La car­ga de la prue­ba- Xabier Makazaga

El infor­me sobre las víc­ti­mas de vio­len­cia de moti­va­ción polí­ti­ca exi­ge, una vez más, prue­bas impo­si­bles a miles de víc­ti­mas de la tor­tu­ra. Por­que en lugar de jus­ti­cia, reco­no­ci­mien­to y repa­ra­ción, las víc­ti­mas reci­bi­rán una nue­va humillación

El infor­me sobre las víc­ti­mas de vio­len­cia de moti­va­ción polí­ti­ca esti­pu­la que debe­rá ser cada víc­ti­ma la que prue­be y acre­di­te «sufi­cien­te­men­te» su con­di­ción de tal. Idén­ti­ca exi­gen­cia a la plan­tea­da en el caso de la Ley de Memo­ria His­tó­ri­ca, y por eso se han que­da­do sin jus­ti­cia, reco­no­ci­mien­to ni repa­ra­ción algu­na miles de víc­ti­mas del franquismo.

Los redac­to­res del infor­me se escu­dan en que con las víc­ti­mas de ETA se ha pro­ce­di­do del mis­mo modo, pero la dife­ren­cia entre éstas y las víc­ti­mas del Esta­do a la hora de acre­di­tar su con­di­ción de tales sal­ta a la vis­ta. Por­que ETA ha asu­mi­do siem­pre sus accio­nes y las víc­ti­mas que ha cau­sa­do, mien­tras el Esta­do ha hecho todo lo con­tra­rio: negar siem­pre por sis­te­ma y sólo reco­no­cer los hechos cuan­do las prue­bas son apabullantes.

Bue­na mues­tra de ello es lo suce­di­do con la tor­tu­ra estas últi­mas déca­das; en espe­cial, los últi­mos 25 años, en los que ha alcan­za­do su máxi­ma expre­sión el des­am­pa­ro sufri­do por las víc­ti­mas de esa lacra, tan­to en el momen­to de ser tor­tu­ra­das como en el de recla­mar reco­no­ci­mien­to, jus­ti­cia y reparación.

En efec­to, des­de 1968, que es la arbi­tra­ria fecha ele­gi­da por el infor­me para empe­zar a ocu­par­se de dichas víc­ti­mas, se dis­tin­guen dos perio­dos en cuan­to a la tor­tu­ra se refie­re. El pri­me­ro abar­ca el fran­quis­mo y la tran­si­ción, duran­te la que el uso del tor­men­to fue aún más masi­vo que en la dic­ta­du­ra. Enton­ces, los tor­tu­ra­do­res usa­ban méto­dos como la «barra», el «qui­ró­fano» y el «potro», que deja­ban en muchos casos no pocas mar­cas que pro­cu­ra­ban hacer des­apa­re­cer en lo posi­ble duran­te los últi­mos días de deten­ción, apli­can­do todo tipo de pomadas.

En el segun­do perio­do, a par­tir de media­dos de la déca­da de los 80, los tor­tu­ra­do­res cam­bia­ron de méto­dos y empe­za­ron a poner sumo cui­da­do en no dejar mar­cas físi­cas, pro­cu­ran­do, eso sí, acen­tuar al sumo las psi­co­ló­gi­cas. Y bien que lo logran con las lla­ma­das téc­ni­cas de «tor­tu­ra lim­pia» que son aún más des­truc­ti­vas, por­que pro­du­cen un terri­ble impac­to en la psi­que huma­na y sus efec­tos son más duraderos.

Oriol Mar­ti, tor­tu­ra­do tan­to duran­te el fran­quis­mo como en 1992, lo expli­có cer­te­ra­men­te: «Los tor­tu­ra­do­res tor­tu­ran mejor aho­ra que vein­te años atrás: han mejo­ra­do en téc­ni­cas, dejan menos mar­cas, hacen sufrir más y mejor en menos horas. Los tor­tu­ra­do­res del fran­quis­mo eran unos alo­ca­dos, los de aho­ra lo hacen con bol­sa de plás­ti­co». Eso lo afir­ma­ba hace casi 20 años, y con pos­te­rio­ri­dad han segui­do per­fec­cio­nan­do sin cesar sus téc­ni­cas, para hacen sufrir más y de mane­ra más «lim­pia».

