de ocu­pa­ción ile­gal de tie­rras y tran­sac­cio­nes, que com­pren­dían 189.000 hec­tá­reas (Lin y Ho, 2005). Lo cual se ha con­ver­ti­do en una de las prin­ci­pa­les fuen­tes de corrup­ción y des­con­ten­to social. “El Esta­do ha intro­du­ci­do cons­tan­te­men­te cam­bios ins­ti­tu­cio­na­les, inclui­das repe­ti­das enmien­das a la Cons­ti­tu­ción, para aco­mo­dar­se a los intere­ses del capi­tal pri­va­do” (ídem). “Las ten­den­cias emer­gen­tes de pola­ri­za­ción espa­cial, y par­ti­cu­lar­men­te de cla­ses, fue­ron el resul­ta­do de la mer­can­ti­li­za­ción del tra­ba­jo, la tie­rra y el capi­tal, enrai­za­da y per­mi­ti­da por una alian­za emer­gen­te entre el capi­tal domés­ti­co e inter­na­cio­nal, y la eli­te buro­crá­ti­ca local” (Kwan Lee y Sel­den, 2007).

La natu­ra­le­za capi­ta­lis­ta de Chi­na tam­bién se pone en evi­den­cia en su rela­ción con el capi­tal inter­na­cio­nal. Al fina­li­zar el pri­mer tri­mes­tre de 2010 Chi­na tenía inver­sio­nes direc­tas en el exte­rior por 317.400 millo­nes de dóla­res e inver­sio­nes en car­te­ras por 263.500 millo­nes. La inver­sión extran­je­ra direc­ta en Chi­na era de 1,526 billo­nes de dóla­res, y la inver­sión en car­te­ras de 223.100 millo­nes (Sta­te Admnis­tra­tion of Foreign Exchan­ge, SAFE​.gov. cn). En 2010 las empre­sas chi­nas cerra­ron 4251 tra­ta­dos de fusio­nes y adqui­si­cio­nes, tan­to en el exte­rior como en el inte­rior, lo que repre­sen­tó un 16% de aumen­to con res­pec­to a 2009. El total de las tran­sac­cio­nes repre­sen­tó un valor de unos 200.000 millo­nes de dóla­res, un 29% más que en 2009. En tér­mi­nos de las inver­sio­nes exter­nas, en 2010 las empre­sas chi­nas cerra­ron 188 tra­tos de adqui­si­cio­nes y fusio­nes, lo que repre­sen­ta un 30% de aumen­to con res­pec­to al año ante­rior, y cons­ti­tu­ye un récord his­tó­ri­co. El total de las tran­sac­cio­nes tota­li­za­ron 39.000 millo­nes de dóla­res, con­tra 30.000 millo­nes en 2009. La Unión Euro­pea, Aus­tra­lia, Áfri­ca y Asia son los prin­ci­pa­les des­ti­nos del capi­tal chino. Pero tam­bién EEUU. En 2010 se con­cre­ta­ron 32 acuer­dos de fusio­nes y adqui­si­cio­nes; en 2009 fue­ron 21 (Mar­ket Watch, The Wall Street Jour­nal, 18/​01/​11). Se esti­ma que la acti­vi­dad de fusio­nes y adqui­si­cio­nes con­ti­nuó fuer­te en 2011.

Con­se­cuen­cias socia­les

A la vis­ta de lo ante­rior, no es de extra­ñar que en Chi­na hayan apa­re­ci­do los males típi­cos de todo modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta, empe­zan­do por la des­ocu­pa­ción. El des­em­pleo emer­gió en la déca­da de 1980, pero pasó a pri­mer plano en la siguien­te, cuan­do fue­ron des­pe­di­dos millo­nes de tra­ba­ja­do­res de las empre­sas esta­ta­les que cerra­ban. La tasa ofi­cial de des­ocu­pa­ción subió del 2,9% en 1995 a 4,2% en 2005; y a 6,1% en 2010. Sin embar­go, la cifra real sería mayor. Por empe­zar, por­que muchos de los tra­ba­ja­do­res que fue­ron des­pe­di­dos de las empre­sas esta­ta­les no son reco­no­ci­dos como des­em­plea­dos. Las esta­dís­ti­cas tam­po­co cuen­tan a los tra­ba­ja­do­res que figu­ran como emplea­dos en gran­jas, pero han migra­do a las ciu­da­des y están bus­can­do tra­ba­jo en éstas; ni a gra­dua­dos de secun­da­ria o uni­ver­si­da­des que hayan deja­do el cole­gio hace menos de seis meses. Por eso, si se emplea­ran están­da­res inter­na­cio­na­les para medir el des­em­pleo, el mis­mo habría sido, en 2002, del 7,3%; el des­em­pleo en áreas urba­nas entre resi­den­tes per­ma­nen­tes ese año se habría ele­va­do al 11,1% (Vodo­pi­vec y Hahn Tong, 2008). Si bien en 1999 se esta­ble­ció un sis­te­ma de segu­ro uni­ver­sal urbano por des­em­pleo, el mis­mo no se cum­ple en bue­na medi­da para los tra­ba­ja­do­res del sec­tor pri­va­do (Rut­te, 2010).

