Cam­bo­ya : Cica­tri­ces del pasa­do y muchas dudas sobre el futu­ro- Txen­te Rekon­do

Cam­bo­ya se encuen­tra en una espe­cie de encru­ci­ja­da, don­de las heri­das del pasa­do no han cica­tri­za­do y las incóg­ni­tas sobre el pro­yec­to actual pue­den con­di­cio­nar tam­bién el futu­ro. Casi todos coin­ci­den en seña­lar que la situa­ción actual es mejor que la que vivió el país en el pasa­do recien­te, pero una mira­da más dete­ni­da nos mues­tra que un esce­na­rio no tan bueno como algu­nos pre­ten­den.

El sis­te­ma polí­ti­co cam­bo­yano está domi­na­do por la corrup­ción y al mis­mo tiem­po logra dejar fue­ra del mis­mo a bue­na par­te de los opo­si­to­res al mis­mo. El actual pri­mer minis­tro, Hun Sen, pro­ta­go­ni­zó en 1997 un gol­pe de esta­do, que pos­te­rior­men­te logró asen­tar a tra­vés de un pac­to polí­ti­co con el par­ti­do de la monar­quía, y que a día de hoy sigue sus­ten­tan­do el sis­te­ma polí­ti­co.

Los sec­to­res edu­ca­ti­vo o sani­ta­rio cuen­tan con gra­ves defi­cien­cias, moti­va­dos por la acti­tud de un sis­te­ma que ha pre­fe­ri­do inver­tir en otros fren­tes, prin­ci­pal­men­te los bol­si­llos de la cla­se diri­gen­te. Como seña­la­ba un perio­dis­ta local, ?hay muchas dudas sobre los orí­ge­nes de la rique­za de bue­na par­te de esos per­so­na­jes?.

La corrup­ción sigue pla­nean­do por dife­ren­tes aspec­tos de la vida ins­ti­tu­cio­nal y coti­dia­na del esta­do cam­bo­yano. Los lobbys y gru­pos de pre­sión de las altas esfe­ras del país, diri­gi­dos a lograr bene­fi­cios ?atí­pi­cos? de la situa­ción y de las rela­cio­nes a gran esca­la, con­vi­ven con la corrup­ción a pie de calle, don­de es fre­cuen­te ver a poli­cías paran­do a con­duc­to­res de moto­ci­cle­tas para ?mul­tar­les? bajo cual­quier moti­vo, y sin exten­der el reci­bo corres­pon­dien­te, lo que les per­mi­te ganar un ?dine­ro extra?.

La cómo­da mayo­ría que man­tie­ne en Par­ti­do Popu­lar de Cam­bo­ya (PCC) de Hun Sen (con 90 de 123 esca­ños en las elec­cio­nes de 2008) le per­mi­te man­te­ner­se el poder y seguir exten­dien­do e incre­men­tan­do su pre­sen­cia por todo el país, don­de se pue­den ver la recien­te cons­truc­ción de impor­tan­tes sedes que en oca­sio­nes con­tras­tan por su tama­ño con las peque­ñas vivien­das de la zona. Algu­nos de sus diri­gen­tes fue­ron en el pasa­do miem­bros de los khe­me­res rojos, que fue­ron aban­do­nan­do el movi­mien­to con el paso de los años y que pos­te­rior­men­te con­ta­rían con el apo­yo viet­na­mi­ta. Con el paso del tiem­po han ido aban­do­nan­do su ori­gi­nal ideo­lo­gía y se sitúan en un ?socia­lis­mo sui gene­ris? actual­men­te.

Últi­ma­men­te se han des­ata­do algu­nas pug­nas den­tro del par­ti­do y el pro­pio Nun Sen esta­ría uti­li­zan­do la excu­sa de la lucha con­tra la corrup­ción para qui­tar­se de en medio a posi­bles riva­les y for­ta­le­cer su red de apo­yos. Algu­nos seña­lan que el diri­gen­te cam­bo­yano ten­dría pues­tas muchas espe­ran­zas ?en el futu­ro polí­ti­co? de uno de sus hijos.

