27 de Sep­tiem­bre: ¡A la lucha, a la vida, por la liber­tad!- Mai­te Campillo

Toda­vía os temen, el poder no quie­re ni oír hablar de víc­ti­mas de la dic­ta­du­ra, os temen a todos; a cien­tos de miles de muer­tos, os temen por­que estáis entre noso­tros. Vigi­lan nues­tros ojos por cada señal que nos enviáis, nues­tros movi­mien­tos. Vues­tras tum­bas, y las fosas comu­nes des­en­te­rra­das se les atra­gan­tan por­que su obje­ti­vo es silen­ciar, que nadie pien­se. Por eso tie­nen mie­do, saben que no estáis muer­tos, que como el can­tan­te de todas las épo­cas Lluis Llach, “a fuer­za de noches amáis la vida… a fuer­za de ver­da­des a fuer­za de men­ti­ras”. Saben que sólo mata­ron la mate­ria, lo saben, que entre noso­tros sigue fres­co vues­tro empe­ño escul­pi­do en la his­to­ria del anti­fas­cis­mo inter­na­cio­nal jun­to a las pala­bras del com­po­si­tor y músi­co que les con­de­na: “Assas­sins de raons i de vides que mai no tin­gueu repòs en cap dels vos­tres dies i que en la mort us per­se­guei­xin les nos­tres memòries”/ Ase­si­nos de razo­nes y de vidas, que nun­ca ten­gáis repo­so a lo lar­go de vues­tros días y que en la muer­te os per­si­gan nues­tras memorias.

36 años de fon­do, de una de las muchas noches lar­gas del fran­quis­mo. Noche del 27 se Sep­tiem­bre de 1975. Cin­co árbo­les en quie­tud, cin­co cla­vos jun­to a otros muchos ase­si­na­dos que siguen deam­bu­lan­do por el espa­cio, acom­pa­ñán­do­nos, dis­pues­tos, a ente­rrar de una vez por todas el nazis­mo fran­quis­ta. Cin­co tron­cos de miles de asti­llas de savia pre­su­ro­sa. Noche de espe­ra, que ciñó en puño inter­na­cio­nal la pro­tes­ta con­tra los crí­me­nes de la dic­ta­du­ra. El apo­yo, de ese lado del mun­do anti­ca­pi­ta­lis­ta a rebo­sar de anti­fas­cis­mo fue paten­te e inol­vi­da­ble para el que lo vivió, una ban­de­ra de lucha.

Mucho se ha habla­do, año tras año, de los últi­mos fusi­la­mien­tos de la momia del fas­cis­mo; de la impu­ni­dad de la dic­ta­blan­da, y del aban­dono y des­pre­cio a las fami­lias de los ase­si­na­dos, que siguen bus­can­do resar­cir la memo­ria de los suyos pelean­do un lugar en la his­to­ria de la lucha por la liber­tad. Per­sis­tien­do en anu­lar sen­ten­cias y abo­lir dicha impu­ni­dad que rodea 32 años de gobier­nos de turno. De eso habla­mos, de su rui­do metá­li­co de paz en el mun­do y habla­mos de su doc­tri­na paci­fi­ca­do­ra, al igual que la fran­quis­ta que no es igual pero que es lo mis­mo, a la hora de paci­fi­car con la OTAN, y sin ella en Eus­kal Herria; en su paci­fi­ca­ción man­tie­nen el dis­pa­rar al aire, y des­de el aire, apun­tan al paci­fi­ca­dor y al mili­tan­te. Sobre esta lucha de con­tra­rios, ellos, los ase­si­na­dos des­de 1936 has­ta nues­tros días; ahí están, en ese pun­to de dias que son años, que son déca­das sin que les die­ran ni tiem­po para hablar, defen­der­se, ni tan siquie­ra des­pe­dir­se de las cien­tos, miles de per­so­nas que les que­rían. Los des­arrai­ga­ron a garro­te vil, fusi­la­dos y a gol­pes de tor­tu­ra; ahí están, fue­ra del alcan­ce de nues­tros abra­zos. Y ahí sigue la mon­ta­ña, vibran­do con todos ellos, con su inmen­sa y per­ma­nen­te boca acti­va, y si la amor­da­zan, nos que­da la palabra.

