75 Años de la bar­ba­rie fran­quis­ta- Iña­ki Ega­ña

Duran­te el ter­cer fin de sema­na de julio de 1936 tuvo lugar un gol­pe de Esta­do que, fra­ca­sa­do, daría pie a la gue­rra civil espa­ño­la. Un año des­pués el terri­to­rio vas­co que­da­ba en su tota­li­dad en poder de los suble­va­dos, de los fran­quis­tas, y para mar­zo de 1939 la inte­gri­dad del espa­ñol. En 1975 mori­ría el dic­ta­dor, abrién­do­se una tran­si­ción polí­ti­ca que obvia­ría el pasa­do más cer­cano. Han trans­cu­rri­do 75 años del ini­cio de la bar­ba­rie fran­quis­ta y, toda­vía, las cuen­tas de la repre­sión no se han con­ta­bi­li­za­do al deta­lle. Cono­ce­mos las líneas maes­tras, pero los obs­tácu­los judi­cia­les y polí­ti­cos han impe­di­do cerrar la inves­ti­ga­ción. Algún día se lle­ga­rá al fon­do. Mien­tras tan­to vamos a inten­tar reca­pi­tu­lar en este maca­bro ani­ver­sa­rio.

Al menos 6.018 vas­cos fue­ron eje­cu­ta­dos por el fran­quis­mo en los meses y años pos­te­rio­res al ini­cio del gol­pe de Esta­do del 18 de julio de 1936. Entre ellos están con­ta­bi­li­za­dos los que murie­ron en el cam­po de con­cen­tra­ción de Deus­tu y en la pri­sión de San Cris­tó­bal (en el mon­te Ezka­ba) y en los bom­bar­deos a la pobla­ción civil. Los eje­cu­ta­dos en Nafa­rroa fue­ron el 1% de su pobla­ción total, entre el 7 y el 8% de los que habían vota­do opcio­nes aber­tza­les o repu­bli­ca­nas en febre­ro de 1936.

De Sar­ta­gu­da fusi­la­ron al 6,76% de su pobla­ción. Entre el 2 y el 6% de fusi­la­dos se encon­tra­ban Lodo­sa, Men­da­bia, Mila­gro y Peral­ta. De Duran­go, inclu­yen­do a los falle- cidos en el bom­bar­deo del 30 de mar­zo de 1937, des­apa­re­cie­ron el 1,78% de sus habi­tan­tes. La capi­tal vas­ca con mayor núme­ro de eje­cu­ta­dos fue Donos­tia, cer­ca de 400. Aun­que en por­cen­ta­je lo fue Iru­ñea, con 300. La capi­tal nava­rra tenía enton­ces 42.000 habi­tan­tes, y la gui­puz­coa­na, el doble.

Los pri­me­ros eje­cu­ta­dos, el mis­mo 18 de julio de 1936, fue­ron el bara­cal­dés Manuel Rodrí­guez, en Zam­bra­na, y en Iru­ñea Fidel Zan­due­ta y José Rodrí­guez-Medel, este últi­mo coman­dan­te de la Guar­dia Civil en Nava­rra, leal a la Repú­bli­ca. Los res­tos de cer­ca de 150 de los fusi­la­dos nava­rros, así como varias dece­nas de guda­ris que murie­ron en la bata­lla de Legu­tio, fue­ron lle­va­dos al fran­quis­ta Valle de los Caí­dos sin cono­ci­mien­to de sus fami­lia­res. El pri­mer mili­tar vas­co fusi­la­do lo fue en Meli­lla. Se tra­tó del capi­tán Vir­gi­lio Leret Ruiz, avia­dor e inven­tor de diver­sos inge­nios vola­do­res.