Tam­bién como resul­ta­do de la diná­mi­ca del capi­tal se acre­cen­ta­ron las des­igual­da­des socia­les. En los años 70 el Ban­co Mun­dial esti­ma­ba que el coefi­cien­te Gini en Chi­na era 0,33 (más alto el coefi­cien­te sig­ni­fi­ca mayor des­igual­dad). En 2002 se ubi­ca­ba en 0,45 (Li y Luo, 2008). Según la Aca­de­mia de Cien­cias Socia­les de Chi­na, en 2005 había alcan­za­do 0,496. Sin embar­go la OCDE, uti­li­zan­do otras esti­ma­cio­nes, sos­tu­vo que en 2005 era 0,45 y que en 2007 había baja­do a 0,408 (The Wall Street Jour­nal, 3/​02/​10). En cual­quier caso, esta­mos ante una dife­ren­cia de los ingre­sos mayor que la exis­ten­te en los paí­ses capi­ta­lis­tas avan­za­dos. Otros datos son reve­la­do­res, siem­pre en el mis­mo sen­ti­do. De acuer­do con Su Hai­nan, direc­tor del Ins­ti­tu­to de Estu­dios del Tra­ba­jo y Sala­rios, del Minis­te­rio de Recur­sos Huma­nos y Segu­ri­dad Social de Chi­na, los ingre­sos de los resi­den­tes urba­nos son 3,3 veces supe­rio­res a los ingre­sos de los resi­den­tes en el cam­po; los ingre­sos de los emplea­dos en la indus­tria con sala­rios más altos son 15 veces supe­rio­res a los que tie­nen ingre­sos más bajos; los ingre­sos de los prin­ci­pa­les direc­ti­vos de las empre­sas esta­ta­les son 18 veces supe­rio­res a los de sus emplea­dos; y en pro­me­dio los ingre­sos de los fun­cio­na­rios más altos son 128 veces más altos que el sala­rio pro­me­dio del país. Li Shi, direc­tor del Cen­tro de Inves­ti­ga­ción sobre Dis­tri­bu­ción del Ingre­so y Pobre­za, de la Uni­ver­si­dad Nor­mal de Bei­jing, dice que la dife­ren­cia de ingre­so entre el 10% más rico y el 10% más pobre era de 23 veces en 2007, con­tra 7,3 veces en 1988 (Glo­bal Times, 10/​05/​10). Según la lis­ta Hurun, que regis­tra los ricos, en 2011 hay 271 súper millo­na­rios chi­nos; esto es, gen­te con más de mil millo­nes de dóla­res en rique­za. Es el segun­do país del mun­do, sólo detrás de EEUU (que tie­ne 400). De acuer­do a For­bes, los súper millo­na­rios chi­nos serían 115 (y 413 en EEUU). Por otra par­te, y según algu­nos estu­dios recien­tes, el uno por cien­to de la pobla­ción con­tro­la el 70% de la rique­za; el 80% de la pobla­ción se con­si­de­ra pobre o de ingre­sos medios y bajos; de este gru­po, el 44% está en la pobre­za (School of Social Wel­fa­re, Uni­ver­sity of Cali­for­nia, Ber­ke­ley). Ade­más, hay amplios sec­to­res en situa­cio­nes deses­pe­ran­tes; en par­ti­cu­lar los ancia­nos de las zonas rura­les sin hijos; y los niños huér­fa­nos, dis­ca­pa­ci­ta­dos o aban­do­na­dos de las ciu­da­des, que se esti­man en varios cien­tos de miles (Rut­ten, 2010).

