¿Cuán­to cues­ta la espe­cu­la­ción? – Eco­no­mía Crí­ti­ca

Las tur­bu­len­cias finan­cie­ras que sacu­den a Euro­pa des­de la sema­na pasa­da han hecho pasar des­aper­ci­bi­do un extra­or­di­na­rio epi­so­dio de espe­cu­la­ción con deu­da públi­ca en Espa­ña. El epi­so­dio es par­ti­cu­lar­men­te ilus­tra­ti­vo por varias razo­nes: evi­den­cia lo fácil que sería poner en mar­cha nor­mas que impi­die­ran ope­ra­cio­nes de este tipo; per­mi­te cal­cu­lar cuán­to nos cues­ta a la ciu­da­da­nía la espe­cu­la­ción con deu­da públi­ca; invi­ta a cues­tio­nar­se la legi­ti­mi­dad de una deu­da que, en par­te, se ali­men­ta de juga­das de los ban­cos, como la que nos ocu­pa.

El mer­ca­do de deu­da públi­ca se orga­ni­za en dos par­tes. Por un lado, cuan­do el Esta­do emi­te nue­vos títu­los de deu­da, lo hace en el lla­ma­do mer­ca­do pri­ma­rio. Los agen­tes finan­cie­ros (en su mayo­ría ban­cos) que com­pran esta deu­da nue­va lo hacen en este mer­ca­do. Pero no con­ser­van los títu­los de deu­da en sus car­te­ras has­ta su pla­zo de ven­ci­mien­to, sino que pue­den ven­der­los a otros agen­tes en el deno­mi­na­do mer­ca­do secun­da­rio. El volu­men de títu­los que se nego­cia en este segun­do mer­ca­do es muy impor­tan­te, ya que, al mar­gen de que haya nue­vas emi­sio­nes de deu­da públi­ca en el pri­ma­rio, los agen­tes finan­cie­ros rees­truc­tu­ran sus car­te­ras de acti­vos ven­dien­do y com­pran­do títu­los entre ellos de for­ma con­ti­nua. Por eso, por­que es mucho más diná­mi­co, es en este mer­ca­do don­de se defi­ne el pre­cio de esos títu­los de deu­da (y con él su tipo de inte­rés). Cuan­do el Esta­do emi­te deu­da nue­va en el mer­ca­do pri­ma­rio, el tipo de inte­rés por el que se están inter­cam­bian­do los títu­los en el secun­da­rio defi­ne el que habrá que ofre­cer para colo­car los nue­vos títu­los. Has­ta aquí, todo nor­mal.

El Esta­do anun­ció que la sema­na pasa­da emi­ti­ría nue­vos títu­los de deu­da. A lo lar­go de la sema­na, reali­zó cua­tro subas­tas por un total de 7.250 millo­nes de euros. Una ope­ra­ción de finan­cia­ción fre­cuen­te para los esta­dos. Pero, a río revuel­to, ganan­cia de pes­ca­do­res. En un con­tex­to de incer­ti­dum­bre como el exis­ten­te, los ban­cos sabían que la oca­sión era pro­pi­cia para obte­ner ganan­cias extra con estas emi­sio­nes. Y no deja­ron pasar la opor­tu­ni­dad.

Una vez hecho públi­co que el Esta­do emi­ti­ría deu­da en el mer­ca­do pri­ma­rio, los ban­cos acu­die­ron al secun­da­rio a ven­der masi­va­men­te los títu­los que tenían en sus car­te­ras. Inun­da­ron el mer­ca­do de deu­da espa­ño­la, dan­do la impre­sión de que, si nadie la que­ría, sería por su mala cali­dad. En los mer­ca­dos finan­cie­ros se actúa por mime­tis­mo, y una ope­ra­ción gene­ra­li­za­da por par­te de los ban­cos (prin­ci­pa­les par­ti­ci­pan­tes) arras­tra a los demás y defi­ne el pre­cio de mer­ca­do que pre­va­le­ce. Como con­se­cuen­cia, los tipos de inte­rés de la deu­da espa­ño­la subie­ron como la espu­ma poco antes de la pri­me­ra subas­ta anun­cia­da. Los ban­cos con­si­guie­ron así aumen­tar el dine­ro que el Esta­do ten­dría que pagar­les por la deu­da que iba a emi­tir.