Jamás se ha toma­do en cuen­ta la mag­ni­tud de la repre­sión y el ata­que fron­tal a las liber­ta­des vas­cas y al sis­te­ma repu­bli­cano. La fal­ta de volun­tad de los here­de­ros polí­ti­cos direc­tos del 36, que aban­do­na­ron a los suyos, ha hecho que la inves­ti­ga­ción haya que­da­do, como tan­tas otras, en manos par­ti­cu­la­res e ini­cia­ti­vas popu­la­res. A quie­nes inten­ten fri­vo­li­zar habría que expli­car­les, por ejem­plo, que 37.930 niños vas­cos (hoy sabe­mos el nom­bre y ape­lli­dos de todos ellos) fue­ron dis­per­sa­dos en el exi­lio y ter­mi­na­ron sus días, algu­nos de ellos, en luga­res tan leja­nos como Sibe­ria.

La repre­sión tuvo un com­po­nen­te anti­de­mo­crá­ti­co y tota­li­ta­rio que, en pri­me­ra ins­tan­cia, se cebó en los repre­sen­tan­tes de la volun­tad popu­lar: 29 alcal­des, de ellos 22 en Nafa­rroa, fue­ron eje­cu­ta­dos, así como un núme­ro más ele­va­do de con­ce­ja­les. Fue para­dig­ma el caso de Cár­car, don­de fue­ron eje­cu­ta­dos su alcal­de Lucio Gutié­rrez y todos los con­ce­ja­les excep­to dos.

Entre los alcal­des ase­si­na­dos se encon­tra­ban Ale­jan­dro Mallo­na (Mun­da­ka), For­tu­na­to Agi­rre (Liza­rra), Gabino Alus­ti­za (Aia), Domin­go Bur­ga­le­ta (Tude­la), Teo­do­ro Gon­zá­lez de Zara­te (Gas­teiz), Satu­rio Buru­ta­rán (Loio­la, Donos­tia), Valen­tín Pla­za (Cas­te­jón), José Mar­kie­gi (Deba), Feli­pe Urtia­ga (Berriz), Anto­nio Moreno (Core­lla)… En Ara­ba y Nafa­rroa fue­ron fusi­la­dos 27 maes­tros. Tam­bién dece­nas de fun­cio­na­rios muni­ci­pa­les como Tomás Abai­tua Ugal­de, jefe de la Guar­dia Muni­ci­pal de Bil­bao.

Entre los car­gos polí­ti­cos, el con­se­je­ro de Sani­dad del Gobierno Vas­co, Alber­to Espi­no­sa Ori­ve, fue el pri­me­ro en ser eje­cu­ta­do. Des­de febre­ro de 1936 era dipu­tado a Cor­tes en Madrid. A Teo­do­ro Olar­te, dipu­tado gene­ral de Ara­ba, le tor­tu­ra­ron, le rom­pie­ron varias cos­ti­llas y le eje­cu­ta­ron en Bayas. Tras la ren­di­ción de San­to­ña, la Falan­ge eje­cu­tó a quie­nes con­si­de­ra­ba los dos máxi­mos diri­gen­tes de cada par­ti­do y sin­di­ca­to lea­les. Entre los muer­tos esta­ban Jesús Zaba­la (ELA) y Ramón Raba­ne­da (PCE), padre del que lue­go sería modis­to Paco Raban­ne.

A par­tir de San­to­ña, prác­ti­ca­men­te todos los sec­to­res socia­les fue­ron juz­ga­dos colec­ti­va­men­te: médi­cos, fun­cio­na­rios, emplea­dos muni­ci­pa­les, ayun­ta­mien­tos al com­ple­to, etcé­te­ra. Los fun­cio­na­rios de pri­sio­nes o mili­cia­nos que par­ti­ci­pa­ron en tareas de vigi­lan­cia en las cár­ce­les fue­ron eje­cu­ta­dos, en todos los casos, a garro­te vil. Los pri­me­ros aga­rro­ta­dos, Pedro Gar­men­dia, de ANV, natu­ral de San Sal­va­dor del Valle, y el socia­lis­ta Julián Her­mo­sa, de Basau­ri.

