[Fotos y Audio] Fidel Cas­tro: “Mien­tras más tiem­po pase, más fuer­za ten­drán las ideas que he defendido”

Con­ver­sa­ción del Coman­dan­te en Jefe Fidel Cas­tro Ruz, con Mario Sil­va, con­duc­tor de La Hoji­lla, de Vene­zo­la­na de Tele­vi­sión, el 6 de sep­tiem­bre de 2011, “Año 53 de la Revolución”. 

Mario Sil­va. Bueno, ire­mos salien­do den­tro de una hora.

Cmd­te.- Sí. ¿Y vas para la loma aquella?

Mario Sil­va. Exac­to, para arri­ba, para El Jun­qui­to, allá don­de dicen… Y sobre todo, está­ba­mos hablan­do de esas noti­cias don­de a usted prác­ti­ca­men­te lo ponían como con un derra­me cerebral.

Cmd­te.- ¡No me digas!

Mario Sil­va.- Sí señor.

Cmd­te.- Ah, pues no me han dicho nada (Risas).

Mario Sil­va.- De eso esta­ban hablan­do, supues­ta­men­te, de que usted tenía un derra­me cere­bral. Yo les dije que teníamos…

¿Qué pla­nes tie­ne aho­ri­ta, Comandante?

Cmd­te.- ¿Pero tú creís­te eso?

Mario Sil­va.- No, no, en abso­lu­to, usted sabe muy bien… Más bien les dije que había una sor­pre­sa, que había una sor­pre­sa, precisamente.

Cmd­te.- ¿Y por qué lo sabías tú?

Mario Sil­va.- Ah, para que usted vea, como están los miameros…

Cmd­te.- Bueno, ¿y si a uno le pasa algo? Que­da­rías tú muy mal.

Mario Sil­va.- Que­do yo mal, ¡pero vea usted aho­ra! (Risas.)

Cmd­te.- Pero no ave­ri­guas­te nada.

Mario Sil­va.- No, no, en abso­lu­to, lo que pasa es eso, es la gue­rra que vie­nen dan­do con rela­ción a las noticias.

Cmd­te.- Sí. Cuén­ta­me, sigue.

Mario Sil­va.- Ah, bueno, entre otras cosas, lo que se vie­ne hablan­do con rela­ción al Coman­dan­te Chá­vez, que está más gra­ve de lo que, según ellos, de lo que noso­tros deci­mos en la calle; que usted está con un derra­me. Es decir, hay una espe­cie de noti­cias necro­ló­gi­cas que vie­nen dan­do, no sola­men­te en Mia­mi, sino tam­bién en Vene­zue­la, run­ru­nes de Nue­vo País, Teo­do­ro Pet­koff y compañía.

Cmd­te.- ¿Pero yo me he vuel­to, aca­so, alguien tan impor­tan­te, compadre?

Mario Sil­va.- Pare­ce que es pesa­di­lla de ellos.

Cmd­te.- Me dan dema­sia­da importancia.

Mario Sil­va.- Pare­ce que es pesa­di­lla de ellos usted y el Coman­dan­te Chá­vez y todo lo que se está hacien­do en Latinoamérica.

Cmd­te.- Bueno, pero es un pue­blo que apren­dió a leer y a escri­bir, ¡no te olvides!

Mario Sil­va.- ¡Ajá!

Cmd­te.- No te olvi­des de los millo­nes de vene­zo­la­nos que están estu­dian­do. No te olvi­des de que en unos años ese pue­blo ha cambiado.

Mario Sil­va.- Sí señor. Lo que era antes el pue­blo anal­fa­be­ta, inclu­so, que podía ser domi­na­do has­ta por los medios de comunicación.

Cmd­te.- Bueno, yo creo que Vene­zue­la es uno de los mejo­res luga­res del mun­do, más que Esta­dos Uni­dos, en cuan­to a cono­ci­mien­tos de la gen­te y cul­tu­ra gene­ral de la gen­te; más que Euro­pa. Tú no te encuen­tras a la gen­te esa que no sabe leer y escri­bir; encon­trar un anal­fa­be­to allí es muy difí­cil, y no es lo mis­mo un pue­blo anal­fa­be­to que un pue­blo que sabe leer y escribir.

Mario Sil­va.- Un pue­blo que estudia.

Cmd­te.- Ellos están acos­tum­bra­dos a tra­tar con pue­blos que no saben leer ni escri­bir, ¿y algu­na vez tuvie­ron un pue­blo como ese, o como este mis­mo? Oye, noso­tros lle­va­mos ya más de medio siglo aquí. Yo he esta­do con­ver­san­do con­ti­go, con­tán­do­te cosas de hace casi 50 años y des­de antes de 50 años.

Mario Sil­va.- La Cri­sis de Octu­bre que aho­ra mis­mo cum­ple un nue­vo aniversario.

Cmd­te.- Sí, yo te dije que habían pasa­do 500 años.

Mario Sil­va.- Qui­nien­tos años.