Si los mer­ca­dos fun­cio­na­ran, un mayor tipo de inte­rés para los títu­los de deu­da (una mayor ren­ta­bi­li­dad exi­gi­da) refle­ja­ría el mayor ries­go que corren los com­pra­do­res al adqui­rir­los. Como se arries­gan a que qui­zás no les devuel­van la can­ti­dad adeu­da­da, nece­si­tan más ali­cien­tes para deci­dir­se a com­prar. Pero las subi­das de tipos de inte­rés en el mer­ca­do de deu­da públi­ca duran­te la sema­na pasa­da no fue­ron fru­to de un incre­men­to en el ries­go aso­cia­do a los títu­los. Los poten­cia­les com­pra­do­res no esta­ban preo­cu­pa­dos, en abso­lu­to, por la capa­ci­dad del Esta­do para devol­ver su deu­da. La deu­da públi­ca espa­ño­la se sitúa en torno al 60% del PIB, no sólo muy por deba­jo de los nive­les de endeu­da­mien­to grie­go (143%), ita­liano (119%) o por­tu­gués (93%), sino tam­bién del ale­mán (83%) y el fran­cés (82%). De hecho, según los últi­mos datos anua­les dis­po­ni­bles, cum­pli­mos los seve­ros cri­te­rios de aus­te­ri­dad fis­cal impues­tos por el Pac­to de Esta­bi­li­dad y Cre­ci­mien­to de la UE. Una prue­ba irre­fu­ta­ble de ello es que, una vez que el Esta­do sacó sus títu­los a la ven­ta, por cada euro de deu­da que se ofer­ta­ba había una deman­da dis­pues­ta a com­prar 2,6.

Como resul­ta­do del movi­mien­to espe­cu­la­ti­vo de los días pre­vios, los títu­los subas­ta­dos el jue­ves (bonos a 10 y a 15 años) tuvie­ron que colo­car­se a un 5,92% y un 6,22%, res­pec­ti­va­men­te. Una ren­ta­bi­li­dad más de un 25% por enci­ma de la que exi­gió el mer­ca­do la oca­sión ante­rior en la que se subas­ta­ron títu­los de este tipo. Los títu­los de ven­ci­mien­to a 18 meses se colo­ca­ron casi a un 4%, cuan­do en febre­ro de 2010 lo hicie­ron a 1,25%. Estos tipos arti­fi­cial­men­te ele­va­dos, que los ban­cos pre­fa­bri­ca­ron los días ante­rio­res con sus ven­tas inten­cio­na­das, han supues­to un cos­te adi­cio­nal de 488 millo­nes de euros para el Esta­do. Sólo en una sema­na. A esto hay que aña­dir que los ban­cos tam­bién recom­pra­ron, con esta nue­va y ven­ta­jo­sa ren­ta­bi­li­dad, la deu­da anti­gua que aca­ba­ban de ven­der en el mer­ca­do secun­da­rio. Para los ban­cos la ope­ra­ción ha sido redon­da: no sólo com­pran deu­da nue­va muy ren­ta­ble, sino que ele­van la ren­ta­bi­li­dad de los títu­los que ya tenían. Como con­tra­par­ti­da, para el Esta­do, ha sido rui­no­sa: recur­sos públi­cos rega­la­dos a los espe­cu­la­do­res. Si se con­ta­bi­li­za el dine­ro públi­co gas­ta­do en este tipo de ope­ra­cio­nes espe­cu­la­ti­vas, el sal­do en lo que va de 2011 se apro­xi­ma a los 3.500 millo­nes de euros. Es una espe­cie de sub­ven­ción a la espe­cu­la­ción. ¿De ver­dad no hay un des­tino mejor para nues­tro dine­ro?

Bibia­na Medial­dea: Pro­fe­so­ra de Eco­no­mía Apli­ca­da (UVA)

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