Otras luchas inter­nas han aca­ba­do tam­bién con el par­ti­do monár­qui­co, el Fun­ci­pec (un acró­ni­mo fran­cés de Fren­te Uni­do Nacio­nal para una Cam­bo­ya Inde­pen­dien­te, Neu­tra, Pací­fi­ca y Coope­ran­te), que se ha que­da­do con tan sólo 3 esca­ños y ha per­di­do su posi­ción de socio el gobierno. El otro par­ti­do ?impor­tan­te? del país, el Par­ti­do Sam Raisy (el nom­bre de su diri­gen­te), se decla­ra libe­ral y man­tie­ne 26 esca­ños.
Los cam­bios tam­bién han lle­ga­do al espa­cio eco­nó­mi­co de Cam­bo­ya. La libe­ra­li­za­ción ha abier­to la puer­ta a que los ?inver­so­res? se aso­men en el país asiá­ti­co, tan­to de Asia como occi­den­ta­les. Los cam­bios ace­le­ra­dos se pue­den per­ci­bir con toda su cru­de­za en la pro­pia capi­tal Phnom Pehh, don­de los ras­ca­cie­los finan­cia­dos por Corea del Sur supo­nen un con­tras­te con la esté­ti­ca urba­na de la ciu­dad, y don­de el pre­cio del sue­lo y la vivien­da se han dis­pa­ra­do en los últi­mos años. Todo ello ha gene­ra­do expul­sio­nes de per­so­nas de unas zonas y una cla­ra espe­cu­la­ción urba­nís­ti­ca.

Ese cre­ci­mien­to eco­nó­mi­co ha traí­do con­si­go un ace­le­ra­do con­su­mis­mo (Inter­net, tele­vi­so­res, telé­fo­nos móvi­les, orde­na­do­res, cone­xio­nes wi-fi?) y la apa­ri­ción de super­mer­ca­dos con aire acon­di­cio­na­do, res­tau­ran­tes de lujo y tien­das de dise­ño, ha veni­do acom­pa­ña­da tam­bién de un aumen­to del núme­ro de coches (se ha tri­pli­ca­do), así como la pre­sen­cia de dece­nas de ban­cos que ya cuen­tan con caje­ros auto­má­ti­cos en cual­quier esqui­na de la capi­tal. Algu­nos ala­ban esta nue­va situa­ción como un sín­to­ma de que Cam­bo­ya se empie­za a equi­pa­rar a otros paí­ses en auge de la región, sin embar­go omi­ten intere­sa­da­men­te que más de un ter­cio de la pobla­ción sobre­vi­ve bajo el umbral de la pobre­za (con 75 cen­ta­vos de dólar al día), y que el país, en pala­bras de Son, un estu­dian­te uni­ver­si­ta­rio de la capi­tal, no tie­ne cla­se media, y si la tie­ne es insig­ni­fi­can­te. ?Aquí, hay unos pocos que cada día son más ricos, y el res­to, la mayo­ría de la pobla­ción son cada día más pobres?.

El desa­rro­llo de sec­to­res indus­tria­les en torno a gran­des plan­ta­cio­nes para obte­ner goma de cau­cho, acei­te de pal­ma o pul­pa de papel es otra apues­ta fir­me del país, que está tra­yen­do con­si­go la defo­res­ta­ción ace­le­ra­da de impor­tan­tes zonas y cuyos efec­tos nega­ti­vos para el medio ambien­te se unen al de la polu­ción y la cons­truc­ción de gran­des pre­sas en el Mekong. Tam­bién se quie­re impul­sar el sec­tor tex­til, pero aún pean las dudas sobre su com­pe­ti­ti­vi­dad en el mer­ca­do glo­ba­li­za­do y ante el empu­je de los pro­duc­tos chi­nos.