Cmd­te.- Por­que, oye, los cam­bios no se miden por el tiem­po, hay años que valen por 100.

Mario Sil­va.- ¿De allá has­ta acá, Coman­dan­te, qué encon­tra­ron, sobre todo, en el pue­blo lati­no­ame­ri­cano?, por­que vemos que hay una baja, inclu­so, inte­lec­tual en rela­ción al pue­blo nor­te­ame­ri­cano, por­que les con­vie­ne a las mis­mas trans­na­cio­na­les de la comu­ni­ca­ción man­te­ner a ese pue­blo igno­ran­te de todo lo que está pasan­do en Latinoamérica.

Cmd­te.- Mira, va a lle­gar el momen­to en que Esta­dos Uni­dos se que­da­rá en el últi­mo, en cuan­to a nive­les de cul­tu­ra y de cono­ci­mien­tos, sin que ten­ga cul­pa el pue­blo nor­te­ame­ri­cano; por­que tú no vas a cul­par al hijo de una fami­lia pobre, de una fami­lia del sur de Esta­dos Uni­dos o de cual­quier par­te de Esta­dos Uni­dos, o a un esqui­mal en Alas­ka que no sepa leer ni escri­bir, sen­ci­lla­men­te por­que es pobre.

¿Cuál es la situa­ción, por ejem­plo, de la pobla­ción negra en Esta­dos Unidos?

Mario Sil­va.- Ajá, y de la latina.

Cmd­te.- ¿Cuál es el nivel de empleo de la pobla­ción negra? ¿Cuál es el nivel de acce­so a las carre­ras cien­tí­fi­cas, a las de pro­fe­so­res uni­ver­si­ta­rios, a las de inves­ti­ga­do­res? Ellos no tie­nen la cul­pa; sin embar­go, fíja­te, tú ana­li­zas: tra­ba­ja­do­res nor­te­ame­ri­ca­nos en la indus­tria muy pro­duc­ti­vos, y te encuen­tras la pobla­ción, dos pobla­cio­nes: la pobla­ción negra y la pobla­ción lati­na. No te olvi­des de que hay dece­nas de millo­nes de lati­no­ame­ri­ca­nos que la pobre­za obli­gó a emi­grar a Esta­dos Uni­dos, y allí los selec­cio­nan, hacen una selec­ción a la inver­sa, sepa­ran a los padres de los hijos, el hijo nor­te­ame­ri­cano para allá; sepa­ran a las familias.

Mario Sil­va.- Están ocu­pan­do has­ta los pues­tos de tra­ba­jo que antes eran des­ti­na­dos a negros y a latinos.

Cmd­te.- Pero selec­cio­nan a los que delin­quen y los man­dan… yo me opon­go, por­que hace muchos años veni­mos lidian­do con estos pro­ble­mas. Ellos, por ejem­plo, son los res­pon­sa­bles del núme­ro de armas…, son armas norteamericanas.

Tú ana­li­zas casos como el de Méxi­co, cuya his­to­ria cono­ce­mos, his­to­ria que admi­ra­mos, una his­to­ria tan bella como la de Méxi­co: la Revo­lu­ción mexi­ca­na, los per­so­na­jes de aque­lla his­to­ria, des­de la con­quis­ta espa­ño­la; por­que en Méxi­co había una cul­tu­ra que esta­ba muy enci­ma de la que tenían en Esta­dos Unidos.

Mario Sil­va.- Exac­to.

Cmd­te.- Bueno, cuan­do la con­quis­ta, des­gra­cia­da­men­te, la pobla­ción indí­ge­na de Méxi­co tenía una cul­tu­ra ele­va­dí­si­ma, sus cono­ci­mien­tos agrí­co­las com­pe­tían con los cono­ci­mien­tos agrí­co­las de aho­ra, ¿qué que­da de aque­llo? Xochi­mil­co. ¿Dón­de se pro­du­ce el maíz que se con­su­me en Méxi­co? En Esta­dos Uni­dos. ¿Dón­de se pro­du­ce el tri­go? En Esta­dos Uni­dos. ¿Dón­de se pro­du­cen los ali­men­tos fun­da­men­ta­les? Allí en Esta­dos Unidos.

Yo a veces he leí­do, Méxi­co tie­ne casi 3 millo­nes de kiló­me­tros cua­dra­dos y tie­ne más de 100 millo­nes de habi­tan­tes; pero, últi­ma­men­te… A mí me gus­ta­ba leer mucho de Méxi­co, des­de la épo­ca de la con­quis­ta, y hemos leí­do libros extra­or­di­na­rios sobre la con­quis­ta de Méxi­co. De Méxi­co me han man­da­do esos libros, la pro­pia direc­to­ra de La Jor­na­da ‑es una exce­len­te lec­tu­ra- ella me ha obse­quia­do algu­nos de los libros.

Dalia Soto del Valle.- Car­men Lira.

