Kukutza con­vo­ca a miles de jóvenes…y no tan jóvenes

Eran las seis de la tar­de y no éra­mos dema­sia­da gen­te. Has­ta que un cuar­to de hora más tar­de, lle­ga­ron tres camio­nes con un mon­tón de gen­te, con pan­car­tas, la ova­ción se impu­so. Cin­co minu­tos más tar­de, la comi­ti­va se ponía en mar­cha, María Díaz de Haro arri­ba. Kukutza Aurre­ra! era el gri­to de la tar­de. Pan­car­tas de gaztetxes,sin embar­go no tenía­mos la ver­da­de­ra dimen­sión de lo que se esta­ba cocien­do has­ta lle­gar, cues­ta arri­ba, el pun­to fue la calle Auto­no­mía. Tre­men­do, miles de per­so­nas, miles de cabe­zas, comen­zan­do a mar­char hacia Ametzo­la, allí, con un peque­ño esfuer­zo, el Boltxe se apro­xi­mó a la cabe­za de la mar­cha, para des­cu­brir los gru­pos que abrían la mar­cha. En la pan­car­ta de Gaz­teEh­gam, juven­tu­des gays – les­bia­nas esta­ba el joven per­pe­tuo Peri­ko Sola­ba­rria, con sus más de ochen­ta años, venían de un Ongi Eto­rri en Ses­tao a ua per­so­na que había deja­do atrás el tale­go y ahí esta­ban, con una pan­car­ta, ese es nues­tro hom­bre de los tra­ba­ja­do­res y tra­ba­ja­do­ras y de nues­tra juven­tud. Gran­de, Peri­ko, el comu­nis­ta abertzale.

Al entrar a Rekal­de, miles de gar­gan­tas al uní­sono cla­ma­mos Kukutza Aurre­ra! ¡Por Kukutza no pasa­rán!, ¡Un des­alo­jo, otra ocu­pa­ción!. Era pre­ci­so, impac­tan­te, la gen­te en los bal­co­nes y en las ven­ta­nas, aho­ra sin mie­do a los pelo­ta­zos de los hom­bres de negro que arra­sa­ron el barrio sema­nas atrás. En la mar­cha, un buen núme­ro de habi­tua­les a todas las mar­chas de la izquier­da aber­tza­le, gen­tes que supe­ran los sesen­ta años hace tiem­po, los imprescindibles.

Por el cen­tro de Rekal­de, ale­gría y rei­vin­di­ca­ción has­ta la roton­da, allí esta­ba Kukutza, medio derrui­da, heri­da pero no muer­ta, con sus plan­tas en esque­le­to desa­fian­tes a las dece­nas de ase­si­nos de sue­ño ves­ti­dos de negro con cabe­za roja, fren­te al cadá­ver el gri­to Kukutza, Aurre­ra!!! , fren­te a la hile­ra de mato­nes de Ares, Azku­na, López, Urku­llu y Basagoiti.

Al doblar a la izquier­da, la cabe­za alti­va, Kukutza Aurre­ra, ¡Por kukutza no pasa­rán! … Y allá fui­mos, a la pla­za de Rekal­de. Al lado de Josu Mugu­ru­za, hijo del barrio ase­si­na­do por el GAL como el sis­te­ma ha ase­si­na­do a Kukutza III, en vías a que Rekal­de nos rega­le el sue­ño de Kukutza IV.

Y las gen­tes de Kukutza cerra­ron el acto como solo ellas y ellos lo saben hacer. Con ale­gria, con una mag­ní­fi­ca pues­ta en esce­na, con un gran tra­ba­jo audio­vi­sual de recuer­do a las acti­vi­da­des que estos años han ido ade­lan­te en ella, el fla­men­co, aurres­ku, esca­la­da, paya­sos, mala­ba­res, todo. Revi­vió Kukutza ante miles de kukutza­za­les que con nues­tra pre­sen­cia dejá­mos cla­ro que ire­mos a Kukutza IV en breve.

Nos reimos con los paya­sos, los niños se arras­tra­ban por el sue­lo, casi bebés, los perros y las per­so­nas con­vi­ví­mos, vega­nos, gays, hete­ros, car­ni­vo­ros, eus­kal­tza­les de EHE y fla­men­cas de Kukutza. Era­mos un mosaí­co cla­ro de la Eus­kal Herria real, mes­ti­za y esu­kal­dun, anti­ca­pi­ta­lis­ta y aber­tza­le. Todo eso era­mos ayer a la tar­de en la Pla­za de Rekal­de, la Pla­za de Josu y del com­pro­mi­so social y popu­lar. por­que para quie­nes nos lean des­de fue­ra de nues­tro barrio, de nues­tro peque­ño país, tan anti – capi­ta­lis­ta como aber­tza­le, tan abier­to como celo­so de nues­tras raí­ces. Eso somos y eso nos ha dado Kukutza III.