A sus fal­das los árbo­les bro­tan fru­tos; jun­to con la pal­ma, baten en mis oídos el son de las cara­co­las. Pie­dras de todas los tama­ños y tona­li­da­des de piel can­tan, sue­nan sobre for­mas y pro­ce­den­cias sin igual al rit­mo de sus hojas. Los cam­pos sem­bra­dos ríen; una con­ti­nui­dad de peñas y picos de cres­ta alti­va for­man una lar­ga cor­di­lle­ra. Las mon­ta­ñas abren y cie­rran nubes de gas sobre sus pun­tas que se resis­ten, deseo­sas de obser­var su gen­te como telón de fon­do de una nue­va for­ma de vida que se pro­lon­gó años entre soles, llu­vias, nie­bla, nie­ves, tor­men­tas. Un esce­na­rio: el pue­blo; una coreo­gra­fía: los huer­tos y ani­ma­les de las cua­dras en su rit­mo y vida natu­ral; cue­vas, caba­ñas de pas­to­res y cor­do­nes resis­ten­tes airean irguien­do ropa a secar al aire libre, algu­nas de sus pren­das han sido hitos para los auto­res prin­ci­pa­les de la resis­ten­cia en su gue­rra de gue­rri­llas, como lo fue­ron las seña­les de la luz de las casas, focos escé­ni­cos alen­tan­do a la vida. El maqui cami­na, (como cami­na­ron todos los fusi­la­dos del fran­quis­mo has­ta su ago­nía), a su alre­de­dor la muer­te ciñen­do sus talo­nes. A dis­tan­cia obser­va, en medio del sufri­mien­to el valle, ali­men­tan­do su ago­nía. Son los suyos tam­bién tor­tu­ra­dos en la aldea, pue­blo; aco­sa­dos, inte­rro­ga­dos, incre­pa­dos a cual­quier hora del día y de la noche. Recuer­dos, avi­sos y alar­mas que envían a tra­vés de las pren­das, tam­bién su color for­mó jalón de muy dife­ren­tes sor­pre­sas den­tro del mudo len­gua­je diri­gi­do a los del monte.

Ellos no des­can­san, duer­men duran­te el día, son lobos de la noche entorno a las lla­mas de la lum­bre, por eso su dolor es más pro­fun­do. Ras­trean hue­llas, olfa­tean escu­rrién­do­se a las escon­di­das, sor­pren­dien­do; escu­chan en silen­cio bajo las zar­zas y setos, espe­ran… la Guar­dia Civil pasa de lar­go sin ver­los, siiii­len­cio. Des­can­san de sus cami­na­tas noc­tur­nas pue­blo a pue­blo, algu­nos ya inten­tan­do divi­sar la fron­te­ra. Así años, bus­ca­dos por perros adies­tra­dos con gene­ro­sa pól­vo­ra en la recá­ma­ra. Años que aca­bó la gue­rra, pero no la per­se­cu­ción, la muer­te, la repre­sión dura.

[Obser­vé un ave fue­ra de su camino, [email protected] sobre su pro­pia his­to­ria, sobre las pie­dras y can­tos que agi­ta­ron su vida en otros tiem­pos. Su boca seca, expri­mi­da por la impo­ten­cia que brin­da la apa­tía que la devo­ra.]

La tie­rra vio­len­ta­da, vio­la­da, ultra­ja­da; sobre sus con­trac­cio­nes ellos, aún se resis­ten a dejar la mon­ta­ña. La tie­rra vomi­ta san­gre, cien­tos de tum­bas colec­ti­vas silen­cia­das por la pro­pia bar­ba­rie que apor­tó el terror; flo­tan paten­tes, des­en­mas­ca­ran­do el nazis­mo euro­peo que se cebó sobre un esta­do, un pue­blo, tres de sus cua­tro par­tes cam­pe­sino. La san­gre que de ellos ema­nó, sigue fil­trán­do­se; lle­gó a los huer­tos bus­can­do la casa en el valle, sigue en su reco­rri­do hacia la luz de nues­tros días.

Las her­mo­sas mon­ta­ñas, las bellí­si­mas rocas de for­mas irre­gu­la­res, por la erup­ción de la metra­lla, coro­nan una cos­ta de su lucha, (que la escue­la indu­jo a creer, que abue­los y padres eran maja­de­ros; como si la his­to­ria por ellos vivi­da, fue­ra leyen­da inven­ta­da por ple­be muer­ta de ham­bre) sobre la que se ali­men­tó un gran puño de nues­tro tiem­po, nos sigue ali­men­tan­do. No en muchos paí­ses, se pudo ver cosa igual sobre la mon­ta­ña huma­na enfren­ta­da a un arse­nal béli­co euro­peo esca­lo­frian­te, diri­gi­do por gobier­nos mise­ra­bles con­tra hom­bres y muje­res de la tierra.