Cmd­te.- Y en uno de esos libros, La con­quis­ta de Méxi­co, algo de eso, es uno de los títu­los que me envió, y ahí está toda la his­to­ria de Her­nán Cor­tés, de la Con­quis­ta, de las gue­rras con­tra la pobla­ción indí­ge­na; de la zona de Gua­te­ma­la, que era una cultura…

Mario Sil­va.- Lue­go, la mis­ma inva­sión norteamericana.

Cmd­te.- Des­pués, Méxi­co, una his­to­ria lle­na de interés.

Mario Sil­va.- Y aho­ra con la dro­ga. Con el nar­co­trá­fi­co prác­ti­ca­men­te hay un Esta­do den­tro de un Estado.

Cmd­te.- Fíja­te, Mario…

Mario Sil­va.- y son mer­ca­dos del Norte.

Cmd­te.- En Méxi­co están murien­do ‑algo que no exis­tió nun­ca en toda la his­to­ria de México‑, en Méxi­co están murien­do más de 10 000 per­so­nas anual­men­te ya como con­se­cuen­cia del trá­fi­co de dro­gas y el cri­men orga­ni­za­do. Adquie­re la for­ma más horri­ble que no adqui­rie­ron nunca.

Noso­tros estu­vi­mos en Méxi­co, allí nos orga­ni­za­mos antes de regre­sar a Cuba des­pués del ata­que al Mon­ca­da; de allí salió el Gran­ma, que noso­tros tra­ba­ja­mos allí con la mayor dis­cre­ción posi­ble, tuvi­mos difi­cul­ta­des, pero esos pro­ble­mas no exis­tían. En aque­lla épo­ca exis­tía el pro­ble­ma del con­tra­ban­do, no de las dro­gas. La poli­cía era muy acti­va tra­tan­do de evi­tar el con­tra­ban­do en la fron­te­ra. Yo te lo digo, por­que una vez cru­cé la fron­te­ra aque­lla ‑casi fui “espal­da moja­da” (Risas)-, cru­cé el río, me ayu­da­ron para entre­vis­tar­me con unos cuba­nos del lado de allá; tenía que tener esa reu­nión, que era un gru­po de un par­ti­do que era opues­to a noso­tros, eran del par­ti­do que esta­ba en el gobierno derro­ca­do por Batis­ta, y noso­tros bus­can­do la uni­dad de todas las fuer­zas, y sobre todo des­pués que tuvi­mos pro­ble­mas con la ley mexi­ca­na, no por­que estu­vié­ra­mos come­tien­do deli­tos. Bueno, téc­ni­ca­men­te eran deli­tos, pero no eran deli­tos des­hon­ro­sos, está­ba­mos orga­ni­zán­do­nos para luchar con­tra Batis­ta, está­ba­mos entre­nán­do­nos, íba­mos a los cam­pos de tiro; apren­di­mos algu­nas cosas allí muy intere­san­tes. Allí cono­ci­mos bue­nos ami­gos mexi­ca­nos y en un momen­to dado tuvi­mos pro­ble­mas serios; y yo era muy crí­ti­co de algu­nos de los adver­sa­rios, la gen­te derro­ca­da por el pro­pio régi­men de Batis­ta, pero esta­ban en la opo­si­ción; no era lo que más desea­ba, pero no nos que­dó más reme­dio que dis­cu­tir, por­que sen­ci­lla­men­te corría­mos el ries­go de que­dar­nos más de 100 hom­bres allí, alre­de­dor de 100, sin recur­sos y sin nada, por­que las difi­cul­ta­des que tuvi­mos con las auto­ri­da­des mexi­ca­nas como con­se­cuen­cia de nues­tra orga­ni­za­ción y nues­tro entre­na­mien­to, nos con­du­je­ron inclu­so a la pri­sión en México.

El Che y yo estu­vi­mos pre­sos, Miguel Schultz creo que se lla­ma­ba aquel.

Mario Sil­va.- ¿Obli­gó tam­bién a ade­lan­tar la expe­di­ción del Gran­ma?

Cmd­te.- No. Esa expe­di­ción se dio el día más o menos que tenía­mos pla­nea­do, lo que la hizo muy com­pli­ca­da y muy peligrosa.

Enton­ces, tenía­mos un bar­co que lo com­pra­mos con hipo­te­ca por­que ya no nos alcan­za­ba el dine­ro. Un mexi­cano se hizo res­pon­sa­ble, “El Cua­te”, como le lla­ma­ban, ami­go nues­tro. Ven­die­ron el yate y una casa que esta­ba en la ori­lla del río.

Noso­tros sali­mos por el Tux­pan, pero cuan­do sali­mos esta­ba prohi­bi­do por­que había una tor­men­ta, un nor­te. Esa es una his­to­ria lar­ga, no la voy a hacer aho­ra; pero solo te digo que tuvi­mos difi­cul­ta­des, y des­pués de aque­llo tuve que cru­zar el río como “espal­da mojado”.

