Ange­li­ta Bur­goa, ama de Ibon Ipa­rra­gui­rre «La úni­ca espe­ran­za es que lo man­den a casa»

ENTREVISTA: ANGELITA BURGOA, MADRE DE IBON IPARRAGIRRE

«La úni­ca espe­ran­za es que lo man­den a casa»

No es pre­ci­sa­men­te la úni­ca «madre cora­je» que arro­pa a los pre­sos polí­ti­cos vas­cos, pero impac­tan la sere­ni­dad y a la vez la fuer­za que irra­dian en momen­tos tan deli­ca­do como éste. Ange­li­ta Bur­goa se puso ayer el pañue­lo de Etxe­rat y la cami­se­ta de «Amnis­tía» y se colo­có ante las cáma­ras para deta­llar la situa­ción que atra­vie­sa su hijo Ibon. Lue­go amplió su tes­ti­mo­nio para GARA. El suyo es un dra­ma con­ta­do sin dra­ma­tis­mo, una víc­ti­ma sin vic­ti­mis­mos, una his­to­ria que espe­ra final feliz.

08/​10/​2011 10:27:00

RAMÓN SOLA-. Ibon Ipa­rra­gi­rre ha pasa­do más de la mitad de su vida, cer­ca de 20 años, con­vi­vien­do con el VIH sin sobre­sal­tos. Tie­ne dos hijos y tra­ba­ja­ba en una piz­ze­ría de Onda­rroa. ¿Qué ha pasa­do para que, ape­nas año y medio des­pués de entrar en pri­sión, se encuen­tre en una situa­ción deli­ca­dí­si­ma? Ange­li­ta Bur­goa es quien mejor lo pue­de expli­car. Es su madre y ayer dio la voz de alar­ma ante los medios en Bil­bo. Lo hizo con sere­ni­dad pero sin ocul­tar nada, apor­tan­do abun­dan­tes datos y sin poner­le adje­ti­vos al sufri­mien­to que se intu­ye deba­jo. Fue pri­me­ro ante los medios, arro­pa­da por otros fami­lia­res de Etxe­rat, y des­pués para GARA.

¿Cómo se pue­de resu­mir el caso de su hijo?

Ibon tie­ne el VIH des­de los 17 años, o sea que lle­va 20 años hacien­do un modo de vida com­ple­ta­men­te nor­mal. Pero des­de que ha entra­do en la cár­cel ha ido con­ti­nua­men­te para aba­jo, para aba­jo… En abril, el médi­co de la cár­cel de Sevi­lla ya advir­tió de cómo esta­ba. Sin embar­go, en junio le nega­ron la visi­ta del médi­co [de con­fian­za], y en julio tam­bién… Final­men­te, el 25 de agos­to lo tra­je­ron a Basau­ri. Pen­sá­ba­mos que sería un paso pre­vio para poner­le en liber­tad ense­gui­da, pero no…

Des­de enton­ces no le han hecho nin­gún aná­li­sis, sólo le pre­gun­tan «cómo estás». Hemos lle­ga­do a un pun­to en que no pue­de siquie­ra leer, nece­si­ta ayu­da de otros pre­sos para escri­bir… A todo esto, el médi­co de la cár­cel dice que no está en fase ter­mi­nal, por­que como no tie­ne nin­gu­na infec­ción… Y lo que noso­tros deci­mos es que si la coge, enton­ces ya será muy tar­de.

Ade­más, lo encon­tra­mos muy depri­mi­do. Emo­cio­nal­men­te está muy mal, por­que tie­ne las defen­sas muy bajas, y se le acu­mu­lan las preo­cu­pa­cio­nes: su salud, sus hijos…

¿Cuál es la últi­ma noti­cia que tie­nen sobre él?

Sabe­mos que ayer [por el jue­ves] tenía visi­ta de su sicó­lo­ga. Eran dos horas, pero apro­xi­ma­da­men­te a la hora lo tuvie­ron que dejar por­que Ibon esta­ba tre­men­da­men­te can­sa­do. Noso­tros estu­vi­mos el sába­do en el locu­to­rio y tam­bién lo encon­tra­mos así. Está sin fuer­zas ni para des­col­gar el telé­fono de la pared. Le deci­mos «Ibon, no se te oye», pero le cues­ta tener el telé­fono en alto con el cable ten­sa­do y sos­te­ner la cabe­za arri­ba. Se pasa muchas horas tum­ba­do en la cama. Otros pre­sos nos han con­ta­do que le pre­gun­tan: «Ibon, ¿estás dor­mi­do?», y está des­pier­to, por­que tie­ne los ojos abier­tos, pero no tie­ne fuer­zas.

Ade­más, con el dete­rio­ro de la vis­ta, tie­ne muchos pro­ble­mas para mover­se, está inse­gu­ro inclu­so para salir de la cel­da. No esta­mos hablan­do de vis­ta can­sa­da, sino de algo mucho más gra­ve. En prin­ci­pio sufría astig­ma­tis­mo, más o menos en abril le cam­bia­ron de gafas y enton­ces toda­vía leía un poco, pero lue­go cada vez ha per­di­do más y más, y aho­ra no ve casi nada.