Pero dos sec­to­res copan bue­na par­te del pro­ta­go­nis­mo eco­nó­mi­co de la actual Cam­bo­ya: el turis­mo y la ayu­da extran­je­ra. En el pri­mer caso es evi­den­te que su desa­rro­llo en los últi­mos años ha con­tri­bui­do al cam­bio gene­ra­do, sobre todo en la capi­tal y en la joya de la coro­na del país, los tem­plos de Ang­kor, don­de dece­nas de miles de turis­tas (chi­nos, japo­ne­ses, corea­nos, viet­na­mi­tas, tai­lan­de­ses, y occi­den­ta­les) dejan impor­tan­tes ingre­sos. Pero al mis­mo tiem­po esa reali­dad ha traí­do con­se­cuen­cias más nega­ti­vas. Así, en la capi­tal no es difí­cil reci­bir ofer­tas de marihua­na u opio en las esqui­nas de las zonas de afluen­cia de turis­tas, u obser­var estam­pas de occi­den­ta­les con chi­cas jóve­nes, mues­tra de una pros­ti­tu­ción en auge y pro­ba­ble­men­te la cor­ti­na que escon­de impor­tan­tes casos de pedofi­lia. Jun­to a ello, aquí tam­bién han apa­re­ci­do como setas los ?clu­bes? y los casi­nos, com­po­nen­tes de esa ima­gen oscu­ra de algu­nas zonas de la región.

La ayu­da exte­rior ha desem­pe­ña­do un papel impor­tan­te en el cam­bio cita­do, aun­que en los últi­mos tiem­pos se obser­van algu­nas trans­for­ma­cio­nes estruc­tu­ra­les impor­tan­tes. Así, esa ava­lan­cha mone­ta­ria ha ido acom­pa­ña­da de impor­tan­tes casos de corrup­ción y la apa­ri­ción de cien­tos de ONGs en el país. Recien­te­men­te el gobierno ha deci­di­do poner en mar­cha una nue­va ley que algu­nos inter­pre­tan como un inten­to por difi­cul­tar el queha­cer de esos orga­nis­mos. Esa legis­la­ción otor­ga­ría al gobierno pode­res para disol­ver ONGs con pre­tex­tos muy vagos, y pone con­di­cio­nes y pro­ce­di­mien­tos cos­to­sos para que los gru­pos más peque­ños no pue­dan ope­rar.

Algu­nos han seña­la­do tam­bién la otra cara de las ONGs, sobre todo de algu­nas occi­den­ta­les, ya que Cam­bo­ya, sobre todo su capi­tal, les per­mi­te man­te­ner una espe­cie de ?estan­cia dora­da? en el país, dejan­do de lado los moti­vos que moti­van su pre­sen­cia en el país.

Pro­ba­ble­men­te esta posi­ción del gobierno, inten­tan­do aca­llar a voces inter­nas dis­cre­pan­tes, obe­dez­ca tam­bién a la segu­ri­dad que le con­fie­re la ayu­da que Chi­na ha veni­do dan­do al país en los últi­mos años. El peso de la mis­ma ha des­equi­li­bra­do la balan­za a favor de Bei­jing, y eso hace tam­bién que el gobierno no depen­da tan­to de la ayu­da de otros acto­res inter­na­cio­na­les, a los que pue­de des­ai­rar en oca­sio­nes, aun­que Chi­na tam­bién reci­ba su ?pago? (el ejem­plo del apo­yo cam­bo­yano a las gran­des pre­sas, a pesar de ser nega­ti­vo para el futu­ro del país).

Otro serio pro­ble­ma, heren­cia de las inter­ven­cio­nes mili­ta­res del pasa­do, que debe­rá afron­tar el país son las minas anti-per­so­na y los bom­bas sin explo­tar. Por las calles de Cam­bo­ya se pue­de obser­var cada día la pre­sen­cia de gen­te que ha sido víc­ti­ma de esos arte­fac­tos, afec­tan­do sobre todo a los más jóve­nes que ayu­dan a su fami­lia en los cam­pos, aun­que pode­mos encon­trar afec­ta­dos en todas las esca­las de eda­des.

Entre 1979 y 1991 más de un millón de minas se colo­ca­ron en Cam­bo­ya por par­te de los dife­ren­tes con­ten­dien­tes de las gue­rras, las difi­cul­ta­des para iden­ti­fi­car dón­de se ubi­ca­ron hace que su des­ac­ti­va­ción sea len­ta y muy esca­sa, a pesar de los esfuer­zos que algu­nos orga­nis­mos loca­les, con apo­yos extran­je­ros lle­van rea­li­zan­do des­de hace años. Las áreas del nor­te del país, en torno a algu­nos tem­plos de Ang­kor (don­de se encuen­tra tam­bién el museo de las víc­ti­mas de las minas), en la fron­te­ra con Tai­lan­dia, son las zonas más afec­ta­das, y a día de hoy toda­vía son nume­ro­sos los car­te­les que anun­cian la pro­ba­ble pre­sen­cia de las minas, y muchas zonas ale­ja­das de los cami­nos prin­ci­pa­les siguen sien­do inse­gu­ros.