Con­se­guir un fusil era muy difí­cil, fusi­les de cace­ría, fusi­les depor­ti­vos, no eran fusi­les auto­má­ti­cos, ni los… super armas esas que tie­nen aho­ra que dis­pa­ran en unos segun­dos 30 tiros. Hay que ver las fotos de los fusi­les que Esta­dos Uni­dos ha meti­do allí, sin decir­les nada a los mexi­ca­nos; hay que ver los arse­na­les esos.

Mario Sil­va.- ¡Lo que se ha ven­di­do en arma­men­to a todas estas mafias!

Cmd­te.- ¡Tre­men­do!

Enton­ces noso­tros, con­se­guir un fusil era muy difí­cil. La poli­cía anda­ba detrás del con­tra­ban­do, no de la dro­ga, por­que no había el pro­ble­ma de la dro­ga en ese tiem­po allí.

Enton­ces, lle­gué, hablé, regre­sé por la carre­te­ra. Ir para Méxi­co era fácil, ir para Esta­dos Uni­dos era muy difí­cil. Cru­cé ile­gal, a lo mejor me hacen jui­cio por eso, por la ile­ga­li­dad de haber cru­za­do como “espal­da moja­da” y me expul­san. Enton­ces regre­sé muy bien y seguí, ya había con­se­gui­do. Pero déja­me decir­te que la mis­ma sema­na que íba­mos a par­tir se pro­du­ce una trai­ción, por un tipo que nos hace una trai­ción, un tipo que había esta­do en Esta­dos Uni­dos, había esta­do creo que en el ejér­ci­to, pero no era ni buen sol­da­do, ni valien­te, lo úni­co que sim­pa­ti­za­ba. Aho­ra, ¿qué que­ría? Mane­jar. “Pero, bueno, tie­nes que entre­nar­te.” “No.” “Tie­nes que entre­nar­te. No pue­de ir nadie si no se entre­na.” Enton­ces lo que hace es que deser­ta; pero era muy ami­go y mucha gen­te pen­sa­ba que no, que él no trai­cio­na­ría. Yo, por si aca­so, tomé todas las medi­das de pre­cau­ción con rela­ción a lo que él sabía; pero había una cosa muy difí­cil, él sabía dón­de esta­ba el Gran­ma, por­que mane­jó muchas veces, y yo tenía dos o tres com­pa­ñe­ros que mane­ja­ban, y uno bue­ní­si­mo, Cán­di­do, Chu­chú Reyes; pero este se mar­chó y yo tra­té de que rec­ti­fi­ca­ra, de que regre­sa­ra; pero no regre­só, lo que hizo fue ven­der la infor­ma­ción, lo que sabía.

¿Sabes cómo fue el nego­cio? Él por 5 000 dóla­res daba unas infor­ma­cio­nes, enton­ces la poli­cía actua­ba y com­pro­ba­ba de que eran verí­di­cas las infor­ma­cio­nes de él y ocu­pa­ban un núme­ro de armas.

Aho­ra, fíja­te, des­pués el nego­cio era: la poli­cía le entre­ga­ba 25 000 dóla­res y él decía las otras cosas que sabía, pero, sobre todo, el bar­co que íba­mos a uti­li­zar, y en ese ínte­rin…, fíjate.

Mario Sil­va.- Es cuan­do arran­ca el barco.

Cmd­te.- No te voy a con­tar cómo lo supi­mos, por­que había gen­te hono­ra­ble y hubo gen­te que era de la Fede­ral, ¿y sabes que reac­cio­na­ron?, eran sim­pa­ti­zan­tes de Cár­de­nas ‑Cár­de­nas esta­ba vivo. Yo no quie­ro men­cio­nar nom­bres aho­ra, por­que ten­dría que men­cio­nar muchos nom­bres; pero eran car­de­nis­tas y eran poli­cías y cum­plie­ron. Esta­ban admi­ra­dos de la pre­ci­sión que tenía la poli­cía de Batis­ta ‑cla­ro, si se la ven­dió un traidor‑, enton­ces tal cosa y me dicen: “El bar­co no lo sabe­mos has­ta tal fecha.” Cuan­do zar­pa­mos la poli­cía había obte­ni­do algu­na infor­ma­ción, por­que la poli­cía aque­lla seguía todas las pis­tas y la Fede­ral era efi­cien­te. No sé cómo será aho­ra, pero era eficiente.

Mario Sil­va.- ¿Ellos son los que le avi­san a Batista?

Cmd­te.- ¿Quié­nes?

Mario Sil­va.- Los de la poli­cía Federal.

Cmd­te.- No, Batis­ta es el que les avi­sa a ellos dón­de están las armas, por­que el trai­dor les dio la información.

Mario Sil­va.- ¿Pero la sali­da hacia Cuba…?