Ten­go cla­ro que de la cár­cel de Sevi­lla lo saca­ron por­que allí no que­rían «car­gar con ese mochue­lo». Sin embar­go, en Basau­ri no ha mejo­ra­do la cosa. Lo que más nos lla­ma la aten­ción es que el médi­co no quie­ra que se use la pala­bra «ter­mi­nal» cuan­do está muy cla­ro que si sigue ahí… La úni­ca espe­ran­za es que lo man­den a casa.

Aler­tan del ries­go de una infec­ción que sería fatal, y en este pun­to resul­ta evi­den­te que la higie­ne no es igual en la cár­cel que en el domi­ci­lio pro­pio…

Está cla­ro. Cuan­do lo tras­la­da­ron des­de Sevi­lla a Basau­ri, estu­vo seis días en Val­de­mo­ro en una cel­da muy, muy sucia, lle­na de cuca­ra­chas. Y lo peor es que lo tuvie­ron allí sólo por tener­lo, sin nin­gu­na nece­si­dad y sin nin­gu­na expli­ca­ción. En total, Ibon estu­vo nue­ve días sin apa­re­cer des­de que salió de Sevi­lla has­ta que lle­gó a Basau­ri, y casi todos los pasó en Val­de­mo­ro, ade­más de la pri­me­ra noche en Cáce­res y otra des­pués ya de Val­de­mo­ro, en El Due­so. En esos días sólo tuvi­mos noti­cias por un pre­so que se cru­zó con él y pudo lla­mar para decir que lo había vis­to, nada más.

¿Cuán­do empe­zó a caer? ¿Pudo influir la deten­ción, que deri­vó en denun­cias de tor­tu­ras?

Fue muy dura. Ibon sue­le decir que no les desea esos cin­co días que pasó ni a quie­nes lo detu­vie­ron, y cuan­do alguien le dice que él sí que lo desea, les insis­te en que no, que no.

De allí salió roto. Le pusie­ron «la bol­sa» pese a ser asmá­ti­co. Y no qui­so comer por mie­do a que le metie­ran algo raro. Al final le hicie­ron creer cosas increí­bles total­men­te, como que nos iban a impli­car tam­bién a sus fami­lia­res, pero se las aca­bó cre­yen­do… Des­pués de eso ha esta­do ade­más en ais­la­mien­to año y medio, y creo que ahí lo han rema­ta­do ya.

¿Qué tra­ta­mien­to lle­va­ba antes de ser dete­ni­do?

Nin­guno. Sólo con­tro­la­ba un poco la die­ta y toma­ba algu­nas vita­mi­nas. Pue­do decir que no ha teni­do nece­si­dad de retro­vi­ra­les en estos 20 años. Y siem­pre ha sido una per­so­na muy acti­va, de ésos que no hay que decir­les que se mue­van, sino lo con­tra­rio, que se estén quie­tos. Y aho­ra, en cam­bio…

¿Cómo se lle­va esta espe­ra? ¿Col­ga­dos del telé­fono?

Pues sí. Yo por el día más o menos lo sobre­lle­vo, pero por la noche es mucho peor. Te acues­tas a las 2 y para las 3 estás des­pier­ta, y a las 4, y a las 5… Al final lle­gan las 7, sale el sol y arri­ba otra vez. Ibon tie­ne la espe­ran­za de que si lo man­dan para casa, se recu­pe­ra­rá. A ver…

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Una con­cen­tra­ción ha recla­ma­do ante la cár­cel de Basau­ri la pues­ta en liber­tad del pre­so Ibon Ipa­rra­gi­rre, cuya salud ha empeo­ra­do.

La con­cen­tra­ción ha teni­do lugar esta maña­na ante la cár­cel de Basau­ri, don­de se encuen­tra pre­so el onda­rroa­rra Ibon Ipa­rra­gi­rre, aque­ja­do de VIH des­de hace 20 años.Etxerat aler­tó ayer de que su esta­do de salud ha empeo­ra­do des­de que hace año y medio fue encar­ce­la­do y de que un con­ta­gio o infec­ción podría ser fatal para el onda­rroa­rra.

El agra­va­mien­to de la situa­ción de Ipa­rra­gi­rre y los dos acci­den­tes pro­du­ci­dos recien­te­men­te lle­van a Etxe­rat a eti­que­tar esta sema­na como «negra», y sobre todo a poner el acen­to en que la actual polí­ti­ca peni­ten­cia­ria no pue­de man­te­ner­se vigen­te ni un día más.

Mat­tin Troi­ti­ño y Biki Goros­tia­ga sub­ra­ya­ron que de nue­vo que­da en evi­den­cia que se tra­ta de «una polí­ti­ca cri­mi­nal» que tie­ne «terri­bles con­se­cuen­cias». «Hay que encen­der la alar­ma roja antes de que sea dema­sia­do tar­de y nos encon­tre­mos en una situa­ción irre­ver­si­ble», remar­ca­ron los por­ta­vo­ces de Etxe­rat.

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