En lo que res­pec­ta a las con­di­cio­nes labo­ra­les, son las típi­cas de cual­quier país capi­ta­lis­ta en que la acu­mu­la­ción se asien­te en una altí­si­ma explo­ta­ción del tra­ba­jo. Los sala­rios son bajos; jor­na­das de tra­ba­jo muy exten­sas; y hay esca­sos dere­chos socia­les y sin­di­ca­les. El caso de Fox­conn, la empre­sa de ori­gen tai­wa­nés que es la mayor emplea­do­ra pri­va­da de mano de obra en Chi­na, es para­dig­má­ti­co. En 2010 los tra­ba­ja­do­res de sus plan­tas en Chi­na, recién ingre­sa­dos, reci­bían el sala­rio míni­mo de 130 dóla­res, más alo­ja­mien­to y comi­da. Aun sien­do tan bajos los sala­rios, era más de lo que se paga­ba en pro­me­dio en el res­to de las empre­sas. Sin embar­go, dado lo exte­nuan­te de las jor­na­das, y lo duro de las con­di­cio­nes labo­ra­les, muchos no resis­ten, y la rota­ción de tra­ba­ja­do­res es muy alta. Ade­más, en los últi­mos años hubo una ola de sui­ci­dios. De mane­ra regu­lar, los tra­ba­ja­do­res de Fox­conn están obli­ga­dos supe­rar las 36 horas sema­na­les de horas extras que son per­mi­ti­das como máxi­mo en Chi­na (The Eco­no­mist, 27/​05/​10). Según una inves­ti­ga­ción rea­li­za­da por Apple, un ter­cio de los tra­ba­ja­do­res de la plan­ta de Longhua exce­día las 60 horas sema­na­les. En el res­to de las empre­sas las cosas fun­cio­nan de mane­ra simi­lar. En espe­cial, pade­cen una alta tasa de explo­ta­ción los millo­nes de tra­ba­ja­do­res que vie­nen del cam­po, caren­tes de pape­les y de casi todos los dere­chos. En 2002 había unos 95 millo­nes de emplea­dos en tra­ba­jos urba­nos irre­gu­la­res, sobre un total de 244 millo­nes de tra­ba­ja­do­res urba­nos. Debe tener­se en cuen­ta que el empleo infor­mal ‑com­pren­de auto­em­plea­dos, micro­em­pren­di­mien­tos, tra­ba­ja­do­res con con­tra­tos tem­po­ra­rios, tra­ba­ja­do­res domi­ci­lia­rios y jor­na­le­ros- está ente­ra­men­te en el sec­tor pri­va­do, esto es, capi­ta­lis­ta. Se esti­ma que el sec­tor infor­mal tie­ne apro­xi­ma­da­men­te la mitad de los tra­ba­ja­do­res; el empleo infor­mal aumen­tó des­de 32 millo­nes en 1995 a 125 millo­nes en 2004, lo que repre­sen­ta­ba el 47% del empleo (datos del Ban­co Mun­dial).

Por otra par­te, la insa­lu­bri­dad y las enfer­me­da­des labo­ra­les pare­cen estar exten­di­das. En 2000 el Minis­te­rio de Salud reco­no­cía que en muchas empre­sas los due­ños “sacri­fi­can la salud de sus tra­ba­ja­do­res para hacer dine­ro” (decla­ra­ción del vice minis­tro de Salud, Yin Dakui). La neu­mo­co­nio­sis (una enfer­me­dad mor­tal, tam­bién cono­ci­da como el pul­món negro), afec­ta­ba a comien­zos de los 2000 al menos a 420.000 tra­ba­ja­do­res; se con­si­de­ra­ba que había mata­do a 130.000, y se repor­ta­ban entre 15.000 y 20.000 casos nue­vos por año (People’s Daily, 28/​02/​00).