Cmd­te.- No, bueno, la sali­da hacia Cuba cuan­do noso­tros des­apa­re­ce­mos de todos los luga­res don­de tene­mos que estar es por­que hemos des­apa­re­ci­do, esta­mos en el gol­fo, 82 hom­bres. Sabía­mos tan poco de nave­ga­ción, a pesar de que lle­vá­ba­mos un coman­dan­te que había sido de la mari­na, gra­dua­do de aca­de­mia, ¡Ave María!; tenía paren­tes­co con una fami­lia de allí que se había por­ta­do bien, pero el hom­bre des­pués se por­tó muy flo­jo. Tenía­mos otro que había sido marino, que era sub­te­nien­te o tenien­te; uno que había sido coman­dan­te, y Pichi­ri­lo, un domi­ni­cano que cono­cí en Cayo Con­fi­tes, que des­pués murió luchan­do con­tra la inva­sión yan­ki allí.

Mario Sil­va.- En Pla­ya Girón.

Cmd­te.- No, esos vinie­ron, yo los había cono­ci­do allí; los invi­té y vinie­ron, vino Pichi­ri­lo, vino el otro, y vino el coman­dan­te, bueno, el que era coman­dan­te de la Mari­na. Era un bar­co para 20 o qué sé yo, 10 o 12 gen­te, y había 82 hom­bres, más las armas. Lo que menos había era comi­da, por­que noso­tros creía­mos que eran cin­co días, cal­cu­lan­do la velo­ci­dad, has­ta Orien­te, y enton­ces el bar­co, que era como de 11 o 12, bajó la velo­ci­dad como tres millas. Esta­ba hun­dién­do­se. ¿Tú sabes por qué se esta­ba hun­dien­do?, por­que al calar más, entre las pare­des fil­tra­ba el agua, y yo veía que aque­llo no tenía reme­dio. Era de madru­ga­da y noso­tros, que can­ta­mos el Himno cuan­do sali­mos de Méxi­co, no obe­de­ci­mos la orden de que no se podía salir por­que había nor­te; sali­mos, ama­ne­ció, y segui­mos nave­gan­do, y el bar­co empie­za a coger agua. Yo lle­go y me sien­to allí, al lado de la… La comi­da esta­ba deba­jo de las armas. Bueno, esa es una his­to­ria para con­tar apar­te, no la voy a con­tar aho­ra. El bar­co empie­za a coger agua, y yo dije: “Bueno, a sacar.” Era una lucha, yo esta­ba vien­do, mien­tras en un cuar­to allí saca­ban el agua en una par­te que tenía acce­so al fon­do, a ver quién gana­ba, si el agua que noso­tros sacá­ba­mos o el agua que esta­ba entran­do, y yo dije: bueno, si esto… Está­ba­mos a 70 millas de la costa.

Pasa un bar­co de gue­rra que no sabía­mos de quién era, cer­ca, si era ame­ri­cano, si era mexi­cano, no sabía­mos. Pusi­mos una línea de fusi­le­ros, que no había bar­co que nos aga­rra­ra, está­ba­mos lis­tos. Enton­ces, pasó como a 1 000 metros, nada, no hubo nada extre­mo. Está­ba­mos a 70 millas de la cos­ta, y como des­pués de dos horas obser­vé que el agua que sacá­ba­mos era más. Aho­ra, ¿tú sabes por qué se sal­va el bar­co? Por­que al empe­zar a mojar­se las tablas empe­zó a inflar­se, y yo dije: “¿Quién resis­te esto?” Pero empe­zó y ya no entró más agua. Con sus 82 tri­pu­lan­tes en el bar­co, enton­ces era, bueno, bus­car la comi­da, a vomi­tar todo el mun­do. Por suer­te, no me entró vómi­to a mí, que nada más fal­ta­ba eso.

El Che no había lle­va­do sus medi­ca­men­tos, y eso le pasó como tres veces aquí, era casi como un des­tino, se le olvi­da­ban o no los lle­va­ba, no se preo­cu­pa­ba y des­pués venían los ata­ques de asma, que eran muy fuertes.

La comi­da esta­ba aba­jo, no dura­ba para 82 hom­bres, no había comi­da ni para dos días, con ham­bre. Como la gaso­li­na no alcan­za­ba, tenía un mon­tón de bido­nes con com­bus­ti­ble, ¿y sabes con cuán­to com­bus­ti­ble lle­ga­mos a Cuba?, con dos pul­ga­das de com­bus­ti­ble en los tan­ques. Fíja­te cuán­tas cosas cuan­do van a ocurrir.