Todas las for­ma­cio­nes polí­ti­cas sufrie­ron la pér­di­da de diri­gen­tes. En el PNV Ramón Azkue, que había sido jefe del Eus­ko Guda­ros­tea, y Aitzol Ariz­ti­mu­ño, el sacer­do­te más influ­yen­te del par­ti­do, fue­ron pasa­dos por las armas. El médi­co jel­tza­le Luis Ála­va Sou­tu fue eje­cu­ta­do por espiar para los alia­dos duran­te la Gue­rra Mun­dial. Julián Zuga­za­goi­tia Men­die­ta y Jesús Larra­ña­ga, líde­res vas­cos del PSOE y del PCE, tam­bién, tras ser dete­ni­dos y extra­di­ta­dos des­de Fran­cia y Por­tu­gal, res­pec­ti­va­men­te. Tomás Ariz, líder del PCE en Nava­rra, había sido fusi­la­do igual­men­te. José Luis Are­ni­llas, jefe de Sani­dad del Gobierno Vas­co y mili­tan­te del POUM, fue ase­si­na­do en diciem­bre de 1937.

Isaac Puen­te Ames­toy, médi­co en Maez­tu y uno de los teó­ri­cos más impor­tan­tes del anar­quis­mo duran­te el siglo XX, fue eje­cu­ta­do en Pan­cor­bo. El poe­ta Este­ban Urkia­ga, Laua­xe­ta, murió en el pare­dón del cemen­te­rio San­ta Isa­bel de Gas­teiz ata­do a José Pla­cer Mar­tí­nez de Lezea, res­pon­sa­ble de las mili­cias de ANV. El escri­tor José María Azka­rra­ga Mozo, de Amu­rrio, dete­ni­do en Larri­na­ga, entró en un can­je de pri­sio­ne­ros entre los dos ban­dos. Se negó al mis­mo, por con­si­de­rar­se pri­vi­le­gia­do sobre sus com­pa­ñe­ros. Fue fusi­la­do en Derio.

El cle­ro y la espe­ci­fi­ci­dad nava­rra

La repre­sión con­tra el cle­ro vas­co fue, asi­mis­mo, noto­ria. Al menos 18 sacer­do­tes vas­cos fue­ron fusi­la­dos, 7 de ellos en Her­na­ni. En 1911, todos los sacer­do­tes decla­ra­da­men­te nacio­na­lis­tas vas­cos fue­ron des­ti­na­dos a dió­ce­sis ubi­ca­das en Amé­ri­ca. En 1923 y con moti­vo de la res­tau­ra­ción de la Vir­gen de Estí­ba­liz, un redac­tor del dia­rio jel­tza­le «Euz­ka­di» fue exco­mul­ga­do por cri­ti­car un dis­cur­so abier­ta­men­te espa­ño­lis­ta y mili­tar del car­de­nal Juan Belloch. En esos años, otros sacer­do­tes fue­ron des­te­rra­dos y per­se­gui­dos por pre­di­car en eus­ka­ra. Las eje­cu­cio­nes con­fir­ma­ron la ten­den­cia repre­si­va de los años ante­rio­res.

Como ha sido cita­do en el caso del dipu­tado gene­ral Teo­do­ro Olar­te, muchos de los dete­ni­dos fue­ron tor­tu­ra­dos antes de ser envia­dos al pare­dón. José María Berraon­do, de 18 años, fue dete­ni­do como ven­gan­za a que su padre, con­ce­jal del PNV de Oiar­tzun, había logra­do huir y cru­zar la muga. Tor­tu­ra­do has­ta la muer­te, su cuer­po fue arro­ja­do por el puen­te de Endar­lat­sa. José María Igar­tua Polo, vecino de Bea­sain, tam­bién sufrió malos tra­tos. Fue tor­tu­ra­do has­ta morir. En abril de 1939 Juan Anto­nio Bil­bao Gaz­ta­ña­ga Txa­ko­li fue muer­to por un fun­cio­na­rio en la pri­sión bil­bai­na de los Esco­la­pios por acer­car­se a una ven­ta­na. Ramón Ruga­ma, abo­ga­do cri­mi­na­lis­ta de Ordu­ña, fue muer­to a palos en la pri­sión de Larri­na­ga.