En algu­nas raras oca­sio­nes, eso sí, a los tor­tu­ra­do­res se les ha ido cla­ra­men­te la mano, pero inclu­so en esos casos la actua­ción de la Jus­ti­cia ha sido casi siem­pre bochor­no­sa: a pesar de que duran­te estos últi­mos 25 años han sido unas dos mil las per­so­nas que han denun­cia­do haber sufri­do tor­tu­ras rela­cio­na­das con el con­flic­to polí­ti­co vas­co, tan sólo ha habi­do una sen­ten­cia con­de­na­to­ria fir­me; en el caso de Kepa Urra, suce­di­do en 1992, en el que los tor­tu­ra­do­res vol­vie­ron a ser indul­ta­dos. El de Por­tu y Sara­so­la está pen­dien­te de lo que deci­da el Supre­mo, que ha anu­la­do no pocas con­de­nas por torturas.

Esa casi ausen­cia de con­de­nas es debi­da a que los jue­ces espa­ño­les hacen recaer siem­pre la car­ga de la prue­ba en las víc­ti­mas del tor­men­to, aun sabien­do que la inco­mu­ni­ca­ción, al crear, como denun­cia Amnis­tía Inter­na­cio­nal, un agu­je­ro negro que se tra­ga todos los dere­chos del dete­ni­do, hace prác­ti­ca­men­te impo­si­ble que pue­dan apor­tar prue­ba algu­na de lo real­men­te sucedido.

El infor­me sobre las víc­ti­mas de vio­len­cia de moti­va­ción polí­ti­ca no hace sino ahon­dar en esa tre­men­da injus­ti­cia al exi­gir, una vez más, prue­bas impo­si­bles a miles de víc­ti­mas de la tor­tu­ra. Por­que en lugar de jus­ti­cia, reco­no­ci­mien­to y repa­ra­ción, las víc­ti­mas reci­bi­rán una nue­va humillación.

Anta­ño en Dere­cho se afir­ma­ba que la car­ga de la prue­ba recae siem­pre sobre quien afir­ma y no sobre quien nie­ga. Sin embar­go, hace ya tiem­po que que­dó cla­ro que, en cier­tos casos, la par­te que nie­ga tie­ne a su alcan­ce fácil prue­ba y la ocul­ta de mala fe, mien­tras que está lejos de las posi­bi­li­da­des de quien afir­ma el poder apor­tar ele­men­tos de con­vic­ción. Por eso, sur­gió una doc­tri­na amplia­men­te aco­gi­da hoy día en la juris­pru­den­cia, la de la dis­tri­bu­ción de las car­gas pro­ba­to­rias diná­mi­cas, que con­si­de­ra que, en esos casos, la car­ga de la prue­ba debe recaer en quien niega.

Pues bien, en casi todos los casos de denun­cias de tor­tu­ras antes men­cio­na­dos se han cum­pli­do con cla­ri­dad las con­di­cio­nes reque­ri­das para apli­car esa doc­tri­na. Por un lado, el Esta­do, hacien­do caso omi­so a nume­ro­sos orga­nis­mos inter­na­cio­na­les, se ha nega­do a orde­nar gra­bar con unas míni­mas garan­tías los perio­dos de deten­ción, impi­dien­do así que se sepa lo real­men­te suce­di­do. Por otro, la posi­bi­li­dad de que los denun­cian­tes pudie­sen apor­tar prue­bas al res­pec­to ha sido en ver­dad nula.

¿Por qué se han empe­ña­do enton­ces los jue­ces en hacer recaer siem­pre toda la car­ga de la prue­ba sobre estos últimos?

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