Todos los colo­res, todas las ilu­sio­nes, todo el repe­to, todo el futu­ro de lucha, el mis­mo día en que cono­ci­mos que Azku­na no qui­so com­prar por seis millo­nes de euros Kukutza (real­men­te tenían que haber sido dos) pero si entre­gó 19 (diez ‑y – nue­ve mill­nes de euros!) a la BBK a cam­bio de unas depen­den­cias inne­ce­sa­rias en la Pla­za Circular.

Alguien dijo que «le lla­man demo­cra­cia …y no lo es». Tie­ne toda la razón, Bil­bo está sien­do saquea­do por un gru­po de adve­ne­di­zos que han lle­ga­do a la polí­ti­ca para ser­vir a los gran­des gru­pos eco­nó­mi­cos. 

.* Cró­ni­ca de Boltxe Kolektiboa

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Otas cró­ni­cas
Las calles de Bil­bao se vol­vie­ron a teñir ayer de color naran­ja. Miles de per­so­nas acu­die­ron a la mani­fes­ta­ción con­vo­ca­da por Kukutza como mues­tra de apo­yo al pro­yec­to más allá del derri­bo del gaz­tetxe de Rekal­de. La con­cen­tra­ción dis­cu­rrió en un ambien­te fes­ti­vo y fue res­pal­da­da por «más de 180 colec­ti­vos polí­ti­cos, socia­les y veci­na­les», según la orga­ni­za­ción. De esta mane­ra, los con­vo­can­tes pre­ten­dían rei­vin­di­car la iden­ti­dad de Kukutza: «un movi­mien­to que no está com­pues­to de ladri­llos, sino de miles de men­tes que pien­san y de cora­zo­nes que laten», des­ta­ca­ron miem­bros de la asamblea.
Minu­tos des­pués de las seis de la tar­de, los ale­da­ños de la pla­za del Sagra­do Cora­zón se con­vir­tie­ron en una fies­ta. Gigan­tes, paya­sos, mala­ba­ris­tas y cien­tos de per­so­nas ata­via­das con pelu­cas, care­tas, glo­bos o dis­fra­ces des­per­ta­ron la curio­si­dad de los tran­seún­tes y de las dece­nas de turis­tas que se alo­ja­ban en el hotel cer­cano. La lle­ga­da de tres camio­nes car­ga­dos con poten­tes equi­pos de soni­do hizo que los mani­fes­tan­tes comen­za­ran a bai­lar al son de la músi­ca “reg­gae” y supu­so el pis­to­le­ta­zo de sali­da del len­to deam­bu­lar has­ta el barrio de Rekalde.
Crí­ti­cas a Azkuna 
Abría la mani­fes­ta­ción una enor­me pan­car­ta en la que se podía leer “Gaz­tetxea gara” (Somos gaz­tetxe) segui­da de dece­nas de fami­lias con niños. Tam­bién se vie­ron car­te­les de apo­yo al case­río de Kuku­lla­ga sobre el que pen­de la ame­na­za de desahu­cio -«es una injus­ti­cia», enfa­ti­zó uno de los mani­fes­tan­tes- y otro que decía: “Azku­na, vete a Cas­tro”. La mar­cha estu­vo acom­pa­ña­da duran­te todo el tra­yec­to por un fuer­te dis­po­si­ti­vo de segu­ri­dad com­pues­to por seis fur­go­ne­tas de la Ertzain­tza y varios coches de la Poli­cía Municipal.
Cuan­do la comi­ti­va tomó la calle de María Díaz de Haro, se pudo apre­ciar la ver­da­de­ra dimen­sión de la con­vo­ca­to­ria. La ria­da de gen­te se exten­día a lo lar­go de las tres cuar­tas par­tes de esta calle. Uno de los momen­tos más ten­sos y emo­ti­vos para la mayo­ría de los pre­sen­tes se vivió cuan­do pasa­ron al lado de las rui­nas del edi­fi­cio que has­ta hace unas sema­nas era el lugar de reu­nión de muchos veci­nos del barrio. Más de uno derra­mó una lágri­ma al ver el avan­ce de las obras de demo­li­ción. «Mira, no lo han podi­do derri­bar ente­ro por­que a la casa de al lado le han pro­vo­ca­do un mon­tón de grie­tas», ase­gu­ra­ba un miem­bro del colectivo.
El solar don­de antes se levan­ta­ba la fábri­ca de maqui­na­ria indus­trial se encon­tra­ba fuer­te­men­te cus­to­dia­do por agen­tes de la Ertzain­tza, tras los dis­tur­bios que se vivie­ron hace dos sema­nas al ini­ciar el derribo.
Al tér­mino de la mani­fes­ta­ción, leye­ron un mani­fies­to en el que de mane­ra iró­ni­ca cri­ti­ca­ban la actua­ción poli­cial y a sus res­pon­sa­bles. Del mis­mo modo arre­me­tie­ron con­tra la ges­tión de Iña­ki Azku­na, un mode­lo que defi­nie­ron como «una ciu­dad esca­pa­ra­te hecha para ense­ñar, pero no para vivir. ¿De qué nos sir­ve que se cree el Gug­genheim si muchos ciu­da­da­nos no pue­den per­mi­tir­se pagar una entra­da?», fina­li­za­ba el texto.

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