Mili­ta­res vas­cos fue­ron tam­bién fusi­la­dos. Ernes­to de la Fuen­te Torres, jefe del Esta­do Mayor del Ejér­ci­to vas­co, fue eje­cu­ta­do en diciem­bre de 1937. José Galle­go Ara­gués, tam­bién del Esta­do Mayor vas­co, fue fusi­la­do en mayo de 1938. Daniel Ire­za­bal Goi­tia, jefe de Divi­sión, fue fusi­la­do en diciem­bre de 1937. Gumer­sin­do Azka­ra­te Gómez, coro­nel de Infan­te­ría e ins­pec­tor del Ejér­ci­to Vas­co, tam­bién aca­bó así, el mis­mo día que Ire­za­bal y que José Bola­ños López, coman­dan­te de Infan­te­ría.

En Nafa­rroa, los muer­tos apa­re­cie­ron por cam­pos, cami­nos y cemen­te­rios. En mar­zo de 2009, la Socie­dad de Cien­cias Aran­za­di recu­pe­ró los cuer­pos de 20 veci­nos de Buñuel en Maga­llón (Zara­go­za). Otros 250 nava­rros fue­ron fusi­la­dos en Zara­go­za, entre ellos 218 que per­te­ne­cie­ron al Ter­cio San­jur­jo. En Iru­ñea, los fusi­la­mien­tos eran públi­cos, en la Vuel­ta del Cas­ti­llo. La Teje­ría de Mon­real, la can­te­ra de Bera, Etxau­ri, Val­cal­de­ra, Ezka­ba y Urba­sa fue­ron luga­res habi­tua­les de eje­cu­ción de pri­sio­ne­ros. Hoy, toda­vía se des­co­no­ce dón­de fue­ron eje­cu­ta­dos el 10% de los nava­rros a los que se fusi­ló.

La espe­ci­fi­ci­dad nava­rra (la mitad de los fusi­la­dos vas­cos corres­pon­de al Vie­jo Rei­no) tie­ne varios com­po­nen­tes excep­cio­na­les. Si la deser­ción en el Ejér­ci­to de Fran­co era con­si­de­ra­da un deli­to que se paga­ba con pri­sión mayor, cuan­do el deser­tor era nava­rro, al menos en el fren­te vas­co, el cas­ti­go era la pena de muer­te, como a los iruin­da­rras Juan Los San­tos y Luciano Larra­za.

Hechos de este cali­bre y diver­sas inves­ti­ga­cio­nes han lle­ga­do a poner en tela de jui­cio el carác­ter ideo­ló­gi­co de los muer­tos nava­rros en el Ejér­ci­to de Fran­co. Las últi­mas inves­ti­ga­cio­nes rea­li­za­das apun­tan al hecho de que de los 4.488 nava­rros que murie­ron en la gue­rra civil en el Ejér­ci­to de Fran­co, una can­ti­dad cer­ca­na a la mitad de ellos no per­te­ne­cía socio­ló­gi­ca­men­te al fran­quis­mo. Se habían alis­ta­do, como tan­tos otros, para evi­tar ser per­se­gui­dos.

En las cer­ca­nías de Oion, en Ara­ba, fue­ron eje­cu­ta­dos más de 400 repu­bli­ca­nos, la mayo­ría rio­ja­nos. En Bayas, Armi­ñón, Zam­bra­na y las Con­chas (entre Lan­graiz y La Pue­bla) tam­bién hubo nume­ro­sas eje­cu­cio­nes. En Biz­kaia, el cemen­te­rio de Derio fue el lugar ele­gi­do por los ver­du­gos, mien­tras que en Gipuz­koa opta­ron por los cemen­te­rios de Her­na­ni y Oiar­tzun y el cam­po de tiro de Bide­bie­ta, en Donos­tia.