Arri­ba la ban­de­ra, en lo más alto sus puños. Los picos de la mon­ta­ña real­zan la tri­co­lor. Mon­te aba­jo todo rojo, fer­ti­li­zan­do for­mas y esti­los pro­pios de una lucha que con­ti­núa más allá del olvido.

Hoy, recu­pe­ran­do sus tum­bas a den­te­lla­das, con­tra un poder de “civi­li­za­ción demo­crá­ti­ca”, que vomi­ta fran­quis­mo en todas sus leyes sobre nues­tras espal­das. La piel se eri­za, el dolor no se ha ale­ja­do; los fun­da­men­tos de la dic­ta­du­ra man­tie­nen leyes en equi­li­brio, como losa que aplas­ta, aho­ga, asfi­xia, mata. Una suda­de­ra de fie­bre ardien­te, de juven­tud, reco­rre como rayo que no cesa mi cuerpo.

Me sien­to como Migue­li­to, soñan­do entre sába­nas de almi­dón y estruen­do, exte­rio­ri­zan­do nue­vas expre­sio­nes y sentidos.

Impul­sa­da como nóma­da entre bos­ques, deam­bu­la como loba mi ins­tin­to feme­nino; abra­za­da al mun­do y sus cami­nos, todo es camino. Atrás la impo­ten­cia apá­ti­ca, el feo “humor” des­mo­ra­li­za­dor del [email protected], y sus tra­gos de desidia acu­mu­la­da, atrás siem­pre!!!. ¡A D E L A NT E!, los “vaga­bun­dos del mis­te­rio”, héroes de la per­sis­ten­cia hacien­do camino, pelean­do el camino, los veo… Van­guar­dia que lau­reo por el bri­llo y tono de su color y sabor fres­co, sobre el que fun­da­men­tan her­mo­sas razo­nes emble­má­ti­cas de cas­ta gue­rri­lle­ra: ser o no ser, revo­lu­ción o muer­te. ¡Al mon­te, al mon­te! ¡A la vida, a la lucha, a la liber­tad!. Y, en este espa­cio para el ries­go des­fi­la­mos todos, has­ta los que nun­ca han pisa­do el piso o alfom­bra de un tea­tro revo­lu­cio­na­rio. ¡Todos quie­ren apren­der, cono­cer, for­mar par­te de un sis­te­ma nue­vo, ese que se pare­ce a la his­to­ria que gene­ra­ción tras gene­ra­ción for­ma par­te de nues­tras vidas des­de que nace­mos, como agua impres­cin­di­ble de la que bebemos.

Y Fran­co se des­pi­dió fusi­lan­do, (y los Reyes aplau­dién­do­le), tal como entró en el poder en el 36. Para­do­jas de la vida, este año se cum­plen 36 años, de los últi­mos de sus crí­me­nes. Murió con­fe­sa­do, comul­gan­do, ase­si­nan­do, pero vamos lle­gan­do. Resis­tir es ven­cer, com­ba­tir orga­ni­zar, cons­truir. Siem­pre ade­lan­te com­pa­ñe­ros, la revo­lu­ción es per­ma­nen­te. Un año, otro más, suman­do fon­do a los últi­mos fusi­la­mien­tos: Sán­chez Bra­vo, Gar­cía Sanz, Bae­na Alon­so, Otae­gi eta Txi­ki… y, en Duran­go, man­da­ron reti­rar la pla­ca en recuer­do a éstos últi­mos, igual­men­te en Amo­re­bie­ta, el nom­bre de la calle por man­da­to “espa­ñol”, (no de Isa­bel la Cató­li­ca), sino de la polí­ti­ca “tran­si­cio­nal” que rige la cons­ti­tu­ción monár­qui­ca here­de­ra del fas­cis­mo que masa­cró el espí­ri­tu de Liber­tad y República.