El sis­te­ma de segu­ri­dad social tam­bién ha sufri­do un cam­bio con­si­de­ra­ble. En 1978 la edad de jubi­la­ción de las muje­res era 50 años, de los hom­bres 60, y las jubi­la­cio­nes cubrían el 78% de los asa­la­ria­dos urba­nos. Dado que en cam­po los ancia­nos depen­dían de sus fami­lias, solo el 19% de la fuer­za labo­ral total esta­ba pro­te­gi­da por la jubi­la­ción esta­tal; pero de todas mane­ras se tra­ta­ba de un logro impor­tan­te para un país atra­sa­do como Chi­na. Había habi­do mejo­ras en la aten­ción de la salud, cam­pa­ñas masi­vas de pre­ven­ción y cui­da­dos, y mejo­ras en sani­dad y agua. Hoy el pano­ra­ma ha cam­bia­do, y el sis­te­ma de segu­ri­dad social se ase­me­ja al de cual­quier otro país capi­ta­lis­ta atra­sa­do. Es que des­de la imple­men­ta­ción de las refor­mas, y con la pro­fun­di­za­ción de las des­igual­da­des, el Esta­do se reti­ró aún más de los ser­vi­cios socia­les en las zonas rura­les, y tam­bién des­aten­dió a los tra­ba­ja­do­res pre­ca­ri­za­dos, o que pasa­ron a estar por su cuen­ta (Rut­ten, 2010). En con­se­cuen­cia, se cal­cu­la­ba que en 2002 el 50% de los ancia­nos de las áreas urba­nas, y el 80% de las áreas rura­les, no tenían aho­rros y depen­dían de sus hijos o fami­lias para sobre­vi­vir (los hijos están obli­ga­dos a man­te­ner a los padres). Más del 57% del total de ancia­nos depen­dían de sus fami­lia­res; un 25% de sus pro­pios ingre­sos, y solo el 2,2% podía vivir de la segu­ri­dad social (Glo­bal Action on Aging, Eco­no­mic Infor­ma­tion Daily, 26/​06/​02). En años más recien­tes, se cal­cu­la que un 40% de la pobla­ción tie­ne pen­sio­nes, lo que repre­sen­ta­ría una mejo­ra (Rut­ten, 2010). Pero aún así, es una cifra muy baja.

Por otra par­te, se per­pe­tuó y con­so­li­dó la divi­sión entre la ciu­dad y el cam­po en las mis­mas ciu­da­des (Rut­ten, 2010). Es que la amplia mayo­ría de los tra­ba­ja­do­res rura­les no están habi­li­ta­dos para tener resi­den­cia urba­na, por lo cual no pue­den recla­mar los bene­fi­cios del sis­te­ma de segu­ri­dad social urbano. Muchos tra­ba­ja­do­res migran­tes retie­nen por ello los lotes en el cam­po para sus­ti­tuir la fal­ta de segu­ri­dad social. Ade­más, el sis­te­ma de segu­ri­dad social chino sub­ra­ya los dere­chos de los tra­ba­ja­do­res esta­ta­les por sobre los dere­chos de los emplea­dos en el sec­tor pri­va­do. Si bien for­mal­men­te el segu­ro para el cui­da­do bási­co de la salud cubre a todos los tra­ba­ja­do­res urba­nos (menos los auto­em­plea­dos), se con­si­de­ra que la cober­tu­ra real de la salud decli­nó entre 1998 y 2003. En las zonas rura­les la situa­ción es aún peor. Para­le­la­men­te, se asis­te a una cre­cien­te pri­va­ti­za­ción de la salud y la edu­ca­ción, tan­to por­que el Esta­do dejó de finan­ciar los cen­tros de salud y edu­ca­ti­vos, como por la apa­ri­ción lisa y lla­na de empre­sas pri­va­das en estos sec­to­res. Por ejem­plo, en una entre­vis­ta, rea­li­za­da en 2007, el direc­tor de un hos­pi­tal de Bei­jing seña­la­ba que el finan­cia­mien­to del gobierno solo cubría el 2 – 3% del gas­to anual, y que en tér­mi­nos eco­nó­mi­cos, ya no era un hos­pi­tal públi­co (Bei­jing Review, 1/​03/​07). Muchos casos seme­jan­tes han sido denun­cia­dos. Como resul­ta­do de estas evo­lu­cio­nes, habrían resur­gi­do enfer­me­da­des epi­dé­mi­cas, que habían sido des­te­rra­das lue­go de la Revo­lu­ción (Rut­ten, 2010). Tam­bién en edu­ca­ción se han hecho sen­tir las refor­mas pro-mer­ca­do. Si bien des­de 1978 aumen­ta­ron sig­ni­fi­ca­ti­va­men­te la tasa de alfa­be­ti­za­ción, y de alum­nos en los nive­les pri­ma­rio y secun­da­rio, tam­bién se pri­va­ti­zó en bue­na medi­da la ense­ñan­za. A igual de lo que suce­de con la salud, el Esta­do dejó de finan­ciar, y las direc­cio­nes de los cole­gios cobran tari­fas cada vez más ele­va­das; con lo cual muchos tam­bién embol­san bue­nas ganan­cias. En 2004 se seña­la­ba que la edu­ca­ción había sido la segun­da acti­vi­dad más ren­ta­ble en Chi­na el año ante­rior (la pri­me­ra era inmo­bi­lia­ria), y tam­bién una de las más corrup­tas. “Los bene­fi­cios ile­ga­les pro­vie­nen de los más de 300 millo­nes de niños que depen­den de la edu­ca­ción públi­ca pri­ma­ria y de sus fami­lias que tie­nen que pagar las tari­fas” (The Epoch Times, 2/​3/​04). Ese año las esta­dís­ti­cas indi­ca­ban que Chi­na usa­ba el 1,4% del total de fon­dos públi­cos edu­ca­ti­vos mun­dia­les para sos­te­ner el 22,9% de los estu­dian­tes del mun­do (Chi­na Daily, 15/​01/​04). El dia­rio agre­ga­ba que el núme­ro de estu­dian­tes de escue­las pobres esta­ba aumen­tan­do cons­tan­te­men­te. En este mar­co, las escue­las pri­va­das flo­re­cen. Según el infor­me del Ban­co Mun­dial de 2002, en 2001 había más de 56.000 escue­las pri­va­das, con más de 9 millo­nes de estu­dian­tes. Por esa épo­ca ya esta­ban fun­cio­nan­do 436 ins­ti­tu­tos de ense­ñan­za supe­rior pri­va­dos. En el otro extre­mo, muchos se que­dan afue­ra. El “Infor­me sobre la edu­ca­ción y los recur­sos en capi­tal humano” del Minis­te­rio de Edu­ca­ción, de 2003, seña­la­ba que solo el 18% de la pobla­ción entre 25 y 64 años había reci­bi­do edu­ca­ción secun­da­ria com­ple­ta, y que el 42% había reci­bi­do menos de la edu­ca­ción pri­ma­ria. Más del 30% de los estu­dian­tes de zonas rura­les que esta­ban habi­li­ta­dos para ir a cole­gios secun­da­rios, no podían hacer­lo.