Sólo un jui­cio

Nin­guno de los res­pon­sa­bles de las matan­zas fue jamás con­de­na­do. Se abrie­ron algu­nas dili­gen­cias en casos de tor­tu­ra con resul­ta­do de muer­te, pero siem­pre hubo ale- gacio­nes al «deber cum­pli­do» y se cerra­ron. Los escua­dro­nes de la muer­te, 16 en Nafa­rroa, cam­pa­ron a sus anchas. Pedro Díez Terés se jac­ta­ba de haber mata­do a más de un cen­te­nar de nava­rros. José Luis de Vila­llon­ga, gran­de de Espa­ña y bió­gra­fo del rey Juan Car­los I, par­ti­ci­pó en los pique­tes de eje­cu­ción en Her­na­ni, según tes­ti­mo­nio pro­pio.

Vio­la­cio­nes, muti­la­cio­nes, tor­tu­ras, ensa­ña­mien­tos con las fami­lias repu­bli­ca­nas, abu­sos infan­ti­les… todo fue olvi­da­do. Solo hubo una excep­ción, la de Juan José Domín­guez, un falan­gis­ta que puso una bom­ba en Bego­ña en 1942. El aten­ta­do, en medio de un acto reli­gio­so car­lis­ta, oca­sio­nó 70 heri­dos, entre ellos el minis­tro del Ejér­ci­to espa­ñol, Enri­que Vare­la. Domín­guez fue juz­ga­do, con­de­na­do y eje­cu­ta­do. Fue la úni­ca excep­ción en 40 años. El res­to sigue impu­ne.
Muje­res: ultra­ja­das, vio­la­das y eje­cu­ta­das

Al gene­ral Quei­po de Llano, uno de los diri­gen­tes del gol­pe de Esta­do de 1936, se le atri­bu­ye la siguien­te fra­se: «Nues­tros valien­tes legio­na­rios y regu­la­res han ense­ña­do a los rojos lo que es ser hom­bre. De paso, tam­bién a las muje­res de los rojos, que aho­ra, por fin, han cono­ci­do a hom­bres de ver­dad y no cas­tra­dos mili­cia­nos. Dar pata­das y berrear no las sal­va­rá».

La mayor cár­cel de muje­res del Esta­do estu­vo en Satu­rra­ran. En los últi­mos años, diver­sos tra­ba­jos mono­grá­fi­cos han recu­pe­ra­do la mayo­ría de los deta­lles de aquel infierno. La de Amo­re­bie­ta fue, asi­mis­mo, una de las cár­ce­les que alber­gó a nume­ro­sas muje­res repu­bli­ca­nas y aber­tza­les, jun­to a las pro­vin­cia­les de cada terri­to­rio vas­co.

Cer­ca de un cen­te­nar de muje­res vas­cas fue­ron eje­cu­ta­das: 15 en Biz­kaia, 28 en Nafa­rroa, 40 en Gipuz­koa y 9 en Ara­ba. Toda­vía hay algu­nos casos sin con­ta­bi­li­zar, sobre todo en Biz­kaia, en los que, sin infor­ma­ción más deta­lla­da, diver­sas muje­res que habían sido vio­la­das se sui­ci­da­ron lue­go. Las situa­cio­nes que se pro­du­je­ron tras la muer­te de estas muje­res, en muchos casos con car­gas fami­lia­res, fue­ron un apar­ta­do más a aña­dir a la lar­ga lis­ta repre­si­va. Ade­lai­da Fer­nán­dez, una de las fusi­la­das, natu­ral de Bil­bo, era viu­da y madre de seis hijos. Ana Naran­jo, de Ses­tao, dejó tres hijos huér­fa­nos. Ber­ta Peña Parra, de Ses­tao, cin­co hijos de cor­ta edad.