Mien­tras, entre tan­to y tan­to, en pleno cen­tro de Bil­bo, (pla­za Moyua), el edi­fi­cio de hacien­da pre­su­me un escu­do fran­quis­ta des­de hace déca­das en lo alto del edi­fi­cio. Algo más lejos, Meli­lla, buen ejem­plo don­de la “demo­cra­cia” encar­na­da en el PP, (Fra­ga, como el 100% de los impli­ca­dos en la dic­ta­du­ra, mori­rá sin ser juz­ga­do por sus crí­me­nes), con­de­co­ra a un ase­sor “orgu­llo­so”, de haber pre­sen­cia­do la eje­cu­ción de Puig Antich. En Meli­lla, se man­tie­ne la últi­ma esta­tua que home­na­jea al dic­ta­dor del garro­te vil, y en sus calles siguen sobre­vi­vien­do nom­bres y monu­men­tos que recuer­dan al ase­sino. El fran­quis­mo vive en la cons­ti­tu­ción a tra­vés de la monar­quía lega­da por él, con­de­co­ran­do a apó­lo­gos del terro­ris­mo a favor de la pena de muer­te y del garro­te vil, en este caso sobre el joven Puig Antig. Se “jac­tan” de esta mane­ra a tra­vés del águi­la impe­rial del yugo y de las fle­chas. No es úni­co, hay más ejem­plos por Hego Eus­kal Herria, por toda la penín­su­la, ¡no diga­mos en el archi­pié­la­go cana­rio don­de el 18 de julio se cele­bra con des­fi­les y ama­ne­cen pue­blos baña­dos en car­te­les de la falan­ge. No, no que­re­mos que toda esta “filo­so­fía”, sir­va de atrac­ción turís­ti­ca, como sir­ven los cre­ma­to­rios huma­nos de miles de ino­cen­tes, comu­nis­tas, liber­ta­rios anti­fas­cis­tas y más, al mar­gen de ser o no ser judíos de religión.

Con­tra la tira­nía y su impu­ni­dad, me uno a mis ami­gos anti­fas­cis­tas de todos los colo­res; mi odio lo dejo para el cas­ti­ga­dor de huma­ni­da­des del pla­ne­ta y sus saté­li­tes. Ya que si todos tene­mos dere­cho a vivir en él, por lo tan­to a com­par­tir su espa­cio, ¿por­qué se empe­ñan en hacer­nos des­apa­re­cer?. Y, yo odio a la gen­te que hace eso. Pero entre tan­to, can­to por que esos muer­tos, pue­dan lle­gar a sus puertos.

PD.
Minis­tros, mili­ta­res, jue­ces y poli­cías siguen sin depu­rar, y sin nin­gu­na inves­ti­ga­ción para la recu­pe­ra­ción de los niños roba­dos a las pre­sas polí­ti­cas. 82 años!, de injus­ti­cias per­ma­nen­tes con una polí­ti­ca oli­gar­ca terra­te­nien­te y una ban­ca espe­cu­la­ti­va de expo­lio sin lími­te, y un pue­blo, sin pre­sen­te y sin futu­ro para sus hijos.

***
Car­ta de des­pe­di­da de José Hum­ber­to Bae­na, uno de los últi­mos fusi­la­dos por el régi­men franquista.
Papá, mamá:
Me eje­cu­ta­rán maña­na de mañana.
Quie­ro daros áni­mos. Pen­sad que yo mue­ro pero que la vida sigue.
Recuer­do que en tu últi­ma visi­ta, papá, me habías dicho que fue­se valien­te, como un buen galle­go. Lo he sido, te lo ase­gu­ro. Cuan­do me fusi­len maña­na pedi­ré que no me tapen los ojos, para ver la muer­te de frente.
Sien­to tener que deja­ros. Lo sien­to por voso­tros que sois vie­jos y sé que me que­réis mucho, como yo os quie­ro. No por mí. Pero tenéis que con­so­la­ros pen­san­do que tenéis muchos hijos, que todo el pue­blo es vues­tro hijo, al menos yo así os lo pido.
¿Recor­dáis lo que dije en el jui­cio? Que mi muer­te sea la últi­ma que dic­te un tri­bu­nal mili­tar. Ese era mi deseo. Pero ten­go la segu­ri­dad de que habrá muchos más. ¡Mala suerte!
¡Cuán­to sien­to morir sin poder daros ni siquie­ra mi últi­mo abra­zo! Pero no os preo­cu­péis, cada vez que abra­céis a Fer­nan­do, el niño de Mari, o a Mano­lo hace­ros a la idea de que yo con­ti­núo en ellos.
Ade­más, yo esta­ré siem­pre con voso­tros, os lo aseguro.
Una sema­na más y cum­pli­ría 25 años. Mue­ro joven pero estoy con­ten­to y convencido.
Haced todo lo posi­ble para lle­var­me a Vigo.
Como los nichos de la fami­lia están ocu­pa­dos, ente­rrad­me, si podéis, en el cemen­te­rio civil, al lado de la tum­ba de Ricar­do Mella.
Nada más. Un abra­zo muy fuer­te, el último.
Adios papá, adios mamá.
Vues­tro hijo:
José Humberto

Mai­té Cam­pi­llo (actriz)

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