Los enemi­gos de la demo­cra­cia

Los “mer­ca­dos” han supues­to una gran excu­sa para hacer retro­ce­der a la ya de por sí pobre demo­cra­cia a lo lar­go de toda Euro­pa. Con­cep­tos lige­ra­men­te abs­trac­tos como ajus­tes y fle­xi­bi­li­za­ción, son pro­cla­ma­dos por los gobier­nos occi­den­ta­les como antí­do­to con­tra la ele­va­ción de la “pri­ma de ries­go” (con­cep­to tam­bién lige­ra­men­te téc­ni­co que la gran mayo­ría de la pobla­ción des­co­no­ce).

En otras pala­bras: Suje­tos abs­trac­tos y poco defi­ni­dos (los mer­ca­dos), obli­gan a los Esta­dos (con­cep­to abs­trac­to que encie­rra en sí a un con­jun­to de per­so­nas bien defi­ni­das ‑los ciu­da­da­nos y ciu­da­da­nas-) a cons­tre­ñir los dere­chos ‑fun­da­men­tal­men­te socia­les- (a tra­vés del came­lo abs­trac­to del “ajus­te estruc­tu­ral”) con el obje­ti­vo de cal­mar la sed devo­ra­do­ra de los espe­cu­la­do­res finan­cie­ros (escon­di­dos tras su repre­sen­ta­ción abs­trac­ta de la “pri­ma de ries­go). Todo muy abs­trac­to, como si no supié­se­mos muy bien de dón­de vie­ne y por qué la cri­sis y las solu­cio­nes que se inten­tan dar a esta. El pro­ble­ma, cla­ro está, no resi­de en que no sepa­mos de dón­de vie­nen los “ajus­tes” o las “lec­cio­nes” de eco­no­mía. El pro­ble­ma está jus­ta­men­te en lo con­tra­rio: están iden­ti­fi­ca­dos pero su misión es que no se los iden­ti­fi­que, y por ello los medios de comu­ni­ca­ción airean esas abs­trac­cio­nes (mer­ca­dos). Esta cri­sis, las rece­tas que se están apli­can­do y las reac­cio­nes ante las medi­das están muy bien iden­ti­fi­ca­das; y pre­ci­sa­men­te ese es el obje­ti­vo del pre­sen­te articu­lo: cola­bo­rar con la iden­ti­fi­ca­ción de los “enemi­gos de la demo­cra­cia”.

¿Demo­cra­cia?

Hablar de “enemi­gos de la demo­cra­cia” pue­de ser, para muchos, un jue­go de pala­bras peli­gro­so. Se pue­de asu­mir, de nues­tras pala­bras, que por demo­cra­cia nos esta­mos refi­rien­do al sis­te­ma par­la­men­ta­rio libe­ral actual. Nada más lejos de la reali­dad. ¿Es esta ‑la actual demo­cra­cia libe­ral- una ver­da­de­ra demo­cra­cia? Sin duda algu­na, no.

Pre­ci­sa­men­te lo que aquí se pre­ten­de es poner de relie­ve que los ata­ques espe­cu­la­do­res sobre los Esta­dos e, indi­rec­ta­men­te, sobre el sis­te­ma par­la­men­ta­rio no son un ata­que con­tra el sis­te­ma sino un ata­que con­tra la demo­cra­cia.

Es, por ello, que nos pare­ce acer­ta­do seña­lar a los ges­to­res de fon­dos como enemi­gos de la demo­cra­cia. Ellos ‑los posee­do­res, de fac­to, del capital‑, jun­to con el con­jun­to de mer­ce­na­rios polí­ti­cos a sus órde­nes, son, han sido y serán, los enemi­gos más direc­tos de la demo­cra­cia. Por tan­to aquí, cuan­do se habla de demo­cra­cia, no se está hacien­do refe­ren­cia al sis­te­ma libe­ral-bur­gués par­la­men­ta­rio ni a la pros­ti­tu­ción que se ejer­ce sobre el tér­mino demo­cra­cia en la actua­li­dad. Nos refe­ri­mos ni más ni menos a la demo­cra­cia en sen­ti­do estric­to: la volun­tad de la mayo­ría.

Vio­len­cia eco­nó­mi­ca

Cuan­do un hom­bre más fuer­te gol­pea a otro con el áni­mo de obte­ner un bene­fi­cio pro­pio ‑o para evi­tar que el gol­pea­do obten­ga algún tipo de beneficio‑, se ejer­ce la vio­len­cia. Prác­ti­ca­men­te igual suce­de cuan­do una ins­ti­tu­ción inter­na­cio­nal como el Fon­do Mone­ta­rio Inter­na­cio­nal obli­ga a los paí­ses más débi­les a devol­ver la deu­da con­traí­da en dóla­res tenien­do que empo­bre­cer­se aún más a cau­sa de la deva­lua­ción que su mone­da sue­le enfren­tar. La vio­len­cia, eco­nó­mi­ca en este últi­mo caso, resi­de en la obli­ga­ción impues­ta de ceder sobe­ra­nía sim­ple­men­te por ser un “esla­bón débil”.