A todo ello se suman ade­más la más de medio millón de tone­la­das de bom­bas lan­za­das por EEUU duran­te la gue­rra de Viet­nam sobre sue­lo cam­bo­yano. Toda­vía exis­ten muchas de ellas sin explo­tar, sobre todo en las regio­nes más agrí­co­las y rura­les, don­de su pobla­ción se ve afec­ta­da con asi­dui­dad de los efec­tos mor­ta­les de esos explo­si­vos. Se da la tris­te para­do­ja ade­más, que en oca­sio­nes ambas reali­da­des ?con­vi­ven en los mis­mos dis­tri­tos o regio­nes? de algu­nas zonas de Cam­bo­ya.

La reali­dad cam­bo­ya­na reco­ge diver­sas inter­pre­ta­cio­nes. Algu­nos, como el perio­dis­ta y escri­tor Joel Brin­kley, seña­lan que los moti­vos para que el pue­blo cam­bo­yano no ?luche con­tra los que le explo­tan?, al tiem­po que acep­ta ?su pobre­za y explo­ta­ción como algo natu­ral de su vida?, se debe­ría a una espe­cie de ?reali­dad cul­tu­ral?.

Sin embar­go, fren­te a esas tesis que mues­tran a una pobla­ción ?sin ambi­cio­nes, sin sue­ños, y que lo úni­co que desean es que se les deje tran­qui­los?, otros recuer­dan que en la his­to­ria de Cam­bo­ya, las rebe­lio­nes han sido fre­cuen­tes (y no sola­men­te la de los Khe­me­res Rojos), y en la actua­li­dad se suce­den las luchas ?de cam­pe­si­nos para hacer fren­te a unos ele­va­dos e injus­tos impues­tos sobre sus tie­rras, u opo­ner­se a las expul­sio­nes for­za­das en terre­nos don­de el PPC pre­ten­de lue­go que reine la espe­cu­la­ción; o con­tra la corrup­ción?, y sin olvi­dar tam­po­co el queha­cer dia­rio de ?sin­di­ca­lis­tas, fuer­zas opo­si­to­ras y defen­so­res de los Dere­chos Huma­nos?, que man­tie­nen una pelea por una socie­dad más jus­ta, ?aún a cos­ta de poner en ries­go sus pro­pias vidas?. Toda­vía hoy, en Cam­bo­ya, para la mayor par­te de la pobla­ción su vida dia­ria se basa en la super­vi­ven­cia, aun­que algu­nos siguen avan­zan­do para que la situa­ción pue­da trans­for­mar­se en el futu­ro.

TXENTE REKONDO.- Gabi­ne­te Vas­co de Aná­li­sis Inter­na­cio­nal (GAIN)

La som­bra del Khe­mer rojo

Uno de los aspec­tos más con­tro­ver­ti­dos de la actual Cam­bo­ya gira en torno al perío­do de los Khe­mers rojos y las con­se­cuen­cias que el mis­mo tuvo para el país. La mayor par­te de la gene­ra­ción de ?los super­vi­vien­tes? pre­fie­re pasar hoja, evi­tan­do de esa mane­ra que esos recuer­dos vuel­van a aflo­rar, aun­que tam­bién los hay que siguen fir­mes deman­dan­do un jui­cio a los auto­res de aquel geno­ci­dio. Son bue­na par­te de las nue­vas gene­ra­cio­nes las que esta­rían impul­san­do esa medi­da judi­cial, que no ha con­ta­do con el apo­yo inter­na­cio­nal y que ade­más tie­ne el recha­zo del actual gobierno.