Bueno, enton­ces lle­ga­mos des­pués de sie­te días. En Orien­te se pro­du­ce el levan­ta­mien­to; no cum­plie­ron la orden, esa es la ver­dad, exce­len­te gen­te, de ver­dad. Fue la úni­ca vez en que avi­sa­mos cuan­do íba­mos a salir. Decía: “Obra pedi­da, edi­ción ago­ta­da.” Eso sig­ni­fi­ca­ba qué día y hora exac­tos había­mos sali­do. Cal­cu­la­ron cin­co días y a los cin­co días, se levan­ta­ron en armas; se levan­ta­ron en armas, el ejér­ci­to fue para allá ‑de Batis­ta- y noso­tros no había­mos des­em­bar­ca­do, lle­ga­mos 48 horas des­pués y esta­ban movi­li­za­dos los per­ver­sos esos. Nos bus­ca­ron por todo aque­llo, pero noso­tros está­ba­mos bien lejos de la cos­ta sur. Pasa­mos por Cai­mán, se nos cae un hom­bre al agua y lle­ga­mos al ama­ne­cer. Como decía Juan Manuel Már­quez, aque­llo no fue un des­em­bar­co, fue un naufragio.

Des­pués vino lo de Ale­gría de Pío, la dis­per­sión, y des­pués el res­to de la historia.

Mario Sil­va.- Y enci­ma un manglar.

Cmd­te.- Pero, bien, el hecho es que ocu­rrie­ron todas estas cosas y lle­ga­mos. Des­pués aque­lla gen­te se unió toda, inclu­so aque­llos que…, pero noso­tros diji­mos: Bueno, vamos a unir toda la fuer­za; ya era for­mal, por­que había­mos derro­ta­do al ejér­ci­to de Batis­ta, y había­mos cons­ti­tui­do una fuer­za y está­ba­mos inva­dien­do el país, enton­ces todo el mun­do ya reco­no­cía aquel ejér­ci­to, y hubo un espí­ri­tu amplio con todas las orga­ni­za­cio­nes, con todo el mun­do, los que esta­ban con­tra Batis­ta. Fue así que se pro­du­jo el Pri­me­ro de Enero.

Pero en Méxi­co era así, no había dro­gas, y aho­ra mue­ren 10 000 y de qué for­ma, de for­ma horri­ble, son per­so­nas que des­apa­re­cen en masa, gen­te pobre, humil­de que va y los des­apa­re­cen; matan­zas en gru­pos; jóve­nes de 14 y 15 años con­ver­ti­dos en asesinos.

Mario Sil­va.- Una cosa, Coman­dan­te, la gen­te, los lati­nos que están emi­gran­do aho­ri­ta a Esta­dos Uni­dos, que lle­van san­gre del latino, ¿eso no se con­vier­te, diga­mos, en un caba­llo de Tro­ya dentro?

Cmd­te.- Figú­ra­te, tie­nen que esco­ger entre el ham­bre que ha pro­mo­vi­do el impe­rio en este hemis­fe­rio, el sub­de­sa­rro­llo y el empleo en Esta­dos Uni­dos a favor de las gran­des empre­sas trans­na­cio­na­les, y des­pués los selec­cio­nan, sepa­ran las fami­lias, hacen cosas horribles.

El pue­blo de Vene­zue­la lo cono­ce, por­que ha vis­to todo eso en muchas pelí­cu­las. Yo veo Tele­sur y veo Vene­zo­la­na de Tele­vi­sión, y pelí­cu­las de aque­lla épo­ca, y pelí­cu­las de Amé­ri­ca Lati­na. Te advier­to que la mejor tele­vi­sión, la más seria son las que tie­nen TVes y Tele­sur, sin anun­cios comer­cia­les, sin nada de eso, todo es polí­ti­co y de ver­dad; depor­tes, polí­ti­cos, ins­truc­ti­vas de ver­dad. Esas vis­tas que uste­des toman de Amé­ri­ca Lati­na, de pai­sa­jes pre­cio­sos, las cosas que la gen­te ha hecho, las cosas his­tó­ri­cas, las noti­cias inter­na­cio­na­les, Libia, Siria; don­de­quie­ra que hay un pro­ble­ma están uste­des con los mejo­res docu­men­ta­les, mien­tras las tele­vi­sio­nes son hoy gran­des empre­sas al ser­vi­cio de las gran­des empre­sas. Antes era una impren­ti­ta, hoy es una cade­na que vale cien­tos de millo­nes de dóla­res y no están al ser­vi­cio del pueblo.

¿Dón­de está la liber­tad de pren­sa en todo eso? Y yo cono­cí a Ted Tur­ner, fun­da­dor de la CNN, era ami­go nues­tro, y un tipo serio, depor­tis­ta. Él mis­mo no debe haber­se ima­gi­na­do lo que es hoy las esta­cio­nes. Hay algu­nas esta­cio­nes que dedi­can pro­gra­mas cien­tí­fi­cos, son úti­les, nor­te­ame­ri­ca­nas, pero los medios masi­vos son colo­sa­les empresas.