En el caso de los mer­ca­dos no esta­mos en un caso muy dife­ren­te. La dic­ta­du­ra del capi­tal ‑a tra­vés de su chan­ta­je eco­nó­mi­co- obli­ga a los esta­dos y a la ciu­da­da­nía (ver­da­de­ro expo­nen­te de la demo­cra­cia) a ceder su sobe­ra­nía acep­tan­do retro­ce­sos en mate­ria de dere­chos.

El obje­ti­vo, en el caso del FMI es man­te­ner el sta­tus quo, for­ta­le­cer el dólar y adqui­rir mate­rias pri­mas, gobier­nos corrup­tos y escla­vos moder­nos a pre­cio de cos­to. El obje­ti­vo de los mer­ca­dos es bien pare­ci­do: aumen­tar su ren­ta­bi­li­dad, mane­jar a los gobier­nos como títe­res y, de nue­vo e indi­rec­ta­men­te, aumen­tar su ren­ta­bi­li­dad a tra­vés de la dis­mi­nu­ción del cos­te de la ciu­da­da­nía (a nivel edu­ca­ti­vo, labo­ral, sani­ta­rio…).

La jus­ti­fi­ca­ción de la vio­len­cia del hom­bre bru­to resi­de en su fuer­za res­pec­to del hom­bre débil. La vio­len­cia eco­nó­mi­ca resi­de pre­ci­sa­men­te en el mis­mo hecho: la for­ta­le­za (en can­ti­dad de dine­ro) de los mer­ca­dos o del FMI res­pec­to de los paí­ses.

Cesión de sobe­ra­nía

No dedi­ca­re­mos mucho tiem­po en narrar los pro­ce­sos pri­va­ti­za­do­res que Espa­ña y el con­jun­to de los paí­ses de la zona euro aco­me­tie­ron duran­te la déca­da de los 80 y los 90 ‑fun­da­men­tal­men­te- con el obje­ti­vo de ade­cuar el peso de su eco­no­mía ‑es decir, de redu­cir la capa­ci­dad de inter­ven­ción polí­ti­ca sobre la eco­no­mía- a las exi­gen­cias del tra­ta­do de Maas­trich y, en defi­ni­ti­va, de los pode­res eco­nó­mi­cos supra­na­cio­na­les.

Así, y para el caso espa­ñol, la eco­no­mía pro­duc­ti­va deja de ser pau­la­ti­na­men­te públi­ca con las ven­tas de Rep­sol, Ibe­ria, Tele­fó­ni­ca o Ende­sa, por ejem­plo. Pero no sólo la eco­no­mía pro­duc­ti­va deja de estar en manos del con­trol polí­ti­co ‑y públi­co, por tan­to- sino que la eco­no­mía finan­cie­ra, esa san­gre que bom­bea los pro­ce­sos pro­duc­ti­vos, tam­bién pasan pau­la­ti­na­men­te a que­dar de for­ma exclu­si­va en manos pri­va­das.

Así, Argen­ta­ria, por ejem­plo, cul­mi­na en 1999 su ven­ta al Ban­co Bil­bao Viz­ca­ya; supo­nien­do de fac­to el fin del con­trol de la polí­ti­ca sobre la eco­no­mía, al menos en un plano nacio­nal.

Una vez des­ar­ma­do el Esta­do de capa­ci­dad para obrar en mate­ria eco­nó­mi­ca, que­da com­ple­ta­men­te a mer­ced del sec­tor pri­va­do para prác­ti­ca­men­te la rea­li­za­ción de cual­quier ope­ra­ción, tan­to pro­duc­ti­va como finan­cie­ra. Así, la sali­da a lo key­ne­siano que­da un poco lejos pues aque­llos que pri­va­ti­za­ron el país (PP y PSOE) difí­cil­men­te pon­drán en mar­cha medi­das que recu­pe­ren a pre­cio de oro lo que ven­die­ron por cua­tro duros. El Esta­do, duran­te los años 80 y 90 pre­pa­ró para sí la cri­sis de deu­da que aho­ra se pade­ce.

Los enemi­gos de la demo­cra­cia

El pro­ble­ma de la deu­da no es bala­dí. No es que la deu­da sea exce­si­va, sino que sim­ple­men­te, no hay quien la com­pre. Y no por­que se dude de que tal o cual país pue­da pagar­la. No se com­pra por­que for­ma par­te del jue­go, tal y como el cole­ga y cama­ra­da A. Gar­zón expli­ca en “¿Qué son los mer­ca­dos y la espe­cu­la­ción finan­cie­ra?”.

