El Pre­si­den­te de EEUU orde­na el ase­si­na­to de un nor­te­ame­ri­cano

US Al-AwlakiYemen ha anun­cia­do esta maña­na la muer­te del diri­gen­te de Al Qae­da Anuar El-Awla­ki, un esta­dou­ni­den­se de ori­gen yeme­ní a quien se le vin­cu­la­ba con varios inten­tos de aten­tar en EEUU, sin car­gos lega­les. Fue eje­cu­ta­do con dro­nes (avión no tri­pu­la­do). El pre­si­den­te de EE UU, Barack Oba­ma, ha con­fir­ma­do la noti­cia y afir­ma­do que la muer­te de Al-Awla­ki repre­sen­ta un «hito sig­ni­fi­ca­ti­vo para derro­tar a Al Qae­da».

Solía­mos temer que el pre­si­den­te Geor­ge W. Bush, pre­sio­na­do por su nefas­ta­men­te beli­cis­ta Vice­pre­si­den­te y un Depar­ta­men­to de Jus­ti­cia que jus­ti­fi­có tor­tu­ras medie­va­les, iba a ampliar las potes­ta­des del poder eje­cu­ti­vo a nive­les tales como para poner en peli­gro el equi­li­brio y el fun­da­men­to de nues­tra demo­cra­cia.

Es por eso que muchos de noso­tros vota­mos a favor de Barack Oba­ma, por­que que­ría­mos a alguien que esta­ba en con­tra de la gue­rra, que cerra­ra Guan­tá­na­mo (el cen­tro ile­gal de deten­ción) alguien que supie­ra y enten­die­ra la cons­ti­tu­ción no como un sagra­do Vie­jo Tes­ta­men­to sino como un pac­to de leal­tad, con sal­va­guar­das invio­la­bles, entre los gober­na­dos y el gobierno.

Una de esas sal­va­guar­das siem­pre ha sido el debi­do pro­ce­so ‑la idea de que las per­so­nas están pro­te­gi­das de un pro­ce­so de la ley de acción arbi­tra­ria por par­te del Esta­do-. En otras pala­bras, que el gobierno debe seguir sus pro­pias reglas. En la cons­ti­tu­ción de los Esta­dos Uni­dos, es tan impor­tan­te que se plan­tea en la 5a y 14a enmien­da.

En el día de hoy, no obs­tan­te, los medios nos dicen que el Pre­si­den­te de los Esta­dos Uni­dos en la per­so­na de Barack Oba­ma ha exten­di­do el poder de su ofi­ci­na para orde­nar el ase­si­na­to de con­ciu­da­da­nos sin nin­gún ras­tro de debi­do pro­ce­so.

Anwar al-Awla­ki, cuya muer­te ha sido anun­cia­da por medios de todo el mun­do, nació en Nue­vo Méxi­co y vivió por años en Esta­dos Uni­dos. Sabir Khan, otro ciu­da­dano nor­te­ame­ri­cano, fue tam­bién ase­si­na­do en el ata­que diri­gi­do a al-Awla­ki.

Excep­to por toda la can­ta­le­ta de la pro­pa­gan­da anglo­par­lan­te sobre la per­te­nen­cia de al-Awla­ki a Al Qae­da, en reali­dad nun­ca fue acu­sa­do de nada. Sí esta­ba conec­ta­do al mayor Nidal Malik Hasan, el psi­quia­tra del Ejér­ci­to acu­sa­do de matar a 13 per­so­nas en Fort Hood, y Omar Faruk Abdul­mu­ta­llab, un nige­riano acu­sa­do de inten­tar volar un avión con des­tino a Detroit.

Pero nin­gún car­go. Cero. Nada.

En vez de cerrar Guan­ta­na­mo ‑el hoyo negro de la jus­ti­cia que ha per­mi­ti­do que el gobierno de EEUU evi­te su pro­pia cons­ti­tu­ción y ale­gue que por­que está en un país extran­je­ro la base no está suje­ta a la ley estadounidense‑, el Pre­si­den­te Oba­ma real­men­te ha amplia­do el man­da­to que la per­mi­tió ori­gi­nal­men­te.

De acuer­do con el Washing­ton Post, “él ha apli­ca­do el con­cep­to de que la mane­ra más efi­caz de matar o cap­tu­rar a los miem­bros de Al Qae­da y sus afi­lia­dos es tra­ba­jar en estre­cha cola­bo­ra­ción con socios extran­je­ros, inclui­dos aque­llos que tie­nen débi­les demo­cra­cias, esca­sa aten­ción de los dere­chos huma­nos y una frá­gil ren­di­ción de cuen­tas sobre las enor­mes sumas de dine­ro que Washing­ton les entre­ga para obte­ner su con­ti­nua par­ti­ci­pa­ción en estos esfuer­zos.”

Des­de que ha lle­ga­do a la pre­si­den­cia, Oba­ma real­men­te ha esta­do defen­dien­do -¡en los tri­bu­na­les!- la era Bush de las escu­chas tele­fó­ni­cas sin orden judi­cial y la tor­tu­ra y el tras­la­do de pre­sos de la CIA.

Aho­ra sur­ge este pre­ce­den­te – el ase­si­na­to selec­ti­vo de un ciu­da­dano esta­dou­ni­den­se sin un solo car­go con­tra él. El ase­si­na­to selec­ti­vo de un ciu­da­dano esta­dou­ni­den­se solo por­que el Pre­si­den­te de los Esta­dos Uni­dos ha deter­mi­na­do que ese hom­bre es peli­gro­so.

Aho­ra ima­gi­nen ese poder en las manos de un futu­ro pre­si­den­te Perry, o de una Pre­si­den­ta Bach­man…

*Achy Obe­jas es escri­to­ra cuba­no­ame­ri­ca­na resi­den­te en Chica­go.

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