Mario Sil­va.- Por­que es más fácil ense­ñar la diver­sión que ense­ñar el estu­dio. En el caso, por ejem­plo de Vene­zue­la, hoy tene­mos la tele­ba­su­ra de la tele­vi­sión que está más liga­da a lo que es el mun­do del espec­tácu­lo, cha­ba­ca­na, que no tie­ne nin­gún tipo de men­sa­je social, nove­las, que son alie­nan­tes, muchas jus­ti­fi­ca­do­ras del mis­mo cla­sis­mo; la otra es la de los con­cur­sos, que rayan no solo en la cha­ba­ca­ne­ría, sino en la defor­ma­ción del indi­vi­duo. No hay, real­men­te, tele­vi­so­ras, inclu­so Vene­vi­sión, que se man­tie­ne, supues­ta­men­te neu­tral y lo que está hacien­do es alienante.

Cmd­te.- Y uste­des con los saté­li­tes estos… Pero, cla­ro, para poder tras­mi­tir hace fal­ta una esta­ción que les tras­mi­ta. Hay muchas que les tras­mi­ten, pero es una lás­ti­ma. Noso­tros retras­mi­ti­mos pro­gra­mas de uste­des que lle­gan a Chi­na, pue­den lle­gar al Sudes­te Asiá­ti­co, pue­den lle­gar a Rusia, a muchos luga­res. Des­de lue­go, es un bene­fi­cio para noso­tros cuan­do toma­mos un mate­rial de uste­des, pero lo divul­ga­mos; sin embar­go, ¿cuán­tas esta­cio­nes divul­gan esos mensajes?

Pero yo con­fío en la cul­tu­ra de la gen­te, yo con­fío en la edu­ca­ción mucho, es el arma con­tra la per­ver­sión, con­tra esa ape­la­ción a los ins­tin­tos, que es la publi­ci­dad que hoy se usa en el mundo.

Aho­ra, mira dón­de están meti­dos, Euro­pa, los pro­ble­mas que tie­nen con Gre­cia, con Esco­cia, bueno, con Ingla­te­rra, per­si­guien­do a los maes­tros; has­ta en Escandinavia.

Mario Sil­va.- Se habla­ba del mila­gro eco­nó­mi­co irlan­dés, ¿dón­de está?

Cmd­te.- Ahí lo tie­nes. Pro­ble­mas en Espa­ña, pro­ble­mas en Por­tu­gal, pro­ble­mas en Fran­cia, pro­ble­mas en Irlan­da, pro­ble­mas en don­de­quie­ra. ¿Dón­de no hay pro­ble­mas? ¿Y cómo los van a resolver?

Mario Sil­va.- La mis­ma Ale­ma­nia, pen­san­do que tie­ne… el las­tre con toda la Unión Europea.

Cmd­te.- No, y que aho­ra ha renun­cia­do a la ener­gía nuclear, se ha com­pro­me­ti­do. Un loco cual­quie­ra… pue­de ser víc­ti­ma el pue­blo ale­mán, de los desas­tres por imprevisión.

Aho­ra, a mí me hacen gra­cia los tipos esos, que se ponen a hacer augu­rios, como si para mí fue­ra una mala noti­cia morir­me, entonces…

Mario Sil­va.- Es la per­ver­sión de la noti­cia, como para satis­fa­cer cier­to sec­tor, el man­te­ner la gen­te…, es más o menos, yo lo decía en el pro­gra­ma, cuan­do se dice: “A Fidel le dio un derra­me cere­bral.” ¿A usted lo están matan­do des­de cuándo?

Cmd­te.- ¡Ah!, bueno, hace más de 50 años, cuan­do des­em­bar­ca­mos en el Gran­ma me mata­ron ya. No, a mí me han mata­do unas cuan­tas veces. Espé­ra­te, no es pro­ble­ma el que me hayan mata­do, han pre­pa­ra­do mi muer­te no se sabe cuán­tas veces. Me voy a con­for­mar con decir dece­nas de veces; pero, ade­más, el fra­ca­so de sus pla­nes es una prue­ba de su inca­pa­ci­dad. No había nada más fácil que liqui­dar­me. Enton­ces, creen que me van a dar una mala noti­cia; cuan­do mue­ra me tocó el des­can­so, será el día del des­can­so, mien­tras tan­to, bueno, me he com­pro­me­ti­do a mí mis­mo… toda la vida lo he dicho.

Mario Sil­va.- Eso es igual, Coman­dan­te, que nos están acu­san­do, Coman­dan­te, de que somos hac­ker, enton­ces hay una expre­sión que ellos uti­li­zan mucho allá, que nos dicen cha­ves­tia, y nos dicen bru­tos, torpes.

Cmd­te.- ¿A quién le dicen bruto?

Mario Sil­va.- A noso­tros nos dicen brutos.

Aho­ra, la pre­gun­ta es si noso­tros esta­mos, por ejem­plo, ponien­do los bom­bi­llos cuba­nos, por don­de usted per­so­nal­men­te vea 16 o 17 millo­nes de per­so­nas en sus casas o, por ejem­plo, noso­tros supues­ta­men­te aca­ba­mos de inter­ve­nir la web y esta­mos jaquean­do, supues­ta­men­te, a todo un equi­po de opo­si­to­res, enton­ces no pode­mos ser tan bes­tias ni tan torpes.

Cmd­te.- Yo me río.

