Liber­tad con­di­cio­na­da fue la fór­mu­la en Irlanda

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El atrio de la Royal Dublin Society tem­bló ante los aplau­sos de cen­te­na­res de repu­bli­ca­nos. Pues­tos en pie, aplau­dían a los cua­tro hom­bres que el líder de Sinn Féin pre­sen­tó como «nues­tros cua­tro Nel­son Man­de­la». Mar­tin O’Con­nell, Edward Butler, Harry Dug­gan y Hugh Doherty, los cua­tro miem­bros del IRA, con­de­na­dos a entre doce y once cade­nas per­pe­tuas cada uno por la auto­ría de varias accio­nes con arte­fac­tos explo­si­vos en Lon­dres, habían sido tras­la­da­dos dos días antes des­de cár­ce­les de alta segu­ri­dad bri­tá­ni­cas a la pri­sión irlan­de­sa de Portlaoi­se, al sur de Dublin, y goza­ron de un per­mi­so espe­cial para par­ti­ci­par en una con­fe­ren­cia cla­ve para el pro­ce­so de paz irlan­dés. Fue ante los dele­ga­dos, algu­nos con lágri­mas en los ojos como el his­tó­ri­co líder del IRA Joe Cahill, don­de los cua­tro hom­bres dis­fru­ta­ron de sus pri­me­ras horas de liber­tad des­pués de 23 años de cár­cel. Y fue su pre­sen­cia, jun­to con la de otros pre­sos y pre­sas del IRA que via­ja­ron esa maña­na des­de cár­ce­les norir­lan­de­sas, la que selló el apo­yo de Sinn Féin al recién rubri­ca­do Acuer­do de Vier­nes Santo.

Era el 18 de abril de 1998, y ocho días antes Sinn Féin había fir­ma­do el pac­to. Aquel fin de sema­na era defi­ni­ti­vo para el pro­ce­so de paz irlan­dés, y los líde­res del movi­mien­to repu­bli­cano sabían que para con­ven­cer de la nece­si­dad de su apo­yo a los dele­ga­dos que se reu­nían en Dublín nece­si­ta­ban una prue­ba tan­gi­ble de los bene­fi­cios que el docu­men­to les iba a repor­tar. Y esa prue­ba fue la pre­sen­cia de sus pri­sio­ne­ros más sim­bó­li­cos. O’Con­nell, Butler, Dug­gan y Doherty serían libe­ra­dos final­men­te en 1999, bajo los tér­mi­nos del Acuer­do, y jun­to con ellos lo fue­ron todos aque­llos invo­lu­cra­dos en la lucha arma­da en el nor­te y sur de Irlan­da, así como en Gran Bretaña.

Des­de el prin­ci­pio de las nego­cia­cio­nes, el movi­mien­to repu­bli­cano tuvo en men­te el papel de sus pre­sos. El reco­no­ci­mien­to táci­to del esta­tu­to polí­ti­co faci­li­tó que en las pri­sio­nes irlan­de­sas los pre­sos de las orga­ni­za­cio­nes arma­das repu­bli­ca­nas y lea­lis­tas con­ta­rán con la liber­tad de orga­ni­zar­se, edu- car­se y, lo que es más impor­tan­te, infor­mar­se y par­ti­ci­par en las negociaciones.

En el momen­to del Acuer­do de Vier­nes San­to, el núme­ro de repu­bli­ca­nos en cár­ce­les en EEUU, Gran Bre­ta­ña, Irlan­da y Euro­pa no supe­ra­ba los 300, pero aun así el com­pro­mi­so para su libe­ra­ción fue una de las nego­cia­cio­nes más duras duran­te el pro­ce­so, debi­do a la pre­sión de aso­cia­cio­nes de víc­ti­mas del unio­nis­mo más conservador.

Bajo los tér­mi­nos del Acuer­do de Vier­nes San­to, los miem­bros de orga­ni­za­cio­nes arma­das encar­ce­la­dos podrían final­men­te bene­fi­ciar­se de una liber­tad con­di­cio­na­da sim­pre y cuan­do sus orga­ni­za­cio­nes «esta­ble- cie­ran o man­tu­vie­ran un alto el fue­go inequi­vo­co y com­ple­to». Alre­de­dor de 400 pre­sos unio­nis­tas y repu­bli­ca­nos fue­ron libe­ra­dos. Algu­nos cons­ta­ta­ron pron­to que los tér­mi­nos de su liber­tad deja­ban bas­tan­te que desear por­que esta liber­tad con­di­cio­na­da dis­ta­ba mucho de ser una amnistía.

Ello sig­ni­fi­ca impo­si­bi­li­dad para la adop­ción, para con­se­guir cré­di­tos o segu­ros, visa­dos de via­je e inclu­so, en cier­tos casos, para lograr empleos debi­do a la vigen­cia de su ficha poli­cial. Bajo los tér­mi­nos de la «licen­cia» bajo la que se esta­ble­ce su liber­tad, cual­quier infrac­ción sig­ni­fi­ca su retorno a la cár­cel, como ha sido el caso de Bren­dan Lillis, reen­car­ce­la­do en 2009 acu­sa­do de un robo por el que no pudo ser juz­ga­do debi­do a su esta­do de salud. Lillis per­ma­ne­ció encar­ce­la­do a pesar de la artro­sis dege­ne­ra­ti­va que le man­tu­vo en cama duran­te 18 meses, has­ta su tras­la­do a un hos­pi­tal de Bel­fast el pasa­do mes de agos­to. En una situa­ción simi­lar de revo­ca­ción de licen­cia se hallan acti­vis­tas repu­bli­ca­nos aso­cia­dos con gru­pos disi­den­tes, algu­nos encar­ce­la­dos por expre­sar opi­nio­nes cri­ti­cas al pro­ce­so de paz.

En cuan­to a refu­gia­dos y hui­dos, al no exis­tir el con­cep­to de amnis­tía estos se encuen­tran en un lim­bo legal, por lo que su entra­da en juris­dic­ción bri­tá­ni­ca podría con­lle­var su arres­to y encar­ce­la­ción. Esta es una cues­tión que se sigue deba­tien­do den­tro del movi­mien­to repu­bli­cano, que pro­po­ne un tri­bu­nal de la ver­dad y la recon­ci­lia­ción simi­lar al esta­ble­ci­do en Sudá­fri­ca, mien­tras que el Gobierno bri­tá­ni­co pro­pug­na un pro­ce­so de carác­ter judicial.

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