En Nafa­rroa, las vio­la­cio­nes de Mara­vi­llas Lam­ber­to, Car­men Lafra­ya y las her­ma­nas Asun­ción y Ade­la Cam­pa­ña cau­sa­ron una gran con­mo­ción por el hecho de que lue­go fue­ron ase­si­na­das, y deja­ron un recuer­do imbo­rra­ble en la memo­ria popu­lar. Los veci­nos de sus loca­li­da­des, de una u otra ideo­lo­gía, las recor­da­ron entre la con­go­ja y el temor. Algu­na otra, como una anar­quis­ta de Allo lla­ma­da Bla­sa Ron­cal, se enfren­tó con dig­ni­dad a sus ase­si­nos, que la que­rían vio­lar pre­via­men­te a su eje­cu­ción. Se defen­dió has­ta la muer­te.

Aun­que no es el más cono­ci­do, el caso de Asun­ción y Ade­la Cam­pa­ña Ortiz es el de una gran tra­ge­dia. Ambas fue­ron vio­la­das y ase­si­na­das en Izco. Eran veci­nas de San­güe­sa. Los tres hijos de Asun­ción, Euge­nio, Máxi­mo y Pri­mi­ti­vo Pala­cín, fue­ron fusi­la­dos en Sos y Zara­go­za.

No ha ter­mi­na­do, a pesar de que han pasa­do 75 años, los tra­ba­jos de recu­pe­ra­ción. Hace poco hemos cono­ci­do la vio­la­ción y muer­te de una niña, María Lui­sa Yerro, que aún no había cum­pli­do los 14 años. Fue en 1946 en Lerín. De fami­lia repu­bli­ca­na, un juez lla­ma­do Agus­tín Ervi­ti inves­ti­gó su caso para cerrar­lo. Los impli­ca­dos esta­ban dema­sia­do cer­ca­nos al régi­men fran­quis­ta.

En Caba­ni­llas, una mucha­cha de 19 años lla­ma­da Simo­na Calle­ja, fue ase­si­na­da jun­to a su madre, Feli­sa Agua­do, de 64 años. A Simo­na le cor­ta­ron el pelo y la ence­rra­ron en la cár­cel del pue­blo. Pare­ce que ese era el úni­co cas­ti­go pre­vis­to. Pero una noche fue vio­la­da repe­ti­da­men­te. Los veci­nos oye­ron los gri­tos des­ga­rra­do­res de la pobre Simo­na. Los vio­la­do­res, teme­ro­sos de una denun­cia, deci­die­ron ter­mi­nar con su vida.

Algu­nos casos fue­ron excep­cio­na­les y mere­ce­do­res de mayor espa­cio. Fue dra­má­ti­co el de Mer­ce­des Colás Iri­sa­rri, de Lodo­sa, a quien fusi­la­ron a su padre por ser diri­gen­te anar­quis­ta. A ella le cor­ta­ron el pelo y jun­to a su fami­lia fue some­ti­da a diver­sas humi­lla­cio­nes. Fue per­se­gui­da y un día deci­dió mar­char al exi­lio, cru­zan­do el océano. Cin­cuen­ta años des­pués sería una de las madres de la Pla­za de Mayo en Bue­nos Aires. Su hija Ali­cia había des­apa­re­ci­do en la dic­ta­du­ra argen­ti­na. Hoy la Biblio­te­ca de Lodo­sa home­na­jea a Mer­ce­des como uno de los tres hijos ilus­tres de la loca­li­dad, jun­to al gene­ral libe­ral Cha­pa­lan­ga­rra y al poe­ta nica­ra­güen­se Ángel Mar­tí­nez Bai­go­rri. El reco­no­ci­mien­to a Mertxe Colás es, toda­vía, excep­ción.

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