27 de sep­tiem­bre de 1975: lucha­do­res por la liber­tad y la jus­ti­cia social- Lau hai­ze­ta­ra gogoan

27 de sep­tiem­bre de 1975: lucha­do­res por la liber­tad y la jus­ti­cia social

Lau Hai­ze­ta­ra Gogoan * E.H
El 27 de sep­tiem­bre de 1975 cin­co hom­bres fue­ron ase­si­na­dos. Y deci­mos ase­si­na­dos, no eje­cu­ta­dos ni ajus­ti­cia­dos, por­que la Jus­ti­cia no tuvo nada que ver con este cri­men. Cuan­do nos nega­mos a lla­mar Jus­ti­cia a la lega­li­dad espa­ño­la del fran­quis­mo, no la con­tra­po­ne­mos a nin­gún mode­lo ideal de lo que debe ser la Jus­ti­cia sino, sim­ple­men­te, al dere­cho posi­ti­vo ya exis­ten­te en aquel momen­to en los paí­ses que podían con­si­de­rar­se demo­crá­ti­cos y en el seno de la comu­ni­dad inter­na­cio­nal. El Esta­do espa­ñol no cum­plía nin­guno de los están­da­res en mate­ria de Dere­chos Huma­nos. Inclu­so hoy, 36 años des­pués de aque­llos crí­me­nes, la lega­li­dad espa­ño­la sigue estan­do, en la prác­ti­ca, muy ale­ja­da de lo que exi­ge el dere­cho inter­na­cio­nal, aun­que éste Esta­do sus­cri­ba, sobre el papel, todos los con­ve­nios sobre Dere­chos Huma­nos habi­dos y por haber.
Jon Pare­des “Txi­ki”, Ángel Otae­gi, José Hum­ber­to Bae­na, José Luis Sán­chez Bra­vo y Ramón Gar­cía Sanz fue­ron juz­ga­dos y con­de­na­dos por unos tri­bu­na­les cuya úni­ca “fuen­te de legi­ti­mi­dad” era la vic­to­ria de los suble­va­dos en la rebe­lión mili­tar del 18 de julio de 1936. La nue­va lega­li­dad se había cons­trui­do en base al ani­qui­la­mien­to físi­co o a la anu­la­ción y some­ti­mien­to de todos aque­llos que no enca­ja­ban en el pro­yec­to de la “Espa­ña Una, Gran­de y Libre”. Los fas­cis­tas mata­ron para arro­gar­se el “dere­cho” de poder seguir matando.
La far­sa de jui­cio a la que fue­ron some­ti­dos aque­llos cin­co hom­bres no tenía las míni­mas garan­tías pro­ce­sa­les y, a día de hoy, se sabe a cien­cia cier­ta que varios de ellos ni siquie­ra eran res­pon­sa­bles de los hechos por los que fue­ron juz­ga­dos. El régi­men fran­quis­ta ya lo sabía enton­ces, pero nece­si­ta­ba matar para some­ter a cual­quier disi­den­cia. Había naci­do matan­do y se había per­pe­tua­do matan­do. El bai­le de muer­tos se había ini­cia­do el mis­mo día del alza­mien­to mili­tar. Las cune­tas y las tapias de los cemen­te­rios fue­ron sus pri­me­ros esce­na­rios. Los tri­bu­na­les que se fue­ron crean­do des­pués solo serían una esce­ni­fi­ca­ción para jus­ti­fi­car los crímenes.
Los cin­co ase­si­na­dos habían empren­di­do el camino de la lucha arma­da como for­ma de enfren­tar­se a una dic­ta­du­ra que, para ven­cer y man­te­ner­se en el poder, había cau­sa­do la muer­te de cen­te­na­res de miles de per­so­nas. Las dis­tin­tas for­mas de lucha, en un con­tex­to de fal­ta abso­lu­ta de liber­ta­des, era apo­ya­das, jus­ti­fi­ca­das o, al menos, com­pren­di­das, con todos los mati­ces que se pudie­ran esta­ble­cer, por el con­jun­to de la opo­si­ción anti­fas­cis­ta. Cla­ra prue­ba de ello es la res­pues­ta a la noti­cia de las sen­ten­cias de muer­te y a la “eje­cu­ción” de las mis­mas. Una olea­da de pro­tes­tas sacu­dió el Mun­do, pri­me­ro para inten­tar evi­tar los ase­si­na­tos y más tar­de para ser­vir como con­de­na de los mismos.
Quie­nes, en su día, com­par­tie­ron la mili­tan­cia anti­fas­cis­ta con los cin­co ase­si­na­dos aquel 27 de sep­tiem­bre han evo­lu­cio­na­do en direc­cio­nes muy dis­tin­tas: algu­nos con­ti­nua­ron con las mis­mas for­mas de lucha, otros las cam­bia­rían pero man­ten­drían los mis­mos obje­ti­vos polí­ti­cos. Algu­nos no tuvie­ron pre­sen­cia des­ta­ca­da en la vida públi­ca en los años pos­te­rio­res. Hubo quie­nes, inclu­so, aca­ba­ron situán­do­se en posi­cio­nes que, al menos a nues­tro enten­der, son dia­me­tral­men­te opues­tas a las que man­te­nían en 1975, y como con­se­cuen­cia de este pro­fun­do cam­bio, aho­ra se encuen­tran entre quie­nes nie­gan la con­di­ción de víc­ti­mas a sus anti­guos com­pa­ñe­ros de lucha.
Cla­ros ejem­plos de todos estos cami­nos por los que tran­si­ta­ron los que un día par­ti­ci­pa­ron en la lucha anti­fas­cis­ta lo encon­tra­mos entre otras per­so­nas que fue­ron con­de­na­das a muer­te, en el cono­ci­do como “Pro­ce­so de Bur­gos”, de 1970. En este caso, las sen­ten­cias no se lle­va­ron a efec­to. Estos con­de­na­dos tuvie­ron la posi­bi­li­dad de evo­lu­cio­nar, de cam­biar, inclu­so de ven­der­se a cam­bio de un car­go públi­co. Tuvie­ron la opción de ser cohe­ren­tes con su pasa­do o de dejar de serlo.
Los ase­si­na­dos el 27 de sep­tiem­bre de 1975 no tuvie­ron la posi­bi­li­dad de seguir cami­nan­do en nin­gu­na de estas direc­cio­nes. Su ima­gen que­dó con­ge­la­da en el momen­to de su muer­te. El fas­cis­mo les negó cual­quier posi­bi­li­dad de futu­ro, tan­to en lo per­so­nal como en lo polí­ti­co, en la rea­li­za­ción de los pro­yec­tos por los que lucha­ban. Sus ver­du­gos qui­sie­ron, tam­bién, arre­ba­tar­les su con­di­ción de lucha­do­res por la liber­tad y la jus­ti­cia social, pero la socie­dad vas­ca, hacien­do de ello su ban­de­ra, recuer­da a toda esta gene­ra­ción de mili­tan­tes anti­fas­cis­tas, en la cohe­ren­cia de su lucha, ante la actual monar­quía cons­ti­tu­cio­nal, hija maqui­lla­da de fran­quis­mo, cuyas res­pon­sa­bi­li­da­des con­ti­núan impunes.

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