En dicho articu­lo Gar­zón pone el archi­co­no­ci­do ejem­plo de Soros -remi­tién­do­nos a otro articu­lo- don­de comen­ta que Soros con unos 15.000 millo­nes de libras ester­li­nas logró poner al Esta­do inglés con­tra las cuer­das. Soros era uno con 15.000 millo­nes, ima­gi­nen a unas dece­nas miles de fon­dos ‑que, entre­ga­dos a ges­to­res de fon­dos se nos podrían que­dar en ape­nas un puña­do de miles de per­so­nas- con­tro­lan­do 119 billo­nes de dóla­res, es decir, y cam­bian­do las libras por dos dola­res ‑para inten­tar incluir el efec­to tem­po­ral de la inflación‑, Soros hun­dió un país con un 0,025% del dine­ro ges­tio­na­do a día de hoy por los fon­dos de inver­sión. La cosa se pone seria, ¿ver­dad?

En el siguien­te grá­fi­co vemos la dis­tri­bu­ción por­cen­tual de dichos 119 billo­nes de dóla­res en los dife­ren­tes tipos de fon­dos de inver­sión:

Como se com­prue­ba, son los fon­dos de pen­sio­nes y los de los gran­des patri­mo­nios los que más dine­ro ges­tio­nan (más del 50% del total) sin embar­go, el papel des­es­ta­bi­li­za­dor y voraz de los Hed­ge Funds son una varia­ble sig­ni­fi­ca­ti­va a tener en cuen­ta aun­que supon­gan tan sólo un 1% del total.

Como decía, lo más des­ta­ca­do del asun­to es que en unas pocas manos se con­cen­tran una bue­na par­te del pas­tel. Así, un total de 10 ins­ti­tu­cio­nes finan­cie­ras (en 2008) con­tro­lan apro­xi­ma­da­men­te un 15% del con­jun­to de fon­dos. Entre los “enemi­gos” iden­ti­fi­ca­mos a AXA, Blac­kRock, Deust­che Bank, JP Mor­gan… y tan­tos otros que que­dan fue­ra del Top10 pero que los siguen de cer­ca como Gold­man Sachs, BNP Pari­bas o ING.

En con­cre­to, el repar­to de ese Top10 que­da como sigue

Tam­bién es sig­ni­fi­ca­ti­vo el hecho de que, por nacio­na­li­da­des, la inmen­sa mayo­ría de los fon­dos con­ven­cio­na­les (Pen­sio­nes, mutua­lis­tas y de segu­ros) esté con­tro­la­do por EEUU. El 51% de estos fon­dos son ame­ri­ca­nos mien­tras que, segui­do des­de muy lejos, Rei­no Uni­do se colo­ca en segun­do lugar con un 9%.

Reto­me­mos de nue­vo el ejem­plo de Soros: Con 15.000 millo­nes hun­dió al Ban­co de Ingla­te­rra. ¿qué no se pue­de hacer con 119 billo­nes de dóla­res?

Revo­lu­ción y Dic­ta­du­ra. Con­clu­sión

No hay mar­gen para el error, ni tiem­po para per­der. La rees­truc­tu­ra­ción de deu­da, lim­pian­do los des­po­jos espe­cu­la­ti­vos es la mejor garan­tía para la sobe­ra­nía eco­nó­mi­ca, polí­ti­ca y social. Un país ‑un con­jun­to de ciu­da­da­nos y ciu­da­da­nas- no pue­de estar some­ti­do, bajo nin­gún con­cep­to, al chan­ta­je cons­tan­te de un gru­po de per­so­nas cuya úni­ca misión es con­se­guir ren­ta­bi­li­dad cues­te lo que cues­te.

Ante una dic­ta­du­ra como la que esta­mos vivien­do, sólo se la pue­de sepul­tar con el paso fir­me del com­pro­mi­so polí­ti­co, la orga­ni­za­ción y el camino uni­ta­rio pero hete­ro­gé­neo. Estu­dian­tes que no tie­nen un futu­ro al atis­bo, tra­ba­ja­do­res y tra­ba­ja­do­ras que pier­den dere­chos, el pues­to de tra­ba­jo o que se ven obli­ga­dos a con­ver­tir­se en aves de rapi­ña con sus com­pa­ñe­ros y com­pa­ñe­ras para no ser el pró­xi­mo o pró­xi­ma en estar en la calle, peque­ños empre­sa­rios que no pue­den hacer fren­te a las deu­das que le ani­ma­ron a con­traer aque­llos que aho­ra les denie­gan el acce­so a finan­cia­ción, los pen­sio­nis­tas que ven cómo aque­llo por lo que lucha­ron se les está vinien­do aba­jo ante sus pro­pios ojos, des­em­plea­dos y des­em­plea­das que han per­di­do la fe en el sis­te­ma que tan boni­to pin­ta­ba: en defi­ni­ti­va, a esa gran masa social que es mucho más nume­ro­sa que los cua­tre­ros que poco a poco han ido robán­do­nos nues­tra sobe­ra­nía.

Es el momen­to de per­der el mie­do ante la reali­dad. Que tiem­blen otros ante el esta­lli­do de nues­tra revo­lu­ción, los demás con ella, no tene­mos nada que per­der, como no sean nues­tras cade­nas. Tene­mos, en cam­bio, un mun­do ente­ro que ganar.

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