El fra­ca­so y la deri­va del régi­men de los khe­me­res rojos obe­de­cie­ron a dife­ren­tes fac­to­res. Por un lado la impo­si­bi­li­dad de lograr los obje­ti­vos agrí­co­las (?se qui­so avan­zar dema­sia­do rápi­do?), sin capa­ci­dad para ali­men­tar a los tra­ba­ja­do­res, y todo ello agra­va­do por las con­di­cio­nes de la gue­rra; por otra par­te las dife­ren­cias inter­nas, jun­to a la para­noia de supues­tos ?com­plots? con­tra los diri­gen­tes tra­jo con­si­go una pur­ga a esca­la masi­va, que afec­tó a impor­tan­tes cua­dros del movien­do; por últi­mo, la gue­rra de Viet­nam y el con­flic­to gene­ra­do tam­bién influ­ye­ron, jun­to a las dispu­tas fron­te­ri­zas y ata­ques con­tra el gobierno de Hanoi, lo que moti­va­rá la inter­ven­ción viet­na­mi­ta y el derro­ca­mien­to del régi­men cam­bo­yano. La gue­rra con­tra los enemi­gos sus­ti­tu­yó, como prio­ri­dad a los obje­ti­vos del movi­mien­to, lo que tam­bién empu­ja­rá hacia su dege­ne­ra­ción.

Son muchos los intere­ses que pre­fie­ren man­te­ner ocul­to el deve­nir de aque­llas déca­das. Si se lle­ga­ra a pro­du­cir un jui­cio inter­na­cio­nal como sugie­ren algu­nos debe­rían salir a la luz la posi­ción que man­tu­vie­ron los gobier­nos de Tai­lan­dia, Chi­na o EEUU, apo­yan­do al depues­to Pol Pot para fre­nar el auge viet­na­mi­ta en la región. Ayu­da mili­tar y eco­nó­mi­ca, ase­so­ra­mien­to e inclu­so apo­yo públi­co, como la de EEUU en una asam­blea de Nacio­nes Uni­das, pro­pi­ció que los khe­me­res rojos man­tu­vie­ran una gue­rri­lla con­tra el gobierno cam­bo­yano apo­ya­do por Viet­nam, tras el derro­ca­mien­to del régi­men de Pol Pot.

El apo­yo cita­do per­mi­tió man­te­ner en la fron­te­ra tai­lan­de­sa a par­te de sus segui­do­res duran­te años, pero la desin­te­gra­ción y las deser­cio­nes con­ti­nua­ron, debi­li­tan­do al movi­mien­to que que­da­ba, dán­do­se la para­do­ja que el pro­pio Pol Pot murió ?en arres­to domi­ci­lia­rio? en la sel­va, acu­sa­do por sus pro­pios com­pa­ñe­ros de la muer­te de otro diri­gen­te khe­mer, Son Sen.

Por su par­te, el gobierno cam­bo­yano (algu­nos de sus miem­bros tie­nen un pasa­do en este movi­mien­to) coin­ci­de con algu­nos acto­res inter­na­cio­na­les en ese recha­zo a un jui­cio con­tra los Khe­me­res rojos (y no tan solo con­tra los pocos ancia­nos diri­gen­tes que pue­dan seguir con vida). Los argu­men­tos del gobierno se basan en que de mul­ti­pli­car­se los jui­cios, ?se podría tam­ba­lear la esta­bi­li­dad social y empu­jar al país a una nue­va gue­rra civil?.

En Phnom Pehh se pue­de visi­tar el Museo del Geno­ci­dio de Tuol Sleng, que en su día fue una escue­la y que el régi­men de Pol Pot con­vir­tió en un cen­tro de reclu­sión y tor­tu­ra. Las cel­das, los uten­si­lios que uti­li­za­ron, las miles de foto­gra­fías de dete­ni­dos y de los pro­pios khe­me­res rojos se suce­den en las alas de los dife­ren­tes edi­fi­cios que com­po­nen el com­ple­jo. A sus puer­tas sue­len encon­trar­se dos de los sie­te super­vi­vien­tes, que fir­man sus libros y se foto­gra­fían con todo aquel que se acer­ca para inten­tar cono­cer un poco más de aquel sinies­tro epi­so­dios de la his­to­ria cam­bo­ya­na.

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