Con­vie­ne que hagan eso, con­vie­ne que hagan eso, por­que es estú­pi­do hacer­lo, como cuan­do se ponen a insul­tar a los mili­ta­res; es estú­pi­do, por­que no es lo mis­mo un hom­bre dis­gus­ta­do, un hom­bre irri­ta­do o que lo estén insul­tan­do todos los días…, y eso es lo que hacen aque­llos. ¿A quién per­ju­di­ca eso? A ellos; hacen el ridícu­lo más gran­de del mun­do, y enton­ces no van a cam­biar las ideas. Por­que yo digo, por mí ya, des­can­so, pero las ideas que uno ha defen­di­do mien­tras más tiem­po pase más fuer­za van a tener, sin que uno esté pen­san­do en nin­gún sitial, en nin­gún san­tua­rio, ¿para qué?

Mario Sil­va.- El mis­mo hecho, Coman­dan­te, que hayan ata­ca­do al Coman­dan­te Chá­vez, decir que supues­ta­men­te el Coman­dan­te Chá­vez está fin­gien­do la enfer­me­dad, que todo fue un plan orques­ta­do por el Coman­dan­te Fidel des­de Cuba, todo eso de estar­se bur­lan­do y lle­gar, inclu­so, a hacer un artícu­lo de pren­sa, abier­ta­men­te pro­vo­ca­dor, don­de se pedía que Chá­vez no murie­ra antes de pagar todas sus cul­pas; lo úni­co que hicie­ron fue, den­tro de la mis­ma opo­si­ción, des­atar reac­cio­nes adver­sas a ese tipo de comen­ta­rio; por­que la gen­te no pue­de ser tan malvada.

Cmd­te.- La gen­te no quie­re que per­so­nas tan imbé­ci­les los diri­jan, esos están des­ca­li­fi­ca­dos, real­men­te. Y las ideas que ellos están com­ba­tien­do, ya te digo, no se apa­gan así, te lo digo por expe­rien­cia, hablo en nom­bre de no se sabe cuán­tos años ya, lo que he obser­va­do, y es, real­men­te, que las ideas son muy pode­ro­sas, y que los hom­bres por defen­der sus ideas son capa­ces de gran­des sacrificios.

Mario Sil­va.- Y que no es fácil, esa era una gue­rra dura, no es fácil; usted lo aler­tó la vez pasa­da con lo de Iraq.

Cmd­te.- Escri­bí bas­tan­te y pien­so vol­ver a escri­bir, pero aho­ra estoy tra­ba­jan­do en cosas que me pare­cen muy impor­tan­tes, en cosas de inte­rés con un bene­fi­cio para las per­so­nas, cosas que sean úti­les, no me gus­ta per­der el tiem­po, no quie­ro hacer publi­ci­dad, es lo úni­co que me pue­de apar­tar un tiem­pi­to de escri­bir, por­que me gus­ta escri­bir, me gus­ta expli­car; pero pien­so que en este momen­to el deber es tra­ba­jar, pro­fun­di­zar en ideas que pue­den ser úti­les a mucha gen­te, pue­den ser úti­les a nues­tro pue­blo y a otros pue­blos, y por eso estoy tran­qui­lo, con­ten­to y feliz de haber podi­do con­ver­sar con­ti­go, haber almor­za­do; creo que te some­ti­mos a la die­ta que tú tienes.

Mario Sil­va.- Estric­ta.

Cmd­te.- Fru­tas, vegetales.

Y, como tú vis­te, la pasé muy bien, y hemos con­ver­sa­do de todo.

Mario Sil­va.- Sí señor.

Cmd­te.- Bien, aho­ra te deseo buen via­je. Salú­da­me a Wal­ter y salú­da­me a todos los amigos.

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Fidel Castro (D) y Mario Silva, de VTV, el domingo 4 de septiembre de 2011. Foto: Estudios RevoluciónFidel Cas­tro (D) y Mario Sil­va, de VTV, el domin­go 4 de sep­tiem­bre de 2011. Foto: Estu­dios Revolución 
Fidel Castro (D) y Mario Silva, de VTV, el domingo 4 de septiembre de 2011. Foto: Estudios RevoluciónFidel Cas­tro (D) y Mario Sil­va, de VTV, el domin­go 4 de sep­tiem­bre de 2011. Foto: Estu­dios Revolución 
Fidel Castro (D) y Mario Silva, de VTV, el domingo 4 de septiembre de 2011. Foto: Estudios RevoluciónFidel Cas­tro (D) y Mario Sil­va, de VTV, el domin­go 4 de sep­tiem­bre de 2011. Foto: Estu­dios Revolución 
Fidel Castro (D) y Mario Silva, de VTV, el domingo 4 de septiembre de 2011. Foto: Estudios RevoluciónFidel Cas­tro (D) y Mario Sil­va, de VTV, el domin­go 4 de sep­tiem­bre de 2011. Foto: Estu­dios Revolución 

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