En con­clu­sión, todo indi­ca que Chi­na hoy es un país capi­ta­lis­ta. Las leyes del mer­ca­do se hacen sen­tir de for­ma cre­cien­te en todos los rin­co­nes. Cre­cen las con­tra­dic­cio­nes de cla­ses, jun­to a la pola­ri­za­ción social. Inclu­so des­de el pun­to de vis­ta ideo­ló­gi­co, el PC Chino ha deja­do de lado el dis­cur­so sobre el socia­lis­mo, para enfa­ti­zar el aspec­to nacio­nal. Su base social son los altos fun­cio­na­rios que se bene­fi­cian con los nego­cios capi­ta­lis­tas, o la admi­nis­tra­ción de las empre­sas liga­das al Esta­do, y las nue­vas cla­ses medias. Por todo esto, los con­flic­tos entre la inmen­sa masa explo­ta­da, por un lado, y los capi­ta­lis­tas y el gobierno, por el otro, res­pon­den cada vez más a la lógi­ca de la lucha de cla­ses, pro­pia de todo modo de pro­duc­ción capi­ta­lis­ta.

Tex­tos cita­dos:

Cohen, S. F. (1973): Buja­rin y la revo­lu­ción bol­che­vi­que, Madrid, Siglo XXI.

Hu Jing (2008): “A Cri­ti­que of Chongquing’s ‘New Land Reform’”, Chi­na Left Review Nª 1, enwww​.chi​na​lef​tre​view​.org.

Kwan Lee, C. y M. Sel­den (2007): “China’s Dura­ble Inequa­lity: Lega­cies of Revo­lu­tion and Pit­falls of Reform”, The Asian-Paci­fic Jour­nal: Japan Focus”, en www​.japan​fo​cuos​.org.

Li, S. y C. Luo (2008): “Growth Pat­tern, Employ­ment and Inco­me Inequa­lity: What the Expe­rien­ce of Repu­blic of Korea and Tai­pei, Chi­na Reveals to the People’s Repu­blic of Chi­na”, Asian Deve­lop­ment Review, vol. 25, pp. 100 – 118.

Rut­ten, K. (2010): “Social Wel­fa­re in Chi­na: The role of equity in the transition from ega­li­ta­rism to capi­ta­lism”, Asia Research Cen­tre, CBS, Copenha­gen Dis­cus­sion Papers 32, March.

The Eco­no­mist: “Capi­ta­lism con­fi­ned”, Sep­tem­ber 3rd 2011.

Vodo­pi­vec, M. y M. Hahn Tong (2008): “Chi­na: Impro­ving Unem­ploy­ment Insu­ran­ce”, World Bank, Dis­cus­sion Paper Nº 0820, July.

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